relaciones sanas

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Dios nos llamo a tener relaciones sanas en cuatro áreas especificas. Con Dios, con nosotros mismos, con nuestros semejantes y con la creación

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  • 1

  • 2

  • 3

    Roles o el fruto del Espritu

    Manifestar la imagen de Dios

    Desprogramar la mente

    Disfrutar el fruto de la obediencia

    Introduccin

    Apndice

  • 4

    El texto usado en este estudio es el de la Biblia. Traduccin

    en Lenguaje Actual de Sociedades Bblicas Unidas. 2002

  • 5

    Un examen impostergable

    Repetidas veces la Escrituras advierten a los creyentes del

    peligro sutil de adoptar acrticamente los conceptos

    culturales predominantes y las prcticas del mundo.

    Exhortan a los cristianos a examinar sus presuposiciones a la

    luz de la palabra de Dios y, si as lo hacen, les dan la promesa

    de que descubrirn la voluntad divina. No vivan ya como vive

    todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. As

    podrn saber qu es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno,

    agradable y perfecto. (Ro 12.2).

    Quiz no haya otra rea de la vida comunitaria cristiana que

    requiera con tanta urgencia una nueva apreciacin de sus

    presuposiciones bsicas como la que tiene que ver con las

    relaciones entre los creyentes. Las relaciones defectuosas

    entre los cristianos tienen efectos paralizantes en la vitalidad

    y la eficacia de su testimonio comunitario. Las prcticas que

    discriminan y dividen entristecen al Espritu Santo y

    entorpecen el crecimiento y la extensin de las comunidades

    cristianas.

  • 6

    Una eleccin radical:

    Roles sexuales o el fruto del Espritu Necesitamos aplicar el poder transformador del evangelio a la

    vida individual y a las relaciones de los cristianos entre s. La

    fragmentacin y las divisiones son armas tremendamente

    eficaces en el arsenal que Satans dirige contra el pueblo de

    Dios. Donde Dios quiere crear unidad y cohesin, el enemigo

    busca provocar alienacin y separacin. Desde el momento en

    que nacemos, una sociedad cada nos hace amoldar en

    compartimientos y nichos que se convierten en nuestras

    prisiones de por vida.

    Desarrollar nuestro ser interior

    El evangelio ha de liberarnos del concepto de roles sexuales.

    En ninguna parte nos ordena la Escritura que desarrollemos

    nuestra conciencia de los roles sexuales como hombres y

    mujeres. Nos llama (tanto a hombres como a mujeres) a tener

    la mente de Cristo y a ser transformados a su imagen (Glatas

    3.27; Efesios 4:13; Filipenses 2.5; etc.). Tanto hombres como

    mujeres somos llamados a desarrollar nuestro ser interior, que

    significa una nueva humanidad transformada por el Espritu

    Santo. El fruto del Espritu, es el resultado del impacto del

    Espritu Santo en la personalidad humana, es el carcter que

    exhibe amor, alegra, paz, paciencia, amabilidad, bondad,

    fidelidad, humildad y dominio propio (Glatas 5.2223).

    Definir la renuncia

    Bblicamente tales cualidades no pertenecen ni a la

    masculinidad ni a la femineidad, sino que son el reflejo de la

    persona misma de Cristo. Algunos hombres, para alcanzar

    este ideal, quizs hasta tengan que rechazar las cualidades

  • 7

    que en nuestra cultura se presentan como verdadera

    masculinidad. Tendremos que renunciar a la dureza por el

    amor, a la ambicin por la alegra, a la agresividad por la paz,

    a lo exigente por la paciencia, a la fuerza por la amabilidad, a

    la competencia por la mansedumbre y a la imposicin egosta

    por el dominio propio.

    Aprender la humanidad autntica

    Si el fruto del Espritu nos lleva a rechazar lo que

    tradicionalmente se considera como masculino, que as sea.

    Porque la espiritualidad cristiana genuina se encuentra ms

    all de las prisiones de los roles sexuales. Los hombres deben

    aprender a moderar la masculinidad que les infunde el mundo

    con la humanidad autntica que produce el Espritu Santo y,

    de esta manera reflejarn el carcter de Cristo, quien encarn

    a la perfeccin el fruto del Espritu. Para lograrlo, quizs

    deban renunciar a la falsa masculinidad, crucificando la

    naturaleza del hombre pecador junto con sus pasiones y

    malos deseos. Esta es la condicin sine quan non para los que

    son de Jesucristo (Glatas 5.24).

    Manifestar la imagen de Dios Pablo recordndoles a los cristianos de Colosas su posicin

    importante como pueblo elegido de Dios, les manda que

    adopten nuevas formas de comportamiento con el mismo

    deseo que tendran al descartar una vestimenta vieja por una

    nueva:

    12 Dios los ama mucho a ustedes, y los ha elegido para que formen

    parte de su pueblo. Por eso, vivan como se espera de ustedes: amen

  • 8

    a los dems, sean buenos, humildes, amables y pacientes. 13 Sean

    tolerantes los unos con los otros, y si alguien tiene alguna queja

    contra otro, perdnense, as como el Seor los ha perdonado a

    ustedes. 14 Y sobre todo, mense unos a otros, porque el amor es el

    mejor lazo de unin. Colosenses 3.1214 TLA

    Los rasgos esenciales que caracterizan al pueblo de Dios son

    la compasin, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la

    paciencia, un espritu perdonador y (por sobre todo) el amor.

    Pablo no cita estas cualidades al azar, sino que describe de

    esta manera la nueva naturaleza que se va renovando en

    Cristo Jess (v. 10). Tanto hombres como mujeres deben

    adquirir estas caractersticas porque son las manifestaciones

    de la imagen de Dios en la vida humana.

    Extirpar lo pagano

    Los hombres que siguen adoptando actitudes de

    superioridad, adjudicndose posiciones exclusivas de poder y

    privilegios exclusivos de dominacin, e inflando

    patticamente su imagen de macho a expensas de las mismas

    personas a quienes deberan servir por causa de Cristo

    necesitan volver a examinar sus presuposiciones bsicas de

    las demandas transformadoras del evangelio.

    La renovacin de la mente cristiana exige extirpar sin piedad

    alguna las formas paganas de pensar y actuar para eliminar as

    el riesgo de conformarse a este mundo. Contrariamente, esta

    metamorfosis requiere un quebrantamiento profundo y una

    gran ductilidad que permitirn que el Creador reemplace el

    orgullo, la arrogancia y la ambicin de gobernar a otros con la

    compasin, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la

    paciencia, el perdn y el amor.

  • 9

    Desprogramar la mente

    Esta transformacin demanda no solo un cambio del ser

    interior sino tambin un cambio en nuestras actitudes

    externas. Mientras que el relato bblico de la creacin y el

    Nuevo Testamento enfatizan aquellos elementos que tienen

    en comn los hombres y las mujeres, la sociedad cada nos

    bombardea desde una edad muy temprana con las diferencias

    fisiolgicas y simblicas que existen entre los sexos. Este

    proceso de socializacin es tan completo y tan penetrante que

    pasa a formar parte de nuestra naturaleza la consideracin del

    sexo opuesto como opuesto.

    Como miembros de la comunidad donde ya no importa ser

    hombre o mujer, porque unidos a Cristo Jess todos son uno solo,

    debemos esforzarnos por mostrar al mundo lo parecidos que

    somos en Cristo. Pero con demasiada frecuencia el mundo

    logra inculcar entre los cristianos sus nociones de lo

    diferentes que son los integrantes del otro sexo. La

    santificacin de nuestras actitudes hacia el otro sexo

    demandar nada menos que un esfuerzo sistemtico de

    desprogramacin, diseado para depurar la mente cristiana

    de las interpretaciones abusivas de pasajes de la Escritura

    que, si uno no los entiende, debera dejarlos de lado, y de

    estereotipos populares vulgares que tales interpretaciones

    equivocadas han reforzado.

    Reconocer lo perjudicial

    Bajo condiciones normales, las actitudes transformadas

    debern producir conductas transformadas. La Biblia carga al

    hombre con la responsabilidad de rehabilitar a la mujer en la

  • 10

    nueva comunidad al exhortar a los maridos a dar el honor que

    corresponde a sus esposas (1Pedro 3.7).

    Los esfuerzos femeninos por obtener un trato equitativo se

    topan con una opresin creciente, a menos que los hombres

    se sensibilicen y respondan humanamente. Es

    responsabilidad de los hombres cristianos reconocer que las

    mujeres no derivan su identidad de ellos mismos sino de

    haber sido creadas a imagen de Dios y ser nuevas personas en

    Cristo.

    Los esfuerzos por mantener a la mujer bajo la tutela masculina

    perjudican tanto al hombre como a la mujer y por ende a la

    familia y a la sociedad, porque, al mantenerlas en una relacin

    de dependencia, los hombres garantizan la infantilizacin de

    sus compaeras femeninas. Se privan de la oportunidad que

    les da Dios de disfrutar del compaerismo y la comunin de

    sus contrapartes femeninas enfrentando hombro a hombro

    los desafos y las tareas de la vida.

    Lo cierto es que al no considerarlas como iguales, seguimos

    viviendo bajo las consecuencias del pecado, en lugar de vivir

    como redimidos. nicamente en la medida en que los

    hombres aprendan a animar a las mujeres a plantarse con

    firmeza, coraje y libertad, ambos podrn descubrir la

    magnfica complementariedad para la que fueron creados.

    Emprender la despatriarcalizacin

    Las socializaciones seculares de los roles sexuales se han

    institucionalizado tanto en algunas reas de la vida