1539-los concilios y la igl los concilios y la iglesia 1 los concilios y la iglesia martأ­n lutero...

Download 1539-LOS CONCILIOS Y LA IGL Los Concilios y la Iglesia 1 LOS CONCILIOS Y LA IGLESIA Martأ­n Lutero 1539

Post on 04-May-2020

2 views

Category:

Documents

0 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

  • Los Concilios y la Iglesia

    1

    LOS CONCILIOS Y LA IGLESIA

    Martín Lutero

    1539

    Muchas veces tuve que reírme, igual que otros, al ver que a los perros les ofrecían, en la punta de un cuchillo, un pedazo de pan, y cuando los canes intentaban atraparlo, los golpeaban con el mango en el hocico, de modo que los pobres perros sufrían no sólo el daño, sino también por añadidura, los dolores; en verdad, una broma muy divertida. Pero en aquel tiempo no se me ocurrió que el diablo hacía la misma burla a nosotros los hombres y nos tomaba por semejantes perros, hasta que me hizo caer en la cuenta de ello el santísimo padre, el papa, que con sus bulas, libros y prácticas diarias hace con la cristiandad la misma chanza perruna. ¡Dios mío, cuánto daño causa a las almas, y qué escarnio a la Majestad Divina! Precisamente lo mismo es lo que hace ahora respecto del concilio. Todo el mundo ha clamado por un tal concilio, y ha estado a la espera de él. Nuestro excelente emperador y el imperio entero han luchado casi veinte años para hacerlo efectivo. Mas el papa los entretuvo con vanas promesas y demoró el concilio una vez tras otra, ofreciendo al emperador, como a un perro, un pedazo de pan, hasta que vio llegado el momento oportuno: entonces le golpea en las narices y se mofa de él como si fuera su bufón y un muñeco.

    En efecto: ahora convoca el concilio por tercera vez. Pero antes envía a los países sus emisarios y hace prestar a reyes y príncipes una declaración jurada de que permanecerán fieles a la doctrina del papa. A esto se adhieren los obispos con sus sacerdotes, no cediendo nada en absoluto ni admitiendo reforma alguna. Por tanto, el concilio ya ha concluido antes de comenzar, es decir, no se reformará nada sino que se conservará en todos los puntos la práctica que actualmente está en uso. ¿No es éste un concilio admirable? Todavía no ha empezado, y ya ha realizado lodo lo que tenía que hacer en caso de iniciarse. Esto significa golpear al emperador en las narices, y hasta aventajar al Espíritu Santo adelantándose a él. Esto mismo es lo que yo he temido, y así lo he expresado más de una vez, por escrito y en palabras: que no celebrarían un concilio ni podrían celebrarlo si antes no hubiesen apresado al emperador, a los reyes y los príncipes, teniéndolos bajo control a f in de que ellos mismos tuvieran completa libertad para disponer lo que quisieran con el objeto de fortalecer su tiranía y oprimir a la cristiandad con mayores cargas que antes.

    En el nombre de Dios, si a vosotros, señores, emperadores, reyes y príncipes, os gusta que estos hombres malvados y malditos os pateen en la boca y os den mojicones, no podemos remediarlo; más aún, debemos recordar que anteriormente hacían cosas peores, cuando deponían a reyes y emperadores, los anatematizaban, desterraban, traicionaban, asesinaban v se mofaban de ellos con descaro diabólico, como lo atestigua la historia, y como piensan hacerlo hoy día. A pesar de iodo, Cristo sabrá hallar y conservar a su cristiandad, también contra las puertas del

  • Los Concilios y la Iglesia

    2

    infierno1, aunque el emperador y los reyes no pudieran ni quisieran prestarle apoyo; es más fácil para Cristo prescindir de la ayuda de los príncipes que para éstos prescindir de la ayuda de Cristo. ¿Cómo procedió antes de haber nacido reyes y emperadores, y qué haría si actualmente no existiera ni emperador ni reyes, aunque el mundo lleno de diablos se enfureciera contra él? Está acostumbrado a los platos picantes, y a su vez sabe preparar platos mucho más picantes aún; ¡Ay de los que deben comerlos!

    Nosotros empero, cristianos pobres y débiles, que somos llamados herejes por tales santurrones, debemos estar alegres y alabar a Dios el padre de toda misericordia, y agradecerle de buen ánimo por cuanto nos cuida tan entrañablemente, y hiere a nuestros asesinos y tiranos sanguinarios con tal ceguera egipcia y locura judía que no pueden menos que proponerse no ceder en ningún punto. Prefieren que se hunda la cristiandad antes de abolir la menor idolatría de la cual están más que llenos. De esto se glorían, y también lo cumplen. Digo que hemos de estar alegres. Con ello fomentan nuestra causa más de lo que podríamos desear jamás, y en cambio perjudican su propia causa más de lo que pueden imaginarse. Saben y confiesan que en muchos sentidos no tienen razón, sino que las Escrituras y Dios están cont ra e l los. No obstante, a todo trance quieren imponer su voluntad contra la voluntad de Dios. A sabiendas defienden el error como si fuese lo correcto. Consolándose con ello, un pobre cristiano debiera tomar el sacramento aun sin confesarse y arriesgar cien vidas, si las tuviera, cuando ve y siente tan palpablemente que aquí está reinando Dios y allá el diablo.

    Tenemos pues ahora la resolución definitiva del futuro concilio de Vicenza y el veredicto severo del (como es de suponer) último concilio: todo el mundo debe desesperar respecto a la reforma de la iglesia, y no puede admitirse discusión alguna. Ellos prefieren jactanciosamente que se pierda la cristiandad, es decir, tienen al diablo mismo por Dios y Señor antes que a Cristo, y no quieren ceder un ápice de su idolatría. Y no suficiente con ello, quieren obligarnos a los pobres cristianos, bajo amenaza con la espada, a que también adoremos a sabiendas al diablo y blasfememos juntamente con ellos a Cristo. Semejante terquedad no se ha leído ni se ha visto en la historia. Otros tiranos al menos tienen el dudoso honor de crucificar inconscientemente al Señor de la Majestad, como los turcos, gentiles y judíos. Pero aquí hay cristianos que bajo el nombre de Cristo y pretendiendo ser los cristianos supremos se disponen a luchar contra Cristo y dicen: Sabemos que las palabras y acciones de Cristo las tenemos en contra de nosotros. Sin embargo, no queremos admitir su palabra ni ceder, sino que él ha de someterse a nosotros y avenirse a nuestra idolatría. No obstante, quieren ser cristianos y llamarse tales.

    Ya que el papa y sus partidarios se niegan a llevar a cabo un concilio y se resisten a reformar la iglesia y no prestan ayuda ni auxilio para ello, sino que defienden descaradamente su tiranía y quieren hundir la iglesia, nosotros, tan lamentablemente abandonados por el papa, no tenemos otra alternativa que buscar ayuda y auxilio en otra parte. Ante todo inquirimos y pedimos una reforma a nuestro Señor Cristo. Por la malignidad de estos tiranos malvados que nos obligan a sepultar toda esperanza respecto de un concilio y una reforma, no debemos desesperar también de Cristo o dejar a la iglesia sin ayuda y auxilio, sino que hemos de hacer lo que podamos y dejar que ellos se vayan al diablo como es su deseo.

    Y con ello testifican a gritos, en perjuicio de ellos mismos, que son los verdaderos anticristos y autocatacríticos2 que se condenan a sí mismos y corren tercamente hacia su propia perdición. Por tanto, se excluyen a sí mismos de la iglesia y se glorían públicamente de que son los enemigos más encarnizados de ella y quieren seguir siéndolo. Pues quien declara preferir la

    1 Mt. 16:18. 2 Del griego 'autokatakrítikos'. el que se condena a sí mismo.

  • Los Concilios y la Iglesia

    3

    ruina de la iglesia antes de corregirse él, o ceder en parte alguna, manifiesta con ello clara y públicamente que no sólo desea no ser cristiano ni pertenecer a la iglesia (la cual bien puede perderse con tal que él se salve y no perezca juntamente con ella) sino que quiere coadyuvar para que se pierda. Así lo comprueban no sólo con sus palabras, sino con su actitud funesta al dejar vacantes tantos cientos de parroquias y al hacer que las iglesias se pierdan por carecer de pastores, sermón y sacramento.

    En tiempos anteriores, los obispos y hasta cada cristiano se dejaban martirizar (como sucede también ahora) y morían por la amada iglesia con alegría y agradecimiento, y Cristo mismo murió por ella, para que permaneciese y se conservara. Pero el papa y los suyos dicen jactanciosamente que la iglesia debe hundirse en provecho de ellos a fin de que ellos puedan mantenerse con su tiranía, idolatría, bribonadas y toda clase de maldades. ¿Qué opinas de estos hombres? Para que ellos puedan permanecer, la iglesia ha de arruinarse. ¿En qué quedamos? Para que la iglesia se extinga, ha de fenecer antes Cristo sobre el cual ha sido edificada como sobre una roca contra las puertas del infierno3. Para que Cristo sucumba, ha de raer antes Dios que puso esta roca por fundamento. ¿Quién hubiera creído que esos señores tenían un poder tan grande que ante sus amenazas la iglesia se hundiría tan fácilmente con Cristo y con Dios mismo? Han de ser muchísimo más poderosos que las puertas del infierno y todos los diablos pese a los cuales la iglesia ha permanecido y deberá permanecer.

    Con esto, digo, dan de sí mismos el testimonio elocuente de que no quieren ser la iglesia ni estar en ella sino ser sus peores enemigos y coadyuvar a que se hunda. Sin embargo, hasta ahora nos han fastidiado hasta el cansancio con la palabra iglesia, iglesia, y sin fin ni medida gritaron y bufaron que se los tenga por la iglesia y nos culpaban de miserables herejes; nos maldecían y asesinaban porque no los escuchábamos como a la iglesia. Ahora creo en verdad que estamos absueltos en toda forma e inequívocamente, de modo que ellos ya no quieren ni pueden llamarnos herejes, puesto que no desean ya ser considerados iglesia sino que como enemigos de ella desean arruinarla y ayudar a suprimirla. Pues no es con

Recommended

View more >