mujeres y maquilas en honduras mirta kennedy1 el

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MUJERES Y MAQUILAS EN HONDURAS Mirta KENNEDY 1 El contexto nacional Honduras es uno de los cinco países de Centro América, fronterizo al oeste con Guatemala y El Salvador, y al este con Nicaragua. El mar Caribe baña la costa norte y el océano Pacífico la costa sur. Cuenta con una superficie de 112,492 km 2 y con una población de 6 millones de habitantes 2 , distribuida equi- tativamente por sexos, con una tasa de crecimiento promedio anual del 3% El 46% de la población se ubica en áreas urbanas, concentrándose en las dos ciu- dades más importantes : Tegucigalpa, la capital, con cerca de un millón de habi- tantes, y San Pedro Sula, localizada en la región noroccidental del país, sobre- pasando el medio millón. En el contexto Latinoamericano, Honduras es uno de los países más atrasados : ocupa el cuarto lugar entre los países que registran los índices más bajos de desarrollo humano, después de Haití, Nicaragua y Guatemala. El Proyecto Políticas de Población, Pobreza y Empleo (SECPLAN/FNUAP) estimó para 1992 que el 71% de la población vive bajo la línea de pobreza, y de éstos, el 55% se encuentra en condiciones de indigencia. Según un informe anual del BID, para 1996 el país presentaba un Producto Bruto Interno per cápita de US$ 597, el más bajo de América Latina después de Nicaragua, y uno de los niveles de salario mínimo más reducidos de la región, (US$ 54 en 1996). Incluso en el sector industrial moderno de la maquila, las trabajadoras tenían un jornal de US$ 2.4 diarios como salario base 3 . En las últimas dos décadas, Honduras sufrió los efectos de la crisis Centroamericana. Durante los años ochenta, el país fue territorio de retaguardia de los conflictos armados de El Salvador y Nicaragua, zona de operación de las bases militares norteamericana, y espacio de acogida de decenas de miles de refugiados llegados desde todas sus fronteras. Conocido como el país donde no 1 Centro de Estudios de la Mujer, Honduras 2 Proyecciones del Proyecto de Población, Género y Empleo, SECPLAN/FNUAP, Honduras 1992. 3 Ramiro Martínez, Ricardo Falla, Envío N° 171, Junio 1996.

Author: nguyenkhanh

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  • MUJERES Y MAQUILAS EN HONDURAS

    Mirta KENNEDY1

    El contexto nacional

    Honduras es uno de los cinco pases de Centro Amrica, fronterizo al oeste conGuatemala y El Salvador, y al este con Nicaragua. El mar Caribe baa la costanorte y el ocano Pacfico la costa sur. Cuenta con una superficie de112,492 km2 y con una poblacin de 6 millones de habitantes2, distribuida equi-tativamente por sexos, con una tasa de crecimiento promedio anual del 3% El46% de la poblacin se ubica en reas urbanas, concentrndose en las dos ciu-dades ms importantes : Tegucigalpa, la capital, con cerca de un milln de habi-tantes, y San Pedro Sula, localizada en la regin noroccidental del pas, sobre-pasando el medio milln.

    En el contexto Latinoamericano, Honduras es uno de los pases ms atrasados :ocupa el cuarto lugar entre los pases que registran los ndices ms bajos dedesarrollo humano, despus de Hait, Nicaragua y Guatemala. El ProyectoPolticas de Poblacin, Pobreza y Empleo (SECPLAN/FNUAP) estim para 1992que el 71% de la poblacin vive bajo la lnea de pobreza, y de stos, el 55% seencuentra en condiciones de indigencia. Segn un informe anual del BID, para1996 el pas presentaba un Producto Bruto Interno per cpita de US$ 597, el msbajo de Amrica Latina despus de Nicaragua, y uno de los niveles de salariomnimo ms reducidos de la regin, (US$ 54 en 1996). Incluso en el sectorindustrial moderno de la maquila, las trabajadoras tenan un jornal de US$ 2.4diarios como salario base3.

    En las ltimas dos dcadas, Honduras sufri los efectos de la crisisCentroamericana. Durante los aos ochenta, el pas fue territorio de retaguardiade los conflictos armados de El Salvador y Nicaragua, zona de operacin de lasbases militares norteamericana, y espacio de acogida de decenas de miles derefugiados llegados desde todas sus fronteras. Conocido como el pas donde no

    1 Centro de Estudios de la Mujer, Honduras2 Proyecciones del Proyecto de Poblacin, Gnero y Empleo, SECPLAN/FNUAP, Honduras 1992.3 Ramiro Martnez, Ricardo Falla, Envo N 171, Junio 1996.

  • hubo guerra, sirvi como escenario de la movilizacin de las diferentes fuerzasen pugna de la regin, con un alto costo social, ambiental y humano. En efecto,los pobladores desplazados, refugiados, exilados y desaparecidos, el incremen-to de la violencia organizada a todos los niveles, la creciente injerencia externaen los asuntos nacionales, la aplicacin de la doctrina de seguridad nacionaldesde el Estado (con la consiguiente prdida de la seguridad ciudadana), y elcreciente empobrecimiento de la poblacin, fueron los factores que agudizaronla crisis estructural y el deterioro de la calidad de vida.

    En los noventa, los acuerdos de paz en la regin y los procesos de democratiza-cin formal coincidieron con la aplicacin de las medidas econmicas neolibe-rales. Estas medidas se implementaron mediante la intervencin cada vez msnotoria de los organismos financieros internacionales en las polticas pblicas,la finalidad era insertar al pas en el contexto de la globalizacin.

    Las medidas de ajuste estructural incluyeron la privatizacin de los serviciosestatales, las reformas impositivas que incrementaron los impuestos sobre elconsumo, la restriccin de recursos crediticios y el aumento de las tasas de inter-s que redujeron el acceso a los medianos y pequeos empresarios, la aniquila-cin de la reforma agraria con la aplicacin de la Ley de ModernizacinAgrcola que promueve la privatizacin, y la reduccin del gasto pblico quedeterior la calidad y redujo la cobertura de los servicios sociales del Estado.Entre 1989 y 1995 el presupuesto del gobierno se redujo de US$ 1.308 millonesa US$ 810 millones, decreciendo los recursos asignados a salud (en un 26%),educacin (en un 56%) y trabajo y previsin social (en un 63%)4.

    La exclusin de oportunidades de empleo, de acceso a recursos productivos y debeneficios sociales para amplios sectores de la poblacin, contribuyeron a gene-ralizar la pobreza. Segn datos del Banco Central (1996), el ingreso per cpitaque en 1989 era de US$ 1.122 se redujo en 1995 a US$ 500. La inflacin crecidel 10% en 1989 a 30% en 1995, y en el mismo perodo la tasa de cambio pasde 2 a 12 Lempiras por dlar5.

    Diversos estudios y anlisis sobre la realidad nacional coinciden en afirmar,acertadamente, que las medidas de ajuste estructural de la economa hicieronms pobres a los pobres y ms ricos a los ricos, agudizando la exclusin, la desi-gualdad y la injusticia econmica y social de clase y de gnero. Las mujeres fue-

    4 De Mazier A., La mujer, principal sostn del modelo econmico de Honduras en Crecer con la Mujer,Dianne Elson y otras, Ed. Embajada Real de los Pases Bajos, San Jos, Costa Rica, 1997.

    5 Ibid.

  • ron las ms perjudicadas: las mujeres pobres representan el 78% del total feme-nino y el 65% de stas son indigentes6.

    En general, el ajuste estructural implic transformaciones de poltica a nivel delEstado: liberalizacin del mercado interno y del comercio internacional, elimi-nacin de subsidios, ajuste de la tasa de cambio(devaluacin), incremento de lastasas de inters, privatizacin de las empresas pblicas, focalizacin de los pro-gramas sociales en la poblacin ms vulnerable, y leyes especiales para atraer lainversin extranjera bajo la modalidad de zona franca u otras similares. As,la apertura del pas a las industrias maquiladoras mediante la aprobacin deleyes especiales, ha sido considerada por los ltimos gobiernos como la solucininmediata para frenar el creciente desempleo y subempleo y luchar contra de lapobreza.

    El proceso de democratizacin poltica en Honduras se expres en las reformasdel sistema jurdico: se crea el Ministerio Pblico y las fiscalas especiales de lamujer, de menores, de derechos humanos y de medio ambiente. De la mismamanera, el Estado empez a preocuparse por la violacin de los derechos huma-nos, crendose el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos. Se imple-mentaron reformas legales para la modificacin del funcionamiento tradicionalcaudillista de los partidos polticos, la reduccin del ejrcito y la eliminacin delreclutamiento forzoso. Sin embargo, estos modificaciones no llegan a impactaren los problemas estructurales de gobernabilidad, agravados dramticamentepor la corrupcin, la impunidad, la agudizacin de la pobreza y la injerencia delos organismos financieros internacionales en la economa interna.

    Las reformas democrticas quedaron al margen de la esfera econmica. En elmbito de la legislacin laboral todava no se han concretado las reformas, elmarco legal existente es ignorado y violado constantemente bajo las relacionesde trabajo en las nuevas modalidades de produccin industrial de las zonas fran-cas. Las medidas de ajuste estructural contribuyeron a legitimar un orden pbli-co en el cual la esfera del mercado se vuelve cada vez ms autnoma del Estadonacional.

    6 Flores M., Kennedy M., Mujer, familia y Pobreza Urbana, CEM-H, MSCPLAN/FNUAP, ProyectoHON/94/PO2, 1996.

  • Las mujeres en Honduras

    La poblacin femenina representa algo ms de la mitad del total del pas y el52% de la poblacin urbana. En el ltimo perodo intercensal, la tendencia a laconcentracin en las ciudades se vio acentuada por el aumento de la migracinfemenina. Migracin que se realiza hacia los dos polos urbanos ms importantesdel pas : Tegucigalpa (la capital) en el centro y San Pedro Sula y centros ale-daos en la zona noroccidental7.

    Los indicadores demogrficos muestran un mejoramiento en la condicin de lapoblacin femenina y una disminucin de la brecha de gnero. En efecto, la tasade cobertura de la poblacin escolar de 7 a 13 aos es de 86% para los nios yde 87% para las nias. El Informe de Desarrollo Humano de 1997 seala que seha alcanzado una tasa de alfabetizacin similar (72%) por sexo, las mujeres tie-nen una esperanza de vida ms alta (71 aos) que la de los hombres (66 aos) yuna tasa de matriculacin ms elevada (61% para las mujeres y 59% para loshombres). Respecto al Indice de Desarrollo Relativo al Gnero (IDG=0.5), de untotal de 146 pases Honduras ocupa el lugar 103.

    Las mujeres ocupan aproximadamente un tercio de los puestos ejecutivos y degerencia (31%), y representan el 50% del total de profesionales y tcnicos. Encontraste, slo participan con el 8% de los escaos del parlamento. Respecto alIndice de Potenciacin de Gnero (IPG=0.4), de un total de 94 pases, los datosanteriores colocan a Honduras en el lugar 51.

    La esperanza de vida ms alta de la mujer, est relacionada a la preponderanciamasculina en los hechos de violencia. En 1992 la tasa de mortalidad por homi-cidios fue de 68 por mil para los hombres y 9 por mil para las mujeres8.

    La situacin favorable se invierte si se tiene en cuenta la tasa de mortalidad glo-bal por sexo: en el grupo de 15 a 49 aos, la tasa de mortalidad masculina es de7 por cien mil, mientras que la femenina es de 15 por cien mil, tasas de morta-lidad que reflejan la falta de cobertura y baja calidad de los servicios de saludreproductiva. Cada cinco horas muere una mujer (entre 12 y 50 aos) por causade maternidad y el 67% de las muertes por maternidad ocurre fuera de los hos-

    7 Censo Nacional de Poblacin y Vivienda, DGEC, Honduras, 1988.8 OPS/OMS, Salud-Enfermedad de las Mujeres Centroamericanas a Inicio de la Dcada de los Noventa, un

    Enfoque de Gnero, 1992, p.115.

  • pitales. En este mismo grupo de edad, la tasa de mortalidad materna es de 221por cien mil nacidos y la de las mujeres en edad reproductiva, de 143 por cienmil. Las muertes por maternidad y por tumores se encuentran entre las cincoprincipales causas de fallecimiento de las mujeres en edad reproductiva. El cn-cer de cervix origina el 40% de los decesos por tumores, el 13% se debe a otrostipos de cncer ginecolgico vinculados al cuidado de la salud sexual y repro-ductiva. Las muertes por maternidad a causa de abortos y sus complicaciones(infeccin y hemorragia) representan un 9%

    Las cifras anteriores reflejan que las mujeres en edad reproductiva (que repre-sentan el 48% de la poblacin femenina) se estn muriendo por causas previ-sibles: insuficiente atencin en salud, falta de informacin y educacin para elauto cuidado, discriminacin respecto a sus derechos reproductivos. Por partedel Estado, hay poca voluntad poltica para priorizar y asignar recursos parasolucionar los problemas de salud de las mujeres, adems, la existencia de unalegislacin sexista penaliza el aborto bajo cualquier circunstancia, incluso cuan-do la vida de la madre corre peligro .

    Del total de los decesos femeninos por traumatismo y envenenamiento, el30.5% fue por homicidio y el 32% por accidente, datos que ponen en evidenciael costo social de la violencia contra las mujeres. Asimismo, la violencia intra-familiar es causa de muerte de 8 mujeres por mes.

    An cuando la tasa de matriculacin femenina es mayor que la masculina, stase concentra en el nivel primario (69%). Las mujeres no escolarizadas y las queslo cursaron hasta tercer grado de primaria, comprenden el 39% de la pobla-cin femenina mayor de 10 aos. Estos indicadores no difieren significativa-mente de la situacin de escolaridad de la poblacin masculina. El resultado esque los bajos niveles de educacin estn afectando, para ambos sexos, el acce-so al empleo y a ingresos9.

    Las posibilidades de capacitacin laboral se encuentran ms limitadas para lasmujeres. De la poblacin egresada del Instituto de Formacin Profesional(INFOP) en 1995, el 59% eran hombres y el 41% mujeres. Los cursos de califi-cacin tcnica superior favorecen la incorporacin de los hombres, y las mujeresque tienen alguna posibilidad de acceso tienen que ser jvenes, solteras (sinhijos), disponer de tiempo completo, contar con el apoyo econmico familiar y

    9 DGEC, Encuesta de Hogares de Propsitos Mltiples, 1993.

  • tener primaria completa. La oferta de capacitacin laboral del INFOP para elresto de mujeres que no cumplen las condiciones mencionadas (como las anal-fabetas y de baja escolaridad, mayores de treinta, madres, que no tienen elrespaldo econmico familiar y que trabajan) comprende cursos en rubros tradi-cionales y de menor calificacin, como cocina y costura.

    En la ltima dcada el nmero de hogares con jefatura femenina se increment,llegando a representar en 1994 el 24% del total urbano. El 76% de esos hogarespertenece al estrato de pobres e indigentes. En el 44% de esos hogares con jefa-tura femenina la edad del hijo(a) mayor es menor de 18 aos y en el 45% lamujer es la nica que trabaja y aporta ingresos al ncleo familiar10.

    Modelo econmico y participacin de las mujeres

    Las mujeres representan un tercio de la poblacin econmicamente activa(PEA), su participacin aument de un 21% en 1988 a un 30% en 1993, cifraque no refleja la incorporacin real de las mujeres al mercado de trabajo. En laEncuesta de Hogares de Propsitos Mltiples (1990), se incluy un mduloespecial para captar la participacin de las mujeres en las actividades econmi-cas, el que revel un subregistro del 28% La tasa de participacin femenina enel empleo se encuentra relacionada con el nivel de escolaridad, para las que tie-nen ocho o ms aos de estudio la tasa de participacin es de 65%, mientras quelas no escolarizadas tienen una participacin del 24%11.

    El 53% de las mujeres ocupadas son asalariadas y tanto en el sector formalcomo en el informal, el salario promedio que perciben es inferior al masculino.Por ejemplo, en la industria manufacturera el salario femenino constituye el49% del salario de los hombres12.

    En la economa formal la mitad de las trabajadoras se encuentran en el sectorprivado, mientras que en la economa informal el trabajo por cuenta propiarepresenta el 80% de la mano de obra femenina. Las actividades informalesaglutinan a las ms pobres e indigentes, el 80% de stas se encuentra bajo lalnea de pobreza13.

    10 Arriaga I., Polticas sociales, familia y trabajo en Amrica Latina de fin de siglo, CEPAL, 1997.11 Flores M., Kennedy M., op. cit.12 De Mazier A., op. cit.13 Flores M., Kennedy M., op. cit.

  • Tradicionalmente, la mano de obra femenina ha estado ocupada en el sectorinformal, sin embargo, en la ltima dcada, el nmero de mujeres empleadas enlas industrias y agroindustrias de exportacin ms dinmicas de la economahondurea creci notoriamente. Por ejemplo, el 60% del total de los obreros enlas camaroneras son mujeres, empleadas para la seleccin y el empaque. En laproduccin del banano, la participacin femenina como empacadoras y admi-nistrativas es del 30%, en la cosecha de caf se estima que representan el 65%de la mano de obra ocupada. Es importante sealar que las exportaciones delsector agrcola en 1995 representaron el 68% del total nacional, y la exportacindel banano, caf, camarn y langosta representaron el 66% del total de lasexportaciones agrcolas14.

    Segn datos del Banco Central, en 1995 las mujeres representan el 95% de lapoblacin obrera en la industria de la confeccin, en 1994 siete de cada diez tra-bajadores del sector maquilero son mujeres.

    El mercado de trabajo aparece cada vez ms segmentado por sexos y edades. Deun lado, a las mujeres ms jvenes y con mejores niveles de educacin formalse les incorpora masivamente al empleo asalariado industrial, en las zonas delocalizacin de maquilas o en las empresas agroindustriales (banano, camarn,frutas). De otro lado, las mujeres adultas se refugian en el sector informal, en lasactividades de servicio y comercio. Ambos mercados de trabajo incentivan lamigracin de la poblacin femenina hacia los polos industriales y agroindus-triales de la regin norte, centro y sur. El trnsito de un sector a otro de la eco-noma tiene limitaciones de edad y gnero. En general, La poblacin obrera delas industrias exportadoras de punta del pas est integrada por una alta propor-cin de mujeres jvenes y adolescentes, desplazando al obrero tpico (hombreadulto) y negando el ingreso a las mujeres mayores.

    La incorporacin de mujeres jvenes a los sectores econmicos ms dinmicosse realiza en un contexto nacional de desempleo y subempleo (que afecta a untercio de las mujeres y al 26% de los hombres econmicamente activos). Conuna alta capacidad de reemplazo, las mujeres jvenes son incorporadas selecti-vamente a diferentes tipos de trabajo en donde, por razn de gnero, se les consi-dera ms eficientes. Habilidades manuales, cuidado en el trato de los productos,alta productividad, resistencia al cansancio, rpido aprendizaje , desconoci-

    14 De Mazier A., op. cit.

  • miento de la legislacin laboral, temor a la organizacin sindical, docilidad, obe-diencia, son algunas de las muchas cualidades que los empresarios observany frecuentemente manifiestan para justificar la contratacin selectiva de mujeresadolescentes y jvenes.

    Las condiciones del empleo industrial en los sectores ms dinmicos de la eco-noma tiende a asimilarse a las condiciones del empleo auto generado o infor-mal. Esto es, un tipo de empleo estacional (en caso de las agroindustrias), ines-table y de alta rotatividad, con movilidad de puestos de trabajo, ausencia de unmarco legal salario de proteccin de los derechos de las obreras, incumplimien-to de la legislacin existente y una limitada o nula cobertura de seguridad socialy bajos salarios. As, respecto al mercado de trabajo, la inestabilidad y estacio-nalidad del empleo sitan a las trabajadoras en condiciones de informalidad, ancuando el empleo en estos sectores representa ingresos superiores que los obte-nidos en otros sectores de la economa. En efecto, el salario diario (1995) en lascamaroneras fue de US$ 2.6 y el salario por hora (1996) en las maquilas de larama textil y vestuario fue de US$ 0.5, este ltimo salario representa el 10% delsalario de las obreras en los Estados Unidos.15

    En resumen, la insercin de las trabajadoras hondureas en la economa globalno est mejorando la precariedad del empleo y tampoco parece ser la va parasuperar la pobreza y mejorar la calidad de vida de las mujeres.

    Las maquilas en Honduras :la incorporacin de las mujeres

    Segn datos de la Asociacin Hondurea de Maquiladores (julio 1997), en elpas existen 248 empresas instaladas bajo las diferentes modalidades previstaspor la ley, generando 87.751 empleos directos y ms de 500 mil empleos indi-rectos. Estos datos reflejan el acelerado crecimiento en la ltima dcada de estetipo de empresa: en 1990 haba 35 empresas en su mayora empresas textilesde confeccin y en menor grado electrnicas generando 17.500 empleos direc-tos, en 1994, el 60% de las exportaciones correspondan a ese sector16.Asimismo, en 1996, el valor de las exportaciones de la industria maquiladorafue de US$ 1.219.5 millones, generando US$ 136.5 millones en sueldos y sala-rios. Segn datos de la Asociacin Hondurea de Maquiladores, la inversin

    15 Datos de la OIT (1996), Renzi M. R., Mujer, salud y trabajo, ponencia presentada al Seminario Maquila yEquidad Genrica, Christian Aid/UNICEF, Guatemala, noviembre, 1997.

    16 Fundacin para el Desarrollo de las Exportaciones (FIDE), julio, 1997.

  • extranjera alcanz los US$ 416 millones y la nacional US$ 284 millones (41 %del total). El aporte al valor agregado nacional fue de US$ 284 millones, que eneste tipo de industrias corresponde a salarios y al pago de alquiler por instala-ciones y servicios (agua, luz, transporte y otros).

    La instalacin de los parques industriales se inici en 1976 cuando se crea enPuerto Corts, mediante el Decreto 356 del 21 de julio, la primera Zona Libre.Las empresas acogidas bajo esta ley, pueden introducir mercancas exentas delpago de derechos arancelarios, cargos y recargos, derechos consulares, impues-tos municipales, distritales, de consumo, e impuestos y gravmenes relaciona-dos con la importacin y exportacin de mercaderas. Asimismo, la utilidad quegeneran las empresas queda exonerada de los impuestos sobre la renta, pero seencuentra sujeta a la vigilancia fiscal. La direccin y control de la zona francaqueda a cargo de la Empresa Nacional Portuaria, propietaria de las instalacionesfsicas. Por ltimo, la ley permite a los empresarios adecuar instalaciones fuerade la zona.

    En general, el acelerado crecimiento de la instalacin de las maquilas enHonduras se produce a fines de la dcada de los ochenta, en un marco de refor-ma estructural de la economa, de modernizacin del Estado y de emisin denuevas leyes especiales para favorecer la inversin extranjera.

    El Rgimen de Importacin Temporal (RIT), creado mediante el Decreto No 37del 20 de diciembre de 1984, es establecido con la finalidad de promover lasexportaciones mediante la exoneracin de derechos aduaneros y consulares, deimpuestos sobre ventas y otros, adems de recargos sobre la importacin demateria prima y materiales, de maquinaria, y equipo, herramientas, repuestos yaccesorios. Este decreto establece que las utilidades de las empresas gozarn deexoneracin de impuestos sobre la renta por un perodo de 10 aos, siempre quela empresa sea de tipo industrial o agroindustrial, genere empleo y exporte todasu produccin a pases fuera del rea C.A. La ley permite a las empresas queoperan bajo el RIP ser objeto de subcontratos de las empresas de la ZOLI y lasZIP.

    El Decreto No 37-87 del 7 de abril de 1987, crea las Zonas Industriales deProcesamiento para Exportacin (ZIP). Las empresas amparadas por esta ley sonde propiedad y administracin privada, se ubican en zonas geogrficas autori-zadas por el Estado, no tienen poblacin residente y estn sujetas a vigilanciafiscal. Las operaciones de importacin y exportacin de mercancas gozan de la

  • exoneracin del total del pago de derechos arancelarios, consulares, cargos yrecargos, impuestos municipales, de consumo, de venta y otros impuestos,gravmenes y tasas. Del mismo modo, las utilidades se encuentran exentas delimpuesto sobre la renta.

    Estas medidas legales para facilitar y atraer las empresas maquiladoras , elmejoramiento y ampliacin de la infraestructura vial y de servicios, la construc-cin de instalaciones para el establecimiento de parques industriales, y la pro-mocin internacional del pas, fueron parte del esfuerzo gubernamental paracompetir exitosamente por la instalacin de las maquilas en Honduras. Lapobreza generalizada y la exclusin estructural de un sector bastante amplio dela PEA (desocupada o subempleada), fueron otros elementos atrayentes para lainversin extranjera.

    Las empresas de capital norteamericano son las predominantes, en 1995 repre-sentan el 40%, seguidas por las de capital nacional (30%) y las de capital asi-tico (Corea, Singapur, Taiwan, China, Hong Kong)17.

    Desde sus comienzos, las maquilas funcionaron sin controles estatales, gene-rando frecuentes polmicas en el medio de las federaciones sindicales y otrossectores sociales y econmicos del pas. Dichas ventajas siguen vigentes,aunque en la pasada administracin del gobierno el Banco Central de Honduras(BCH) emiti la Resolucin No 331-6/94 con la finalidad de controlar las divi-sas que las empresas utilizan para el pago de sus costos locales. La resolucinestablece que las divisas debern ser negociadas por medio de los agentes cam-biarios autorizados por el BCH, remitiendo semanalmente al Dpto. Regulador deFinanciamiento Externo un informe sobre las ventas de divisas realizadas en elperodo18.

    Las principales crticas sealan que las maquilas violan los derechos laboralesde los(as) trabajadores(as), no pagan impuestos, se benefician de la baja remu-neracin de los recursos humanos a causa de la gran pobreza existente y man-tienen el carcter de empresas golondrinas (en el largo plazo no contribuyena la riqueza del pas: crean poco valor agregado y no invierten de manera per-manente). Asimismo, se seala que las maquilas emplean baja tecnologa y pro-cesos industriales simples y que los costos de las instalaciones industriales, aligual que el desarrollo de la infraestructura fsica, las pone el pas.

    17 Banco Central de Honduras, Dpto. de Estudios Econmicos, El Heraldo, 17/10/95.18 Colindres P., Honduras en la Noticia, La Tribuna, 3/4/97.

  • La gran mayora de las maquilas instaladas en Honduras se dedican a la confec-cin, requieren numerosa mano de obra y utilizan tecnologa simple. En estasempresas se ensamblan piezas o se terminan las prendas que ya vienen cortadaso armadas en el exterior. En general, los procesos ms complejos se realizan enlas instalaciones industriales de los pases centrales y el ensamblaje en lasmaquilas localizadas en la periferia, como es el caso de Honduras. Del total delas exportaciones de prendas de vestir a los Estados Unidos, las provenientes deHonduras ocupan el sptimo lugar en relacin a otros pases exportadores delCaribe, Centro y Sud Amrica19.

    El grueso de la poblacin obrera en las maquilas son mujeres jvenes entre 17y 25 aos que empiezan a trabajar a los 12 y 13 aos20. Segn datos del BancoCentral de Honduras para 1995, el 95% de la fuerza laboral en la industria de laconfeccin eran mujeres. Para el mismo ao, el presidente de la AsociacinHondurea de Maquiladoras, sealaba que las mujeres representaban aproxima-damente el 87% de los trabajadores en las maquilas.

    El perfil de las obreras

    En Honduras, en base a los estudios realizados por el CEM-H en Choloma yVillanueva, las mujeres que son contratadas por las empresas maquiladoras sonjvenes, en su mayora migrantes y solteras sin hijos. En efecto, la edad prome-dio de las trabajadoras es de 21 y 22 aos, aproximadamente el 65% sonmigrantes de procedencia rural o urbana, que llegan desde diferentes lugares delpas a las zonas donde se instalan las maquilas.

    Son mayoritariamente alfabetas, con niveles por encima del promedio urbano yrural del pas: el 95% de las obrera eran alfabetas, porcentaje superior al pro-medio nacional urbano (85%) y rural (58%). Ms de la mitad de las trabajado-ras finaliz la educacin primaria y un tercio realiz estudios secundarios (com-pletos o incompletos). Si bien estas trabajadoras cuentan con un bajo nivel deescolaridad, en promedio, es ms alto que el de la poblacin rural en los mismosgrupos de edad y sexo.

    En general, las obreras comienzan a trabajar en las fbricas a la edad de 16 o 17aos, aunque algunas lo hacen antes de cumplir los 15. En su mayora carecen

    19 Datos de la FIDE (1992), citado por Moncada E., Las dos caras de la Maquila.20 Kennedy M., Flores M., Trabajadoras de las maquilas en Villanueva: mujeres jvenes, familia y vida coti-

    diana, CEM-H, 1996.

  • de experiencia laboral o slo la tienen como trabajadoras de servicios. Entre el65% y 75% de las mujeres son solteras, un tercio tienen hijos, y ms de la mitadde stas carecen del apoyo del padre de sus hijos para la educacin y manteni-miento.

    El 80% de las jvenes aportan parte de su salario para el sustento familiar, yentre el 50% y 60% contribuyen con ms de la mitad de sus ingresos.

    Las condiciones de trabajo

    En las industrias maquiladoras las obreras trabajan bajo condiciones laboralesque aseguran la alta productividad y la neutralizacin de los conflictos. Paralograr una productividad sostenida en la jornada de trabajo, el sistema funcionaen base a una estricta organizacin del trabajo: tareas en serie, pago de salariospor producto (nmero de piezas elaboradas o lotes de piezas), imposicin de unsistema de rigor. Condiciones laborales que se adaptan a un escenario nacionaldonde la pobreza y el nivel de desempleo y subempleo garantizan la sustituibi-lidad de la fuerza laboral.

    Debido a la ausencia de un sistema legal que establezca y defienda los derechosde las trabajadoras, las condiciones de trabajo son las de extrema explotacin.Por ello, en la medida que no exista un sistema legal, o que ste sea demasiadoflexible, las empresas incrementarn su productividad hasta donde las obrerasresistan, imponiendo un sistema de trabajo orientado a maximizar ganancias. EnHonduras, para el caso de Choloma y Villanueva, las condiciones de trabajo tie-nen las siguientes caractersticas :

    - Alta rotatividad en el empleo: 79% de las encuestadas en Villanueva perma-necieron menos de un ao en el mismo trabajo.

    - Jornadas de trabajo de 9 horas.- Establecimiento de horas extras: el 77% de los casos haca horas extras y para

    un tercio de ellas estas horas extras eran obligatorias. En general, en todas lasfbricas se trabaja un mnimo de 44 horas semanales.

    - Trabajo y salario por meta: el 88% de las obreras trabaja por meta y con unsalario fijado de acuerdo a dicha meta y un monto base. Se produce entre 800a ms de 1000 piezas de ropa por da, lo que representa una productividad de2 a 4 piezas por minuto.

  • El ambiente de trabajo

    Las obreras describen a la mayora de las fbricas como espacios encerrados,contaminados, ruidosos, hacinados, en donde las relaciones son tensas y conaltos niveles de stress.

    Se trabaja en un ambiente estrictamente controlado, se prohibe hablar, se otorgatiempos precisos para ir al bao, los descansos (uno en la maana y otro en latarde) duran diez minutos y el almuerzo media hora. Igualmente, por cada doslneas de produccin hay una supervisora controlando constantemente que no sebaje el ritmo de produccin (un tercio de las trabajadoras se sentan acosadas ypresionadas por las supervisoras y jefes a trabajar ms rpidamente). Otra medioque se emplea para mantener o aumentar el rendimiento de la produccin es elde fomentar la competencia entre las trabajadoras, circunstancia que genera fre-cuentes discusiones y peleas segn la afirmacin del 72% de las entrevistadas.Finalmente, respecto al trato, las obreras han denunciado que son insultadas,algunas de ellas golpeadas e incluso, han sido objeto de abuso sexual por partede jefes y vigilantes.

    En resumen, dolencias permanentes, desmayos, desnutricin, depresin,stress, enfermedades contagiosas y crnicas, es el saldo respecto a la salud delas obreras. Frente a esta situacin, ellas optan por abandonar el trabajo y des-cansar un perodo como desempleadas, antes de ingresar a otra fbrica, pro-vocndose as frecuentes rotaciones en el trabajo y una situacin de inestabili-dad laboral.

    Violacin de los derechos de las trabajadoras

    Para lograr las condiciones de trabajo que se acaban de mencionar, las empresasdesconocen los derechos de las trabajadoras establecidos en el Cdigo delTrabajo del pas. Las violaciones ms frecuentes son :

    - Prohibicin a organizarse en sindicatos.- Exigencia de una prueba de embarazo para obtener o permanecer en un pues-

    to de trabajo.- Negacin del perodo pre y post natal por maternidad.- Despido por embarazo.- Horas extras obligatorias.- Maltrato verbal y fsico.- Retraso en la incorporacin de las trabajadoras a los beneficios del Seguro

    Social (salud y accidentes), trabas para su libre acceso.

  • - Despidos injustificados, antes de cumplir el perodo de prueba o en cualquiermomento.

    - Hostigamiento para que renuncien el trabajo.- Negacin de permisos para atender a los hijos en caso de emergencia. - Trabajo continuo, sin descanso.- Hostigamiento y abuso sexual.

    La respuesta del Ministerio de Trabajo, como mediador de los conflictos entrepatrones y obreros, a las demandas de las trabajadoras no ha contribuido a mejo-rar el cumplimiento de sus derechos laborales. En efecto, aunque de una formano explcita, el gobierno favorece los intereses de las empresas en perjuicio delas trabajadoras. Por ello, en busca de solucin a sus demandas surgen, conmayor frecuencia, diferentes acciones colectivas: huelgas, tomas de recintosindustriales, tomas de carreteras, y paros en la fbrica. Conflictos que muchasveces han terminado con la intervencin de la fuerza pblica, solicitada por losempresarios. El saldo de estos conflictos es la dispersin, violencia, detencionese, incluso, el encarcelamiento de las trabajadoras, adems de circulacin entrelos empresarios de las listas negras con los nombres de las huelguistas paraque no sean contratadas por ninguna fbrica.

    Tendencias encontradas

    Las maquilas se instalan aprovechando las ventajas comparativas del atraso yde la pobreza del pas, esto es una numerosa poblacin trabajadora, altamenteproductiva, joven y calificada. Recursos humanos que se muestran ilimitadosdebido al enorme ejrcito de reserva que genera el desempleo y subempleomasivo. Igualmente, las maquilas se ven favorecidas por la falta de leyes y unsistema de justicia que establezcan controles a las empresas, en un Estado nacio-nal cada vez ms impreciso frente al capital transnacional.

    Las zonas maquileras se encuentran localizadas en las reas que contaban con lainfraestructura bsica para uso industrial (sistemas de comunicacin, transporte,centros urbanos prximos, etc.). En los pequeos centros urbanos prximos a laszonas maquileras, no se realizaron inversiones adicionales de manera planifica-da para la ampliacin de los servicios bsicos y el equipamiento social necesa-rio al crecimiento poblacional provocado por las maquilas. Estos centros urba-nos crecieron de forma espontnea, agravndose los problemas de vivienda,transporte y servicios bsicos.

    La calidad de vida de las obreras, medida en condiciones de vivienda y serviciosbsicos, tampoco parece haber mejorado. Segn la Encuesta de Hogares de

  • Propsitos Mltiples (1992) en el estrato de la poblacin urbana de ingresossimilares al promedio de las obreras, la proporcin de personas viviendo encuarteras y en casas improvisadas era de 7% y 1% respectivamente, mientrasque en el grupo estudiado es casi un tercio del total.

    La incorporacin de la poblacin femenina joven al empleo, est provocando elreemplazo de los padres (o las madres), por las hijas jvenes, como proveedoresprincipales del ingreso familiar. Sin embargo, los cambios en la esfera econ-mica no se reflejan en la modificacin de las relaciones de poder y autoridad alinterior del ncleo familiar.

    Las obreras encuestadas realizan todo o parte del trabajo domstico de sushogares: el 65% prepara la comida, el 96% lava su propia ropa y el 52% la detoda la familia, el 82% arregla la casa como tarea habitual, un 43% se encargade cuidar a los menores (hermanos, hijos) en las horas que permanecan en lacasa, un 69% hace las compras. Las personas que aparecen con mayor frecuen-cia como ayudantes en el quehacer diario de la casa son las mujeres (hijas, her-manas, madres) mientras que la participacin de los hombres (padres, maridos,otros hombres de la familia) en las actividades domsticas result poco signifi-cante.Con relacin a la toma de decisiones, las mujeres casadas o que viven en pare-ja, tienen una participacin mayor que el marido en las decisiones sobre losasuntos del hogar, la direccin del hogar y el trabajo domstico se encuentranbajo su responsabilidad. Los hombres siguen alejados de las responsabilidadesdomsticas.

    Tampoco se estn dando cambios en las relaciones entre la esfera econmica dela produccin, a cargo de las empresas maquiladoras, y la domstica, a cargo delas familias. Por el contrario, esta separacin se profundiza y adems agudiza lascondiciones de pobreza de la poblacin trabajadora, en la medida que los sala-rios no satisfacen adecuadamente las necesidades vitales de las obreras y susfamilias. Los parques industriales carecen de facilidades para atender las deman-das de servicios bsicos (guarderas, comedores, transporte adecuado y clnicasde salud) accesibles en el momento que se necesiten.

    No obstante que en algunos parques se empiezan a abrir guarderas, la mayorade las mujeres recurren a redes familiares para el cuidado de los hijos. Por ejem-plo, la solucin ms frecuente para las migrantes es dejar a sus hijos en suslugares de origen al cuidado de sus madres o hermanas, a las que envan parte

  • de sus salarios. As, estas redes familiares son la garanta de sobrevivencia parala poblacin urbana y rural ms pobre, ya que el acceso a servicios para el cui-dado de menores es una posibilidad real solamente para un reducido porcentajede obreras. Se observa pues una continuidad en las relaciones de interdepen-dencia del sector rural tradicional y el urbano moderno: anteriormente lasmujeres jvenes de las familias campesinas migraban a las ciudades para traba-jar como empleadas domsticas, en la actualidad lo hacen para incorporarse a lasmaquilas. En este sentido, la industria maquiladora se instala sin modificar lasrelaciones propias de las economas atrasadas, por el contrario, se sirven de estasrelaciones para desligar la produccin para el mercado de la produccin y repro-duccin domstica, en el mbito de la vida cotidiana y en la dimensin genera-cional.

    Los empresarios maquiladores no slo ignoran las dificultades de las trabajado-ras para solucionar el cuidado de sus hijos, sino que la maternidad de stasrepresenta un obstculo para el trabajo, y debido a ello bajo la amenaza de des-pido, las presionan para no tener otros. En efecto, los empresarios promocionanel uso de anticonceptivos y exigen la prueba de embarazo a las aspirantes de unempleo. En Villanueva, el 51% de las jvenes sealaron que en las fbricasdonde trabajan proporcionan gratuitamente anticonceptivos a las obreras que losoliciten. De esta manera, haciendo presin para reducir las tasas de fecundidad,las empresas interfieren en las decisiones de la vida privada de las trabajadoras.En el mediano, esta situacin probablemente tenga repercusiones en el incre-mento de las tasas de aborto en las zonas maquileras, hecho que aumentar losriesgos de salud reproductiva de las mujeres en un pas donde todas las formasde aborto son ilegales.

    En una encuesta realizada en Choloma (1992/93) se encontr que el ingreso percpita de las obreras superaba en menos de US$ 4 el lmite de pobreza urbanaestablecido por SECPLAN. Asimismo, se encontr que la suma de gastos (trans-porte, comida, cuidado de los hijos y alquiler) representaba el 80% del salariopromedio, sin contar el envo de dinero a la familia de origen en el caso de lasmigrantes. Cuando se pregunt sobre el destino del gasto, se constat que nin-guna de las obreras tena ahorros, ni haba comprado bienes inmuebles, o inver-tido en negocios o actividades productivas.

    Con respecto a las condiciones de salud, durante la semana anterior a la encues-ta cerca de dos tercios de las jvenes estuvieron enfermas, las dolencias ms fre-cuentes se relacionaron con las condiciones de trabajo. El 97% de las que estu-

  • vieron enfermas consultaron a un centro de salud, de stas el 75% acudieron ala clnica de la fbrica y slo el 22% al seguro social. El 91% de las encuesta-das sealaron la existencia de una clnica de salud en el lugar donde trabajan,pero la principal labor de stas es la de decidir si las trabajadoras deben o no serenviadas al Seguro Social. Las obreras opinan que las posibilidades de que lasenven al Seguro Social son pocas, depende de que el mdico o la enfermera dela clnica de la fbrica o del parque industrial lo estimen conveniente. Adems,las trabajadoras enfrentan el obstculo legal de que el derecho a los servicios desalud del Seguro Social se adquiere luego de dos meses de estar trabajando enla misma fbrica. En general, el 61% de las mujeres entrevistadas en Cholomadijeron que su salud haba empeorado desde que empez a trabajar.

    En una situacin de pobreza, de falta de oportunidades de empleo y de sobreo-ferta de mano de obra, el concepto de derechos de las trabajadoras pierde vigen-cia. De esta forma, la capacidad de negociacin obrera queda neutralizada y losempresarios pueden imponer las condiciones de trabajo. Otro factor que favore-ce esta situacin es la complicidad de las acciones gubernamentales, respaldan-do de manera incondicional a las empresas maquiladoras bajo la justificacin deque stas son la solucin al desempleo en el pas. Por ltimo, a solicitud de losempresarios, los organismos de seguridad intervienen frecuentemente en lasfbricas para desalojar e, incluso, detener a las trabajadoras en conflicto.

    Las estrategias de las obreras de las maquilas frente a la globalizacin

    Desde que se instalaron las maquilas, la poltica antisindical de los inversionis-tas ha sido evidente, refuerzan su actitud con el argumento de retirar la inversinde Honduras. En febrero de 1994 el director de la AHMA manifest que en lasempresas donde existen sindicatos la produccin disminuye considerablemente,surgiendo adems problemas de todo tipo. En el mismo ao un vocero delConsejo Hondureo de la Empresa Privada, afirmaba que la formacin de sin-dicatos en los parques industriales restara competitividad a Honduras y ahuyen-tara la inversin extranjera.

    La resistencia de los empresarios maquiladores a aceptar la organizacin de lastrabajadoras, ha sido tenaz. Desde que las maquiladoras se instalaron en el pas,se han producido una serie de conflictos (paros pasivos, tomas de fbricas, ytomas de carreteras) y mltiples intentos, casi siempre fallidos, de crear organi-zaciones sindicales con el apoyo de alguna federacin sindical y de sus lderes.

  • An cuando el Cdigo de Trabajo vigente en el pas establece el derecho a lalibre sindicalizacin, el Ministerio de Trabajo ha mantenido un bajo perfil en losconflictos entre empresarios y trabajadoras. De esta manera, el gobierno no secompromete a garantizar los derechos de las trabajadoras, contrariamente,demuestra mayor inters en asegurar la inversin extranjera.

    De otro lado, las organizaciones sindicales tradicionales, de carcter vertical ypatriarcal carecieron de una estrategia adecuada para captar al nuevo sector deobreras y reconocer sus caractersticas particulares. Las obreras vean en los sin-dicatos el peligro del despido y el miedo a la organizacin clandestina, una diri-gencia casi siempre ajena de las iniciativas organizativas y falta de credibilidaden los resultados a largo plazo.

    Parte de esos problemas tiene relacin con la dificultad de los dirigentes sindi-cales para entender que este sector, mayorita-riamente femenina y joven, pre-senta demandas especficas de gnero. En efecto, histricamente, las mujereshan sido relegadas en los pliegos de reclamos o se las consideraban de segundaimpor-tancia en las organizaciones integradas mayoritariamente por hombres.Para las obreras, la instalacin de guarderas infantiles, la atencin a sus denun-cias de abuso sexual y maltrato fsico, los despidos por embarazo y otras viola-ciones a sus derechos por causa de gnero, son problemas centrales y de igualrelevancia que un salario justo o una jornada de trabajo razonable.

    Estas trabajadoras, en su mayora sin experiencia organizativa, en condicionesde inestabilidad laboral, con salarios bajos, fcilmente substituibles y con esca-sa calificacin para acceder a un empleo en otros sectores de la economa, seencuentran en una situacin extremadamente vulnerable para defender sus dere-chos. No obstante, estas condiciones difciles de trabajo son la fuente de los ml-tiples conflictos de las trabajadoras con las empresas maquiladoras, dando lugara movimientos organizativos con la finalidad de formar sindicatos. Estos inten-tos son reprimidos sistemticamente (despidos, detenciones, maltrato fsico) conla intervencin de los organismos de seguridad del Estado para garantizar laseguridad de las inversiones.

    Los mecanismos de lucha de las trabajadoras han sido diversos: el paro delabores, manifestaciones ante los parques industriales, la negociacin directacon los empresarios, la ocupacin de los lugares de trabajo y la toma de carre-teras. Adems de las acciones tradicionales, las obreras establecieron estilos pro-pios, como los desmayos masivos durante las horas de trabajo, para defender susderechos, para explicitar el agotamiento por las largas jornadas de trabajo y laexigencia de mayor productividad.

  • Algunas de las medidas tomadas, como las manifestaciones ante los parqueindustriales y las tomas de carreteras, han involucrado la movilizacin de fami-liares, de organizaciones comunales, de organizaciones de mujeres, de la comu-nidad en general y de otros sectores a nivel local. El resultado es que se ha logra-do vincular el conflicto en la fbrica con el espacio de la comunidad y la fami-lia: la esfera productiva con la del consumo y la reproduccin. Asimismo, laparalizacin del trfico comercial en vas estratgicas de circulacin de perso-nas y mercancas result ser muy efectiva para llamar la atencin del conflictoa nivel nacional, conectando los problemas laborales de las obreras al contextoeconmico nacional. Los conflictos a veces tuvieron respuestas violentas, con larepresin directa de la fuerza pblica, la detencin, el encarcelamiento y el des-pido de trabajadoras.

    Ms recientemente a travs del movimiento sindical, de las asociaciones deconsumidores y de otras organizaciones civiles como las de mujeres se ha empe-zado a canalizar las denuncias sobre la violacin de los derechos de las obrerasmaquiladoras, a los pases centrales, Estados Unidos y Europa. Estas denunciashan llegado incluso al Congreso de los Estados Unidos, como el caso de la obre-ra Leslie Rodrguez (15 aos), despedida de la Z I P Galaxi y afiliada a laFederacin de Sindicatos de Honduras, quien ha denunciado ante la Comisin deTrabajo del Senado de los Estados Unidos los atropellos que sufren las obreras2 1.

    La vinculacin con organizaciones en los pases centrales, ha dado lugar a la inter-vencin de las empresas compradoras de los productos de las maquilas cuestiona-das, reforzando as el movimiento global por la ropa limpia, esto es, producidaen condiciones de respeto de los derechos humanos de las trabajadoras.

    El movimiento sindical del pas, tradicionalmente con liderazgo masculino, estasimilando lentamente la dimensin de gnero, a entender y respetar las dife-rencias entre trabajadores hombres y mujeres. Consiguientemente, la Federacinde Trabajadores de Honduras (FITH) y la Federacin Sindical de TrabajadoresDemcratas de Honduras (FESITRADEH) realizaron en marzo de 1997 laPrimera Conferencia de Mujeres en la Maquila, con el objetivo de defenderlos derechos laborales de las trabajadoras en las maquilas. Los dirigentes sindi-cales sealaron que las maquilas no respetan el Cdigo de Trabajo, producin-dose acontecimientos como la prohibicin para organizarse, maltrato fsico,acoso y abuso sexual, bajos salarios, discriminacin por embarazo y largas jor-nadas de trabajo (14 horas)22.

    21 El Heraldo, 23/11/94.22 Nuevo Diario, marzo, 1997.

  • La intervencin de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT), ha contri-buido a un mayor conocimiento de la situacin y las necesidades de las trabaja-doras de las maquilas, apoyando a la capacitacin del sector sindical. En elmismo sentido, el director de la OIT para Amrica Central, Ian Chamber, hasealado que frente al grave problema del desempleo en la regin, los gobiernosestiman prioritario incrementar las fuentes de trabajo a travs de la maquila, sinimportarles las consecuencias negativas como las deplorables condiciones detrabajo que stas traigan. En efecto, las maquilas representan una importanteopcin de trabajo para las mujeres jvenespero en algunas ocasiones lascondiciones laborales que se ofrecen en trminos de salud y dignidad bsica noson tan buenas23.

    Las organizaciones de derechos humanos, en particular las que forman parte dela sociedad civil como el Comit Hondureo de Derechos Humanos, han juga-do un papel muy importante, apoyando a las trabajadoras y sirviendo de nexopara canalizar sus denuncias al Estado y a nivel internacional. Recientemente,dicha organizacin particip en una reunin en los Estados Unidos, conjunta-mente con el Comit Laboral de los Estados Unidos, el grupo de firmas queadquiere el 80% de la produccin de las maquilas de Honduras y otras organi-zaciones representantes de El Salvador y Guatemala. El objetivo de la mencio-nada de reunin fue el de monitorear el desempeo de las maquilas en cada pas.El monitoreo consiste en que un grupo de personas provenientes de diferentesorganizaciones (CODEH, iglesia, comit de mujeres), tengan la libertad dehacer propuestas para mejorar las condiciones de las obreras en las maqui -las24. En lo interno, las organizaciones de derechos humanos contribuyen aregistrar y a documentar las denuncias de las obreras, a orientar procesoslegales, y a incidir polticamente sobre las condiciones de trabajo de las obrerasen los espacios de concertacin nacional e internacional.

    Otro segmento importante que tambin participa en el desarrollo de una visinglobal de las acciones de defensa de los derechos humanos de las trabajadoras,es el de las organizaciones de mujeres. Estas organizaciones aportan y transfie-ren a las obreras sus experiencia en acciones globales (a escala de la subreginy el resto del mundo), y al mismo tiempo ofrecen espacios del trabajo cotidia-no, compartido con los grupos y organizaciones de mujeres en las barriadasdonde residen las obreras. Incorporando la dimensin de gnero, las organiza-ciones de mujeres han brindado capacitacin sobre los derechos de las obreras

    23 Nuevo Da, 2/4/97.24 El Heraldo, 3/4/97, p.30.

  • y han creado espacios de reencuentro para que las trabajadoras de las maquilaspuedan encontrarse fuera de la fbrica. Igualmente, algunas de estas organiza-ciones generan servicios de apoyo para las obreras (guarderas, comedores, cen-tros de capacitacin, educacin, orientacin en salud), canalizan recursos, sonsolidarias, desarrollan estrategias de negociacin, sostienen actividades cultu-rales y recreativas, y en general contribuyen al desarrollo humano dignificandola vida. Por ltimo, las organizaciones de mujeres representan el nexo paradivulgar la poltica feminista y mostrar su dimensin global, mediante las coor-dinaciones que establecen con otras organizaciones similares en el pas, laregin y el resto del mundo. De este modo, las organizaciones de mujeres al vin-cularse con el nivel local, con la comunidad, el barrio, los grupos de mujeres,representan un puente entre las acciones locales y globales.

    Recientemente, se ha creado una Red Centroamericana de Mujeres enSolidaridad con las Trabajadoras de las Maquilas, integrada por diversas orga-nizaciones autnomas de mujeres de Honduras, Guatemala, Nicaragua, y ElSalvador. La red busca incorporar una estrategia que integre la perspectiva degnero y de clase, tal que permita a las organizaciones miembros el apoyo a lasmujeres trabajadoras de las maquilas en sus respectivos pases. Esta red, al tenerun carcter regional, posibilita el monitoreo y seguimiento de las acciones de lasempresas respecto a los derechos humanos, para luego denunciar y tomar medi-das u otras acciones concretas. Asimismo, la red se propone iniciar una campaaa nivel regional para sensibilizar la opinin pblica de Centro Amrica sobre lasituacin de las obreras de las maquilas en la regin25.

    Por su parte, las organizaciones locales de mujeres favorecen la relacin con lapoblacin consumidora de los pases centrales, mediante el envo de informa-cin y la realizacin y divulgacin de investigaciones (a travs del intercambiode materiales de centros de documentacin) y generando una comunicacin dedoble va: dan a conocer la situacin a nivel nacional e informan localmentesobre las acciones de solidaridad en los pases centrales.

    El impacto de todas estas acciones de los diferentes sectores y sobre todo de laspropias obreras, aunque con logros limitados, empiezan a vislumbrarse. En efec-to, en algunas ZIP estn mejorando las relaciones de trabajo, hay menos denun-cias de conflictos laborales y se anuncia la apertura de guarderas en algunosparques. En los ltimos meses de 1997, el tratamiento de las noticias en los per-

    25 Ramos Lpez S., ponencia presentada en el Seminario Maquila, y equidad genrica, Christian Aid,Guatemala, noviembre, 1997.

  • idicos sobre los parques industriales, ponan el acento en las reivindicacionesconcretas (condiciones de salud de las obreras), en la necesidad de la instalacinde oficinas del Ministerio de Trabajo en los parques y denunciaban la especula-cin y mala calidad de las viviendas en los centros donde se localizan losparques y sealaban las maquilas que aceptaron la formacin de sindicatos.

    Como seala Win Diercksens, El Movimiento Mundial ha comenzado a denun -ciar el abuso infantil y el trabajo forzado en el mundo por parte de subsidiariasde las transnacionales, como ocurri a principios del siglo pasado enInglaterraCon frecuencia observamos como organizaciones de consumidoresboicotean la importacin o consumo de productos dainos. A las actividades delas organizaciones de consumidores podemos agregar las demandas y exigen -cias que plantean organismos de derechos humanos26. Agregara tambin aestos movimientos a las organizaciones feministas y a todas aquellas que com-partan la idea de que para construir alternativas frente al neoliberalismo, serequiere construir un sujeto social colectivo, moral, tico y solidario.

    26 Mier S., Conformacin de la sociedad civil como sujeto social y tico, en Teologa y Ciencias Humanas, Mxico D.F., LXII, 1977.

  • Honduras en cifras

    Superficie 112,492 km2

    Poblacin 5.7 millonesPoblacin urbana 46%PBI per cpita anual US$ 597

    Poblacin pobre e indigente 74%- Pobres 22%- Indigentes 51%

    Mujeres pobres e indigentes 78%- Pobres 13%- Indigentes 65%

    Salario mnimo US$ 54

    Poblacin de 10 aos y ms 32%

    Efectos del ajuste estructural en cifras

    Rubro 1989 1995Inflacin 10% 30%

    Ingreso per cpita US$ 1,122 US$ 500

    Tasa de cambio 2 Lps x 1 dlar 12 Lps. x 1 dlar

    Presupuesto del Estado US$ 1,308 millones US$ 810 millones

    Poblacin pobre 69% 71%

    Presupuesto pblico anual destinado a la salud US$ 124 millones US$ 92 millones

    Deuda externa US$ 4,200 millones

  • Datos comparados por sexoRubro Mujeres HombresPoblacin total 50% 50%Poblacin urbana 52% 48%Tasa de cobertura escolar (poblacin de 7 a 13 aos) 87% 86%Poblacin alfabeta 72% 72%Esperanza de vida al nacer 71 66Tasa de matriculacin segn ndice de desarrollo humano 61% 59%Puestos ejecutivos y de gerencia 30.6% 69%Puestos profesionales y tcnicos 50% 50%Escaos en el parlamento 8% 92%Tasa de mortalidad exclusiva por departamentos 15 por cien mil 7 por cien mil

    Datos sobre la participacin de la mujeres en la economaPEA 30%PEA asalariada 53%Sector asalariado privado 50%Sector cuenta propia (sobre el total de no asalariados) 80%

    Datos sobre la salud de las mujeresMujeres en edad reproductiva 48%Mortalidad materna 221 por cien milMuertes por cncer de cervix en relacin a las muertes por tumores 40%Tasa global de fecundidad 5 hijos por mujerMuertes por violencia domstica 8 casos por mesMujeres mayores de 10 aos sin o con menos de tres aos de escolaridad 39%