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  • Tcnica

    Crdoba, ao XXII, n 28, 2014

    NOMBRESREVISTA DE FILOSOFA

  • Universidad Nacional de CrdobaFacultad de Filosofa y HumanidadesCentro de Investigaciones de la Facultad de Filosofa y Humanidades

    Consejo Editorial:

    Publicacin del rea de Filosofa del Centro de Investigaciones de la Facultadde Filosofa y Humanidades (CIFFyH) - Facultad de Filosofa y Humanidades- Universidad Nacional de Crdoba - Pabelln Agustn Tosco - Ciudad Uni-versitaria - Crdoba - 5000 - Argentina - Casilla de Correo 801 - Telfono /Fax- 54-0351-4334061 - Direccin electrnica: acaciffyh@ffyh.unc.edu.ar.

    Lugar de edicin: Crdoba - Argentina.

    Tapa: Gustavo Cosacov

    ISSN: 0328-1574

    .

    Gustavo CosacovEmmanuel BisetCarlos LonghiniDiego TatinSebastin Torres

  • ndice

    La voz humanaGiorgio Agamben 7

    La compulsin de revelacin Catherine Malabou 33

    Entrevista a Judith ButlerMagda Guadalupe dos Santos, Carla Rodrigues, y Paulo Sartori 49

    A pesar de la herencia: sobre lo pendiente entre Freud y DerridaJavier Agero guila 57

    La exterioridad cartesianaRicardo Bianchi 77

    Correspondencia inditaAlexandre Kojve y Tran Duc Thao 97

    El discurso competenteMarilena Chaui 113

    DOSSIER

    De nuevo sobre la tcnicaOscar del Barco 129

    Ars e invenciones organolgicas en las sociedades de hipercontrolBernard Stiegler 147

  • MecanismoChristian Ferrer 165

    TekhnSilvio Mattoni 175

    Tecno-gnesis y antropo-gnesis en Bernard StieglerMarcela Rivera Hutinel 193

    Pensar y calcularJavier Blanco 213

    La coexistencia de las tcnicas y los modos del olvidoDaro Sandrone 231

    tnica y TcnicaAgustn Berti 253

  • La voz humana

    Giorgio Agamben

    La glosolalia como problema filosfico*

    I

    En la primera Carta a los Corintios, Pablo expone su crtica de la prc-tica lingstica de la comunidad cristiana de Corinto: El que habla enlenguas (hollonglosse, qui loquitur linguae, erra San jernimo en su tra-duccin latina), no habla a los hombres sino a Dios. En efecto, nadie leentiende, pero en el espritu habla misterios. El que habla en lenguas,se edifica a s mismo pero el que profetiza edifica a toda la asamblea.Deseo verlos a todos hablar en lenguas, pero ms an que profeticen;porque es ms grande el que profetiza que el que habla en lenguas, salvoque tambin interprete a fin de que la asamblea reciba de ello edificacin.

    Ahora, hermanos, supongamos que vengo a ustedes a hablar enlenguas, de qu utilidad les ser yo si no les hablo en forma de rev-elacin, de gnosis, de profeca o de instruccin? Y as, las cosas sin almaque emiten una voz, sea flauta o ctara, en el caso de que no introdujeranla distincin en sus notas, cmo sabremos lo que deseamos tocar en laflauta o en la ctara? Y, en efecto, supongamos que la trompeta emite unavoz indistinta, quin se preparar para el combate? Y ustedes mismos: sicon la lengua no profieren un discurso significante, cmo sabremos dequ hablan? Sern, por ello, como aquellos que pierden_______________* Agamben, G., La glossolalie comme problme philosophique, en Discours psychana-lytique, n 6, Joseph Clims, Paris, 1983.

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  • sus palabras en el aire. Existen tantos gneros de voz, tantos como quer-amos, y en el universo no hay nada fono. Entonces, si no conozco elvalor semntico de la voz, ser, para quien habla, un brbaro, y aquel quehabla en m ser un brbaro. Es por ello que el que habla en leguas debeorar para poder interpretar, porque si oro en lenguas, es mi espritu el queora pero mi entendimiento est sin fruto. Orar entonces con el espritupero tambin con el entendimiento; cantar con el espritu pero cantartambin con el entendimiento. Puesto que, supongamos que bendices conel espritu, aquel que ocupa el lugar del idiota, del no-iniciado (idiotes, elignorante), cmo pronunciar el Amn sobre tu accin de gracia cuandono sabe lo que dices? Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas msque todos ustedes; pero en una asamblea prefiero pronunciar cinco pal-abras con mi entendimiento para instruir tambin a los otros, que diez milpalabras en lenguas. Hermanos, no se conviertan en nios al momentodel juicio. (I Cor., XIV, 2-20).

    Cmo debemos comprender el lalein glosse? Una primera tradicinexegtica tan antigua como el comentario de San Juan Crisstomo poneeste texto en relacin con el milagro de las lenguas del Pentecosts e inter-preta el lalein glosse como un hablar en lenguas extranjeras, que nohemos aprendido. Esta tradicin no tiene autoridad porque el mismo SanJuan de Crisstomo reconoce que el pasaje entero es muy oscuro; esaoscuridad proviene de nuestra ignorancia de lo que suceda entonces peroque ya no alcanza a nuestros das (Hom. XLIV, 29, XII, 1). Se enfrenta,adems, al simple hecho de que el milagro de los apstoles tena por obje-tivo hacerles comprender mejor, mientras que en lo que respecta a laglosolalia San Pablo dice que nadie la comprende. Ahora bien, conocemosy esto ha sido retomado por la hermenutica neotestamentaria el valorde la palabra glosa durante el primer siglo de nuestra era. Glosa significapalabra extraa al lenguaje usual, trmino oscuro u obsoleto del cual noentendemos la significacin. Ese es el sentido que encontramos ya en lapotica de Aristteles, pero Quintiliano, escribiendo tambin en el primersiglo de nuestra era, habla de las glossemata como voces minus usitatae,pertenecientes a la lingua secretior, quam greci glossas vocant (Inst., 1, 8 17). Del mismo modo Plutarco, en su tratado sobre Los orculos de la

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  • Pitia, explica que la profeca, plegndose al movimiento del mundo, hasuprimido sus orculos, versos, glosas, perfrasis y otras oscuridades.

    La glosolalia no es entonces un hablar en lenguas extranjeras ni unapura y simple emisin de sonidos inarticulados sino, sobre todo, un hablaren glosas, es decir, en palabras cuya significacin es desconocida, ya seanpalabras muertas, palabras extranjeras o incluso palabras que nopertenecen a ningn lenguaje humano. Si no conozco la dynamis (comoglossa, ste es tambin un trmino gramatical que significa: valor semn-tico) de una palabra, escribe San Pablo, ser para aqul que habla un br-baro, y el que habla en m ser un brbaro. La expresin o lalon en emo,el que habla en m, postula un problema que la Vulgata ha esquivado tra-duciendo en emo por mihi, para m. Pero el en emo del texto no puedesignificar ms que en m y lo que Pablo quiere decir es perfectamenteclaro: si pronuncio palabras de las cuales no entiendo la significacin, elque habla en m, la voz que las profiere, ser algo brbaro que no sabehablar, que no sabe lo que dice. Hablar en glosa quiere decir entonces:hacer la experiencia de un acto de lenguaje digo bien de lenguaje y no deun ruido o de un sonido inarticulado que no sabemos: experiencia de unhablar infantil (hermanos, exclama el Apstol no se conviertan ennios al momento del juicio), dentro de la cual el entendimiento est sinfruto. Qu podra ser una experiencia semejante? Cmo debemos pen-sar una palabra que, permaneciendo palabra, no quiere decir nada? Conestas preguntas nos acercamos al corazn del problema.

    II

    En un pasaje de De trinitate (X, I, 2) que es uno de los primeros tex-tos donde la idea de una lengua muerta que nos es, sin embargo, muyfamiliar hace su aparicin en la cultura occidental Agustn establece sumeditacin sobre una palabra muerta, un vocabulum emortuum. Supong-amos escribe que alguien escucha un signo desconocido, el sonido deuna palabra de la cual ignora la significacin, por ejemplo la palabra teme-tum (un trmino obsoleto, una glosa, para vinum). Puesto que ignora lo

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  • que la palabra quiere decir, desear ciertamente saberla. Pero para eso esnecesario que l ya sepa que el sonido que escucha no es una voz vaca(inanem vocem), el simple te-me-tum, sino, por el contrario, un sonido sig-nificante. Si no fuera as, este sonido de tres slabas sera ya perfectamenteconocido en el instante mismo en el que es percibido por el odo: quotra cosa podramos buscar all escribe Agustn para conocerlo mejor,puesto que todas sus letras y la duracin de cada sonido nos son conoci-dos, si no supiramos, al mismo tiempo, que es un signo y si no estu-viramos movidos por el deseo de saber lo que significa? Entonces, cuan-to ms conocida es la palabra sin serlo completamente, ms desea el almasaber ese suplemento de conocimiento. Si ella conociera solamente laexistencia de esa voz y no supiera que significa algo, el alma no buscarams nada, una vez que la sensacin haya percibido el sonido tanto comole fuera posible. Pero luego de que ella sabe que hay all no solamente unavoz sino tambin un signo, desea tener de l un conocimiento perfecto.Ahora bien, no conocemos ningn signo perfectamente si no sabemos dequ es signo. De quien busca saber con ardor y persevera en su deseocmo podramos decir que est sin amor? Qu ama l entonces? Segu-ramente no podemos amar lo que no es conocido. l no ama esas tresslabas que ya conoce. Diremos, entonces, que l ama en ellas el hechode saber que significan algo?

    En este texto, la experiencia de la palabra muerta, de la glosa temetum,es la experiencia de una palabra proferida, de una voz que no es ms un sim-ple sonido (istas tres syllabas), pero tampoco es an significacin. Experi-encia, entonces, de un signo; pero de un signo en tanto que puro querer decire intencin de significar, antes y ms all de todo acontecimiento de una sig-nificacin determinada. Esta experiencia de un verbo desconocido (verbumincognitum) en el entre-dos, entre el sonido y el sentido, es, para Agustn, laexperiencia amorosa en tanto que voluntad de saber: a la intencin de sig-nificar sin significacin corresponde, no la comprensin lgica ni un deseoque no tiene nada que ver con el conocimiento, sino el amor de saber (quiscire amat incognita escribe non ipsa incognita, sea ipsum scire amat, loque quiere decir que el amor es siempre deseo de saber).

    Se

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