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  • REFLEXIONES SOBRE LA DESCOLONIZACIN

    Ral Prada Alcoreza

    21.07.2013 04:01

    ndice:

    Umbrales y horizontes de la descolonizacin

    Horizontes del Estado plurinacional

    Una nota necesaria sobre descolonizacin

    De etnocentrismo y particularismos

    Crtica a la dominacin colonial y a la condicin poscolonial

    Umbrales y horizontes de la descolonizacin

    Estado y sociedad

    Un punto de partida debera ser desde dnde pensamos, hablamos y nos referimos al

    mundo, a los hechos, a los acontecimiento, a los procesos, a la relaciones, a la

    estructuras y a las instituciones del mundo? Concretamente, desde dnde pensamos

    cuando nos referimos al Estado y a la sociedad? Nombramos el mundo desde algn

    lugar, aqu no hablamos necesariamente de un lugar fsico, sino desde un lugar en el

    horizonte histrico cultural, un lugar en el horizonte epistemolgico, un lugar desde

    donde configuramos las representaciones, las significaciones, los valores, los smbolos,

    los conceptos? Podemos decir incluso un lugar desde donde desarrollamos las prcticas

    discursivas. Nombramos el mundo no desde un afuera sino desde adentro del mundo,

    nombramos el mundo desde el lenguaje, lo que nombramos est cargado de este

    lenguaje, si bien no forma parte del lenguaje, es el conjunto de referentes del lenguaje.

    Hablar del Estado y sociedad es hablar desde estos sititos, desde esta geografa

    imaginaria, si se puede hablar as, pero tambin desde la historia que crea estos

    escenarios, estos espacios, estos mapas conceptuales. El mundo es mundo porque est

    habitado de significados, de sentido, de valores, de smbolos, de conceptos, de

    representaciones. Si, pero no hay que confundir el mundo con estos lenguajes, estos

    mbitos de sentido, estos cdigos culturales, estas alegoras simblicas, estos mapas

    conceptuales, aunque est constituido tambin por ellos, si bien no necesariamente de

    una manera prioritaria, pues la multiplicidad de los campos y conjuntos de referentes

    denotan la autonoma y la independencia de los mismos, ofrecen su resistencia y

    muestran su propia complejidad. Por eso, hablar de Estado y sociedad es hacerlo desde

    determinadas estructuras de categoras, desde determinadas corrientes tericas, desde

    determinados lugares del campo filosfico y del campo de las ciencias sociales. No se

    trata de lugares bien definidos y claros, sino de lugares problemticos, de lugares de

    saturada discusin. Las corrientes tericas que las ponen como unidades de anlisis se

    disputan su conocimiento y comprensin, podemos recorrer toda una historia en el

    desarrollo y desplazamientos conceptuales en lo que respecta a la dilucidacin de estas

    entidades referenciales. Por eso, lo que importa ahora es saber desde donde nombramos

    el Estado y la sociedad para de este modo reconocer los recortes de realidad y las

    estrategias tericas desplegadas en este acto de hablar, en esta accin conceptual. Pero,

    sobre todo, saber cmo concebimos esos mbitos de relaciones que llamamos Estado y

    sociedad, para reconocer ese mbito de relaciones, de prcticas, de normas, de leyes, de

    procedimientos, de instituciones que llamamos Estado, para comprender ese mbito de

  • relaciones, de prcticas, de estructuras, de organizaciones, de movimientos, de

    movilizaciones, de luchas que llamamos sociedad.

    Cul es la relacin entre Estado y sociedad? Para responder a esta pregunta debemos

    situarnos en el contexto histrico de la modernidad, cuando hablamos de Estado lo

    hacemos desde la perspectiva del Estado-nacin, y cuando hablamos de sociedad lo

    hacemos refirindonos a formaciones histricas atravesadas por relaciones de

    produccin, comercializacin y consumo capitalistas. Se trata de formaciones histricas

    involucradas con el mercado, con el mercado capitalista, apreciado tanto en su forma

    interna como externa, mercado interno y mercado externo. Sociedades involucradas,

    insertas en el mercado internacional, afectadas entonces por sus contingencias,

    sociedades organizadas en respuesta y adecuacin a la expansin del capitalismo, de las

    lgicas del capitalismo, pero tambin y obviamente a la lgica de valorizacin del

    capital. No podramos entender estas sociedades sin comprender a su vez el desarrollo

    mundial, regional y local del capitalismo, aunque este haya tenido resistencias y las

    tenga todava, aunque podamos entrever posibilidades de alternativas al capitalismo. Lo

    que decimos es que el capitalismo se ha expandido por todo el mundo y ha conformado

    el mundo mismo, formando una economa-mundo capitalista y conformando un

    sistema-mundo capitalista[1]. Desde esta perspectiva, no nos negamos evaluar y

    dilucidar las singularidades, los particularismos locales, las formaciones abigarradas,

    sino que lo hacemos y entendemos esta tarea posible a partir de la inteligibilidad de la

    acumulacin originaria y ampliada del capitalismo, de sus ciclos, de sus crisis y de su

    ineludible cobertura mundial. No se puede soslayar este acontecimiento de escala

    mundial, eludirlo sera no entender los mismos particularismos, localismos,

    regionalismos y abigarramientos, quedndonos tan solo con la expresin exacerbada de

    las heterogeneidades perdidas en su propio laberinto. Hay que colocarse evidentemente

    en la perspectiva del pluralismo histrico, de la diversidad y diferencia de los procesos

    socioeconmicos y socioculturales, pero hay que hacerlo teniendo en cuenta la

    transversal histrica de la economa-mundo capitalista. Esto nos permite situarnos en el

    lugar, el espacio-tiempo histricos, desde el cul nombramos, pero tambin en el cual

    nos encontramos, para entender lo que hemos llegado a ser en el momento presente

    (Michel Foucault).

    Estado y sociedad en Bolivia

    Las naciones no son otra cosa que mitos en el sentido que son

    creaciones sociales, y los estados desempean una funcin

    central en su construccin. El proceso de creacin de una nacin

    incluye el establecimiento (en gran medida, una invencin) de

    una historia, una larga cronologa y un presunto grupo de

    caractersticas definitorias (incluso cuando grandes segmentos de

    la poblacin incluida no comparten dichas caractersticas)[2].

    Immanuel Wallerstein

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn1http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn2

  • La Repblica de Bolvar nace de una conjuncin y combinacin de factores hasta

    compulsivos y contradictorios. Por una parte podemos hablar de la genealoga de sus

    propias guerras, es decir las guerras que atraviesan, afectan, adecuan, se instalan en los

    territorios que van a circunscribirse sucesivamente en lo que va a ser el Qullasuyu, la

    Audiencia de Charcas y la Repblica de Bolivia. Estas guerras son acontecimientos que

    suscitan, se producen y pasan para desaparecer, no del todo, empero quedando en la

    memoria de las generaciones venideras. Podemos hablar de la guerra de conquista a

    mediados del siglo XVI y de su consecuente guerra anticolonial durante los ltimos

    aos del siglo XVIII, de la guerra en Potos entre vicuas y vascongados durante 1626,

    la guerra de guerrilla durante el siglo XIX, acompaada de la llegada de la guerra de

    independencia al Alto Per, las incursiones de los ejrcitos independentistas argentinos,

    las asonadas y levantamientos durante la colonia, pero tambin los amotinamientos y

    cambios de bando. Marie-Danielle Demlas reconoce una cultura guerrera en Amrica,

    dice que existan tres formas de combate: La utilizacin de los mtodos de la guerra en

    pequea escala, la cultura miliciana y la experiencia de las guerras indias[3].

    Despus podemos hablar del desarrollo de la economa minera[4], preponderantemente

    durante la colonia, particularmente en lo que tiene que ver con la irradiacin del entorno

    potosino durante los siglos XVII y XVIII. Este desarrollo y esta irradiacin pueden

    asociarse con el ciclo de la economa de la plata, directamente vinculada a los ciclos del

    capitalismo genovs (siglos XV-XVII), del capitalismo holands (siglos XVI-XVIII) y

    del capitalismo britnico (siglos XVIII-XX)[5]. Este recorte si bien privilegia la

    preponderancia de la economa minera, no obvia las otras formas de organizacin

    econmicas, particularmente las agrcolas, destinadas a comercializar con alimentos

    para las poblaciones de las ciudades y los centros mineros. En este caso, sobresale la

    economa de las haciendas de los valles, fuertemente vinculada al comercio con los

    centros mineros, empero el mercado de alimentos y otros bienes tambin se extiende al

    Oriente, esta es la situacin que podemos apreciar en lo que respecta la vinculacin

    contingente de la economa de las haciendas de los llanos, de la Amazonia y el Chaco

    con la economa minera. No podemos dejar de mencionar la persistente economa de las

    comunidades indgenas, que forma parte de alternativas formas de reproduccin,

    enlazada a otros circuitos simblicos, de reciprocidad y complementariedad. En todo

    este espaciamiento rudimentario del mercado interno, la produccin artesanal y la

    incipiente produccin manufacturera encuentra su sitio. Todo este panorama mercantil

    no termina de dibujarse si es que no mencionamos un eje paralelo a la economa minera

    que tiene que ver con los recorridos de la coca[6].

    As mismo podemos hablar de la jurisdiccin de la Audiencia de Charcas y de una cierta

    continuidad administrativa, tanto poltica como religiosa, que dur desde su pertenencia

    al Virreinato del Per hasta su pertenencia al Virreinato de La Plata, incluso

    prcticamente permaneci en la geografa poltica de la flamante Repblica.

    El diagrama de poder colonial

    Cmo retomar la historia, sobre todo la historia de la modernidad, desde otra

    perspectiva, que no sea la de la supuesta universalidad eurocntrica? Buscamos otra

    perspectiva, la de las sociedades que fueron colonizadas. Este es un problema que ha

    sido retomado por los intelectuales que se colocan en una perspectiva descolonizadora.

    Habra que hacer una historia al respecto. En este decurso tenemos las investigaciones

    de Anbal Quijano, quien trabaja sobre la colonialidad del poder. Podemos citar los

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn3http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn4http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn5http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn6

  • trabajos de Enrique Dussel, quien plantea la construccin de una mirada integral desde

    las vctimas, es decir, los colonizados. En esta perspectiva tambin se encuentran los

    trabajos de Boaventura de Sousa Santos, quien se plantea pensar desde el sur, en

    contraposicin con el norte hegemnico y dominante. No lejos de ellos se hallan las

    formulaciones de un pensamiento propio por parte de Hugo Zemelman Merino. En

    Bolivia la irrupcin de un pensamiento descolonizador es abierto por Fausto Reinaga,

    quien deconstruye la historia desde la perspectiva de la revolucin india. Esta

    problemtica es retomada por Silvia Rivera Cusicanqui con sus estudios sobre los

    movimientos indgenas a partir de la recuperacin de la memoria larga. La lista

    evidentemente puede ser ms amplia, identificando corrientes, si podemos hablar as, la

    corriente de los subalternos, en la que sobresalen las investigaciones de Partha

    Chatterjee y de Gayatri Chakravorty Spivak, de los estudios postcoloniales, de la

    filosofa de la transmodernidad, de la epistemologa crtica o crtica de la epistemologa,

    de la socio-historia indgena. Incluso podemos abrirnos hacia atrs y hacia adelante,

    podemos rastrear las huellas de un marxismo propio cuando Carlos Maritegui se

    plantea sus tesis sobre la realidad peruana, buscando hacer inteligible la formacin

    econmico social peruana. Del mismo modo podemos encontrar en la crtica de la

    economa poltica perifrica, en la crtica de las relaciones de poder y en los anlisis de

    los movimientos sociales desplegados por comuna el desarrollo de una perspectiva

    descolonizadora[7]. Debemos hacer entonces una arqueologa de los discursos sobre

    descolonizacin, sobre las narrativas de la colonizacin y colonialidad, encontrar los

    sedimentos y estratificaciones de estos discursos, sus formas de actualizacin, su haz de

    relaciones, la configuracin de sus enunciados. Esta es una tarea que hemos de

    emprender, empero por de pronto, vamos a situar la problemtica de la colonialidad

    dibujada histricamente por los ciclos del colonialismo.

    Los ciclos del colonialismo

    Hablamos de los ciclos del colonialismo porque consideramos que estos ciclos, de

    alguna manera han seguido los ciclos del capitalismo. No son exactamente lo mismo,

    empero el colonialismo ha acompaado a la expansin y a la acumulacin del

    capitalismo. Concretamente la irrupcin del colonialismo a escala mundial tiene

    inmediatamente que ver con la acumulacin originaria del capital a escala mundial y

    con el nacimiento de la modernidad. Si se quiere con el nacimiento de la economa-

    mundo capitalista, sugerida por Immanuel Wallerstein. El colonialismo es la forma

    mundial de dominacin desatada por las formas hegemnicas del capitalismo, formas

    desplegadas sucesivamente durante los distintos ciclos del capitalismo. Empero las

    estructuras de dominacin colonial no son los mismo que las estructuras de la

    acumulacin capitalista, las relaciones de poder no son lo mismo que las relaciones de

    produccin capitalista, ambos mbitos se imbrican y se complementan de una manera

    morbosa. Anbal Quijano dice:

    La colonialidad es uno de los elementos constitutivos y especficos del patrn

    mundial de poder capitalista. Se funda en la imposicin de una clasificacin

    racial/tnica de la poblacin del mundo como piedra angular de dicho patrn

    de poder y opera en cada uno de los planos, mbitos y dimensiones, materiales y

    subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal[8].

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn7http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn8

  • Anbal Quijano asocia culturalmente e intersubjetivamente la colonialidad con la

    modernidad, se trata de un patrn de dominacin que se corresponde con los modelos de

    acumulacin. La diferenciacin entre centro y periferia establece la diferencia racial de

    la explotacin de la fuerza de trabajo a escala mundial, distinguiendo formas de

    explotacin, combinando y complementando subsuncin formal y subsuncin real del

    trabajo al capital[9]. El colonialismo y, por lo tanto, la colonizacin constituyen una

    realidad mundial, la colonialidad, que es la forma de hegemona cultural de la

    modernidad y la forma de dominacin capitalista. Anbal Quijano dice que:

    En el curso del despliegue de esas caractersticas del poder actual, se fueron

    configurando las nuevas identidades societales de la colonialidad, indios,

    negros, aceitunados, amarillos, blancos, mestizos y las geo-culturales del

    colonialismo, como Amrica, frica, Lejano Oriente, Cercano Oriente(ambas

    ltimas Asia, ms tarde), Occidente o Europa(Europa Occidental despus). Y

    las relaciones intersubjetivas correspondientes, en las cuales se fueron

    fundiendo las experiencias del colonialismo y de la colonialidad con las

    necesidades del capitalismo, se fueron configurando como un nuevo universo de

    relaciones intersubjetivas de dominacin bajo hegemona euro-centrada. Ese

    especfico universo es el que ser despus denominado como la

    modernidad[10].

    Comprendamos entonces la experiencia del colonialismo y colonialidad, entendiendo

    por colonialismo la prctica imperial de ocupacin de tierras, sometimiento de las

    poblaciones, decodificacin cultural, fragmentacin de las sociedades, ocultamiento y

    desaparicin de las instituciones propias, diseminacin de las lenguas autctonas,

    inscripcin de la historia poltica de la dominacin en la superficie de los cuerpos,

    induciendo conductas y comportamientos de sometimiento, de domesticacin, de

    disciplinamiento, de control y de seguridad, sucesivamente. Comprendiendo por

    colonialidad la configuracin de las identidades societales y la plasmacin de la

    clasificacin racial, conformndose entonces una realidad histrico-cultural diferencial

    a escala planetaria y al interior de los pases. Las identidades societales y las

    clasificaciones raciales van adquirir distintas tonalidades y matices, dependiendo del

    lugar y el contexto de referencia, pero lo importante de esta distincin y clasificacin

    estriba en las polticas de etnicidad[11] y formas de gubernamentalidad[12] que se van

    a implementar en las sociedades poscoloniales, en los Estado-nacin de la periferia de la

    economa-mundo capitalista. La colonialidad tambin puede interpretarse como el lado

    oscuro de la modernidad, as tambin como el lado heterogneo de la modernidad, que

    se pretende universal y basada en principios universalistas. La declaracin de los

    derechos humanos, pero tambin la experiencia vertiginosa cuando todo lo solido se

    desvanece en el aire[13], cuando se disuelven las formas de comunidad pre-capitalistas,

    cuando se diseminan los valores y las instituciones pre-modernas, producindose en este

    caosmosis el tomo del individuo, que entra de lleno al tiempo de la perpetua

    transformacin constante. La modernidad como cultura planetaria del capitalismo

    mundial. Pero ocurre que esta modernidad se expande y desarrolla acompaada por

    formas violentas de dominacin, formas que despojan de sus tierras a poblaciones

    enteras, de sus recursos, de sus formas de vida, de su energa vital y de sus saberes,

    ocupando sus territorios, yuxtaponiendo formas de sociabilidad a las redes de relaciones

    comunitarias ya existentes, cartografiando territorios y marcando cuerpos, de tal forma

    que se da lugar la colonizacin de los mismos, usndolos como recursos explotables,

    diferenciando centro de poder y de acumulacin de periferia sometida y de extraccin,

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn9http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn10http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn11http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn12http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn13

  • racializando a las poblaciones, convirtindolas en objetos del ejercicio de la biopoltica.

    Ahora bien, estos territorios, estos cuerpos, con sus formas comunitarias de

    relacionarse, con sus formas intersubjetivas propias de comunicarse, con sus maneras de

    politizar sus demandas, se convierten con el tiempo en resistencias a la modernidad y al

    capitalismo, ofrecindose como ofrenda y sacrificio, diseando alternativas. Podramos

    denominar a la modernidad como una forma aparente y a la colonialidad como su forma

    efectiva, forma aparente cultural, poltica y jurdica, por un lado, y forma efectiva

    subordinaciones culturales, de dominaciones polimorfas que obstruyen las

    democratizaciones, de ejercicios jurdicos discriminadores. Empero esta contradiccin

    entre la forma aparente y la forma efectiva da lugar a culturas proliferantes, actualizadas

    y emergentes, a politizaciones de campos no institucionalizados, a replanteos de

    derechos colectivos que atraviesan los formalismos jurdicos, a la circulacin de saberes

    que se oponen a la ciencia universal y a la filosofa absoluta.

    Etnicidad, nacin y clase

    Las sociedades poscoloniales plantean varios problemas en lo que respecta a su

    comprensin y elucidacin, uno de estos es el que tiene que ver con la relacin entre

    etnia, clase y nacin. Podemos complicar un poco ms an esta situacin si

    introducimos tambin el tema del Estado. La distincin entre Estado y nacin es

    importante, as como lo es la diferencia entre etnia y clase. Aunque la formacin de los

    Estado-nacin absorbe la nacin al Estado, esto no quiere decir que la nacin es lo

    mismo que el Estado. La formacin del Estado, si podemos hablar as, tiene que ver con

    las mltiples gubernamentalidades que son articuladas en forma de agenciamientos,

    engranajes, mquinas polticas que se distribuyen en forma de mapas

    institucionales[14]. La estatalizacin de las territorialidades, de los agenciamientos

    concretos y relaciones de poder locales, es decir, su apropiacin, desarticulacin y

    transformacin a gran escala forma parte del proceso de conformacin del Estado. La

    institucin del Estado pasa por la unificacin de las formas de gobierno y los

    mecanismos de poder, termina ejerciendo su jurisdiccin a la escala de lo que va ser la

    nacin, incorpora de modo transversal la legislacin y normativa jurdica que permite la

    reglamentacin del ejercicio de las prcticas institucionalizadas. Podemos hablar desde

    esta perspectiva de la triangulacin concomitante entre Estado, derecho y nacin. Ahora

    bien, podemos considerar a la nacin como lo sugiere Immanuel Wallerstein, como que

    las naciones no son otra cosa que mitos, en el sentido que son creaciones sociales, y los

    estados desempean una funcin central en su construccin[15]. Desde esta

    perspectiva, los estados habran creado las naciones, las naciones formaran parte de los

    procesos de estatalizacin, pero en este caso se tratara de la estatalizacin de los

    imaginarios. Sin embargo, esta comprensin de Immanuel Wallerstein supone la

    construccin, la supeditacin y la articulacin plena de la nacin al Estado. No hay

    nacin antes del Estado? Podemos ampliar los horizontes histricos de la problemtica

    introduciendo un campo de posibilidades mayor, logrando as una comprensin ms

    abierta de las formas de identidades colectivas, por ejemplo podemos introducir el

    tpico de la luchas de liberacin nacional, as mismo podemos introducir en el anlisis a

    las concepciones de nacin emergentes, por ejemplo, las relativas a los imaginarios

    colectivos de pueblos indgenas. Es indispensable considerar los imaginarios colectivos

    de las resistencias a la colonialidad y a la modernidad, entendidos como actos de

    descolonizacin. Desde esta perspectiva, no se tiene en cuenta la arqueologa del

    trmino nacin, que en principio alude a una relacin de sangre, la nacin concebida en

    el sentido de consanguineidad. Desde esta otra faceta habra una construccin de

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn14http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn15

  • imaginarios nacionales antes del Estado, a partir de otras condiciones de posibilidad

    histricas, de otros espacios de intersubjetividad. Aunque podemos circunscribir el

    anlisis de Immanuel Wallerstein a la crtica de la nacin en los lmites del espacio

    abierto por el Estado-nacin, requerimos de una mirada ms inclusiva de las otras

    formas de nacin, para esto solicitamos separar la concepcin de nacin de la

    concepcin de Estado, esto nos puede llevar a pensar una forma poltica ms all del

    Estado, pensar, por ejemplo, las posibilidades alterativas del Estado plurinacional,

    pensar una forma poltica que no necesariamente tenga que llamarse Estado, empero

    comprenda la condicin plurinacional. Entre estas variantes, incluso pensar el Estado

    plurinacional desde una perspectiva no moderna del Estado, como una forma poltica

    que sea instrumento de la sociedad, una forma poltica que se corresponda con las

    sociedades autogestionarias y autodeterminantes. En este sentido, estamos sugiriendo la

    hiptesis de pensar la nacin como imaginario social, pero tambin como mbito de

    reconocimiento, como forma de difusa institucin cultural que adquiere caractersticas

    de contrapoder, de contracultura hegemnica y tambin como espacio dinmico

    intersubjetivo descolonizador. Bajo esta consideracin es aleccionador lo que establecen

    el primer y el segundo artculo de la Constitucin Poltica del Estado de Bolivia. El

    primer artculo define el modelo de Estado como unitario social de derecho

    plurinacional comunitario con descentralizacin administrativa poltica y

    autonomas[16], en tanto que el segundo artculo plantea el reconocimiento de la

    preexistencia colonial de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos, por

    lo tanto el reconocimiento de su derecho al autogobierno, a la libre determinacin, a sus

    instituciones propias, lengua, normas y procedimientos caractersticos, cosmovisin y

    gestin propias, reconocimiento de la autonoma y de la consolidacin de sus entidades

    territoriales[17]. En este caso hablamos de nacin ms en el sentido cultural, incluso en

    el sentido territorial, como es el caso de los suyus, naciones-territorios de las sociedades

    andinas, conformaciones complejas, basadas en los ayllus, comunidades duales,

    asentadas en distintos pisos ecolgicos y markas, pueblos que comprenden a conjuntos

    de ayllus. El sentido de naciones y pueblos indgenas originarios se abre a una

    pluralidad de configuraciones de nacin, a distintas acepciones colectivas histricas

    culturales.

    De acuerdo a Immanuel Wallerstein las categoras de raza, nacin y clase se

    corresponden con cada uno de los rasgos estructurales bsicos de la economa-mundo

    capitalista:

    El concepto de raza est relacionado con la divisin axial del trabajo en la

    economa-mundo; es decir, la antinomia centro-periferia. El concepto nacin

    est relacionado con la superestructura poltica de este sistema histrico, con

    los Estados soberanos que constituyen el sistema interestatal y se deriva en l.

    El concepto de grupo tnico est relacionado con la creacin de las

    estructuras familiares que permiten que buena parte de la fuerza de trabajo se

    mantenga al margen de la estructura salarial en la acumulacin de capital.

    Ninguno de los tres trminos est relacionado directamente con el concepto de

    clase y por ello porque clase y pueblo se definen ortogonalmente, lo cual

    constituye una de las contradicciones de este sistema histrico[18].

    Se puede deducir de esta cita que no slo las categoras de raza, nacin y clase forman

    parte de los rasgos estructurales bsicos de la economa-mundo capitalista, sino tambin

    la categora de etnia, as como el mismo concepto de Estado, como vimos ms arriba.

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn16http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn17http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn18

  • Toda la composicin social y poltica es leda a partir de subsuncin formal y real del

    trabajo al capital, como dispositivos histrico sociales de los procesos de subsuncin del

    trabajo al capital. En otras palabras, el capitalismo hace inteligible a las sociedades, a

    los estados, a las formaciones econmicas sociales y a toda la compleja composicin

    histrica cultural de los sistemas-mundo. Todo esto parece contrastarse positivamente

    con la expansin global, dominio y hegemona contempornea del capitalismo. Pero,

    fue siempre as, durante los largos ciclos del capitalismo? Qu pasaba en los lugares

    donde no haba llegado todava el capitalismo en su proceso de expansin, sobre todo al

    principio, durante los primeros ciclos del capitalismo? Qu pasaba antes del

    capitalismo? Estas otras formaciones sociales son incognoscibles? Siguiendo esta

    lgica, volviendo al presente, cmo explicar e interpretar los saberes, las prcticas, las

    formas, los movimientos de resistencia al capitalismo, a la modernidad y a la herencia

    colonial, sus modos de nombrarse, de construir sus imaginarios, de nombrarse y

    representarse? No dejan de ser disfuncionales al capitalismo? Y por lo tanto, no pueden

    entenderse como formas desbordantes al modo de produccin capitalista. Estas

    preguntas nos plantean una duda, la teora de la economa-mundo capitalista, el anlisis

    de los sistemas-mundo, abarcan la totalidad del mundo o hay una parte del mundo que

    escapa a su mirada?

    En primer lugar, qu estamos entendiendo por mundo. Desde una perspectiva filosfica

    Eugenio Tras habla de mundos: Mundo teortico referido al orden de los sucesos (el

    cerco), mundo moral explcito en la proposicin tico-metafsico (el acceso), mundo

    esttico referido al modo simblico de exposicin de la obra de arte y mundo histrico

    moderno explicitado en el juicio o proposicin que determina finalsticamente la propia

    modernidad (el despliegue)[19]. Desde una perspectiva positivista y lgica Ludwig

    Wittgenstein se refiere al mundo como totalidad de todos los hechos. Hablamos de un

    horizonte de visibilidad? Hablamos de un horizonte de sentidos? George Bataille habla

    de mundo como un horizonte de sentido. Tambin se puede hablar de un horizonte de

    visibilidad, por eso se dice que el mundo es mundo desde el descubrimiento de

    Amrico. Con esta expresin nos referimos al horizonte abierto por la modernidad.

    Volviendo al alcance de la economa-mundo capitalista y del sistema-mundo, Immanuel

    Wallerstein se refiere a la totalidad de las sociedades, Estados, naciones, es decir,

    formaciones-econmico sociales concretas atravesadas por las relaciones de produccin

    capitalistas, articuladas por las lgicas de acumulacin del capital, en los distintos ciclos

    del capitalismo, es decir, se trata de una dimensin temporal y espacial. Temporalmente

    hablamos de la historia del capitalismo, historia que comprende las transformaciones

    habidas en la economa-mundo capitalista, espacialmente hablamos del planeta tierra.

    Aparentemente este mundo abarca todo, esto quiere decir que todo estara

    comprometido en el proceso de acumulacin de capital. Nada escapara a esta lgica de

    valorizacin dineraria, a sus redes de relaciones, a sus estructuraciones sociales, a sus

    composiciones econmicas, a sus formaciones polticas, a sus decodificaciones

    culturales, a su produccin de necesidades, a su compulsivo consumismo, a sus

    prcticas competitivas y obviamente al universo complejo y mltiple del mercado, con

    sus contradictorias formaciones monoplicas. Hay algo que dentro de este mundo no

    sea tomado en cuenta? Podramos preguntar de manera paradjica: Hay una afuera de

    este adentro? Que siendo coherentes, tendra que ser llamado hueco. Habra huecos en

    este mundo que escaparan al control del capital, a la hegemona en el ciclo del

    capitalismo en cuestin, al dominio mundial de la forma poltica imperial? Esto

    significara la presencia oculta, velada u opaca de formas o proyectos alternativos

    civilizatorios y culturales? Podemos encontrar esta posibilidad en las resistencias al

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn19

  • despliegue, la circulacin y acumulacin del capital, en los movimientos antisistmicos?

    Esta cuestin va a ser tambin tema del presente anlisis.

    Estado, sociedad y comunidad

    El Estado no se desprende de la sociedad como en un acuerdo, pacto o contrato social,

    el Estado se constituye en esa diferenciacin entre Estado y sociedad civil, sobre la base

    de una sociedad atomizada en individuos, reconocindoles sus derechos individuales y

    su ciudadana, aunque paradjicamente esta ciudadana no cubra a todos. Se hace una

    abstraccin en la formacin de los estados y sociedades liberales, se hace como si el

    resto no existiera, mujeres y comunidades. Las comunidades son como la matriz

    anterior, el preludio de la sociedad y el Estado. La comunidad comprende formas de

    sociabilidad anteriores a las sociedades mismas. Las comunidades se conformaron sobre

    la base de las redes de relaciones de parentesco, las alianzas familiares, territorialidades,

    intersubjetividades afectivas, identidades colectivas, configuraciones culturales. Las

    comunidades ancestrales se constituyen imaginariamente en el acto mismo del

    sacrificio, esta vinculacin con la muerte los arrastra fuera de los lmites mismos de la

    vida, al ms all, a elucubrar su relacin con lo sagrado y a descubrir lo sagrado en las

    fuerzas inmanentes de la vida[20]. Esta es una constitucin cultural, simblica,

    ceremonial, con la elocuencia de los ritos, de la comunidad ancestral. Para no hablar de

    los orgenes de la comunidad sino del nacimiento de la comunidad. Se trata de una

    discusin con la historia, por lo tanto mito, acerca de los orgenes de la comunidad; se

    puede hablar de nacimientos plurales, diferenciales, localizados de las comunidades.

    Desde esta perspectiva, de las historias efectivas de las comunidades, se trata de hacer

    genealogas de las comunidades. Estos nacimientos tienen que ver primordialmente,

    probablemente, con la caza y recoleccin, hablamos de las comunidades itinerantes, que

    se confunden, de manera inmediata, con sus propias estructuras de parentesco. La

    arqueologa puede ensearnos mucho de estos nacimientos proliferantes. Tiempos

    despus, cuando las comunidades domestican las plantas y aprenden a manejar sus

    genomas, cuando desarrollan la agricultura, la llamada revolucin verde, las

    comunidades establecen alianzas familiares y territoriales, conformando grandes

    comunidades o formas expansivas de sociedades territoralizadas. Es probable que las

    comunidades mismas se hayan reestructurado y transformado, recodificando y

    revalorando sus relaciones y prcticas, sobrecodificando sus propiossmbolos,

    ampliando los alcances de las jerarquas y el prestigio, estratificando el campo

    comunitario. Esta ampliacin y reestructuracin de las comunidades no las hace

    desaparecer, ms bien las consolida como formas perenes que sostienen el decurso de

    las sociedades mismas, pero tambin de las formas de poder que se conforman y

    despliegan. Las comunidades han sostenido a grandes formaciones sociales y complejas

    conformaciones de poder, han sostenido a seoros, a Tiwanaku, alianza entre pueblos,

    y al Tawantinsuyu, alianza territorial, incluso fueron el sostn en los primeros aos de la

    Repblica, a travs del tributo indgena. Podemos discutir si hoy siguen sindolo, a

    pesar de la injerencia e irradiacin del capitalismo, a travs de los enclaves de

    explotacin minera, la economa de la plata y la economa del estao, y a travs tambin

    de las extensiones, transfiguraciones y simbiosis del mercado, incluyendo

    prioritariamente el mercado de la coca. Esta discusin podemos extenderla a lo que hoy

    llamaramos economa de los hidrocarburos, en vinculacin con el ciclo del capitalismo

    norteamericano, su hegemona, dominacin y declive.

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn20

  • En muchos escritos he sostenido que las formas de comunidad siguen siendo la matriz y

    el sostn del Estado-nacin, del Estado y la sociedad, de la formacin econmica social

    boliviana articulada al mercado mundial y la economa-mundo capitalista. La

    explicacin de los salarios bajos se da por el entorno de las comunidades campesinas,

    por el vnculo con estas comunidades por parte de los mineros, que supuestamente

    habran perdido sus medios de produccin, instrumentos de trabajo y tierra, por su

    vinculacin con los entornos familiares, que son como pequeas comunidades en

    relacin con otras formas comunitarias subsistentes y actualizadas. La explotacin de

    los recursos naturales por parte de las empresas trasnacionales en la periferia del mundo

    capitalista, se lo hace no solo ocasionando la proletarizacin de la poblacin autctona,

    sino a travs de la redituacin perversa de las formas comunitarias, que donan fuerza de

    trabajo de manera permanente o intermitente y sostienen multifomemente la

    reproduccin social. En estas condiciones se combinan formas de subsuncin formal, de

    subsuncin real y, si se puede hablar as, de subsuncin virtual, del trabajo al capital. La

    comunidad entonces retorna, se actualiza, transfigurndose, durante los ciclos ms

    avanzados del capitalismo.

    El Estado-nacin habra nacido as, sobre la base de la diferenciacin entre Estado y

    sociedad civil en Bolivia, diferenciacin efectuada a travs de la conformacin de la

    representacin, que vincula a la sociedad civil con el Estado, mediante el ejercicio del

    voto, que a su vez se basa en el reconocimiento de la ciudadana a criollos y mestizos,

    hombres ilustrados, propietarios privados, hacendados, y un entono de sectores medios

    de artesanos. Estaban excluidos de la ciudadana, por lo tanto de los derechos civiles y

    polticos, indgenas y mujeres. Una repblica de minoras sobre los hombros de la

    mayora indgena. Como se puede ver el Estado-nacin era una comunidad

    imaginada[21] en el imaginario de los criollos, por eso mismo una ficcin no

    compartida por los otros imaginarios, los imaginarios indgenas y los imaginarios

    femeninos. Una legitimidad circunscrita a los criollos y mestizos no es una legitimidad

    adecuada y requerida por el conjunto de la poblacin que habita la extensin geogrfica

    de la Repblica. Se trata de una legitimidad restringida, del ejercicio del voto

    restringido, por lo tanto de un mbito de representacin estrecho, as mismo podemos

    pensar en un mapa institucional liberal angosto. Cmo pudo haberse erigido una

    Repblica en estas condiciones tan circunscritas, de una modernidad tan incipiente, con

    la mayora de la poblacin en la sombra? La respuesta no se encuentra en el alcance

    poco propenso de la modernidad, en el tamao exiguo de la prctica poltica, sino en los

    mbitos de las relaciones de poder de carcter colonial. En realidad estos hombres

    polticos no eran individuos modernos sino patrones, hacendados, gamonales, que

    adems de monopolizar tierras y propiedades mineras, controlaban a las poblaciones

    indgenas, dentro de sus haciendas y bajo la cobertura de las relaciones de servidumbre

    y subordinacin. Las verdaderas relaciones de poder que sostenan la forma aparente del

    Estado-nacin corresponden a los mbitos de despliegue del diagrama de fuerzas

    colonial. Entindase que este no es un reclamo de modernidad, sino una apreciacin de

    las formas efectivas de modernidad en la periferia de mundo capitalista. Cunto de

    estas paradojas y formas aparentes se dan en el centro del mundo capitalista? Es posible

    que esto tambin ocurra, aunque con otras caractersticas, sin embargo, debemos

    entender que en este centro hegemnico y de dominacin se han desarrollado de manera

    extensa y ejercido de manera ms minuciosa las estrategias de disciplinamiento,

    diagramas de poder disciplinarios que constituyen al hombre moderno, a partir de

    procedimientos de domesticacin y manipulacin fragmentaria y detalladla del cuerpo.

    Qu clase de internalizaciones, de perfil, de conjuncin de fuerzas, de subjetividad se

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn21

  • form en estas tierras atravesadas por estrategias de colonizacin y simultneamente

    ocupadas por resistencias comunitarias? Hombres semi-modernos perversamente

    deformados? Hombres intermediarios, fronterizos? Semi-burgueses intermediarios

    entre los dos espacios de la economa-mundo capitalista, centro y periferia, ricos y

    mediadores en el proceso de acumulacin, por lo tanto patrones como burgueses? La

    modernidad se habra dado de la nica manera que poda darse, como mezcla,

    entrelazamiento, abigarramiento dramtico, en un perfil subjetivo atormentado y

    desdichado. Las formaciones aparentes, el Estado-nacin aparente, deriva en una

    Repblica ilusoria, en contraste con formaciones histricas complejas, que develan que

    las cosas, las relaciones sociales, las instituciones se dan en tiempo heterogneo[22].

    La nacin en tiempo heterogneo

    Qu es la nacin? Un sentimiento compartido? La patria liberada? La comunidad

    imaginada? Si es as, que nacin se imaginaban los guerrilleros de la independencia? La

    guerrilla de los valles slo espordicamente controlaba la geografa de los escenarios de

    una guerra intermitente por la independencia de la patria, trmino usado en el diario de

    Jos Santos Vargas. Dependan de las incursiones del ejrcito de Buenos Aires, as

    como tambin de su ausencia, pues cobraban autonoma de accin en prologados lapsos

    de tiempo. Los guerrilleros acosaron al ejrcito realista, pero tambin eran acosados por

    ellos y perseguidos, hacan los que podan para sobrevivir, movilizaban pequeos

    contingentes de tropas y tenan mandos dispersos en los caudillos, quienes no

    terminaban ponerse de acurdo por la conduccin de la guerra de guerrillas. Contaban a

    veces con el apoyo de comunidades, por lo tanto, a veces crecan sus fuerzas con el

    apoyo indgena, pero la mayor parte del tiempo sus desplazamientos de maniobra corta

    y con pequeos contingentes. Los nombres de los guerrilleros se volvieron famosos en

    las listas del ejrcito realista, el mismo que buscaba acabar con ellos fulminantemente y

    quebrar sus redes de comunicacin. No lo pudo hacer, tampoco venci la guerra de

    guerrillas. Sin embargo la huella de esta guerra quedo marcada en estos territorios de los

    valles de la Audiencia de Charcas. Tuvieron alguna relacin espordica con el gaucho

    Gemes, lder guerrillero del norte argentino, encargado por Buenos Aires de cuidar la

    frontera, pero al final de cuentas dependieron de sus propias fuerzas y de su

    convocatoria. Cul era la nacin por la que peleaban los guerrilleros, pero no pudo ser?

    Porque la nacin que se impuso fue la que dej el ejrcito independentista en

    negociacin con la oligarqua charquea y los doctorcitos de Sucre. Una repblica

    acordada despus de las hostilidades, pues el proyecto de Bolvar, de una Patria grande,

    no pudo materializarse, debido a la oposicin de las oligarquas regionales, que

    prefirieron garantizar sus privilegios de hacendados y propietarios mineros. El proyecto

    de Bolvar era demasiado grande para ellos, donde podan perderse y perder. Hay

    analistas que dicen que las condiciones no estaban dadas. Valga a saber si esto es cierto,

    lo que importa es saber que el ejrcito independentista no poda cumplir por si solo con

    la tarea encomendada, requera de la voluntad de los lugareos, que por lo que sabemos

    iba por otros lados. Las comunidades indgenas no estaban comprometidas con la

    hazaa, como lo estuvieron en los levantamientos del siglo XVIII. No se tejieron

    relaciones de confianza entre comunidades y rebeldes criollos. Si hubo participacin fue

    circunstancial, no comprometida, como ocurri con los levantamientos de Tupac

    Amparu, Tupac Katari, Bartolina Sisa, Tomas Katari, que buscaban, se puede interpretar

    as, la reconstitucin. No se equivocaron las comunidades, porque lo que ocurri

    durante la Repblica fue en contra de ellas, perdieron tierras y autonoma. Pero,

    volviendo a la pregunta de qu nacin se imaginaban los guerrilleros, tendramos que

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn22

  • responder que, probablemente, no era algo distinto a la misma Audiencia de Charcas,

    pero sin espaoles, sin chapetones. En el mejor de los casos, la imagen de la

    independencia poda extenderse a todo el Virreinato de la Plata, debido a las

    vinculaciones con el ejrcito argentino. De todas maneras, esto de la imagen de nacin

    de los guerrilleros de la independencia no es algo fcil de resolver, pero de lo que

    podemos estar seguros es que no haba un proyecto poltico, tampoco social, menos

    cultural, de reconstitucin.

    Hay que entender esta insurgencia en el contexto de la crisis del sistema colonia, como

    parte de sus contradicciones inherentes, del declive y decadencia del imperio espaol.

    Desde lejos se puede decir que el imperio espaol, es Estado territorial y extraterritorial,

    comprendiendo a las colonias, ya no era funcional al nuevo ciclo del capitalismo, qued

    obsoleto ante los requerimientos de las formas de acumulacin de capital, con sus

    consecuentes expansiones y transformaciones. Concretamente, qued obsoleto despus

    de la revolucin industrial que se produjo en Gran Bretaa. El nuevo capitalismo corra

    a la velocidad de las mquinas de vapor y el ferrocarril, la maquinaria industrial

    transform las temporalidades de la produccin y la circulacin. Aunque parezca

    paradjico, los nuevos movimientos independentistas, con sus proyectos de liberacin

    nacional, de conformacin de repblicas, con pretensiones de modernizacin y sueos

    de modernidad, terminaron siendo funcionales al ciclo del capitalismo britnico. Esta

    quizs fue la razn y la condicin histrica por la que los movimientos independentistas

    del siglo XIX prosperaron y terminaron materializando sus proyectos nacionales. En

    cambio, los levantamientos indgenas del siglo XVIII fracasaron, no lograron viabilizar

    sus proyectos de liberacin y reconstitucin. Sin embargo, esta frustracin, viendo el

    largo tiempo, la larga duracin, viendo desde las perspectivas de las estructuras de larga

    duracin, fue convertida en memoria e irradiacin histrica, con las recurrentes

    actualizaciones de la guerra anticolonial inconclusa. Para dar algunos ejemplos, de este

    modo podemos leer e interpretar la guerra aymara en la guerra federal de 1899, en los

    recurrentes levantamientos que aparecen insistentemente despus de la derrota de Tupac

    Amaru y Tupac Katari, atraviesan lo que quedaba del siglo XVIII y recorren el siglo

    XIX, para continuar localmente con los levantamientos durante el siglo XX. Por este

    lapso se encuentra los levantamiento de las comunidades de Jess de Machaca, durante

    los primeros aos de la dcada del veinte. Podemos situar resistencias hasta la guerra

    del Chaco y despus de esta guerra, hasta la revolucin de 1952 y despus de esta

    revolucin. Un levantamiento campesino, que se hizo famoso, es el relativo a la

    movilizacin de los campesinos del valle en 1974, que termino en la conocida masacre

    del valle, pero tambin deriv en la ruptura del pacto militar campesino y el nacimiento

    del movimiento katarista, que, retomando la memoria larga, desarrollo un proyecto

    poltico cultural de reconstitucin del Qullasuyu. Sin embargo, lo ms sintomtico, de

    estas actualizaciones de antiguas luchas, concurre durante las movilizaciones sociales

    del 2000 al 2005, donde reaparece con fuerza la forma y las estructuras de la rebelin

    indgena, la alianza guerrera de los ayllus y comunidades, la reterritorializacin de facto

    de los espacios ancestrales, ahora emergentes y sostn de la subversin indgena.

    A modo de hiptesis, podemos hablar de dos estructuras de larga duracin que

    atraviesan los periodos coloniales y republicanos. La primera y fundamental, la

    estructura de la rebelin indgena, constituida, en los levantamiento anticoloniales del

    siglo XVIII, ligada a un proyecto de reconstitucin civilizatorio-cultural y anti-

    moderno; la segunda, la estructura de la insubordinacin criollo-mestiza, conformada

    durante los movimientos independentistas, de la guerra de guerrillas y la guerra de la

  • independencia, ligada a un proyecto nacional y moderno. Ambas estructuraciones han

    tenido una trayectoria casi paralela a lo largo de la historia, hasta encontrarse en los

    acontecimientos de la guerra del gas, de octubre del 2003. Ambas estructuras y

    estructuraciones, actualizadas en distintos contextos, con sus correspondientes

    transformaciones, condicionan los procesos histrico-polticos, sus periodos y sus

    coyunturas, acaecidos en las temporalidades de la formacin econmica social,

    condicionan las formas efectivas del Estado sociedad concretas, sus complejas

    relaciones, sus mbitos pblicos, tambin sus mbitos civiles, y consecuentemente,

    sobrepasando los lmites de la sociedad civil, la configuracin de la sociedad poltica,

    como propuesta relacional, alternativa, de politizacin de la demanda y de la

    elaboracin de proyectos alternativos de los subalternos[23].

    El Estado-nacin en el contexto de la

    globalizacin

    Los Estado-nacin habra iniciado su genealoga con la conformacin de los estados

    entre el siglo XVII y XVIII en Europa sobre la base de las Monarquas absolutas. A

    fines del siglo XVIII se conforma la repblica, como resultado de la revolucin poltica

    en Norteamrica, con la unificacin de los Estados de la Unin, en su forma Federal.

    Poco despus la revolucin francesa instaura la repblica, como resultado de la

    revolucin social, en su forma ms bien unitaria, llevando adelante la declaracin

    universal de los derechos del hombre, inscribiendo en el imaginario popular las

    consignas de libertad, igualdad y fraternidad[24]. Como siguiendo estas declaraciones

    democrticas Toussaint LOuverture dirigi la inaugural contienda triunfante por la

    emancipacin de los esclavos modernos en la colonia francesa de Santo Domingo

    (Hait). Durante el siglo XIX se constituyen las repblicas en las llamadas Indias

    occidentales, como resultado de las guerras de independencia. En el lapso del siglo XX,

    despus de la segunda guerra mundial, las colonias europeas en Asia y frica consiguen

    su independencia. Esta es una brevsima historia de la conformacin de los Estado-

    nacin, pero no podramos tener todo el panorama sino recorremos la historia hasta el

    presente, cuando los Estado-nacin se encuentran cercados y atravesados por una nueva

    soberana, la del imperio[25], en el periodo delirante de los discursos apologetas de la

    globalizacin, en el ciclo y el declive de la hegemona estadounidense.

    Un concepto indispensable para entender la conformacin de los estados es soberana,

    que significa primordialmente legitimidad del poder. Esta soberana es transferida del

    cuerpo del rey al pueblo por medio de la revolucin y las guerras de independencia. En

    segundo lugar soberana significa independencia, quiere decir que el Estado-nacin

    acta en igualdad de condiciones con otros Estado-nacin. En tercer lugar significa

    potestad absoluta sobre sus recursos. En cuarto lugar significa autonoma en cuanto a la

    capacidad de definir y disear sus propias polticas. Todos estos tres ltimos

    significados estn ntimamente ligados al primero, que es fundamental, pues en este

    significado de soberana como legitimidad radica el secreto de las formas de

    dominacin modernas. Aunque se haya transferido al pueblo la soberana como

    referente de la legitimidad, sta justifica la mediacin en las relaciones de poder. La

    soberana faculta la transferencia del poder por delegacin a travs de la representacin,

    la soberana justifica el ejercicio del poder a nombre del pueblo.

    La soberana es una palabra recurrente en los discursos democrticos, pero tambin en

    los discursos revolucionarios, se lo hace de una manera acrtica, espontnea, como por

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn23http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn24http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn25

  • costumbre, sin tomar en cuenta la polisemia de sus significados, sobre todo uno, el

    original, en el cual soberana tiene que ver con la legitimidad del poder. Por eso es

    importante hacer una especie rpida de arqueologa de la soberana para develar las

    formas como los discursos encumbren los mecanismos de dominacin.

    Teora de la soberana

    Los discursos de soberana pueden agruparse en aqullos que suponen la teora jurdica

    poltica, que es precisamente la teora de la legitimidad del poder. A propsito de esta

    teora, Michel Foucault dice que la teora poltica de la soberana se remonta a la edad

    media; procede de la regeneracin del derecho romano; se conform en torno a la

    cuestin de la monarqua y del monarca. En este sentido, la teora de la soberana

    ejerci cuatro papeles:

    En primer lugar tiene que ver con un dispositivo de poder efectivo que era el de la

    monarqua feudal. Segundo, sirvi de herramienta y tambin de apologa para la

    constitucin de las grandes monarquas administrativas. En esta secuencia, a partir del

    siglo XVI y sobre todo del siglo XVII, ya en las circunstancias de las guerras de

    religin, la teora de la soberana fue un aparato que transit tanto en un campo como en

    otro, que se esgrimi en un sentido u otro, ya fuera para circunscribir o, al contrario,

    para robustecer el poder real[26].

    En sntesis, la teora de la soberana fue la gran arma de la querella poltica y terica

    entorno de las modalidades de poder de los siglos XVI y XVII. En el siguiente siglo

    (XVIII) volvemos a encontrarla, como versin decimonnica del derecho romano, en

    Rousseau y sus contemporneos, esta vez con un cuarto papel: en ese perodo se trata de

    edificar, contra las monarquas administrativas, autoritarias y absolutas, un prototipo

    alternativo, de las democracias parlamentarias[27]. Como se puede ver se puede decir

    que la teora de la soberana transita, durante este tiempo, de la cuestin de las

    monarquas, de los problemas de legitimidad planteados por el poder absoluto, por el

    poder real, a la cuestin de la legitimidad del poder en las repblicas. Ya no se trata de

    la soberana del soberano sino de la soberana del pueblo. En otras palabras, el pueblo es

    el nuevo soberano. Pero, entonces la figura del pueblo se construye sobre el arquetipo

    de la unicidad del poder, como un solo cuerpo ungido por la legitimidad popular. Bajo

    esta figura el pueblo transfiere el poder a sus representantes. Este es el acto supremo de

    construccin de la representacin como mediacin del poder. Se podra decir, con cierta

    aproximacin no exenta de equvocos, que, de esta forma, el poder ya no la ejerce el

    pueblo sino sus representantes. Esto es relativamente cierto, pues, en verdad, nadie deja

    de ejercer el poder, porque el poder atraviesa a todos, gobernantes y gobernados, como

    tambin a dominantes y dominados, todos lo usan, slo que unos de una determinada

    manera y otros de otra. Los representantes usan el poder de una manera unificada, como

    monopolio, en tanto que el pueblo usa el poder de una manera dispersa, fragmentada, en

    el contexto del tejido de relaciones que componen la sociedad. Se puede decir que los

    representantes ejercen el poder de forma institucional, de una manera molar, y que el

    pueblo ejerce el poder de forma espontnea, de manera molecular. Se produce un

    trastrocamiento, una desmesura, cuando se da lugar la revolucin, poniendo en suspenso

    el mapa institucional y los mecanismos de dominacin.

    Desarrollando los tpicos de la teora jurdica poltica, se puede decir que la teora de la

    soberana est enlazada a una forma de poder que se practica sobre la tierra y sus

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn26http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn27

  • productos, no tanto sobre los cuerpos y lo que hacen, como ocurre con otras formas de

    poder, como en el caso del diagrama de poder disciplinario. La teora de la soberana

    atae al traslado y usurpacin, no del tiempo y del trabajo sino de los bienes y la riqueza

    por parte del poder. La teora de la soberana accede transcribir en expresiones jurdicas

    unos compromisos intermitentes y habituales de preceptos, sin llegar a reglamentar una

    vigilancia perpetua; es una teora que faculta fundar el poder alrededor y desde la

    presencia fsica del soberano y no de los procedimientos incesantes y durables de

    vigilancia. La teora de la soberana es lo que permite fundar el dominio absoluto del

    poder; por lo tanto se est lejos del clculo del poder que establece el balance del

    mnimo de gastos y el mximo de eficacia[28]. Se puede decir que el diagrama del

    poder soberano comprende la administracin de las cosas y los recursos, en tanto que el

    diagrama de poder disciplinario trabaja sobre el tiempo de los cuerpos y el detalle de su

    anatoma, sus movimientos y su dinmica de una manera minuciosa.

    Se produce entonces una yuxtaposicin entre el diagrama de poder soberano y el

    diagrama de poder disciplinario, el discurso de la soberana es usado para encubrir los

    mecanismos de dominacin disciplinarios, en tanto que el discurso relativo al diagrama

    disciplinario de desarrolla como discurso de las ciencias humanas. Cuando la teora

    jurdica poltica abandona la cuestin de la monarqua para ocuparse de las democracias

    parlamentarias, la teora de la soberana fue, en el siglo XVIII y an en el XIX, un

    dispositivo discursivo crtico consistente contra la monarqua y todas las dificultades

    que podan oponerse al desenvolvimiento de la sociedad disciplinaria. Pero, tambin, de

    modo superpuesto, esta teora y la disposicin de un cdigo jurdico ajustado a ella

    permitieron entrecruzar a los mecanismos de disciplina un sistema de derecho que

    encubra sus procedimientos, que desvaneca lo que poda haber de dominacin y

    tcnicas de dominacin en la disciplina. En este contexto, la teora de la soberana

    reconoca a cada uno el ejercicio, a travs de la soberana del Estado, de sus propios

    derechos soberanos[29]. La soberana del Estado se convierte en un garante de los

    derechos individuales, de los derechos civiles y polticos, de los derechos humanos. El

    Estado, en otras palabras, la constitucin, es el marco jurdico de estos derechos. Dicho

    de otra manera, hay una concomitancia entre el Estado y los ciudadanos.

    Es importante entender que la teora de la soberana se plantea ineludiblemente fundar

    un ciclo, el ciclo del sujeto al sujeto (sbdito), exponer cmo un sujeto entendido

    como individuo dotado, naturalmente, de derechos, capacidades, facultades, atributos y

    potencialidades puede y debe trocarse en sujeto, pero entendido esta vez como unidad

    sometida en una relacin de poder. La soberana es la teora que va del sujeto al sujeto,

    que instaura la relacin poltica del sujeto con el sujeto. En este sentido, la teora de la

    soberana determina, en el comienzo, una multiplicidad de poderes que no lo son en

    sentido poltico del trmino, sino capacidades, posibilidades, potencias, y slo puede

    componerlos como tales, en el sentido poltico, con el requisito de haber conformado en

    el nterin, entre las posibilidades y los poderes, una situacin de unidad primordial y

    productora, que es la unidad del poder[30]. El Estado se yergue como monopolio

    poltico, pero tambin como dador poltico, como asignador poltico, no slo como

    garante sino tambin como distribuidor, pero tambin como promotor poltico.

    Como se puede ver, hay una relacin constitutiva entre Estado y sociedad, pero tambin

    una relacin de transferencia entre legitimidad y legalidad. La teora de la soberana

    expone cmo puede erigirse un poder no exactamente segn la ley sino segn una cierta

    legitimidad fundamental, ms fundamental que todas las leyes; se trata de una especie

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn28http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn29http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn30

  • general de todas las leyes y que puede permitir a stas funcionar como tales. En otras

    palabras, la teora de la soberana es el ciclo de la legitimidad y la ley. Digamos que, de

    una u otra manera, la teora de la soberana conjetura al sujeto; seala a fundar la unidad

    esencial del poder y se despliega siempre en el elemento previo de la ley. Triple

    condicionalidad, por lo tanto: la del sujeto a someter, la de la unidad del poder a fundar

    y la de la legitimidad a respetar. Tringulo instituyente: sujeto, unidad de poder y

    ley[31].

    La soberana del Estado-nacin

    Se dice que el Estado creo la nacin y no la nacin al Estado, como se ha querido

    proponer de un modo retroactivo, en el despliegue del discurso de legitimacin del

    poder del Estado. Antonio Negri y Michel Hardt dicen que la concepcin de nacin se

    despleg en Europa sobre el suelo del Estado patrimonial y absolutista. El Estado

    patrimonial se defina como la propiedad del monarca[32]. Otra es la historia de los

    otros continentes, se puede decir que all lleg el Estado en su forma colonial, como

    expansin imperial, como administracin extraterritorial europea. Despus, la

    constitucin de los Estado-nacin en las excolonias intenta oponerse al colonialismo y

    salir del mismo, empero lo hace en el contexto mundial dibujado por la colonizacin, en

    cierta manera, en las jurisdicciones de las administraciones coloniales se instauran los

    Estado-nacin subalternos.

    Volviendo a la historia europea, los autores del Imperio[33] dicen que el cambio del

    modelo absolutista y patrimonial gravit en un desarrollo gradual que substituyo el

    cimiento teolgico del patrimonio territorial por un nuevo cimiento, igualmente

    trascendente. En el sitio dejado por el cuerpo divino del rey, ahora se colocaba la

    afinidad subjetiva de la nacin, la que formaba del territorio y la poblacin un pueblo

    ideal. Para exponerlo de un modo ms riguroso, el territorio fsico y la poblacin se

    imaginaron como la prolongacin de la substancia trascendente de la nacin. El

    concepto moderno de nacin heredaba as el cuerpo patrimonial del Estado

    monrquico y le inventaba una nueva forma[34]. El imaginario de la nacin se

    configura as sobre la base del arquetipo del cuerpo del Estado absolutista, la

    reconstruccin imaginaria invierte los trminos, la nacin se convierte en el origen del

    Estado, esta invencin histrica, esta reconstruccin actualizada del tiempo histrico,

    tiene que ver con los discursos de legitimidad, con la recomposicin del concepto de

    soberana. La nacin se convierte en la substancia trascendente que atraviesa los

    tiempos, en el espritu que se realiza en el Estado. En esta dialctica de objetivacin, la

    nacin se materializa en el territorio y la poblacin. Algo parecido, en un contexto

    distinto, es lo que sucede en las sociedades que fueron colonizadas, la nacin es un

    imaginario trascendente que fundamenta la independencia y la constitucin de los

    Estado-nacin, slo que en este caso se recurre a la re-significacin y reinterpretacin

    de las propias tradiciones. Visto de esta forma, habra que decir, que en ambos casos, la

    dialctica de la historia concibe la substancia trascendente de la nacin se cmo

    acontecimiento inmanente, como pasin, como sensibilidad social.

    El despliegue imaginario de la filosofa de la historia, sobre todo ante la evidencia de la

    crisis de la modernidad, que todo lo disuelve, la manera de solicitar soporte para el

    poder efmero de la soberana, como arreglo a la crisis de la modernidad, fue

    imputrselo inicialmente a la nacin y luego, cuando la nacin tambin se descubri

    como un recurso perecedero, arrogrselo al pueblo. Dicho de otra manera, as como el

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  • concepto de nacin consuma la nocin de soberana procurando que es preliminar a ella,

    el concepto de pueblo tambin perfecciona el de nacin en integridad de otra imagen

    simulada de retraccin racional. Cada paso metdico hacia a la zaga tiende a coagular el

    poder de la soberana ensombreciendo su plataforma, esto es, establecindose en la

    realidad del concepto. La afinidad de la nacin y ms an la homogeneidad del pueblo

    deben exhibirse como algo congnito y vernculo[35]. Otro tringulo constitutivo:

    Estado, nacin y pueblo.

    Teniendo en cuenta el tringulo constitutivo e instituyente de Estado, nacin y pueblo,

    haciendo una crtica al concepto de pueblo, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que,

    aunque el pueblo se plantea como fundamento primigenio, la concepcin moderna del

    pueblo es en realidad producto del Estado-nacin y slo subsiste dentro de las

    condiciones ideolgicas concretas[36]. Ampliando, aproximando y articulando

    categoras, comprendiendo el contexto de la colonizacin, la mundializacin de la

    economa-mundo capitalista, la expansin integral de la dominacin de los Estado-

    nacin centrales, de los imperialismos sucesivos y del Imperio contemporneo, las

    categoras de nacin, pueblo y raza de ningn modo estn muy aisladas entre s. La

    arquitectura de una desigualdad racial categrica es el apoyo primordial para forjar una

    identidad nacional uniforme[37]. Los europeos se van a distinguir del resto del mundo

    mediante este procedimiento geopoltico de racializacin, que es otra manera de

    establecer la diferencia entre dominantes y dominados, colonizadores y colonizados,

    burgueses y proletarios. Por lo tanto se trata de homogeneizar y domesticar la

    diversidad y la diferencia de la multitud en la concepcin de pueblo. La similitud del

    pueblo se erigi sobre un mapa imaginario que escondi y excluy las diversidades y,

    en el nivel prctico, esto se troc en la sumisin racial y el saneamiento social[38]. Se

    trata de distinguir a escala mundial el pueblo blanco de las poblaciones morenas

    colonizadas, dominadas, explotadas y subordinadas a dominio imperialista, primero, y

    del imperio despus. En esta perspectiva, se puede decir que la otra maniobra

    substancial en la arquitectura del pueblo, facilitada por la primera, consisti en superar

    las diferencias internas ocasionando que un grupo, una clase o una raza hegemnica

    representaran a la poblacin en su conjunto. El racimo representativo es el apoderado

    diligente que est a la zaga de la vigencia del concepto de nacin[39]. En este sentido,

    representacin es no slo repeticin sino tambin represin, inhibicin, pero tambin

    expropiacin, usurpacin, de la expresin autentica de las poblaciones y las multitudes.

    Los Estado-nacin subalternos

    El hecho de que se instauren Estado-nacin en la periferia del sistema-mundo, como

    acto de liberacin, como accin anticolonial y acto descolonizador, muestra que la

    modernidad ha llegado a todas partes, nos ha comprometido a todos, al centro y a la

    periferia de la economa-mundo capitalista, a los pases imperialistas y a los pases

    colonizados. Sin embargo, el significado poltico del Estado-nacin no es el mismo en

    uno y otro lugar. En tanto que bajo la influencia de los dominadores el concepto de

    nacin suscita la estasis y la restauracin, bajo la influencia de los dominados es un

    instrumento empleado para provocar el cambio y la revolucin[40]. Podemos decir, de

    cierta manera, haciendo un balance histrico que si bien la construccin imaginaria de la

    nacin precede a la formacin del Estado en Europa, como hemos visto, en cambio en

    los territorios colonizados va a ser una nocin que antecede a la construccin del

    Estado. Esta historia no se da de la misma manera aqu y all, hay que considerar las

    diferencias contextuales histrico-polticas, empero lo que importa, para contrastar, es

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  • constatar la diferencia, la forma invertida en la que se da la conformacin del Estado-

    nacin en la periferia. En este mbito del mundo, si se puede hablar as, de alguna

    manera, la nacin construye al Estado, la comunidad imaginada, a decir de Benedic

    Anderson, construye la materialidad institucional, jurdico-poltica, del Estado.

    Se puede decir que el nacionalismo de los pases dominados se comporta de una manera

    antiimperialista y anticolonial. La complexin progresista del nacionalismo subalterno

    resulta determinada por dos aplicaciones bsicas, ambas en alto grado inciertas. Ante

    todo la nacin se ostenta como progresista en consonancia con la lnea de defensa contra

    la dominacin de naciones ms poderosas y de fuerzas exteriores econmicas, polticas

    e ideolgicas[41]. De esta forma, el nacionalismo subalterno ingresa a la modernidad,

    pero buscando en ella condiciones de igualdad entre los Estado-nacin. Desde esta

    perspectiva, la modernidad no es solamente la cultura donde todo lo solido se desvanece

    en el aire, la experiencia de la vertiginosidad y el suspenso, la volatilidad y la velocidad,

    del trastrocamiento y de la transformacin, sino tambin la cultura de la equivalencia y

    del intercambio, de la analoga y la similaridad, aunque tambin de la mimesis y la

    simulacin, as mismo de la comunicacin y de la virtualidad. Aunque en este contexto

    se logra la liberacin nacional, el concierto de las naciones, el mundo conformado por

    Estado-nacin, no logra resolver el problema de la reiteracin de las desigualdades en

    otras condiciones. No solamente hablamos de las desiguales condiciones de intercambio

    en el mercado internacional sino tambin sino de la reproduccin de nuevas formas de

    dominacin, que se ha venido en llamar neocolonialismo. No hablamos del

    colonialismo interno que suscitan las nuevas repblicas, sino de las condiciones de

    subalternidad en las que se encuentran los Estado-nacin de la periferia respecto al

    centro del sistema-mundo. De todas maneras, ambas formas, el neocolonialismo a

    escala mundial y el colonialismo interno parecen complementarse. Por eso, se puede

    decir que, en cada uno de estos casos, la nacin es progresista estrictamente como una

    lnea fortificada de defensa contra fuerzas exteriores ms poderosas. Sin embargo, as

    como se presentan progresistas en su puesto protector contra la dominacin extranjera,

    esas mismas murallas pueden pasar cmodamente a ejercer un papel inverso en

    correlacin con el interior que protegen[42].

    La dialctica de la soberana colonial

    Hablamos de la crisis de la modernidad, o mas bien, entendemos la modernidad como

    crisis, y lo hemos hecho entendiendo esta crisis como crisis de legitimidad, crisis de la

    soberana, crisis del poder, de la reproduccin del poder, por lo tanto, crisis de

    representacin, crisis de las instituciones, crisis del discurso jurdico-poltico frente a la

    elocuencia de los acontecimientos que se mueven en el mbito histrico-poltico.

    Tambin podemos hablar de crisis de las sociedades modernas, en el sentido ms

    material del trmino, como crisis orgnica y estructural del capitalismo, por eso mismo

    crisis del orden social, de la estructura de clases, comprendiendo a esta crisis como

    lucha de clases, por eso concibiendo esta crisis como revolucin, como devenir de la

    potencia social, como desplazamiento del poder constituyente, por lo tanto como

    democracia. En este sentido entendiendo la democracia como suspensin de los

    mecanismos de dominacin[43]. En la medida que el mundo es mundo desde el

    descubrimiento de Amrica, a medida que el mundo se hace mundo con las conquistas y

    las colonizaciones, con la expansin del sistema-mundo capitalista, convirtindose en

    economa-mundo, la crisis de la modernidad adquiere otras connotaciones, la crisis de la

    modernidad es tambin crisis de la colonialidad. La crisis de la modernidad sostuvo

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  • desde el comienzo una relacin intrnseca con la subordinacin racial y la

    colonizacin[44]. El decurso de la modernidad es contradictorio, por una parte expande

    la utopa de la universalidad, pero por otra parte recrea en otras condiciones las

    cartografas del poder, la geografa de las dominaciones, la geopoltica imperialista. Este

    decurso de la modernidad es contradictorio y parece no poder resolverse sino en tanto

    no se configure una alternativa a la modernidad. De todas maneras, el componente

    utpico, el componente quimrico de la globalizacin es lo que imposibilita caer

    llanamente en el particularismo y el recogimiento como resistencia a las fuerzas

    totalizadoras del imperialismo y la dominacin racista, y lo que, en cambio, nos inspira

    a concebir un propsito contra la globalizacin, un proyecto contra el imperio[45].

    Viendo retrospectivamente, el capitalismo habra surgido en Europa gracias a la sangre,

    el sudor y las lgrimas de los pueblos no europeos conquistados y colonizados[46].

    Visto de esta forma, el capitalismo no puede comprenderse slo a partir de la lucha de

    clases en Europa, entre obreros y burgueses, a partir de la teora del modo de

    produccin capitalista, sino que debe necesariamente incorporarse para su comprensin

    la lucha de los pueblos colonizados. Esto requiere unas teoras plurales de las

    formaciones econmicas sociales, esto conduce a pensar en el devenir, conformacin,

    consolidacin y crisis de la economa-mundo capitalista.

    Bajo estas consideraciones, con todo, la produccin de los esclavos de Amrica y el

    comercio de Esclavos africanos, la indemnizacin, la homogenizacin clasificada de los

    pueblos nativos, no fueron slo, o predominantemente, una transicin al capitalismo.

    Compusieron un cimiento realmente estable, una plataforma de sobreexplotacin sobre

    la cual se edific el capitalismo europeo. Y aqu no hay ninguna contradiccin: la mano

    de obra esclava de las colonias, la mano de obra servil de los nativos, hizo posible el

    capitalismo europeo y el capitalismo europeo no tena ningn inters en renunciar a

    ella[47]. Qu papel jugaron las burguesas, tanto centrales como perifricas, en esta

    expansin arrasadora del capitalismo y la modernidad? En este sentido, ms que delatar

    la irracionalidad de la burguesa, lo imprescindible aqu es entender hasta qu punto la

    esclavitud y la servidumbre puede ser ntegramente compatible con la produccin

    capitalista, como engranajes que restringen la movilidad de la fuerza laboral y

    entorpece sus movimientos. La esclavitud, la servidumbre y todas las dems formas de

    disposicin restrictiva de la mano de obra desde los culies del Pacfico hasta los

    peones rurales de Amrica Latina, el apartheid de Sudfrica son todos componentes

    inherentes a los procesos del desarrollo capitalista[48].

    Podemos hacer una lectura dialctica de la colonizacin, el colonialismo homogeniza

    las diferencias sociales reales instituyendo una anttesis perentoria que lleva las

    diferencias a un extremo absoluto y luego subsume la tesis y la anttesis en la

    construccin de la civilizacin europea. Empero, la realidad no es dialctica; el

    colonialismo lo es[49]. Michel Foucault deca que la burguesa era dialctica pues haba

    hecho la sntesis del modelo monrquico, el modelo jurdico poltico, con la guerra de

    razas, la guerra de naciones, entre conquistados y conquistadores, con la lucha de clases,

    el modelo histrico-poltico. Ahora, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que la

    dominacin colonial es dialctica, pues habra hecho la sntesis entre el modelo colonial

    de dominacin excluyente y racial, con la violencia revolucionaria y antiimperialista de

    los pueblos colonizados, en la conformacin de un orden mundial multinacional, que se

    basa en la supuesta igualdad de los Estado-nacin, de acuerdo al derecho internacional,

    y sin embargo vuelve a restaurar la diferencial condicin de dominacin y

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  • subordinacin. El colonialismo es una mquina abstracta que produce alteridad e

    identidad. El primer resultado de la lectura dialctica es pues el falseamiento de la

    diferencia racial y cultural. Esto no significa que, una vez exploradas como

    construcciones postizas, las identidades coloniales se precipiten en el aire; son figuras

    reales y continan desempendose como si fueran fundamentales. Esta comprobacin

    no es una poltica en s misma, sino que estrictamente seala la posibilidad de una

    poltica anticolonial. En segundo lugar, el razonamiento dialctico deja claro que el

    colonialismo y las representaciones coloniales se fundan en una violenta lucha que debe

    renovarse permanentemente. El s mismo europeo necesita ejercer la violencia y

    necesita afrontar a su Otro para sentir y mantener su poder, para de este modo rehacerse

    continuamente[50].

    Como respuesta a la dialctica positiva de la dominacin colonial, los pueblos

    colonizados, en lucha por su emancipacin, desarrollan una dialctica negativa. La

    mayora de las veces, la dialctica negativa fue concebida en trminos culturales, por

    ejemplo, como proyecto de la negritud, el intento de descubrir la esencia negra o revelar

    el alma negra. De acuerdo con esta lgica, la respuesta a las representaciones

    colonialistas debe implicar la creacin de representaciones recprocas y simtricas[51].

    Esta inversin del mundo de las representaciones pretende invertir el mundo de las

    relaciones de poder y de los sujetos involucrados en ellas. Sin embargo, la inversin de

    la estructura colonial no hace otra cosa que conservar la estructura misma, cuando de lo

    que se trata es de ir ms all de esta estructura. De este modo, puede continuarse por

    otros caminos el colonialismo y la colonialidad, aunque hayan sido cuestionados,

    aunque hayan sido rechazados violentamente, en la medida que quede la huella de su

    memoria, pueden repetirse en otras condiciones. A pesar de la congruente lgica

    dialctica de esta poltica cultural sartreana, la estrategia que propone nos parece

    consumadamente ficticia. La pujanza de la dialctica, que en manos del poder colonial

    desfigura la realidad del mundo colonial, se patrocina nuevamente como parte de un

    proyecto anticolonial como si la dialctica fuese en s misma la forma real del

    movimiento de la historia. Sin embargo, ni la realidad ni la historia son dialcticas y

    ninguna gimnasia retrica idealista puede hacerlas entrar en un orden dialctico[52]. La

    violencia inicial de dominacin se inscribe en el cuerpo, esta violencia acumulada en el

    espesor del cuerpo se revierte contra los opresores, esta violencia parece liberarnos, sin

    embargo, en la medida que no trascienda la estructura colonial, en la medida que no

    trastroqu el modelo colonial, no termina emancipando a los sojuzgados. La coyuntura

    original de la violencia es el del colonialismo: la dominacin y la explotacin de los

    colonizados por parte de los colonizadores. La segunda coyuntura, es decir, la

    revelacin de los colonizados a la violencia original, puede adquirir en el contexto

    colonial todo tipo de formas desmedidas. El hombre colonizado manifestar primero la

    agresividad que le fue depositada en sus huesos contra su propia gente[53]. La

    violencia depositada en los huesos se revierte contra los colonizadores, pero en la

    medida que no logra abolir la geopoltica y la anatoma de la dominacin, no termina de

    liberarnos de la superacin dialctica del colonialismo.

    En esta perspectiva, el concepto mismo de soberana nacional liberadora es vacilante, si

    no ya completamente contradictorio. Mientras este nacionalismo pretende liberar a la

    multitud de la dominacin extranjera, erige estructuras internas de dominacin que son

    igualmente implacables[54]. El Estado-nacin postcolonial funciona como un aparato

    primordial y dependiente de la distribucin global del mercado capitalista. Como

    sostiene Partha Chatterjee, la liberacin nacional y la soberana nacional no slo son

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  • impotentes contra esta jerarqua capitalista global, sino que adems contribuyen

    espontneamente a preservar su organizacin y funcionamiento[55].

    Todo el proceso lgico de representacin podra resumirse del modo siguiente: el

    pueblo representa a la multitud, la nacin representa al pueblo y el Estado representa a

    la nacin[56].

    Neo-nacionalismo y neo-colonialidad

    La problemtica indgena es mltiple, est ligada al problema colonial, a la

    colonialidad y, por lo tanto tambin a la descolonizacin. Ciertamente, por eso mismo,

    a la emancipacin y liberacin, as como a la profundizacin de la democracia, al

    despliegue y realizacin de la democracia participativa, del ejercicio plural de la

    democracia, en tanto democracia directa, democracia representativa y democracia

    comunitaria. Pero, la pregunta que debemos hacernos es para quin es un problema el

    indio? Quines consideran que es un problema? Esta pregunta, este problema, este

    quines, est vinculado a los conquistadores, a los colonialistas, a los espaoles, a los

    criollos y mestizos. Es decir, a las clases dominantes. Todos ellos consideran que es un

    problema el indio, todos ellos se hacen la pregunta qu hacer con los indios? Esta

    pregunta es reiterativa en las castas criollas. Una constante. Esta pregunta puesta a

    propsito, pero tambin recogiendo la preocupacin de los gobernantes desde los inicios

    mismos de la repblica, saltando la etapa de los caudillos letrados, pasando por los

    periodos liberales y republicanos, recogiendo las imgenes dramticas o ilusorias

    dejadas por los escritores, ingresando a las polticas y procedimientos nacionalistas de

    homogeneizacin. Hasta ah la pregunta, ese es el momento donde se pierde pues se

    considera que el indio ha sido incorporado como campesino al Estado boliviano desde

    la reforma agraria. Se puede decir que es la pregunta que se hacan las oligarquas

    criollas y mestizas, los gobernantes, que eran como sus representantes. El problema

    desde la reforma agraria va a ser planteado de otra manera tanto por los nacionalistas

    como por los izquierdistas, as tambin, ms tarde, por los neoliberales. El problema va

    ser planteado desde la perspectiva desarrollista, pero tambin clientelar, teniendo en

    cuenta el caudal masivo de votacin que significaban las poblaciones nativas. El

    nacionalismo incorpora al indio en un fallido proyecto desarrollista va farmer,

    incipiente y sin recurso; en todo caso, acompaada esta incorporacin, tambin este

    proyecto desarrollista, con mucho show publicitario en inauguraciones pomposas de

    inauditas instalaciones prricas. Si hacemos una evaluacin de la reforma agraria, del

    tamao de los desafos de la reforma agraria y la magnitud exigida por los

    requerimientos del desarrollo agrario, veremos que el nacionalismo se inclin por el

    teatro poltico y no por la materializacin completa, integral y consecuente de la

    reforma agraria. El imaginario de la izquierda va incorporar al campesino en una

    proyectada alianza de clases obrero-campesina, en la perspectiva de la revolucin

    socialista. Ms tarde, los neoliberales despliegan polticas de descentralizacin

    administrativa contando con recursos de la coparticipacin, adems de intentar una

    reforma educativa intercultural, en los cdigos del multiculturalismo liberal. Como se

    puede ver la pregunta oligrquica y racial prcticamente desaparece en otro contexto de

    sometimiento y dominacin, el de la modernidad perifrica del Estado-nacin,

    desplegada en sus distintas versiones, la nacionalista, la izquierdista y la neoliberal. Lo

    que viene desde el los levantamientos semi-insurreccionales y los movimientos sociales

    del 2000 al 2005 es otra cosa, son otras preguntas, que tienen que ver ms bien con qu

    hacemos con el Estado? Cmo iniciamos la descolonizacin? Estas preguntas ahora no

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn55http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn56

  • se hacen las oligarquas criollas sino las propias mayoras nativas, prioritariamente

    indgenas, en sus distintas formas de manifestacin cultural, articulaciones e identidades

    colectivas. Entonces la pregunta qu hacer con los indios? es tambin una pregunta

    desactualizada, corresponde a otra poca, anterior a la reforma agraria de 1953. Esta es

    una de las razones por las que tratamiento de esta pregunta no logra comprender el

    contexto actual, tampoco ubicarse en el presente intenso abierto por los movimientos

    sociales. No logra interpretar las problemticas inherentes a los desafos y a las

    contradicciones de un proceso en curso. Esta es tambin una de las razones por las que

    la ilusin desarrollista cae en la defensa de un nacionalismo trasnochado y sin

    perspectivas en la coyuntura y en la transicin, en los dilemas y vicisitudes de un

    proceso descolonizador que se plantea como tarea la fundacin de un Estado

    plurinacional comunitario y autonmico.

    El discurso neo-desarrollista, correspondiente al neo-populismo, a la restauracin

    nacionalista y sobre todo a la ilusin desarrollista, pretende relativizar o hacer esfumar

    esta problemtica colonial. Su descubrimiento a travs de investigaciones acadmicas

    de diferenciales y tpicos distintos del entramado de las identidades en mundos

    heterogneos y de heterogneas modernidades le lleva a suponer que el tema indgena

    es utpico, romntico, ancestral y esencialista. Como si fuese un invento de

    fundamentalistas. Olvida que las estructuras coloniales no desaparecen por gracia de la

    filigrana de los detalles, de la elocuencia de las diferencias y las riquezas de las vidas

    culturales. Al contrario, es como las estructuras coloniales se restauran al