mirta varela

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“Memoria y medios de comunicación, o la coartada de las identidades”. Mirta Varela Universidad de Buenos Aires – Argentina Profesora e investigadora adjunta Lic. en Letras (UBA) – Magister en Sociología de la Cultura (IDAES) e.mail: [email protected] Ponencia preparada para el V Congreso latinoamericano de Ciencias de la Comunicación, organizado por ALAIC (Asociación

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Memoria y medios de comunicacin,

Memoria y medios de comunicacin,

o la coartada de las identidades.Mirta Varela

Universidad de Buenos Aires Argentina

Profesora e investigadora adjunta

Lic. en Letras (UBA) Magister en Sociologa de la Cultura (IDAES)

e.mail: [email protected] preparada para el V Congreso latinoamericano de Ciencias de la Comunicacin, organizado por ALAIC (Asociacin Latinoamericana de los Investigadores de la Comunicacin), Santiago de Chile, 26-29 de abril del 2000.

Resumen:

El discurso de la memoria ha sido objeto de diversas interpretaciones en el mbito de las Ciencias Sociales durante los ltimos aos, al tiempo que se converta en una especie de obsesin cultural frente a posiciones posmodernas acusadas de amnsicas. Por otra parte, en muchos pases de Amrica Latina la recuperacin de la memoria reciente ha tenido un alto contenido poltico en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, la defensa de la memoria tambin ha sido objeto de reivindicaciones neo romnticas en nombre de una identidad comn. El objetivo del presente trabajo es revisar distintos aspectos de la relacin entre memoria y medios de comunicacin, a partir de la consideracin de los medios de comunicacin como eje articulador de la construccin de subjetividades.

La memoria ha sido abordada desde diversos puntos de vista durante los ltimos aos en el mbito de las Ciencias Sociales. Frente a posiciones posmodernas acusadas de amnsicas, donde la historia es presentada sin espesor y sin conflicto, la memoria fue impuesta desde ciertos mbitos como una voz obstinada, una forma de resistencia y una reivindicacin poltica. De manera que cualquier reflexin sobre el lugar que ocupan las investigaciones sobre este tema en el campo de las Ciencias Sociales y aun en la sociedad (o sobre todo en ella), debe tomar necesariamente en consideracin el lugar de legitimacin que el discurso sobre la memoria conlleva en los pases que han sido atravesado por fracturas polticas, sociales e institucionales, como es el caso de muchos pases latinoamericanos donde se ha convertido en una bandera poltica, especialmente entre agrupaciones de derechos humanos. La memoria frente al olvido propiciado activamente por los culpables de crmenes de lesa humanidad y tambin por sectores polticos que en nombre de la pacificacin necesitan echar un manto de olvido sobre un pasado que podra presentar alternativas para el futuro.

Estos discursos sobre la memoria se presentan como complementarios de aquellos provenientes de las Ciencias Sociales que tienen como objetivo la recuperacin del punto de vista de los sujetos: la legitimacin de voces ocluidas y la diversificacin de las perspectivas desde las cuales se cuenta la Historia. Frente a los discursos totalizadores de la dominacin, la historia oral, la microhistoria, la etnografa, as como los estudios culturales, han celebrado la incorporacin discursiva para la interpretacin de los procesos sociales, tanto como la legitimidad de la voz de los oprimidos. Sin embargo, el devenir de estas perspectivas tericas supone una tensin implcita con el esfuerzo poltico por construir un discurso contrahegemnico, que deriva en una situacin paradojal. Fragmentacin y diferencia que no significan lo mismo en el plano poltico que en el plano cultural. Dnde y cmo cruzar las reivindicaciones de gnero, las tnicas o las religiosas con las ms literalmente polticas? Las respuestas pueden ser muy variadas, pero la pregunta parece reducirse en ltima instancia, tanto desde la problemtica de la memoria, como probablemente desde cualquier mbito de discusin en este campo, al nudo contemporneo de los lmites para el relativismo cultural, o qu hacer con los valores y particularmente con aquellos que nos constituyen, esto es, que forman parte de la identidad y que por eso mismo parecen soportar un plus de valor aadido.

Mi intencin en este trabajo es presentar algunos problemas ligados al modo en que ha sido tratado el discurso de la memoria desde distintos marcos de anlisis, sin pretensin de sistematizacin o exhaustividad, sino con el objetivo de extraer algunas conclusiones acerca de las posibilidades de trabajo en la relacin memoria y medios de comunicacin. Para ello voy a presentar, en segundo lugar, dos casos en los que la memoria ocupa un lugar central para la investigacin en este campo, con la conviccin de que esta relacin todava no ha sido suficientemente trabajada y que, a partir de las preguntas que suscitan las investigaciones podramos llegar a plantear algunas cuestiones de inters.

I. Historia, memoria y olvido

La relacin entre Historia y memoria tendra muchas aristas posibles, entre las cuales me interesa abordar aqu el hecho de que supone dos concepciones historiogrficas distintas. No parece necesario discutir todava la concepcin de la Historia como ciencia objetiva de los hechos ya que, desde hace mucho tiempo, innumerables historiadores han logrado consenso en torno a su imposibilidad, sino, en todo caso, revisar el modo en que se ha presentado la relacin Historia y memoria desde los abordajes de la Historia cultural que han primado en los ltimos aos. En este sentido, creo que hay dos ejes centrales desde los cuales se ha articulado esta relacin: la recuperacin de la subjetividad, es decir, la valoracin del punto de vista de los sujetos y su consideracin en tanto agentes de los procesos histricos, por un lado, y la concepcin de la Historia en tanto discurso o narratividad.

Respecto del primer punto, hemos mencionado antes el peso que la Historia oral, por un lado, y la Microhistoria, la Etnohistoria, o la Historia de los sectores populares ha tenido en este sentido. Es decir, que la recuperacin de la subjetividad supone as la fragmentacin de discursos totalizadores o el nfasis en lo microsocial antes que en lo macro. No voy a profundizar aqu en este punto que ha sido motivo de innumerables debates en distintos mbitos disciplinarios: la relacin entre lo micro y lo macro, la validez de un paradigma indiciario o la posibilidad de generalizar dentro de lo particular. Pero s me interesa apuntar cmo este debate se reproduce de manera invertida cuando lo que se discute es el concepto de memoria colectiva. A pesar de que el clsico trabajo de Halbachs ya ha cumplido 50 aos, el concepto de memoria nunca deja de estar completamente anclado en la psicologa individual. Sin embargo, ese pasaje de la memoria individual a la memoria colectiva resulta clave para nuestro trabajo ya que se fundamenta en la capacidad de la memoria para la constitucin de la identidad del sujeto.

La memoria garantiza la continuidad temporal de la persona desde el presente vivido hasta los acontecimientos ms lejanos de la infancia y funciona como soporte para la infinidad de recuerdos diferenciados. Al respecto, como seala Ricoeur (1999), uno de los puntos crticos consiste en defender conjuntamente la diferenciacin entre los mltiples recuerdos y la continuidad indivisible de la memoria. [] los recuerdos se distribuyen y se organizan en niveles de sentido o en archipilagos separados posiblemente mediante precipicios, y que la memoria sigue siendo la capacidad de recorrer y de remontar el tiempo, sin que nada en principio pueda impedir que contine sin solucin de continuidad ese movimiento.

El necesario pasaje de la memoria individual a la memoria colectiva proviene del hecho de que uno no recuerda solo sino con la ayuda de los recuerdos de otro y que, inclusive, nuestros presuntos recuerdos se han tomado prestados de los relatos contados por otro (Ricouer, 1999). Por otra parte, nuestros recuerdos se encuentran inscritos en relatos colectivos reforzados mediante conmemoraciones y celebraciones pblicas, as como por monumentos y lugares pblicos de alto voltaje simblico que Pierre Nora (1992) llam lugares de la memoria. La memoria, de esta manera, est en la base de la constitucin de las identidades sociales, polticas y culturales y, en la concepcin de estos autores, de manera particular en las identidades nacionales.

De esta manera, los Estados nacionales, aunque tambin podramos agregar otro tipo de instituciones segn la comunidad de la que estemos hablando, construyen relatos, monumentos, lugares para la memoria. Podramos agregar, siguiendo a Yerushalmi (1989) que la memoria colectiva se define como movimiento dual de recepcin y transmisin, que se contina alternativamente hacia el futuro. Ahora bien, lo que la memoria retiene es aquella historia que pueda integrarse en el sistema de valores. El resto es ignorado, olvidado. Es decir que la memoria est directamente relacionada con los valores del presente, el camino por el que se marcha y que por lo tanto, del pasado slo se transmiten los episodios que se juzgan ejemplares o edificantes para los valores actuales de una sociedad.

Esta concepcin en buena medida homeosttica de la historia es muy propia de las tradiciones orales. La memoria tiene un costo que slo debe mantenerse en funcin del presente. Es imperativo conservar, pero tambin resulta indispensable una cierta dinmica de cambio cultural que, segn las sociedades puede tender a la conservacin de relatos (y valores) o a la ruptura de los esquemas precedentes. Este difcil equilibrio entre la memoria y el olvido vuelve tan compleja la dinmica de la memoria colectiva.

Ciertos momentos histricos se presentan agobiados por la presencia de la Historia. Y obviamente estoy pensando en la clebre referencia a Nietzche cuando dice que es absolutamente imposible vivir sin olvidar y de lo que se trata es de saber olvidar adrede, as como sabe uno acordarse adrede; es preciso que un instinto vigoroso nos advierta cundo es necesario ver las cosas histricamente y cundo es necesario verlas no histricamente. Sin embargo, no parece que ste sea el caso del momento histrico por el que estamos atravesando. Desde las versiones ms banales que decretaron el fin de la historia hasta el modo en que la misma es presentada desde las estticas posmodernas, todo indica que, en todo caso, nuestros excesos de historicismo han cambiado de signo. Porque, y aqu radica la paradoja, la acumulacin de relatos, historias e informaciones no supondra ms que otra forma de amnesia ms sutil.

Estamos frente a un doble movimiento que supuso, como seala Terry Eagleton (1997) la parodia de la Historia y del Marxismo en particular y por lo tanto el desprestigio de la Historia concebida como teleologa (aunque como seala Eagleton historizar no es de ninguna manera un asunto exclusivamente radical) y, al mismo tiempo, la concepcin de la historia como un asunto en constante mutacin, exuberantemente mltiple y de final abierto, una serie de coyunturas o discontinuidades que slo una violencia terica puede juntar en la unidad de una narracin nica. De esta manera, el impulso a historizar se transforma en su opuesto: presionado hasta el punto en que las continuidades simplemente la disuelven, la historia se vuelve una galaxia de coyunturas aisladas, un racimo de eternos presentes, lo que es decir apenas una historia. Nuevamente esta tensin entre la unidad y la fragmentacin, la continuidad y la discontinuidad.

Esta exaltacin historicista se da en todos los mbitos pero particularmente en los medios de comunicacin: desde el cine de masas (Jameson, 1999) hasta las nuevas tecnologas de comunicacin que -como seala Andreas Huyssen (1999)- hacen que los triunfalistas del ciberespacio se permitan fantasas globales a la McLuhan con la idea de archivo total. De all la paradoja de este asunto que consiste en que el cargo de amnesia invariablemente surge en el marco de la crtica a los nuevos medios, cuando precisamente son estos medios de la televisin al CD-Rom y a Internet- los que nos permiten disponer de mayor cantidad de memoria. Y agrega una pregunta inquietante: qu ocurrira si ambas observaciones fueran ciertas, si el boom de la memoria inevitablemente viniera acompaado por un boom del olvido?

II. Memorias de la recepcin

Despus de este breve recorrido por algunas cuestiones relativas a las relaciones que se plantean contemporneamente entre la Historia, la memoria y el olvido, quisiera presentar, en esta segunda parte, algunos problemas que se me han planteado frente a dos investigaciones empricas donde la relacin entre memoria y medios de comunicacin ocupa un lugar central. En el primer caso, se trata de un trabajo sobre la reconstruccin histrica de la primera dcada de la televisin en la Argentina (1951-1960), donde un captulo est dedicado a la memoria de las audiencias sobre esa primera etapa. En el segundo caso, se trata de una investigacin que est en sus comienzos sobre la memoria de los consumos culturales durante la ltima dictadura en la Argentina (1976-1983). Me interesa contraponer los problemas suscitados en uno y otro caso ya que se trata de perodos bastante distantes en el tiempo (me refiero al punto de vista de la memoria, no de la Historia, obviamente) y sobre todo, porque trabajan sobre materiales muy diferentes entre s.

La construccin de la identidad televisiva

La primera dcada de la televisin argentina se recorta fcilmente como un perodo aislado dentro de la historia del medio en el pas. La televisin inicia sus trasmisiones regulares el 17 de octubre de 1951, con las trasmisiones de Canal 7 de Buenos Aires, que haba sido instalado mediante una inversin del Estado nacional. Este contina siendo el nico canal de televisin en todo el pas hasta 1960, cuando comienzan a funcionar varios canales privados en Buenos Aires y otras zonas del pas. La instalacin de estos canales no slo produce un cambio radical para la televisin argentina sino que modifica sustancialmente el panorama de los medios de comunicacin en el pas. Quizs sea recin entonces cuando se puede pensar la televisin como un medio masivo de comunicacin en la Argentina.

Sin embargo, el perodo inicial de la incorporacin de la televisin adquiere caractersticas distintivas ya que supone un proceso de apropiacin y uso de una nueva tecnologa de comunicacin que ha sido descripto como un proceso de domesticacin de la tecnologa (Silverstone, 1994), es decir, incorporacin a la vida cotidiana en el mbito domstico, sus ritmos y destrezas de uso.

La etapa sobre la cual desarrollamos este trabajo se presenta como un momento tensionado por la necesidad de adaptacin de un medio que haba sido inventado y desarrollado en otro contexto social y cultural y que, adems, no logra imitar acabadamente ninguno de los modelos preexistentes: ni la televisin pblica europea, ni la televisin comercial estadounidense, que recin en la dcada siguiente conseguir convertirse en modelo definitivo en el pas. Pero esta misma indefinicin vuelve a la televisin un medio ms permeable a propuestas innovadoras y a la experimentacin con sus posibilidades tcnicas, en un contexto poltico social complejo, en el que se producen cambios importantes en la Argentina.

Cada aspecto de la reconstruccin de ese perodo exigi un tratamiento particular que de ninguna manera pretendi ni logr agotarla. Me limitar aqu, sin embargo, nicamente a lo que se refiere a la memoria de las audiencias. Con la intencin de reconstruir la recepcin del medio en esa etapa inicial, utilic entrevistas a personas que vieron televisin durante ese perodo. Trabaj con un corpus de 300 entrevistas realizadas por alumnos de la Carrera de Ciencias de la Comunicacin de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Fueron realizadas a familiares de los alumnos o personas pertenecientes a la generacin de sus padres y abuelos en 1989 y 1995. Se trataba de entrevistas abiertas de tipo biogrfico, que tenan como objetivo reconstruir la relacin de los entrevistados con los medios de comunicacin. La televisin ocupaba el mismo lugar que los dems medios, de all que a veces no apareciera espontneamente y otras apenas se mencionara. A este material se suman tres entrevistas con caractersticas similares que realic personalmente en mayo - junio de 1996, pero centradas en la relacin con la televisin. Este material permiti jerarquizar algunos programas para un anlisis posterior a partir de la memoria que quedaba de los mismos.

La reconstruccin del proceso de construccin social de la televisin, a pesar de la cercana histrica, exigi una perspectiva que podramos caracterizar de arqueolgica. Se trata de la prehistoria de un medio de comunicacin que en la actualidad tiene caractersticas muy distintas a las que podan preveerse en ese entonces y del que no podemos tener a la vista ms que fragmentos deshilvanados. No contamos con ningn material emitido por la televisin de ese perodo. Toda la programacin se transmita en vivo ya que no se contaba con video tape, pero tampoco se utiliz ningn otro recurso para el resguardo de material parcial. A la habitual dispersin de fuentes que supone la reconstruccin de cualquier objeto en historia cultural, sumamos la escasez de las. Esto nos llev a realizar una reconstruccin oblicua y fragmentaria, que est atravesada por metodologas diversas.

En cuanto a las entrevistas a la audiencia, especficamente, los problemas que suelen plantear los trabajos en recepcin (ya sea que se trate de lectores o de audiencias) se refieren bsicamente a los lmites de la interpretacin, la tensin entre la libertad del sujeto o los condicionamientos sociales, la distancia entre la interpretacin del crtico y los sujetos populares. En todos los casos, sin embargo, el investigador conoce los textos que son objeto de discusin, realiza sus propias interpretaciones, ms o menos distantes respecto de las de sus lectores. Aqu, en cambio, nos hemos enfrentado a una textualidad hipottica, y los lmites provienen de los filtros y mediaciones a los que debemos recurrir para su reconstruccin y lectura. Se vuelve ms difcil comparar las interpretaciones de la audiencia con aquellas que surgen de la investigacin, porque no se est trabajando con el mismo texto en uno y otro caso. De all que los puntos ms salientes que plantea una reconstruccin de este tipo consisten, por un lado, en el modo en que los sujetos populares se relacionan con la tecnologa durante una etapa incipiente del medio y, por otro lado, en cmo la apropiacin del medio por parte de los mismos, supone su consideracin como un elemento constitutivo de la identidad cultural.

Si bien lo sealado hasta aqu no presupone un problema ajeno a la historia cultural, es importante plantear algunas especificidades respecto de las posibilidades que ofrece la reconstruccin de un objeto tan prximo y distante a la vez. Prximo en el tiempo para los parmetros de la historia, distante para las experiencias de los sujetos que han adquirido enormes competencias sobre el medio a posteriori. Como seala Mata (1991) respecto de la peculiaridad de la memoria de la audiencia radiofnica: se trata de una experiencia no acabada. Es decir, adems de contar con la posible modificacin de los informantes, la materia misma de nuestra historia era cambiante y actual. [] En consecuencia, no hay memoria sobre el medio que no contenga tambin el presente, que no est marcada por l. Se trata de un objeto prximo para estos sujetos, que muchas veces consideran a los medios como un elemento fuerte de su propia constitucin identitaria y que suelen organizar su relato desde el principio de la nostalgia, todo lo cual produce una serie de dificultades para lograr una perspectiva adecuada durante la investigacin.

La peculiaridad del momento sobre el que trabaj en esta investigacin a diferencia del trabajo citado de Mata, por ejemplo- es que intent centrarme en el momento de emergencia del medio y por lo tanto, de constitucin de una posible identidad cultural en sus audiencias. Los entrevistados insistieron en recordar la televisin de los 50 como un objeto tecnolgico o en todo caso como un electrodomstico; recordaban el televisor antes que la televisin; el uso del aparato antes que su programacin. Es recin a fines de esta dcada y la primera mitad de los sesenta en que se comienza a tener memoria de ciclos, actores o publicidades que son recordados por una audiencia considerable en cuanto a su nmero, cuando esos sujetos perciben la televisin como un elemento constitutivo de su identidad cultural. Y de manera ms enftica aquellos que eran nios o adolescentes durante esa etapa, es decir que son marcados por su programacin. La televisin de entonces es presentada por estos sujetos desde la nostalgia de su infancia o adolescencia y tambin desde un tipo de recepcin cargado de ritualidad que desapareci respecto del consumo del medio en la actualidad. Para los adultos, la radio segura siendo un medio ms clido durante toda esa etapa y tambin hoy, desde la memoria sobre la misma.

La palabra de las audiencias sirve fundamentalmente, en este caso, para reconstruir el modo en que los sectores populares han constituido su identidad con prcticas relativas a los medios de comunicacin, con fragmentos de sus discursos, con modelos y relatos que circularon por su pantalla. De all que resulte difcil sustraerse a la valoracin que los mismos realizan de la televisin de entonces y que investigaciones de este tipo hayan sido utilizadas como una reivindicacin a secas de los valores del medio.

Memoria y dictadura: la identidad negada

Referirse a la memoria de la ltima dictadura en la Argentina ha presupuesto en los trabajos sobre el tema la idea de trauma vinculada a la represin, en la frontera entre el recuerdo y el olvido, la transparencia y la oclusin. Es decir que, frente a los edulcorados y nostlgicos recuerdos de los shows musicales, los galanes y los cmicos, se nos presenta la memoria como un ncleo duro y peligroso. La memoria exige en este caso un trabajo que supone la reconfiguracin del pasado a travs del tamiz de los relatos posteriores. Los recuerdos de los sujetos pugnan con el discurso que los partcipes de la dictadura sostuvieron sobre s y el modo en que esos mismos sujetos los interpretaron entonces, as como con los discursos que circularon a posteriori. El lugar de los medios de comunicacin tambin aqu ocupa un lugar central, aunque bien distinto del que comentramos ms arriba.

El funcionamiento de los medios de comunicacin en durante ese perodo todava tiene pendiente una investigacin exhaustiva, pero basta revisar cualquier medio de alta tirada, especialmente de los primeros aos de la dictadura, para constatar la fuerza de un discurso transparente en su univocidad. Como seala Sarlo en un texto de 1987, el discurso autoritario propone una visin de s misma que es a la vez transparente y opaca. La transparencia se origina en la nitidez con la que se exponen los valores y las regulaciones a las que una sociedad se somete para conservarlos. [] Se trata de una transparencia abstracta e ilusoria frente a una opacidad real de las relaciones tal como son efectivamente vividas, en un marco donde la produccin de sentidos es monopolizada por el discurso de estado y su reproduccin en espejo en los grandes medios de comunicacin de masas. De aqu se sigue que en el caso de que existieran alternativas al discurso autoritario, stas no pasaron sino excepcionalmente por las publicaciones de alta tirada y en todo caso las formas de resistencia se ubicaron en zonas fragmentarias y proclives a la produccin de discursos ms opacos: la poesa, la literatura y el arte en general.

Si bien este punto nos llevara a otro terreno terico (las relaciones entre el arte y los medios de comunicacin) creo que es posible sostener la hiptesis de que los medios reprodujeron el discurso autoritario de manera monoplica a travs de una censura sufrida o ejercida voluntariamente. De manera que la memoria de la recepcin de los medios durante ese perodo est atravesada por voces que no eran odas entonces y reconfigurada por los discursos posteriores sobre la dictadura: discursos provenientes de los medios en los aos de transicin a la democracia que incluyen la palabra de la dirigencia poltica, de intelectuales y artistas censurados y emigrados, imgenes documentales, reconstrucciones y por supuesto tambin ficciones que desde la literatura y el cine fijaron ciertas versiones de la historia. La reconstruccin de la memoria puede ser asimilada, en este caso, al anlisis de Sturken (1997) sobre la memoria de los veteranos de Vietnam sobre la guerra. Ellos dicen que han olvidado de dnde provienen algunas de sus memorias: si de su propia experiencia, de fotografas documentales o de las pelculas de Hollywood.

Esto supone, sin embargo, que las imgenes fotografiadas, filmadas o en video tape pueden plasmar y crear memorias, pero tambin tienen la capacidad, a travs del poder de su presencia, de obliterarlas. De all que para Sturken sea necesario examinar el rol de la imagen en la produccin tanto de la memoria como la amnesia, tanto la memoria cultural como la historia. Tanto la memoria como la amnesia adquieren, en este caso, sentidos contradictorios: ambas pueden ser activas, voluntarias, traumticas o culposas. Entre esas contradicciones resulta difcil rastrear a dnde ha ido a parar la capacidad de los medios de comunicacin para constituir identidades: si los medios funcionaron como reproductores del discurso oficial, cmo identificarse con el discurso de los represores. Es posible separar ambas instancias? O siempre est presente esta fractura traumtica en los sujetos constituidos de esta manera?

Al mismo tiempo, cabe pensar que la reflexin sobre la relacin entre memoria / medios de comunicacin e identidad cultural durante este perodo, rompe necesariamente con cualquier posible nostalgia y vuelve ms evidente algo que puede quedar opacado en otros discursos y es que las identidades estn constituidas por elementos contradictorios. Lo que nos constituye en tanto sujetos no es necesariamente bueno y lo que la memoria organiza en forma de relato que le da continuidad a los recuerdos y que generalmente est teido de nostalgia, tampoco puede valorarse de otra forma por ello. El crculo epistemolgico que implica la afirmacin contraria, no debiera exigir mayores aclaraciones si no fuera por la omnipresencia de un discurso que constata antes que interroga la existencia de identidades culturales por doquier.

Identidades fracturadas, culposas o negadas que buscan su afirmacin en la memoria de una resistencia frecuentemente construida o la provocacin de una nostalgia cultural que haga abstraccin de la poltica. De esta manera se ha llegado, por ejemplo, a la reivindicacin del cine de la dictadura que pona en escena a los parapoliciales en tanto cine bizarro y celebracin del kitch. Creo que nada ilustra mejor esta tendencia -en el caso de los medios argentinos- que la existencia de un canal completo dedicado a la reposicin de la programacin de televisin y cine nacionales de otras pocas, llamado Volver. Se trata de una incitacin a la nostalgia que no distingue perodos histricos ni vaivenes polticos de los medios: repone comedias familiares de los 60, junto a telenovelas de la ltima dictadura y cine de la transicin a la democracia. Todo cabe dentro de la programacin y todo es material para la memoria.

La distincin que he sealado a propsito de las dos investigaciones a las que he hecho referencia en este trabajo intentan colocar una alerta en relacin con la acumulacin fcil de materiales para la memoria. Obvio es decir que la relacin de las audiencias con los medios es contingente y que es necesario analizar cada caso en forma especfica. El momento de construccin de una identidad cultural, su emergencia histrica tiene, sin duda, algo de epicidad o cuanto menos, en el caso de la etapa de instalacin de la TV, de utopas tecnolgicas promovidas por las expectativas ligadas a un medio incipiente. El perodo de la dictadura, en cambio, slo puede promover discursos similares respecto de la capacidad de resistencia frente a los discursos dominantes. Se ha analizado, por ejemplo, la capacidad de la msica rock producida en el pas para aglutinar los jvenes durante ese perodo (Vila, 1985; Alabarces, 1993). Resulta imposible pensar que la televisin pudiera formar parte de un registro similar.

La comparacin de la funcin de los medios de comunicacin durante estas dos etapas puede servir, de esta manera para distinguir procesos de construccin de la memoria prcticamente opuestos. No se trata de valorar uno sobre otro: resulta tan sospechosa la nostalgia de una televisin lejana, como la exaltacin de una resistencia construida a posteriori. En ambos casos la relacin entre memoria / medios de comunicacin e identidades exige ser cuestionada. La hegemona meditica no deja de funcionar retrospectivamente y la acumulacin de fragmentos de memoria no debiera ser una legitimacin en s misma. Cabe observar junto a Huyssen- que la creencia conservadora de que la musealizacin cultural puede ofrecer compensacin para los estragos que causa la acelerada modernizacin en el mundo social es demasiado ideolgica. No reconoce que la cultura industrial desestabiliza cualquier tipo de seguridad que pudiera ofrecer el mismo pasado. La yuxtaposicin es desalentadora. Sin embargo, tambin puede brindar una pista: hoy ms que nunca memoria y amnesia no son trminos opuestos ni contradictorios. Se encuentran en los mismos parajes y resulta indispensable pensar sus implicancias de manera simultnea.

Bibliografa citada

Alabarces, Pablo, Entre gatos y violadores. El rock nacional en la cultura argentina, Buenos Aires, Colihue, 1993.

Eagleton, Terry, Las ilusiones del posmodernismo, Buenos Aires, Paids, 1997.

Halbwachs, Maurice, La mmoire collective, Albin Michel, Paris, 1997.

Huyssen, Andreas, La cultura de la memoria: medios, poltica y amnesia en: Revista de Crtica Cultural, N 18, Santiago de Chile, junio 1999, pp. 8-15.

Jameson, Fredric, El giro cultural, Buenos Aires, Manantial, 1999.

Mata, Mara Cristina, Radio: Memorias de la recepcin. Aproximaciones a la identidad de los sectores populares en: Dilogos N 30, Lima, FELAFACS, junio de 1991.

Nora, Pierre (dir.) , Les Lieux de mmoire, Les Frances, Paris, Gallimard, 1992.Ricoeur, Paul, La lectura del tiempo pasado: memoria y olvido, Madrid, Arrecife, 1999.

Sarlo, Beatriz, Poltica, ideologa y figuracin literaria, en: AA.VV., Ficcin y poltica. La narrativa argentina durante el proceso militar, Buenos Aires, Alianza, 1987.

Silverstone, Roger, Television and everyday life. London and New York: Routledge, 1994 (trad. esp. Amorrortu, 1996).

Sturken, Marita, Tangled memories, Berkeley, University of California Press, 1997.

Varela, Mirta, De cuando la televisin era una cosa medio extraa. Testimonios sobre la primera dcada de la televisin en la Argentina en: Grimson, Alejandro y Varela, Mirta, Audiencias, cultura y poder. Estudios sobre televisin, Buenos Aires, EUDEBA, 1999.

_____ Las audiencias en los textos. Comunidades interpretativas, forma y cambio, ibidem.

Vila, Pablo, Rock nacional, crnicas de la resistencia juvenil en: Jelin, Elizabeth (comp.) Los nuevos movimientos sociales / 1, Buenos Aires, CEAL, 1985.

Yerushalmi, Yosef, et al., Usos del olvido, Buenos Aires, Nueva Visin, 1989.

Desde una posicin bien distante a la de Eagleton, Ricoeur relaciona esta dificultad para la continuidad con la tendencia que existe (desde Platn para ac) a relacionar la memoria con la imagen. De ah que su tesis consiste en que despus de haber reconocido que ambas operaciones [imgen y recuerdo] cumplen una funcin comn (hacer presente algo ausente), hay que separarlas poniendo de relieve la especificidad de la dimensin temporal de la memoria. Y agrega: Hay que recuperar esa especificidad y sealar la distancia temporal de la cosa recordada frente a la conquista desde hace siglos del problema de la memoria por parte del de la imaginacin. (Ricoeur, op.cit.)

Se trata de un trabajo de Tesis de la Maestra en Sociologa de la Cultura, IDAES, La TV criolla. Primera dcada de la televisin en la Argentina, dirigido por Beatriz Sarlo. Una publicacin parcial sobre las entrevistas a las audiencias puede verse en Varela, 1999. a.

Es una investigacin UBACyT que se encuentra bajo mi direccin, radicada en la Facultad de Filosofa y Letras, UBA.

La lectura de medios grficos (peridicos, revistas tcnicas y culturales, del espectculo y de actualidad) correspondientes al perodo permiti reconstruir las representaciones iniciales de la televisin y el modo en que sta comenz a ser visible y significativa, as como interpretar, en forma oblicua, el impacto de la llegada de la televisin y de su programacin posterior. Por otro lado, realizamos entrevistas a quienes formaron parte (como tcnicos, actores, directores o autores) de la televisin de ese perodo. Esto permiti reconstruir el modo en que se produca la televisin entonces, as como algunas zonas de la programacin. Tambin pudimos acceder a algunos guiones, lo que nos permiti trabajar sobre ciertos ciclos de ficcin que fueron importantes dentro de la programacin de ese perodo. Por ltimo, tambin recurrimos a libros de memorias de personas que formaron parte de la televisin, as como a filmes que resultaron de las primeras transposiciones de la televisin al cine o donde apareca este medio en diferentes contextos sociales.

En la dcada siguiente las cintas de video tape se reutilizaban para otros programas, pero algunos fueron conservados en material flmico y en la actualidad se estn procesando para ser vistos en video. En otros pases se conserv de esta manera una proporcin importante de la televisin en vivo. En Estados Unidos casi el 80 % de la misma es susceptible de consulta.

Tomo el trmino del historiador Peter Burke que propone un enfoque oblicuo para toda historia de la cultura popular: Por supuesto, las tradiciones orales cambian gradualmente a medida que se transmiten, pero el historiador consciente de que emplea un mtodo oblicuo, regresivo, recordar que deber tener esto en consideracin. [...] El mtodo es muy semejante al del arquelogo que estudia la distribucin de las hachas a travs del espacio y del tiempo (Burke, 1982: 128). Propuestas similares aparecen en numerosos historiadores de la cultura popular como Carlo Ginzburg, Robert Darnton o Genevive Bollme.

Eco, 1992; Morley, 1992; Ang, 1993.

Para este punto fue til la perspectiva aportada por Stanley Fish (1980) en relacin con la estabilidad textual, es decir, la hiptesis de un texto sujeto a variaciones a partir de las interpretaciones que surjan de las sucesivas lecturas que de l se realicen a lo largo de la historia de su recepcin. Una sntesis personal de este problema puede verse en Varela, 1999.b.

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