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  • Stan Laurel, el mtico Flaco de lapareja del Gordo y el Flaco, ya viejoy acabado, acude a Philip Marlowe(detective creado por RaymondChandler), para que averige porqu ya nadie lo contrata. Pasadocierto tiempo, Laurel muere. UnOsvaldo Soriano convertido enpersonaje de ficcin se encuentra aMarlowe frente a la tumba delcmico. A partir de este encuentrotendr lugar la ms disparatada ytragicmica serie de hechos, quecombina llanto y risa, actores ypersonajes, realidad y ficcin.

  • Osvaldo Soriano (Argentina, 1943-1977), destac tanto en su facetade periodista como en la de escritor.Entre sus obras destacan Triste,solitario y final, No habr mspenas ni olvido, Cuarteles deinvierno, A sus plantas rendido unlen, Una sombra ya pronto ser oLa hora sin sombra. Sus libros hansido traducidos a dieciocho idiomasy adaptados con xito al cine.

  • Osvaldo Soriano

    Triste, solitario yfinal

    ePUB v1.0

  • GONZALEZ 19.04.12

  • Editorial / Coleccin: Seix Barral /Biblioteca SorianoAo Publicacin: 2003ISBN: 978-95-073-1363-9

  • Prlogo

    NO TE TOMES EN SERIONADA QUE NO TE HAGA

    RER

    por Eduardo Galeano

    En uno de sus cuentos, Osvaldo Sorianoimagin un partido de ftbol en algnpueblito perdido en la Patagonia. Alequipo local, nunca nadie le habametido un gol en su cancha. Semejanteagravio estaba prohibido, bajo pena dehorca o tremenda paliza. En el cuento, el

  • equipo visitante evitaba la tentacindurante todo el partido; pero al final eldelantero centro quedaba solo frente alarquero y no tena ms remedio quepasarle la pelota entre las piernas.

    Diez aos despus, cuando Sorianolleg al aeropuerto de Neuqun, undesconocido lo estruj en un abrazo y loalz con valija y todo:

    Gol, no! Golazo! grit. Teestoy viendo! A lo Pel lo festejaste! y cay de rodillas, elevando los brazosal cielo. Despus, se cubri la cabeza:Qu manera de llover piedras! Qubiaba nos dieron!

    Soriano, boquiabierto, escuchaba

  • con la valija en la mano.Se te vinieron encima! Eran un

    pueblo! grit el entusiasta. Yentonces, sealando a Soriano con elpulgar, inform a los curiosos que seiban acercando: A ste, yo le salv lavida.

    Y les cont, con lujo de detalles, latremenda gresca que se haba armado alfinal del partido: ese partido que elautor haba jugado en soledad, unanoche lejana, sentado ante la mquina deescribir, el cenicero lleno de puchos yun par de gatos dormilones.

    * * *

  • l no escriba sobre sus personajes:escriba con ellos. Y en sus libros,abiertos, entrbamos, entramos, loslectores.

    Cualquiera de nosotros podra decir:No es que lo lea. Es que l me

    escribe.Triste, solitario y final fue la

    primera comunin, y desde entonces laceremonia continu en sus librossiguientes.

    En esta novela inicial, el autorencuentra, en el camino, a un detective,nacido de otro autor, y con l emprendela bsqueda de un par de cmicosperdidos en la bruma del tiempo. Y tan

  • convidante es el camino que basta leerestas pginas para que cualquiera seconvierta en autor, detective y cmico.Con toda naturalidad, como quien noquiere la cosa, el lector se mete en ellibro y acompaa las malandanzas deOsvaldo Soriano, Philip Marlowe, StanLaurel y Ollie Hardy, que de lo en lo,de tropezn en tropezn, vandeambulando por todas partes sin llegara ninguna.

    * * *

    Como en un ritual de iniciacin, Sorianoabri su vida literaria rindiendo

  • homenaje a sus maestros de la novelapolicial y el cine mudo. Eran, todos,perdedores. l nunca pudo tragar a losexitosos, que en estas pginas encarnanJohn Wayne y Charlie Chaplin, y encambio se reconoci siempre en loscondenados a la ruina, la soledad y elolvido. Por ellos, los nacidos paraperder, escribi Triste, solitario y final.Y perdi: present la novela al concursoCasa de las Amricas, y perdi. ArielDorman vot en minora, y la mayoradel jurado premi a otro.

    A partir de entonces, Soriano fue unescritor de xito. Pero l nunca se locrey. sa no era su msica, no sonaba

  • como suya. El xito no lo cambi ni unpoquito, aunque le agobi la vida, yquiz se la acort, por las exigenciasque le impuso.

    * * *

    No tena pasta de engrupido. Y ms: estcientficamente demostrado que sequed calvo de tanto tomarse el pelo as mismo. As se gan, en buena ley, elderecho a tomar el pelo a los dems.

    Los grandes mitos argentinos, mitos,manas, mitomanas, eran el blancopredilecto de sus chistes, en las largassobremesas y en las noches de humo y

  • amigos, y tambin eran el temarecurrente de su obra. Sus novelas, susrelatos y sus crnicas supieron revelarlas derrotas que las victorias disimulan,las infamias que las glorias disfrazan, eldesamparo y el miedo escondidos bajolas mscaras de la arrogancia. Con ojosimplacables y entraables, Soriano fuecapaz de desnudar la ridculaimpostacin de una sociedad educada enel pnico al ridculo, a la que jamsmir desde afuera. Desde adentro, condolor y con humor, arroj sus tortazos decrema a la cara de chantas, fanfarrones ypurapintas.

  • * * *

    Era desopilante escuchar lasantiheroicas historias que le habanocurrido desde que naci. Mucho nosdio de rer a quienes tuvimos la suertede escucharlas en vivo y en directo.

    Y no por casualidad fue esteperfecto antihroe quien nos ofreci, ensus obras, la contracara del sistema devalores que en el mundo manda. "No tetomes en serio nada que no te haga rer",haba dicho alguien alguna vez. Condivertida seriedad, sin la menorsolemnidad, Soriano se identific consus personajes ms desvalidos,

  • vagabundos, delirantes, fracasados,especialistas en meter la pata y en vivirhistorias que siempre acababan mal. Ydesde ellos escribi una comedia en laque todos somos actores, y en cadalector encontr un cmplice para ellargo atentado que cometi, libro traslibro, contra un mundo que tan al revsrecompensa y castiga.

    No fue fcil. Trabaj mucho en eso,noche tras noche a lo largo de sus das,guiado por los crticos que le merecanfe. Quiero decir: sus gatos, que a vecesmaullaban aprobacin y a veces ledestrozaban las pginas que no valan lapena.

  • * * *

    En el ltimo dilogo de Triste, solitarioy final, Philip Marlowe pregunta alautor:

    Dgame, Soriano. Por qu se ledio por meterse con el Gordo y elFlaco?

    Y Soriano contesta:Los quiero mucho.As de simple podra ser nuestra

    respuesta, si alguien nos preguntara porqu seguimos recibiendo la visita de losmuchos amigos que l nos presentescribiendo.

  • Montevideo, otoo, 2003

  • En memoria de:Raymond Chandler, Stan Laurel, Oliver

    Hardy.

  • Hasta la vista, amigo. No ledigo adis. Se lo dije cuandotena algn significado. Se lodije cuando era triste, solitarioy final.

    Philip Marlowe en El largoadis

  • Amanece con un cielo muy rojo, comode fuego, aunque el viento sea fresco yhmedo y el horizonte una bruma gris.Los dos hombres han salido a cubierta yson dos caras distintas las que miranhacia la costa, oculta tras la niebla. Losojos de Stan tienen el color de la bruma;los de Charlie, el del fuego. La brisasalada les salpica los rostros con gotastransparentes. Stan se pasa la lengua porlos labios y siente, quiz por ltima vezen este viaje, el gusto salado del mar.Tiene los ojos celestes, pequeos yrasgados, las orejas abiertas, el pelolacio y revuelto. Un aire de angustia lo

  • envuelve y a pesar de sus diecisieteaos est acostumbrado a fabricarsesonrisas. Ahora, lejos del circo, lejos deLondres, su cuerpo pequeo est rgidoy siente que el miedo le ha cado encimadesde alguna parte.

    Charlie, que frente al pblico es unpayaso triste, sonre ahora, desafiante yfro. Apoyado en la popa ha inclinado elcuerpo hacia adelante, como si quisieraestar ms cerca de Manhattan, como situviera apuro por asaltar al gigante.

    Mi padre dijo que el cine matar alos cmicos ha dicho Stan.

    Lo dice con amargura, porque harecordado a su padre que tambin es

  • actor y ha visto de frente la ansiedad delos curiosos, la desesperacin de losfracasados, la alegra momentnea deuna mueca; las ha visto mil veces, y loha contado mil veces en la mesa durantelas cenas en la vieja casa de Lancashire.Las primeras luces surgen de la niebla yStan sabe que ya no puede volver atrs,que cualquiera sea su destino, l estall para aceptarlo.

    Matar a los cmicos sin talentoha respondido Charlie, sin mirar a sucompaero cada vez ms lejano,atrapado por las luces. Siente que lahora llega, que toda Norteamrica es unauditorio en silencio que espera verlo

  • pisar la costa. Escucha lasexclamaciones de asombro, losaplausos, los vivas! de la multitud,siente que alguien lo abraza y llora. Lasirena del barco lo sacude, le hace abrirlos ojos claros que tienen ms fuego quenunca y descubre a su alrededor eljbilo de sus compaeros de la troupeque festejan la llegada. Stan sonrebrevemente. Se tapa la cara con lasmanos porque una sensacin vaga ymolesta le toca el corazn y las tripas.Entre los dedos abiertos que enrejan susojos, mira a Charlie y siente que loquiere como a nadie, porque sabe queest ante un vencedor.

  • Las lanchas se acercan al barco y loremolcan. El da es luminoso y la nieblase ha levantado. Algunos actores traganscotch y dan alaridos incomprensibles.Ellos volvern pronto a Londres,abrazarn a sus mujeres y a sus hijos ynarrarn la aventura de la gira. Stan yCharlie no tienen pasajes de regreso. Elbarco se ha detenido y de la bodegaemerge un ganado sucio y mugiente. Unaa una las vacas pisan tierra americana ynadie les envidia su destino. Charlie haencendido un cigarrillo y aguarda suturno en la escalinata. Ya no pertenece ala troupe.

    Una ola de sangre caliente inunda las

  • venas de Stan y su rostro se llena devida. Adivina que Charlie estapostando por el xito y la fama. De unbolsillo saca un puado de chelines ylos arroja con fuerza al mar. Se