llena eres de gracia - salvadme reina de fátima€¦ ·  · 2012-06-24“la anunciación” –...

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  • Nmero 104 Marzo 2012

    Llena eres de gracia

    Salvadme Reina

  • M

    La Anunciacin por Fra Anglico, Museo de San Marcos, Florencia (Italia)

    irad: la virgen est encinta y da a luz un hijo, y le pondr

    por nombre Emanuel (Is 7, 14). Esta antigua promesa encontr cumplimien-to superabundante en la Encarnacin del Hijo de Dios.

    De hecho, la Virgen Mara no slo concibi, sino que lo hizo por obra del Espritu Santo, es decir, de Dios mismo. El ser humano que comienza a vivir en su seno toma la carne de Mara, pero su existencia deriva totalmente de Dios.

    Es plenamente hombre, hecho de tierra para usar el smbolo bblico, pero viene de lo alto, del Cielo. El hecho de que Mara conciba permaneciendo vir-gen es, por consiguiente, esencial para el conocimiento de Jess y para nuestra fe, porque atestigua que la iniciativa fue de Dios y sobre todo revela quin es el concebido.

    (Benedicto XVI, ngelus,18/12/2011)

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  • Escriben los lectores 4

    La Solemnidad de la Anunciacin (Editorial) 5

    La palabra de los Pastores Por tu amor viv, trabaj y estudi

    36

    Sucedi en la Iglesia y en el mundo

    40

    Historia para nios La respuesta de San Jos

    46

    Los santos de cada da

    48

    Fiera o ngel?

    50

    Santa Luisa de Marillac Docilidad a la voluntad de Dios

    32

    Heraldos en el mundo

    26

    Entrevista al cardenal Donald Wuerl Abriendo la puerta hacia el futuro

    24

    Cultura, Evangelio e inculturacin

    18

    Comentario al Evangelio Mara sera capaz de restablecer el orden del universo?

    10

    La voz del Papa Libertad y verdad moral

    6Ao X, nmero 104, Marzo 2012

    Peridico de la Asociacin Cultural Salvadme Reina de Ftima

    SumariO

    Salvadme Reina

    Director Responsable:D. Eduardo Caballero Baza, EP

    Consejo de Redaccin: Guy de Ridder, Hna. Juliane Campos, EP,

    Luis Alberto Blanco, M. Mariana Morazzani, EP, Severiano Antonio de Oliveira

    Administracin:C/ Cinca, 17

    28002 Madrid R.N.A., N 164.671

    Dep. Legal: M-40.836- 1999Tel. sede operativa 902 199 044

    Fax: 902 199 046

    www.salvadmereina.org [email protected]

    Con la Colaboracin de la Asociacin Internacional Privada de Fieles de Derecho Pontificio

    Heraldos del evangelio

    www.heraldos.org

    Montaje: Equipo de artes grficas

    de los Heraldos del Evangelio

    Imprime:Henargraf - Madrid

    Los artculos de esta revista podrn ser reproducidos, indicando su fuente y

    enviando una copia a la redaccin. El contenido de los artculos es responsabilidad

    de los respectivos autores.

  • 4HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    EscribEn los lEctorEs

    Ricas meditacionesHa sido motivo de mucha alegra

    recibir peridicamente un ejemplar de la revista Heraldos del Evangelio, que nos ayuda en el camino de la vi-da, con sus ricas meditaciones.

    Ahora, como obispo emrito, he tenido la oportunidad de ayudar a nuestros sacerdotes en sus parro-quias, todas las veces que me lo han pedido. Y es motivo de gran alegra estar al tanto de los trabajos pasto-rales que los Heraldos del Evangelio vienen realizando, nicamente para mayor gloria de Dios.

    Por lo tanto, deseo que nunca les falte las bendiciones del Seor, para que continen haciendo la voluntad de Dios en todo.

    Mons. Francisco Jos ZuglianiObispo Emrito de Amparo Brasil

    evangelii PRconesSoy un suscriptor y admirador de

    la revista Heraldos del Evangelio des-de su primer nmero. Todos los me-ses espero vidamente la llegada de esta revista para disfrutar de los ex-celentes artculos, fotos e imgenes contenidos en ella, que nos incen-tivan a amar cada vez ms a nues-tra Santa Iglesia Catlica y a propa-gar la verdadera fe transmitida por Nuestro Seor Jesucristo.

    Tengo una curiosidad: me he fi-jado que detrs del nombre de al-gunos sacerdotes y hermanas de los Heraldos aparecen las letras EP. Qu significan?

    Paulo Csar CorraVa email Brasil

    Nota de la redaccin: EP son las iniciales de Evangelii Prcones, es decir, Heraldos del Evangelio en la-tn. Del seno de esta asociacin de derecho pontificio, compuesta ma-

    yoritariamente por laicos, surgie-ron dos sociedades de vida apostli-ca: una clerical, Virgo Flos Carmeli, y otra femenina, Regina Virginum. La sigla EP identifica a los sacerdotes y las hermanas de ambas sociedades.

    Una esPiRitUalidad esPecialEn primer lugar darles las gra-

    cias por la labor realizada. Cono-c en la Jornada Mundial de la Ju-ventud, en Madrid, la revista Heral-dos del Evangelio. La le con mucho gusto y me encant porque se enten-da de maravilla y propone una es-piritualidad especial que particular-mente comparto. Creo que es una gran revista para todos.

    lvaro Picazo CrcolesChinchilla de Montearagn Espaa

    esPeRada con alegRaLa revista Heraldos del Evangelio

    es esperada siempre con alegra to-dos los meses. Me ha servido de mu-cho en varias ocasiones, porque me proporciona los temas a desarrollar en las visitas de evangelizacin que realizo con la imagen de Nuestra Se-ora. Tambin la he utilizado para regalarla a sacerdotes y amigos.

    Rene GarcaMiami Estados Unidos

    vivo mensaje de feMe gusta mucho esta revista por-

    que transmite un vivo mensaje de fe, donde estn representados todos los pases. Contiene interesante infor-macin y fotos e imgenes muy bien seleccionadas. Mis felicitaciones y deseo de grandes xitos apostlicos.

    Jaar IngridPuerto Prncipe Hait

    somos de la familia de los HeRaldos

    Todas las secciones de la Revis-ta son ptimas, pero el Comentario al Evangelio, de Mons. Joo Scogna-

    miglio Cl Dias, y las Historias para nios son las primeras que leo. Des-pus vuelvo al principio y, tras ad-mirar las bellsimas portada y con-traportada, leo el Editorial, seguido de los dems artculos. Mons. Joo S. Cl consigue extraer del Evange-lio impresiones nicas, hacindonos pensar que slo quien tiene la capa-cidad de amar mucho consigue vis-lumbrar las esencias y matices del Evangelio, que transmite.

    Uno de los artculos que ms hue-lla ha dejado en m fue el de la infa-libilidad pontificia, porque adems de formar parte del carisma de los Heraldos, era teolgicamente muy instructivo. Es imposible no utilizar el material de esta revista en nues-tros ambientes, ya sea en el trabajo o entre nuestras amistades, porque, despus de todo, somos de la fami-lia de los Heraldos.

    Denilson Gonalves FonsecaMontes Claros Brasil

    Belleza y sacRalidadLe doy gracias a Nuestro Seor

    Jesucristo y a Nuestra Seora por haber conocido a la comunidad de los Heraldos, tan bendecida e ilu-minada por el Espritu Santo pa-ra hacer dentro de la Iglesia bien a las almas. Admiro mucho su caris-ma, su orden y disciplina, belleza y sacralidad, que se reflejan en su re-vista. Admiro todos los artculos, los del Papa Benedicto XVI, los de Mons. Joo S. Cl, as como los de los dems redactores. Por la revis-ta conocemos ms sus experiencias evangelizadoras y a la Santa Iglesia Catlica. Sus ilustraciones son muy bonitas y elevan el alma.

    Le pido a Dios Todopoderoso que d a Mons. Joo S. Cl mucha fortaleza para seguir llevando ade-lante esta obra.

    Elcy Eugenia Velandia PastranaBogot Colombia

  • Nmero 104

    Marzo 2012

    Llena eres

    de gracia

    Salvadme Reina

    D

    Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio5

    Editorial

    urante nueve meses Nuestro Seor Jesucristo quiso vivir en el claustro materno de Mara. l, el Hombre Dios, a quien todas las cosas le obede-cen, al que ni el Cielo ni la Tierra pueden contener, deliber ponerse, co-

    mo criatura, en la ms completa dependencia de su Madre terrena.Esta sujecin milagrosa e insondable es motivo de reflexin para todos los fie-

    les, pero especialmente para los que se han entregado a Mara como esclavos, se-gn la devocin enseada por San Luis Grignion de Montfort. Ya que esta for-ma de entrega a Jess por las manos de la Santsima Virgen fue establecida por el clebre misionero francs para honrar e imitar la dependencia a la que el Ver-bo Encarnado quiso someterse por amor a nosotros (El secreto de Mara, n 63).

    En contraste con estas reflexiones, se entiende mejor cun insensata es la des-obediencia de las criaturas al Creador, y qu terribles consecuencias no puede de-jar de haber. Hoy, bajo el pretexto de una supuesta libertad, que no pasa de ser una funesta esclavitud al pecado y a las pasiones desordenadas, una multitud de hombres se jacta de escoger el camino de la desobediencia a los Mandamientos y a los consejos del Seor. Y uno se pregunta, no ser sta una de las causas ms profundas del rpido deterioro del mundo de hoy?

    Consagrados a Mara segn el mtodo de San Luis Mara Grignion de Mont-fort, los Heraldos del Evangelio tambin ven en la Solemnidad de la Anunciacin la fiesta de los que se entregan dcilmente a su Creador por intercesin de Nues-tra Seora. Y se preparan para ella renovando su sujecin a Mara, a imitacin del acto de obediencia del propio Dios.

    El espritu de humildad de la Santsima Virgen ante este misterio alcanza, en esta perspectiva, una dimensin insondable. Cuando le fue anunciado que el Ver-bo se encarnara en Ella, su reaccin no se manifest con un himno de vanagloria, sino en trminos humildsimos: He aqu la esclava del Seor, hgase en m segn tu palabra (Lc 1, 38).

    En esta expresin con la que inici la Redencin del gnero humano estaba in-cluida, no obstante, una perplejidad: l desea mi consentimiento para que haga realidad esta situacin incomprensible: que yo tenga poder sobre l y l dependa de m en todo. Por obediencia a su voluntad, aceptar.

    Desde este punto de vista, resplandece de modo especial la actitud de Mara declarndose esclava de Dios en el momento en que el propio Creador quera, por as decirlo, hacer un acto de servidumbre, de dependencia, digmoslo osada-mente, de esclavitud en relacin con Ella.

    La Solemnidad de la Anunciacin es, por lo tanto, una ocasin para celebrar tambin el espritu de obediencia, el amor a la jerarqua, al orden y la sujecin a Dios y a su Santa Iglesia.

    La SoLemnidad de La anunciacin

    Imagen Peregrina del Inmaculado Corazn de Mara. Al fondo, interior de la Santa Casa de Loreto, Italia

    (Fotos: Timothy Ring / Eric Salas)

  • 6HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    La Voz deL PaPa

    Libertad y verdad moral

    La Iglesia tiene un papel fundamental en la lucha contra las corrientes culturales que, sobre la base de un individualismo extremo, buscan

    promover conceptos de libertad separados de la verdad moral.

    ueridos hermanos en el episcopado: Os saludo a todos con afecto frater-no y rezo para que esta

    peregrinacin de renovacin espiri-tual y de comunin profunda os con-firme en la fe y en la entrega a vues-tra misin de pastores de la Iglesia que est en Estados Unidos. Como sabis, mi intencin es reflexionar con vosotros, a lo largo de este ao, sobre algunos de los desafos espiri-tuales y culturales de la nueva evan-gelizacin.

    Corrientes culturales hostiles al cristianismo

    Uno de los aspectos ms memo-rables de mi visita pastoral a Esta-dos Unidos fue la ocasin que me permiti reflexionar sobre la expe-riencia histrica estadounidense de la libertad religiosa, y ms especfi-camente sobre la relacin entre re-ligin y cultura. En el centro de to-da cultura, perceptible o no, hay un consenso respecto a la naturaleza de la realidad y al bien moral, y, por lo tanto, respecto a las condiciones pa-ra la prosperidad humana.

    En Estados Unidos ese consenso, como lo presentan los documentos fundacionales de la nacin, se basaba en una visin del mundo modelada no slo por la fe, sino tambin por el

    compromiso con determinados prin-cipios ticos derivados de la natura-leza y del Dios de la naturaleza. Hoy ese consenso se ha reducido de mo-do significativo ante corrientes cultu-rales nuevas y potentes, que no slo se oponen directamente a varias en-seanzas morales fundamentales de la tradicin judeo-cristiana, sino que son cada vez ms hostiles al cristia-nismo en cuanto tal.

    Amenaza para la humanidad misma

    La Iglesia en Estados Unidos, por su parte, est llamada, en todo tiem-po oportuno y no oportuno, a procla-mar el Evangelio que no slo propo-ne verdades morales inmutables, sino que lo hace precisamente como clave para la felicidad humana y la prospe-ridad social (cf. Gaudium et spes, 10).

    Algunas tendencias culturales actuales, en la medida en que con-tienen elementos que quieren limi-tar la proclamacin de esas verda-des, sea reducindola dentro de los confines de una racionalidad mera-mente cientfica sea suprimindola en nombre del poder poltico o del gobierno de la mayora, representan una amenaza no slo para la fe cris-tiana, sino tambin para la huma-nidad misma y para la verdad ms profunda sobre nuestro ser y nues-

    tra vocacin ltima, nuestra relacin con Dios.

    Cuando una cultura busca supri-mir la dimensin del misterio ltimo y cerrar las puertas a la verdad tras-cendente, inevitablemente se empo-brece y se convierte en presa de una lectura reduccionista y totalitaria de la persona humana y de la naturale-za de la sociedad, como lo intuy con gran claridad el Papa Juan Pablo II.

    El testimonio de la Iglesia es pblico por naturaleza

    La Iglesia, con su larga tradicin de respeto de la correcta relacin en-tre fe y razn, tiene un papel funda-mental que desempear al oponerse a las corrientes culturales que, sobre la base de un individualismo extremo, buscan promover conceptos de liber-tad separados de la verdad moral.

    Nuestra tradicin no habla a partir de una fe ciega, sino desde una perspectiva racional que vincu-la nuestro compromiso de construir una sociedad autnticamente jus-ta, humana y prspera con la certeza fundamental de que el universo po-see una lgica interna accesible a la razn humana. La defensa por parte de la Iglesia de un razonamiento mo-ral basado en la ley natural se funda en su conviccin de que esta ley no es una amenaza para nuestra liber-

    Q

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio7

    tad, sino ms bien una lengua que nos permite comprendernos a noso-tros mismos y la verdad de nuestro ser, y forjar de esa manera un mundo ms justo y ms humano. Por tanto, la Iglesia propone su doctrina moral como un mensaje no de constriccin, sino de liberacin, y como base para construir un futuro seguro.

    El testimonio de la Iglesia, por lo tanto, es pblico por naturaleza. La Iglesia busca convencer proponien-do argumentos racionales en el m-bito pblico. La separacin legtima entre Iglesia y Estado no puede in-terpretarse como si la Iglesia debie-ra callar sobre ciertas cuestiones, ni como si el Estado pudiera elegir no implicar, o ser implicado, por la voz de los creyentes comprometidos a determinar los valores que deberan forjar el futuro de la nacin.

    Intentos de limitar la libertad religiosa

    A la luz de estas consideraciones, es fundamental que toda la comuni-dad catlica de Estados Unidos lle-gue a comprender las graves amena-zas que plantea al testimonio moral pblico de la Iglesia el laicismo ra-dical, que cada vez encuentra ms expresiones en los mbitos poltico y cultural. Es preciso que en todos los niveles de la vida eclesial se com-

    prenda la gravedad de tales amena-zas. Son especialmente preocupan-tes ciertos intentos de limitar la li-bertad ms apreciada en Estados Unidos: la libertad de religin.

    Muchos de vosotros habis puesto de relieve que se han llevado a cabo esfuerzos concertados para negar el derecho de objecin de conciencia de los individuos y de las instituciones catlicas en lo que respecta a la coo-peracin en prcticas intrnsecamen-te malas. Otros me habis hablado de una preocupante tendencia a reducir la libertad de religin a una mera li-bertad de culto, sin garantas de res-peto de la libertad de conciencia.

    Necesidad de formar lderes laicos comprometidos

    En todo ello, una vez ms, vemos la necesidad de un laicado catli-co comprometido, articulado y bien formado, dotado de un fuerte senti-do crtico frente a la cultura domi-nante y de la valenta de contrarres-tar un laicismo reductivo que quisie-ra deslegitimar la participacin de la Iglesia en el debate pblico sobre cuestiones decisivas para el futuro de la sociedad estadounidense.

    La formacin de lderes laicos comprometidos y la presentacin de una articulacin convincente de la vi-sin cristiana del hombre y de la so-

    ciedad siguen siendo la tarea principal de la Iglesia en vuestro pas. Como componentes esenciales de la nueva evangelizacin, estas preocupaciones deben modelar la visin y los objetivos de los pro-gramas catequticos en todos los niveles.

    Al respecto, quie-ro expresar mi aprecio por vuestros esfuerzos para mantener contac-tos con los catlicos comprometidos en la

    vida poltica y para ayudarles a com-prender su responsabilidad personal de dar un testimonio pblico de su fe, especialmente en lo que se refie-re a las grandes cuestiones morales de nuestro tiempo: el respeto del don de Dios de la vida, la proteccin de la dignidad humana y la promocin de derechos humanos autnticos.

    Como seal el Concilio, y como quise reafirmar durante mi visita pas-toral, el respeto de la justa autono-ma de la esfera secular debe tener en cuenta tambin la verdad de que no existe un reino de cuestiones terrenas que pueda sustraerse al Creador y a su dominio (cf. Gaudium et spes, 36). No cabe duda de que un testimonio ms coherente por parte de los catli-cos de Estados Unidos desde sus con-vicciones ms profundas dara una importante contribucin a la renova-cin de la sociedad en su conjunto.

    Una esperanza que lleva a renovar esfuerzos

    Queridos hermanos en el epis-copado, con estas breves reflexio-nes he querido tocar algunas de las cuestiones ms urgentes que debis afrontar en vuestro servicio al Evan-gelio y su importancia para la evan-gelizacin de la cultura estadouni-dense. Ninguna persona que mire con realismo estas cuestiones pue-

    Obispos de Estados Unidos con Benedicto XVI en la Sala del Consistorio, el 19 de enero, con motivo de su visita ad limina

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    sser

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  • 8HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    on ocasin de la memoria de Santa Ins, patrona del Cole-

    gio, quiero ofreceros algunas re-flexiones que me sugiere precisa-mente su figura.

    El martirio se prepara con la decisin consciente y libre de la virginidad

    Santa Ins es una de las famosas jvenes romanas que han ilustrado la belleza genuina de la fe en Cristo y de la amistad con l. Su doble ttu-lo de virgen y mrtir recuerda la to-talidad de las dimensiones de la san-tidad. Se trata de una santidad com-pleta que os piden tambin a voso-tros vuestra fe cristiana y la vocacin sacerdotal especial con la que el Se-or os ha llamado y os vincula a l.

    Martirio para Santa Ins quera decir la aceptacin genero-sa y libre de entregar su vida joven, en su totalidad y sin reservas, para que el Evangelio fuera anunciado como verdad y belleza que iluminan la existencia. En el martirio de Santa Ins, aceptado con valor en el esta-dio de Domiciano, resplandece pa-ra siempre la belleza de pertenecer

    a Cristo sin vacilaciones, confindo-se a l.

    Todava hoy, a cualquiera que pa-se por la plaza Navona la imagen de la santa en el frontispicio de la igle-sia de Santa Ins in Agone le recuer-da que nuestra ciudad est fundada tambin sobre la amistad con Cristo y el testimonio de su Evangelio, de muchos de sus hijos e hijas. Su ge-nerosa entrega a l y al bien de los hermanos es un componente prima-

    rio de la fisonoma espiritual de Ro-ma.

    Con el martirio Ins sella tam-bin el otro elemento decisivo de su vida, la virginidad por Cristo y por la Iglesia. El don total del mar-tirio se prepara, de hecho, con la de-cisin consciente, libre y madura de la virginidad, testimonio de la volun-tad de ser totalmente de Cristo. Si el martirio es un acto heroico final, la virginidad es fruto de una prolonga-

    La Iglesia espera mucho de los sacerdotes jvenes

    La formacin del presbtero exige integridad, perfeccin, ejercicio asctico, constancia y fidelidad heroica, en todos los aspectos que la constituyen.

    C

    de ignorar las dificultades autnticas que la Iglesia encuentra en el tiem-po presente.

    Sin embargo, en verdad, nos pue-de animar la creciente toma de con-ciencia de la necesidad de mantener un orden civil arraigado claramen-te en la tradicin judeo-cristiana, as como la promesa de una nueva gene-

    racin de catlicos, cuya experiencia y convicciones desempearn un pa-pel decisivo al renovar la presencia y el testimonio de la Iglesia en la socie-dad de Estados Unidos.

    La esperanza que nos ofrecen es-tos signos de los tiempos es de por s un motivo para renovar nuestros esfuerzos con el fin de movilizar los

    recursos intelectuales y morales de toda la comunidad catlica al servi-cio de la evangelizacin de la cultura estadounidense y de la construccin de la civilizacin del amor.

    (Discurso a un grupo de obispos de Estados Unidos, en visita ad limina, 19/1/2012)

    El cardenal Renato Raffaele Martino, presidente de la Comisin Episcopal para la Alta Direccin del Almo Colegio Caprnica,

    saluda a Benedicto XVI durante la audiencia

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  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio9

    Todos los derechos sobre los documentos pontificios quedan reservados a la Librera Editrice Vaticana. La versin ntegra de los mismos puede ser consultada en www.vatican.va

    da amistad con Jess madurada en la escucha constante de su Palabra, en el dilogo de la oracin y en el encuentro eucarstico.

    La vida sacerdotal exige una aspiracin creciente a la santidad

    Ins, todava joven, haba apren-dido que ser discpulo del Seor quiere decir amarlo poniendo en juego toda la existencia. Este ttu-lo doble virgen y mrtir recuer-da a nuestra reflexin que un testi-go creble de la fe debe ser una per-sona que vive por Cristo, con Cris-to y en Cristo, transformando su vi-da segn las exigencias ms altas de la gratuidad.

    Tambin la formacin del pres-btero exige integridad, perfeccin, ejercicio asctico, constancia y fide-lidad heroica, en todos los aspectos que la constituyen; en el fondo debe haber una vida espiritual slida ani-mada por una intensa relacin con Dios a nivel personal y comunitario, con particular cuidado en las cele-braciones litrgicas y en la frecuen-cia de los sacramentos.

    La vida sacerdotal exige una as-piracin creciente a la santidad, un claro sensus Ecclesiae y una apertu-ra a la fraternidad sin exclusiones ni parcialidad. Del camino de santidad del presbtero forma parte tambin su eleccin de elaborar, con la ayu-da de Dios, la propia inteligencia y el propio compromiso, una cultura personal verdadera y slida, fruto de un estudio apasionado y constante.

    La sntesis entre fe y razn es propia del cristianismo

    La fe tiene una dimensin racio-nal e intelectual que le es esencial. Para un seminarista y para un sacer-dote joven, que an se dedica al es-tudio acadmico, se trata de asimilar

    aquella sntesis entre fe y razn que es propia del cristianismo.

    El Verbo de Dios se hizo carne y el presbtero, autntico sacerdote del Verbo encarnado, debe ser cada vez ms un reflejo, luminoso y profundo, de la Palabra eterna que nos ha sido dada. Quien es maduro tambin en esta formacin cultural global puede ser ms eficazmente educador y ani-mador de aquella adoracin en Es-pritu y verdad de la que habla Jess a la samaritana (cf. Jn 4, 23).

    Esta adoracin, que se forma en la escucha de la Palabra de Dios y en la fuerza del Espritu Santo, est llama-da a ser, sobre todo en la liturgia, el rationabile obsequium, del que nos habla el apstol San Pablo, un cul-to en el que el hombre mismo en la totalidad de su ser dotado de razn, se vuelve adoracin, glorificacin del Dios viviente, y que puede alcanzarse no conformndose a este mundo, si-no dejndose transformar por Cristo, renovando el modo de pensar, para poder discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable a l y per-fecto (cf. Rm 12, 1-2).

    Tened siempre un sentido profundo de la historia y de la tradicin de la Iglesia

    Queridos alumnos del Colegio Caprnica, vuestro compromiso en el camino de la santidad, tambin con una slida formacin cultural, corresponde a la intencin origina-ria de esta institucin, fundada hace 555 aos por el cardenal Domenico Caprnica. Tened siempre un sen-tido profundo de la historia y de la tradicin de la Iglesia.

    El hecho de estar en Roma es un don que os tiene que hacer particu-larmente sensibles a la profundidad de la tradicin catlica. Vosotros ya la palpis en la historia del edificio

    que os acoge. Adems, vosotros vi-vs estos aos de formacin con una cercana especial al Sucesor de Pe-dro: ello os permite percibir con una claridad particular las dimensio-nes universales de la Iglesia y el de-seo de que el Evangelio llegue a to-das las gentes. Aqu tenis la posibi-lidad de abrir los horizontes con la experiencia de la internacionalidad; aqu, sobre todo, respiris la catoli-cidad. Aprovechad lo que se os ofre-ce, para el servicio futuro a la dice-sis de Roma o a vuestras dicesis de procedencia.

    De la amistad que surge en la convivencia aprended a conocer las diferentes situaciones de las nacio-nes y de las Iglesias en el mundo, y a formaros en la visin catlica. Pre-paraos a estar cerca de cada hombre que encontris, sin dejar que ningu-na cultura pueda ser una barrera a la Palabra de vida de la que sois anun-ciadores tambin con vuestra vida.

    La Iglesia espera mucho de los sacerdotes jvenes

    Queridos amigos, la Iglesia espe-ra mucho de los sacerdotes jvenes en la obra de evangelizacin y de la nueva evangelizacin. Os animo pa-ra que en el esfuerzo diario, enrai-zados en la belleza de la tradicin autntica, unidos profundamente a Cristo, seis capaces de llevarlo a vuestras comunidades con verdad y alegra.

    Que vuestro compromiso de hoy, con la intercesin de Santa Ins, vir-gen y mrtir, y de Mara Santsima, Estrella de la evangelizacin, contri-buya a la fecundidad de vuestro mi-nisterio.

    (Fragmentos del discurso a los profesores y alumnos del Almo Colegio Caprnica, 20/1/2012)

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    La Anunciacin por Juan de Borgoa. Catedral de vila (Espaa)

    10HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    En aquel tiempo, 26 el ngel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea lla-mada Nazaret, 27 a una vir-gen desposada con un hom-bre llamado Jos, de la casa de David; el nombre de la virgen era Mara.28 El ngel, entrando en su presencia, dijo: Algrate, lle-na de gracia, el Seor est contigo.29 Ella se turb grandemente ante estas palabras y se pre-guntaba qu saludo era aquel.

    30 El ngel le dijo: No temas, Mara, porque has encontra-do gracia ante Dios. 31 Con-cebirs en tu vientre y dars a luz un hijo, y le pondrs por nombre Jess. 32 Ser grande, se llamar Hijo del Altsimo, el Seor Dios le dar el trono de David, su padre; 33 reina-r sobre la casa de Jacob pa-ra siempre, y su reino no ten-dr fin.34 Y Mara dijo al ngel: Cmo ser eso, pues no co-nozco varn?

    35 El ngel le contest: El Espritu Santo vendr sobre ti, y la fuerza del Altsimo te cubrir con su sombra; por eso el Santo que va a nacer ser llamado Hijo de Dios. 36 Tam-bin tu pariente Isabel ha con-cebido un hijo en su vejez, y ya est de seis meses la que llama-ban estril, 37 porque para Dios no hay nada imposible38 Mara contest: He aqu la esclava del Seor; hgase en m segn tu palabra. Y el ngel se retir (Lc 1, 26-38).

    a EvangElio A

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio11

    Este mundo, compuesto por criaturas con deficiencias, es ptimo en su conjunto

    Comentario aL eVangeLio SoLemnidad de La anunCiaCin deL Seor

    Mara sera capaz de restablecer el orden del universo?

    La Solemnidad de la Anunciacin del Seor es la ocasin ms hermosa para celebrar la restauracin de la armona en el universo. Es la conmemoracin del da en que la Creacin pas a trasparecer con un brillo todo divino, por los mritos de Mara Santsima.

    I Un UnIverso compUesto por crIatUras con defIcIencIas

    Si nos fuese dada la oportunidad de contem-plar la inmensidad de los posibles de Dios, es de-cir, el incontable nmero de seres que l podra haber creado en su omnipotencia, veramos cria-turas semejantes a las de este mundo, pero sin sus caractersticos defectos. Por ejemplo, erizos cons-tituidos sin medios de causar dao a los hombres; mosquitos lindsimos dotados de una picadura agradable y benfica; buitres de figura tan elegan-te como sus vuelos, y as sucesivamente.

    Por qu no puso Dios en el universo este ti-po de criaturas, sin defecto alguno, que podan haber sido creadas y no lo fueron?

    Pregunta sta de difcil respuesta. Lo cierto, no obstante, es que en el universo en el que vi-vimos hay tres criaturas que son inmejorables: la humanidad de Jesucristo, unida hiposttica-mente a la divinidad; la visin beatfica y la Vir-gen Mara.1 Todos los dems seres, considera-dos individualmente, podran ser ms perfectos.

    Ahora bien, este mundo compuesto por cria-turas con deficiencias es ptimo en su conjunto, como ensea Santo Toms de Aquino: El uni-verso, partiendo de lo que ahora lo integra, no puede ser mejor, ya que el orden dado por Dios a las cosas, y en el que consiste el bien del uni-verso, es insuperable. Si fuese mejor, se rompe-ra la proporcin de orden; como la meloda de una ctara se rompe si una cuerda se tensa ms de lo debido.2

    El universo creado por Dios tena que ser lo que ms le glorificase, porque l no poda ha-ber escogido crearlo de un modo ni siquiera un poco inferior a lo ms adecuado. Y todo lo que existe en l de defectuoso sirve para que el hombre tenga presente su debilidad, flaqueza y dependencia continua de Dios. Le recuerda, en fin, su contingencia. De este mundo, con defi-ciencias, es del que formamos parte.

    Estas consideraciones nos preparan para analizar el papel de la Virgen Mara en la Crea-cin, que es recordada especialmente en la li-

    Mons. Joo Scognamiglio Cl Dias, EP

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    12HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Su humildad le impeda concluir quin habra de ser esa dama a la que deseaba ardientemente servir

    turgia escogida por la Iglesia para la Solemni-dad de la Anunciacin del Seor.

    II el fIat de mara santsIma

    Sobre el conocidsimo y tan comentado pa-saje evanglico de la Anunciacin, pudiera pa-recer que no hay nada nuevo que decir. Sin em-bargo, al igual que un vino excelente presenta aspectos diferentes en cada cosecha, as tam-bin ocurre con el magno acontecimiento de la Encarnacin del Verbo, en el que siempre des-cubriremos nuevas y magnficas maravillas.

    Las apariencias no estn a la altura del acontecimiento

    En aquel tiempo, 26 el ngel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado Jos, de la casa de David; el nombre de la virgen era Mara.

    Antes de entrar en el anlisis de la narracin de San Lucas, es necesario dirigir nuestra aten-cin hacia el lugar donde se encontraba Mara Santsima cuando el arcngel San Gabriel la visi-t. No se trataba de un magnfico palacio, como tantos artistas lo han imaginado, sino de una ca-sa muy modesta, con paredes de ladrillos a la vis-ta. Estaba situada en Nazaret, una ciudad por en-

    tonces insignificante, en la que la Sagrada Fami-lia vivir en la pobreza, humildad y apagamiento.

    No hay en este episodio otros elementos cu-yas apariencias estn a la altura del aconteci-miento que all se dara, a no ser la presencia de la Virgen Mara, y tambin la de San Jos. Pues el elevadsimo grado de santidad de ambos se-guramente se reflejaba en sus gestos, sus rostros y en toda su manera de ser.

    En el momento de la Anunciacin la Virgen estaba rezando28a El ngel, entrando en su presencia

    Qu haca Mara Santsima cuando el ngel lleg a donde estaba Ella? Sin duda, rezaba, tal vez considerando la desastrosa situacin en la que se encontraba la humanidad. El pueblo ju-do se haba desviado de la prctica de la verda-dera religin, y los paganos, empezando por los romanos, vivan en una tremenda decadencia moral. Se lleg a lo que San Pablo llama pleni-tud de los tiempos (Ef 1, 10).

    Es as como San Bernardo describe la escena de la Anunciacin: Mara Santsima orando al Padre, recogida en su aposento, poniendo de re-lieve la importancia de la oracin para que Dios se manifieste. Porque una cosa es evidente: sus plegarias conmovieron los Cielos. Cunto ha-ban agradado las oraciones de Mara en la pre-sencia del Altsimo, lo indica el ngel saludn-

    dola con tanta reverencia, 3 afirma el Doctor Melfluo.

    En una de sus meditaciones sobre la vida de Cristo, San Buenaventura nos presenta a la joven Mara levantndose a medianoche en el Templo para hacer sie-te splicas ante el altar y rezando de este modo: Le peda que me concediese ver el tiempo en que haba de nacer aquella Santsima Virgen que haba de dar a luz al Hijo de Dios, y que me conservase los ojos para poderla ver, mi lengua para po-derla alabar, mis manos para poderla ser-vir, mis pies para poder ir a sus manda-dos, y mis rodillas para poder adorar al Hijo de Dios en su regazo.4

    Su humildad le impeda concluir quin habra de ser esa dama a la que deseaba ardientemente servir, pero al poseer cien-cia infusa y recibir gracias tras gracias, fue hilvanando pensamientos hasta concebir

    No se trataba de un magnfico palacio, sino de una casa muy modesta, con paredes de ladrillos a la vista

    Interior de la Santa Casa de Loreto - Santuario de la Santa Casa, Loreto (Italia)

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio13

    No hubo un instante en el que no tuviese ms gracia que en el anterior

    en su espritu, con total nitidez, la figura moral del Mesas prometido. Mara concibi a Cristo en su mente antes de concebirlo en su vientre, afirma San Agustn.5

    Cuando vio que se iluminaba su aposento con una luz sobrenatural y se le apareca el arcngel San Gabriel, Mara no dio la menor muestra de susto. Segn varios autores, entre ellos San Pe-dro Crislogo y San Buenaventura, estaba acos-tumbrada a las apariciones anglicas, que no po-dan dejar de ser frecuentes para Aquella que Dios haba colmado con tantas gracias, que re-servaba a tan altos destinos, y que los ngeles re-verenciaban como su reina y la misma Madre de Dios.6 Podemos conjeturar incluso que San Ga-briel no era un desconocido para Ella.

    La gracia creca en Ella a cada instante28b dijo: Algrate, llena de gracia, el Seor est contigo.

    La expresin usada por el ngel para salu-darla tiene un sentido muy profundo en el que vale la pena detenerse.

    Cristo nuestro Seor, Salvador de la huma-nidad, es la nica criatura que posee la plenitud absoluta de la gracia. La tuvo desde el principio, sin ninguna posibilidad de aumento. Y cuando el Evangelio afirma que Jess iba creciendo en sabidura, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2, 52), se refiere a las manifestaciones exteriores de su santidad. Pe-ro interiormente el tesoro de los dones celestia-les, que lo hacan agradable a Dios, era tan per-fecto que no poda crecer de ninguna manera.7

    No ocurra lo mismo con la Virgen Mara. A lo largo de toda su vida, su progreso espiritual fue incesante, ora debido a los mritos sobrena-turales obtenidos por la prctica de innumera-bles buenas obras, ora como fruto de su oracin humilde, confiada y perseverante, ora, al final de su existencia, por efecto del sacramento de la Eucarista. Por no hablar de los incrementos de la gracia, de incalculables proporciones, experi-mentados por su alma en el momento de la En-carnacin del Verbo, a los pies de la Cruz y con ocasin de Pentecosts.8

    Por lo tanto, no hubo un instante en el que no tuviese ms gracia que en el anterior, co-mo bien lo explica Campana: En todos los mo-mentos de su vida, Mara fue penetrada entera-mente por los rayos divinos de la gracia; a ca-

    da minuto de su existencia, su voluntad fue d-cil para rendirle a Dios homenaje y gloria; todos los latidos del corazn de Mara fueron siempre para Dios. [] Esta ascensin de Mara hacia el ideal de santidad era continua, uniforme, sin sa-cudidas, sin interrupcin.9

    As, cuando el ngel la proclama llena de gracia, indica que su alma est participando de la vida divina en el ms alto grado posible en aquel instante; pero un minuto despus esa ple-nitud ya sera mayor.

    Y concluye el mismo Campana: Mara pro-gresaba en gracia porque constantemente nue-vas capacidades de gracia se desarrollaban en Ella, las cuales eran enseguida rellenadas. Pre-cisamente, en esto consiste la diferencia carac-terstica entre la plenitud de la santidad de Ma-ra y la de Jesucristo. 10

    Plenitud de superabundancia

    Con base en el Doctor Anglico, Garrigou-Lagrange distingue tres plenitudes de gracia: absoluta, exclusiva de Cristo; de superabundan-cia, privilegio especial de Mara; y de suficiencia, comn a todos los santos.11 Y explica el insigne telogo dominicano: Estas tres plenitudes su-bordinadas han sido comparadas justamente a la de una fuente inagotable, a la del ro que de ella procede, y a la de los canales alimentados por ese ro para irrigar y fertilizar las regiones que atraviesa, es decir, las diversas partes de la Iglesia universal en el espacio y en el tiempo.12

    As, desde el momento de su creacin, Ma-ra Santsima particip en la vida divina ms que todos los ngeles y santos juntos. A tal punto, que si distribuyese todas las gracias de las que cada uno de ellos tuviese necesidad, no le fal-tara nada, pues ese ro de gracia remonta, ba-jo la forma de mritos, de oraciones y de sacrifi-cios, hacia Dios, ocano de paz.13

    La plenitud de la gracia de Mara, afirma San Lorenzo de Brindisi, es slo comprensible para Dios, que slo Dios abarca el abismo inmenso y el pilago casi infinito de esta gracia.14

    Causa de la perturbacin de Mara29 Ella se turb grandemente ante estas palabras y se preguntaba qu saludo era aquel.

    La reaccin de la Virgen Mara demuestra la profundidad de su espritu.

  • 14HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    No temas, Mara significaba: No te preocupes, porque tu humildad no ser tocada en nada

    rios tan sublimes respecto de s misma. Y por eso tena que ser instruida acerca de ello.15

    Miedo de manchar una humildad purificada30 El ngel le dijo: No temas, Mara, porque has encontrado gracia ante Dios.

    Aunque sin mancha de pecado original, la Virgen Mara fue creada en estado de prueba y perciba con toda claridad la necesidad de la vi-gilancia. Tema aplicar a s las palabras del ngel y, cediendo un poco al orgullo, acabar por ofen-der a Dios.

    No temas, Mara significaba: No te preocu-pes, porque tu humildad no ser tocada en na-da. Con estas palabras, San Gabriel le exhorta a que tenga confianza de que jams saldr del ca-mino recto. No por razn de sus mritos. No le dice: No tengas miedo porque eres fuerte, sino porque encontraste gracia ante Dios.

    Y por qu encontr gracia ante Dios?La respuesta nos la da San Bernardo: Con-

    que si Mara no fuera humilde, no reposara so-bre Ella el Espritu Santo; y, si no reposara so-bre Ella, no concibiera por virtud de l. Porque cmo pudiera concebir de l sin l? Es claro, pues, que para que de l hubiese de concebir, como Ella dice: Mir el Seor a la humildad de su sierva (Lc 1, 48) mucho ms que a la virgini-dad; y, aunque por la virginidad agrad a Dios, con todo eso, concibi por la humildad.16

    Y nosotros, tambin procedemos as? Te-nemos cuidado con la vanidad, como lo hizo la Virgen Mara en esa circunstancia? Somos conscientes de que un pensamiento de orgullo consentido puede ser el punto de partida de una seria decadencia en la vida espiritual? O acep-tamos con deleite cualquier elogio, real o imagi-nario, que nos hacen?

    El acto de virtud que Lucifer y los ngeles ma-los no practicaron en el Cielo, ni Adn y Eva en el paraso terrenal, Mara Santsima lo hizo de la manera ms perfecta posible. Qu ejemplo su-blime nos da a nosotros, preocupados tantas ve-ces en conseguir honores debidos o indebidos!

    Se llamar Hijo del Altsimo31 Concebirs en tu vientre y dars a luz un hijo, y le pondrs por nombre Jess. 32 Ser grande, se llamar Hijo del Altsimo, el Seor Dios le dar el trono de David,

    Dotada de ciencia infusa, entendi perfecta-mente el alcance de la altsima afirmacin del ngel, considerando no slo el significado in-mediato de aquellas palabras, sino tambin sus consecuencias y correlaciones con el panorama de la Historia.

    Con todo, siendo llena de gracia, uno de sus predicados era la humildad ms excelsa. En na-da preocupada de s misma, todos sus pensa-mientos se volvan hacia Dios y la salvacin de la humanidad: Cundo vendr el Mesas? Cundo tendr lugar la Redencin?

    La presencia de San Gabriel no le caus nin-guna perturbacin. Sin embargo, el saludo le de-j un interrogante, pues no poda imaginar que aquellas palabras le pudiesen ser aplicadas a Ella. Como lo aclara Santo Toms: La Santsi-ma Virgen tena fe expresa en la futura Encarna-cin; pero, siendo humilde, no pensaba en miste-

    Detalle de La Anunciacin, por Fra Anglico. Museo Diocesano, Cortona (Italia)

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  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio15

    Entre las gracias de las que estaba llena, reluca un insuperable amor a la virtud de la castidad. Desposada con San Jos, acordaron mantenerse vrgenes para toda la vida

    su padre; 33 reinar sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendr fin.

    En estos tres versculos, el ngel destaca las extraordinarias caractersticas de Aquel que la Virgen habra de concebir. Estaban en perfec-ta armona con la Sagrada Escritura, la cual Ma-ra conoca como nadie, y con la rica imagen del Mesas que haba formado en su espritu a lo largo de los aos.

    Imaginemos cul sera la reaccin de una jo-ven recin casada de aquel tiempo que recibe de un ngel la noticia de que su hijo sera gran-de tanto en el orden sobrenatural: se llamar Hijo del Altsimo, como en el natural: el Se-or Dios le dar el trono de David, su padre. Imposible pensar algo ms elevado.

    Mara, no obstante, reacciona ante la comu-nicacin del ngel dando nuevas muestras de humildad heroica. San Gabriel le anuncia que ser la Madre del ms importante de los hijos de Israel: del propio Mesas. Y Ella lo oye tran-quila y serena, porque sus preocupaciones esta-ban bastante lejos de la gloria personal.

    Perplejidad ante el anuncio34 Y Mara dijo al ngel: Cmo ser eso, pues no conozco varn?

    Aqu resplandece la fe del todo infrecuente de la Virgen Mara, ante el anuncio hecho por

    el ngel. Cuando le oye decir concebirs en tu vientre y dars a luz un hijo, reconoce que de hecho se trata de un mensaje divino, y no pone ningn obstculo a su realizacin. Sin embargo, entre las gracias de las que estaba llena, reluca un insuperable amor a la virtud de la castidad. Desposada con San Jos, acordaron mantener-se vrgenes para toda la vida.17 Y es en este sen-tido que se debe entender la expresin no co-nozco varn. Podemos suponer que habran te-nido largas conversaciones al respecto, llegando a la conclusin de que el voto de castidad hecho por ambos era claramente inspirado por Dios.

    Incluso con esa conviccin bien arraigada en el alma, Ella no dud de las palabras de San Ga-briel. Tan slo le presentaba su perplejidad, con vistas a conocer ms a fondo cmo habra de concretarse el designio divino.

    El origen enteramente sobrenatural del Verbo Encarnado35 El ngel le contest: El Espri-tu Santo vendr sobre ti, y la fuerza del Altsimo te cubrir con su sombra; por eso el Santo que va a nacer ser llama-do Hijo de Dios. 36 Tambin tu parien-te Isabel ha concebido un hijo en su ve-jez, y ya est de seis meses la que llama-ban estril, 37 porque para Dios no hay nada imposible

    Detalle del friso de La Anunciacin, por Fra Anglico - Museo Diocesano, Cortona (Italia)

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  • 16HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Hay, pues, entre el Padre Eterno y Mara Santsima un paralelo de impresionan-te grandeza

    1 La humanidad de Cristo por es-tar unida a Dios; la bienaven-turanza creada por ser goce de Dios; la bienaventurada Vir-gen por ser Madre de Dios, tie-nen una cierta dignidad infinita que les proviene del bien infini-to que es Dios. Y en este senti-do, nada se puede hacer mejor, pues nada puede ser mejor que Dios (SANTO TOMS DE AQUINO. Suma Teolgica, I, q. 25, a. 6, ad. 4).

    2 dem, I, q. 25, a. 6, ad. 3.3 SAN BERNARDO. Obras Com-

    pletas. Homilas sobre la Vir-gen Madre 3, 1. Madrid: BAC, 1953, t. I, p. 207.

    4 SAN BUENAVENTURA. Me-ditaciones de la vida de Cristo. Buenos Aires: Santa Catalina, 1945, p. 7.

    5 SAN AGUSTN. Sermo 215, 4. ML 38, 1074.

    6 JOURDAIN, Z.-C. Somme des grandeurs de Marie. 2. ed. Pa-rs: Hyppolite Walzer, 1900, t. II, p. 268.

    7 CAMPANA, Emile. Marie dans le Dogme Catholique Les Pr-rogatives de Marie. Montr-jeau: Soubiron- Cardeilhac, s. d., t. II, pp. 281-282

    8 Cf. ROYO MARN, OP, Anto-nio. La Virgen Mara. Madrid: BAC, 1968, pp. 252-268.

    Quin sino Dios, su Creador, conoca el amor extraordinario de la Virgen Mara a la vir-tud de la pureza? Por eso l, que es la Delicade-za en esencia, tuvo el cuidado de enviar al celes-tial mensajero para que resolviera con extraor-dinaria elevacin y reverencia su santa perple-jidad.

    Al conocer por instruccin divina el proble-ma que la maternidad divina levantaba en Ella, el ngel le muestra que, as como le haba con-cedido a su prima Isabel concebir un hijo en la vejez, la omnipotencia divina podra hacer que concibiera sin el concurso de un varn. Y Ella, resplandeciente de sabidura e inteligencia, en-tiende en toda su profundidad las explicaciones del ngel y enseguida las acepta.

    El origen enteramente sobrenatural del Ver-bo Encarnado fue revelado en aquel momen-to. Qu consideraciones no habr hecho Ma-ra cuando conoci el alcance de ese aconteci-miento!

    Mara engendr en el tiempo a la misma Persona engendrada por el Padre en la eternidad38 Mara contest: He aqu la esclava del Seor; hgase en m segn tu pala-bra. Y el ngel se retir.

    La esclavitud es el estado ms deplorable pa-ra una criatura humana. Por el Derecho Roma-no, quien caa en esa situacin era considerado una cosa, res, y perda todos los derechos pro-pios a la persona humana. Y cuando la Virgen Mara dijo: He aqu la esclava del Seor, lo hizo con total conciencia, ponindose por com-pleto en las manos de Dios, con absoluta con-fianza en su liberalidad.

    A partir de ese acto de radical aceptacin, to-do hecho de humildad y de fe, se obr inmedia-tamente despus la concepcin del Verbo En-carnado en su seno virginal.

    Consideremos ahora un aspecto particular-mente conmovedor de ese fiat.

    El Verbo de Dios fue engendrado por el Pa-dre desde toda la eternidad. Conocindose a s mismo, engendr un Hijo eterno sin concurso de madre alguna, de una forma misteriosa que nuestra inteligencia no consigue comprender.

    Ahora bien, despus del consentimiento de la Virgen Mara He aqu la esclava del Se-or, hgase en m segn tu palabra, el Esp-ritu Santo inici en Ella el proceso de gestacin del Verbo Encarnado. Se convirti en Madre sin concurso de padre natural.

    Hay, pues, entre el Padre Eterno y Mara Santsima un paralelo de impresionante gran-deza: al considerar sus propias magnificencias, ste engendra al Hijo en la eternidad; y Ma-ra, poniendo en las manos de Dios su propia contingencia, engendra al Hijo de Dios en el tiempo.

    Por ser la ms humilde de todas las criaturas, la Virgen Mara reproduce de alguna manera la generacin del Verbo en la eternidad, al dar ori-gen en la Tierra a la naturaleza humana de Je-ss. El Padre cre todas las cosas en el Verbo y por el Verbo; por la Encarnacin, Mara permi-tir a su Hijo ofrecerse en sacrificio al Padre pa-ra la recuperacin de todas las cosas degrada-das por el pecado. 18

    El grandioso plan de la Encarnacin y de la Redencin del gnero humano estuvo en la de-pendencia de este fiat de Mara, porque si, por una hiptesis absurda, no hubiera aceptado, no habra Redencin.

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio17

    Fue la Virgen Mara, con su disponibilidad y obediencia, la que intro-dujo en el centro de la obra divina a la Criatura cumbre y modelo arque-tpico de todo lo que existe

    9 CAMPANA, op. cit., p. 278.10 dem, p. 28111 Cf. GARRIGOU-LAGRAN-

    GE, OP, Rginald. La Mre du Sauveur et notre vie intrieu-re. Pars: Les ditions du Cerf, 1954, pp. 34-36.

    12 dem, p. 35.13 dem, ibdem.14 SAN LORENZO DE BRINDI-

    SI. Marial Mara de Nazaret,

    Virgen de la Plenitud. Madrid: BAC, 2004, p. 206.

    15 SANTO TOMS DE AQUI-NO. Op. cit., III, q. 30, a. 1, ad. 2.

    16 BERNARDO. Op. cit., Homi-las sobre la Virgen Madre 1, 5, p. 189.

    17 Cf. SANTO TOMS DE AQUINO. Op. cit., III, q. 28, a. 4.

    18 Observa a este propsito Alas-truey: La Anunciacin de-muestra la participacin en la Encarnacin y, por lo mismo, en la reparacin del mundo cado habida por la Santsima Virgen, de cuyo consentimien-to dignse el mismo Dios es-tar pendiente para tomar carne en su seno (ALASTRUEY, Gregorio. Tratado de la Virgen Santsima. Madrid: BAC, 1945, p. 71).

    III La fIesta de La armona en eL unIverso

    Como hemos visto al principio de este art-culo, Dios escogi, entre infinitas posibilida-des, crear el mejor de los universos, en el que todo se ajusta en funcin de Jesucristo, nues-tro Seor. Porque si l hubiese creado todos los seres en su grado mximo de perfeccin surgira, paradjicamente, una tremenda de-ficiencia, mayor que cualquier otra que poda-mos concebir: la de que el Verbo Encarnado no podra ofrecer nada de s mismo para hacer ms elevada la Creacin.

    Debemos, por tanto, alegrarnos con nuestras limitaciones y, en cierto sentido, incluso con nuestros pecados, pues permiten que Jesucristo ejerza la misericordia, derramando sobre nos-otros, por medio de Mara Santsima, lo que en l existe en plenitud absoluta.

    Sin embargo, la fecundidad de la Precios-sima Sangre de Jess es tal que, al reparar y perdonar, no slo nos restaura lo que hemos perdido, sino que nos trae un complemento, dndonos an ms de lo que anteriormente poseamos. De este modo podemos alcanzar, por la gracia divina, aquello que los seres ms perfectos, si fueran creados, tendran por na-turaleza.

    Ahora bien, fue la Virgen Mara, con su dis-ponibilidad y obediencia, la que introdujo en el centro de la obra divina a la Criatura cum-bre y modelo arquetpico de todo lo que existe, del que todo fluye. Por eso, la Solemnidad de la Anunciacin del Seor celebra la restauracin de la armona en el universo. Es la conmemora-cin del da en que la Creacin se ilumin con un brillo divino, por los mritos de Mara San-tsima.

    Detalle de La Anunciacin, por Fra Anglico. Museo Diocesano, Cortona (Italia)

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  • 18HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    l instinto natural con el que Dios ennoblece el co-razn materno uno de los dones ms extraordi-

    narios concedidos al ser humano, no es sino un plido reflejo de otro instinto, de orden sobrenatural, con el que Cristo adorn el corazn de su esposa, la Santa Iglesia Cat-lica Apostlica Romana. Es la ma-dre tiernsima que infunde el Lu-men Christi en los pueblos, a travs de la proclamacin del Evangelio, y engendra la vida sobrenatural en los hermanos de Cristo, mediante los sacramentos; incentiva a cada uno a que hagan florecer sus propios ta-lentos y los educa para una relacin fraterna, armnica y de mutuo com-plemento.

    Por lo tanto, en la Iglesia se en-cuentra la matriz y el arquetipo del instinto materno, que se expresa en la bienquerencia, en la solicitud y en la ternura con las que evangeliza a los hombres, a los pueblos y a las culturas ms diversas, cumpliendo con el pre-cepto del divino Maestro: Id, pues, y haced discpulos a todos los pue-blos, bautizndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espritu Santo; ensendoles a guardar todo lo que os he mandado (Mt 28, 19-20).

    Pari passu al anuncio del Evan-gelio, la Iglesia, como madre be-nignsima, identificar las cualida-des de cada pueblo y de cada cul-tura; las proteger y estimular su pleno florecimiento, eventualmen-te asimilndolas y haciendo que formen parte de su formidable te-soro cultural. Un rasgo caracters-tico del modus operandi de la Igle-sia es hacer que los pueblos ms dispares se sientan hermanados en sus brazos maternos como miem-bros de una gran familia, la fami-lia de Cristo.

    Las tres fases del mandato divino

    Para muchos de nuestros con-temporneos la evangelizacin puede parecer nicamente el anun-cio de la Buena Nueva salvfica de Cristo a stos o aqullos individuos, a tal o cual pueblo, o incluso a un determinado crculo de influencia cultural, sin preocuparse con una transformacin de las psicologas, de los estilos de vida, de los contex-tos culturales y sociolgicos en los que viven; sin tomarse tampoco la molestia de favorecer el progreso pleno de sus virtudes y talentos, o sin combatir sus vicios y malas ten-dencias.

    Sin embargo, un anlisis ms atento del mandato del divino Maestro, contenido en los mencio-nados versculos de San Mateo, re-vela un proceso de transformacin subyacente al primer anuncio del Evangelio, y traza con claridad tres fases distintas para su plena realiza-cin:

    Primera, la proclamacin pro-piamente dicha de la Buena Nueva: Id, pues, y haced discpulos a todos los pueblos.

    Segunda, la necesidad del Bautis-mo, condicin esencial para el naci-miento del hombre nuevo en Cris-to: Bautizndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espritu San-to. Un requisito que Jess, en la conversacin con Nicodemo, decla-ra de manera an ms perentoria e inequvoca: En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espritu no puede entrar en el Rei-no de Dios (Jn 3, 5).

    Tercera, la etapa ms comple-ja e importante bajo el prisma de la praxis evangelizadora y tambin en cuanto a su duracin: Ensendo-les a guardar todo lo que os he man-dado. La podemos denominar co-mo la fase del discipulado, de la asi-milacin y de la transformacin en

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    Cultura, Evangelio e incul turacin

    Si la ruptura entre Evangelio y cultura es, como observ el Papa Pablo VI, el drama de nuestro tiempo, para la Iglesia resulta de vital importancia no slo evangelizar a las culturas, sino tambin arraigar en ellas el Evangelio.

    D. Marcos Faes de Arajo, EP

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio19

    Cristo, segn nos exhorta San Pablo: Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras; reno-vaos en la mente y en el espritu y re-vestos de la nueva condicin huma-na creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas (Ef 4, 22-24).

    Tal como se puede deducir, sin dificultad, de las palabras del Aps-tol, ya sea de un individuo ya sea de un pueblo, esta fase abarcar nece-sariamente toda su existencia, pues la conversin a Cristo implica un proceso de continua transformacin y perfeccionamiento de los hbitos mentales, de los estilos de vida, de la visualizacin del fin ltimo de la vi-da terrena, de las relaciones con los dems seres humanos, etctera. Una concepcin del hombre, del univer-so y de Dios mismo que con frecuen-cia debe ser ajustada y actualizada en funcin del Seor. Es decir, re-quiere una total metamorfosis en Cristo.

    Metamorfosis en Cristo: objetivo ltimo de la evangelizacin

    En la Constitucin Pastoral Gau-dium et spes sobre la Iglesia en el mundo, el Concilio Vaticano II nos ensea: La Buena Nueva de Cris-

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    Cultura, Evangelio e incul turacin

    D. Marcos Faes de Arajo, EP

    La Iglesia, como madre benignsima, identificar las cualidades de cada pueblo y de cada cultura; las proteger y estimular su pleno florecimiento

    Jesucristo, placa de marfil del siglo XI - Metropolitan Museum of Art, Nueva York; Nuestra Seora del Japn - Museo del Vaticano; Casa tpica

    de Rothenburg (Alemania); Iglesia del Panten, Roma

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    Leop

    oldo

    Wer

    ner

    to renueva constantemente la vida y la cultura del hombre, cado, comba-te y elimina los errores y males que provienen de la seduccin perma-nente del pecado. Purifica y eleva incesantemente la moral de los pue-blos. Con las riquezas de lo alto fe-cunda como desde sus entraas las

    cualidades espirituales y las tradicio-nes de cada pueblo y de cada edad, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo.1

    Confirmando la importancia de esa metamorfosis como objetivo l-timo de la evangelizacin, as se ex-presaba el Papa Pablo VI: Para la

  • 20HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Iglesia no se trata solamente de pre-dicar el Evangelio en zonas geogr-ficas cada vez ms vastas o pobla-ciones cada vez ms numerosas, si-no de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inters, las lneas de pen-samiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humani-dad, que estn en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvacin.2 Y aada el Pontfi-ce: La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue tam-bin en otras pocas.3

    En el contexto de la metamorfo-sis en Cristo, hagamos una rpida incursin en uno de los aspectos de la evangelizacin de las culturas ms destacados en la actualidad: la no-cin de inculturacin del Evangelio. sta es de capital importancia para que la Iglesia obtenga el fruto pre-cioso del mandato del divino Maes-tro: engendrar al hombre nuevo en Cristo, segn la expresin del Aps-tol. (cf. Ef 4, 22-24).

    Qu significa inculturar el Evangelio?

    La palabra inculturacin neo-logismo surgido a comienzos de los aos sesenta en ocasiones ha sido objeto de definiciones algo vagas y ambiguas, dando lugar a ciertas dis-crepancias de ndole semntica. Sin entrar en el mrito del problema, ya que sobrepasara los lmites de este artculo, consideraremos el trmino inculturacin como el proceso por el cual la Iglesia se convierte en par-te de la cultura de un pueblo, segn lo define el telogo jesuita Roest Crollius.4

    Aunque, por el carcter mismo de su vocacin universal, la Iglesia no est vinculada exclusivamente a ninguna nacin, raza o cultura es-pecfica, ni a cualquier corporacin social, poltica o econmica,5 pro-cura relacionarse no slo con los in-dividuos, sino tambin con los di-versos grupos sociales o cultura-les. En este sentido, el Decreto Ad Gentes afirma: La Iglesia, para po-der ofrecer a todos el misterio de la salvacin y la vida trada por Dios,

    debe insertarse en todos estos gru-pos con el mismo afecto con que Cristo se uni por su Encarnacin a determinadas condiciones socia-les y culturales de los hombres con quienes convivi.6

    En todas las civilizaciones hay restos del orden natural

    En realidad, la preocupacin de la Iglesia en inculturar el Evange-lio no es un fenmeno reciente, ex-clusivo de los tiempos posconcilia-res: se remonta a los orgenes mis-mos del cristianismo. San Justino, el gran apologista del siglo II, ya ense-aba por entonces que era necesa-rio, al entrar en contacto con nue-vas realidades culturales, discernir la semilla del Verbo ( ) pre-existente en ellas,7 puri-ficarlas de todo lo que no fuese se-gn el espritu de Cristo, promover su florecimiento pleno y, de alguna manera, asimilarlas al propio tesoro espiritual y cultural de la Iglesia.

    De hecho, incluso en las civili-zaciones paganas ms distantes del cristianismo encontramos restos del orden natural establecido por Dios en toda la Creacin. Como reflejos del Creador, son dignos de aprecio y deben ser incorporados al tesoro de la Iglesia, sacramento de salva-cin universal y custodia del orden del universo.

    Esa enseanza de San Justino fue reafirmada por diversos Padres de la Iglesia y constituye un teln de fondo para comprender el proce-dimiento de la Esposa de Cristo en el campo de la evangelizacin a tra-vs de los siglos. Nosotros mismos, en pleno siglo XXI, podemos testi-moniar en diferentes terrenos los efectos concretos de esta incultura-cin ya bimilenaria; por ejemplo, en la diversidad de las numerosas litur-gias que la Iglesia conserva en nues-tros das, as como en la variedad y peculiaridad de la iconografa cat-lica.Iglesia de madera (stavkirke) del s. XII, Hopperstad (Noruega)

    La preocupacin de la Iglesia en inculturar el Evangelio no es un fenmeno reciente, exclusivo de los tiempos posconciliares

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  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio21

    Virgen de la Antigua, Catedral de Sevilla; Nuestra Seora, Reina de China, Santuario Nacional de la Inmaculada Concepcin, Washington; La virgen con el Nio, Iglesia de Nuestra Seora de la Consolacin, Roma

    Podemos testimoniar en diferentes terrenos los efectos concretos de esta inculturacin ya bimilenaria; por ejemplo en la variedad y peculiaridad de la iconografa catlica

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    Necesidad de evangelizar a las culturas

    El Magisterio posconciliar ha in-sistido de manera especial sobre es-te particular. Una de las razones pa-ra enfatizarlo es, sin duda, la cre-ciente ola de secularizacin y de re-lativismo del mundo moderno.

    El Papa Benedicto XVI ha sido prdigo en declaraciones, bien so-bre la necesidad de una incultura-cin del Evangelio, bien sobre la evangelizacin de las culturas, como instrumento necesario para que la Palabra de Dios penetre y transfor-me los corazones. Afirmaba: Ca-da pueblo debe hacer que penetre en su propia cultura el mensaje re-velado y expresar la verdad salvfica con su lenguaje propio.8 Unos me-ses antes, les haba recordado a los obispos guatemaltecos que la evan-gelizacin de las culturas es una ta-rea prioritaria para que la Palabra de Dios se haga accesible a todos y, acogida en la mente y en el cora-

    zn, sea luz que las ilumine y agua que las purifique con el mensaje del Evangelio que trae la salvacin para todo el gnero humano.9

    Si la ruptura entre Evangelio y cultura es, como observ el Pa-pa Pablo VI, el drama de nues-tro tiempo, para la Iglesia resulta de vital importancia no slo evan-gelizar a las culturas, sino tambin arraigar en ellas el Evangelio, es de-cir, crear una atmsfera favorable al desarrollo de los propios dones y, en consecuencia, al florecimiento de un estilo de vida peculiar a cada pue-blo, impregnado de las ms variadas virtudes caractersticas del espritu cristiano.

    Multiplicidad y diversidad de la Creacin

    Santo Toms de Aquino nos ex-plica que Dios, en su acto creador, no poda haber hecho slo una ni-ca criatura, por muy excelsa que s-ta fuese; tampoco poda haber crea-

    do una multitud de seres nicamen-te de la misma especie. La razn que presenta el Doctor Anglico est lle-na de lgica y de sabidura: ya que la Creacin tiene por finalidad ltima ser un reflejo del Altsimo tan per-fecto como sea posible, la multipli-cidad y la diversidad de las criaturas era lo ms conveniente para que as reflejasen mejor las infinitas perfec-ciones del Creador.10

    El Autor sagrado tambin dej expresado este principio en el Libro del Gnesis cuando narra la obra de la Creacin: cada una de las partes, considerada individualmente, era buena: Y vio Dios que esto era bue-no (Gn 1, 12.18.25); no obstante, ms excelente an era el conjunto: Vio Dios todo lo que haba hecho, y era muy bueno (Gn 1, 31).

    Ahora bien, si portentosa es la di-versidad entre los seres irracionales, muchsimo ms prodigiosa es cuan-do consideramos al hombre, porque ste engloba en s elementos de to-

  • 22HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    festado que Dios quiere encontrar-se con nosotros en nuestro contexto vital.11

    La gran doxologa final de la Historia

    Una ltima consideracin, a mo-do de eplogo.

    En la Divina Comedia, el inmor-tal Dante califica como nietas de Dios a las obras de arte humanas.12 De hecho, aunque no hayan salido directamente de las manos del Crea-dor, son hijas del talento del hom-bre. En este sentido, se comprende fcilmente la afirmacin del poeta.

    Parafraseando a Dante, y en el mismo orden de ideas, podramos decir que las culturas son nietas de Dios, pues la cultura es del hombre, por el hombre y para el hombre.13 Y como fruto de la multiplicidad de do-nes infundidos por el Altsimo en el alma humana, tambin participan en el llamado a reflejar las perfecciones y a dar gloria a Dios, el Creador de sus creadores. Ahora bien, slo po-drn lograr ese objetivo si estn im-pregnadas de Cristo.

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    Benedicto XVI Cada pueblo debe hacer que penetre en su propia cultura el mensaje revelado y expresar la verdad salvfica con su lenguaje propio

    dos los rdenes creados, sea del rei-no mineral, del vegetal, del animal o incluso del anglico. El ser humano, obra maestra de la Creacin, hecha a imagen y semejanza del Creador, constituye un verdadero microcos-mos, colmado por Dios con super-abundancia de dones naturales, pre-ternaturales y sobrenaturales.

    Maravillado con la magnificen-cia con la que Dios embelleci a su criatura amada, el Salmista can-ta: Qu es el hombre para que te acuerdes de l, el ser humano, pa-ra mirar por l? Lo hiciste poco in-ferior a los ngeles, lo coronaste de gloria y dignidad (Sal 8, 5-6).

    Y reflexionando sobre la gran diversidad de dones que el Esp-ritu Santo concedi al hombre, el Apstol comenta: Y as uno reci-be del Espritu el hablar con sabidu-ra; otro, el hablar con inteligencia, segn el mismo Espritu. Hay quien por el mismo Espritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espri-tu, don de curar. A este se le ha con-cedido hacer milagros; a aquel, pro-fetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espritus. A uno, la diversi-

    Pablo VI Para la Iglesia resulta de vital importancia no slo evangelizar a las culturas, sino tambin arraigar en ellas el Evangelio

    dad de lenguas; a otro, el don de in-terpretarlas (1 Co 12, 8-10).

    As, los diferentes talentos, apti-tudes, psicologas y gustos de cada persona producen distintas expre-siones artsticas, comportamientos, creencias, estilos de vida, dando lu-gar a gran diversidad de criaturas.

    stas constituyen uno de los teso-ros ms preciosos de vida espiritual, intelectual y social que el hombre hereda cuando nace y est llamado a enriquecerlo con su propia contri-bucin y transmitirlo a las siguientes generaciones. En definitiva, por un lado, las culturas estn formadas por el hombre y, por otro, contribuyen poderosamente a formarlo.

    La Encarnacin del Verbo

    Como preparacin para la venida del Mesas, Dios formar gradual-mente al pueblo elegido para el su-premo acontecimiento de la Histo-ria, alternando severos castigos co-rrectivos con la misericordia divina: Mas cuando lleg la plenitud del tiempo, envi Dios a su Hijo, naci-do de mujer, nacido bajo la ley, pa-ra rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiramos la adop-cin filial (Ga 4, 4-5).

    El Verbo Encarnado vivi, pues, como un judo ms de su tiempo, no slo guardando los preceptos esta-blecidos por la Ley divina, sino tam-bin sometindose a las leyes huma-nas y a las costumbres sociales de su pueblo, en todo menos en el peca-do (Hb 4, 15). Y en el contexto re-ligioso, social y cultural de este pue-blo obr la Redencin universal y proclam su mensaje salvfico a to-do el gnero humano: En efecto, el Seor Jess, precisamente en el misterio de la Encarnacin, nacien-do de mujer como hombre perfec-to (cf. Ga 4, 4), no slo est en rela-cin directa con las expectativas ex-presadas en el Antiguo Testamen-to, sino tambin con las de todos los pueblos. Con eso, l ha mani-

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio23

    Aqu entendemos con mayor pro-fundidad la solicitud materna de la Iglesia al promover el desarrollo ple-no de las peculiaridades de cada pue-blo y de cada cultura segn el espri-tu del Evangelio. As, en el fin de los tiempos, tambin sern glorificas de alguna manera, cuando Cristo en-tregue el Reino a Dios Padre, cuan-do haya aniquilado todo principado, poder y dominacin. [] Y, cuan-do le haya sometido todo, entonces

    Id, pues, y haced discpulos a todos los pueblos, bautizndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espritu Santo; ensendoles a guardar todo lo que os he mandado (Mt 28, 19-20)

    Cristo y los Apstoles Triclinio Leoniano, Baslica de San Juan de Letrn, Roma

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    tambin el mismo Hijo se somete-r al que se lo haba sometido todo. As Dios ser todo en todos (1 Co 15, 24.28). sta ser la gran doxolo-ga final de la Historia, dirigida por el propio Hijo al Padre.

    Este canto de glorificacin, ento-nado por el Verbo Encarnado como Primognito de toda la Creacin, in-cluir obviamente a todas las criatu-ras, tanto racionales como irraciona-les. Entre las racionales encontrare-

    mos al hombre con sus bellas obras, entre ellas las culturas ms variadas, en la medida en que stas se aseme-jen a Cristo. En esta perspectiva po-dramos afirmar como cierto que mientras mayores sean la multiplici-dad y la diversidad de estas culturas impregnadas del espritu del Evange-lio, ms noble y bella ser la partici-pacin de los hombres en la magna doxologa con la que Cristo concluir y coronar la obra de la Creacin.

    1 CONCILIO VATICANO II. Gaudium et spes, nm. 58.

    2 PABLO VI. Evangelii nun-tiandi, nm. 19.

    3 dem, nm. 20.4 ROEST CROLLIUS, SJ,

    Ary. What is so new about Inculturation? In: Incultu-ration, Working Papers on Living Faith and Cultures.

    Roma: Pontificia Universi-t Gregoriana, v. V, 1991.

    5 Cf. CONCILIO VATICA-NO II. Gaudium et spes, nm. 58.

    6 CONCILIO VATICANO II. Ad gentes, nm. 10.

    7 Cf. SAN JUSTINO. Apolo-gia Secunda, 8. MG 6, 457.

    8 BENEDICTO XVI. Audiencia General de 17/6/2009.

    9 BENEDICTO XVI. Discur-so a los obispos de Guate-mala de 6/3/2008.

    10 Cf. SANTO TOMS DE AQUINO. Summa Contra Gentiles, l. 2, c. 45.

    11 BENEDICTO XVI. Sacra-mentum Caritatis, nm. 54.

    12 DANTE ALIGHIERI. Di-vina Comedia. El infierno. Canto XI, v. 105.

    13 PAUL POUPARD. Cultu-re et Inculturation: Essai de dfinition. In: Semina-rium. Vaticano. Anno 32, nm. 1.

  • Abriendo la puerta hacia el futuro

    24HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    entreViSta aL CardenaL donaLd WuerL, reLator generaL deL Prximo Snodo

    En una entrevista de la agencia Gaudium Press, el cardenal Donald Wuerl, Arzobispo de Washington (EE. UU.), habla al respecto del prximo

    Snodo sobre la nueva evangelizacin, del que es Relator General.

    Para muchas personas la expresin nueva evangelizacin puede ser confusa y poco clara. Cmo explica Su Eminencia ese trmino?

    La palabra que, para m, mejor lo explica, es aquella que el Papa Benedicto XVI pronunci cuando anunci la creacin del nuevo Con-sejo Pontificio. l dijo que tenemos que aprender a re-proponer. Nos-otros no re-fundamos, no re-crea-mos, porque el mensaje del Evange-lio est ya proclamado. Jess vino y nos dijo que debemos amar a Dios y al prjimo. Ese mensaje en los lti-mos aos, y especialmente en nues-tra cultura, ese mensaje para mu-chas personas de alguna manera ha perdido su carcter salvador, ha per-dido su poder. No toca el corazn.

    La nueva evangelizacin es vol-verlo a proponer a las personas. Vol-ver a escuchar el Evangelio, escu-char de nuevo, y puede ser que usted lo escuche por primera vez correcta-mente. Aquello es lo que Jess vino a ofrecernos. Aquello es lo que la Igle-sia nos ofrece hoy en da. Este vivir la continuidad con los Apstoles y con el Evangelio. El re-proponer no un

    mensaje nuevo, sino el mismo men-saje, pero ahora en una nueva forma en que lo presentamos.

    Nuevo en la forma en que involu-cramos a la gente a escucharlo. To-dos los medios modernos de comuni-cacin hoy en da estn en esta posi-cin. Nosotros solamos confiar en el catecismo, solamos confiar en los bo-letines de la iglesia, y ahora tenemos Youtube, tenemos Facebook, te-nemos Twitter, tenemos blogs, te-nemos todos estos medios electrni-cos. Nueva evangelizacin significa usar eso para narrar la misma historia

    Cmo puede la Iglesia hoy re-proponer a travs de los medios de comunicacin su mensaje evanglico, la enseanza de los documentos

    del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Catlica como lo sugiere el Papa?

    Hay dos cosas. Una es asegurarse de que usted tiene un mensaje preci-so, correcto y adecuado. Porque us-ted tiene el mensaje y tiene un em-paque del mensaje y luego usted tie-ne la entrega del mensaje. Esos son los tres elementos. Para asegurarse de que se tiene el mensaje correcto el Papa dijo que hay que volver atrs y reflexionar sobre el Concilio Vatica-no II. Pero esta vez, reflexionar sobre l en una hermenutica de la conti-nuidad. Reflexionar sobre l, ya que es la verdad que nos viene de los Apstoles, que en el Concilio Vatica-no II los obispos reflexionaron sobre ella en trminos de cmo aplicar eso a los problemas de hoy.

    Hay que asegurarse de tener el mensaje correcto. En segundo lu-gar, como ste est empaquetado, tenemos que ser capaces de decir el mensaje en el lenguaje de la gente de hoy. Usted tiene que aprender a ha-blar de una manera diferente. Por lo tanto, hay un mensaje, el empaque y la entrega. Tenemos que transmitir el mensaje con todos los mecanismos que los jvenes estn utilizando hoy.

    Tenemos que trans-mitir el mensaje con todos los mecanis-mos que los jvenes

    estn utilizando hoy

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio25

    Ellos no necesariamente recu-rren al peridico de nuestra ar-chidicesis, pero s lo hacen a nuestro blog. Ellos frecuentan nuestra pgina web. Por lo tan-to, hay que ver como se articula el mensaje y hay que ver los me-dios para intentar llegar a las personas.

    La voz de la Iglesia es escuchada en el mundo moderno?

    Yo pienso que estamos en-contrando muchas perso-nas que aprecian la voz de los obispos. Pero tenemos que re-cordar que estamos luchando contra un casi enorme tsuna-mi de voces seculares. As, muchos de los medios de co-municacin son claramente seculares y algunas veces in-cluso hostiles a los principios de que estamos hablando. Y por lo tanto, es una lucha, una lucha para hacer escuchar la voz del Evangelio en esta cacofona de otras voces.

    Recientemente, la Congregacin para la Doctrina de la Fe public una Nota con algunas sugerencias de cmo vivir el Ao de la Fe. Cul de ellas, Eminencia, se va a realizar en la Archidicesis de Washington?

    A nivel archidiocesano estamos ha-ciendo casi todo lo que se ha propues-to. Estamos empleando todos los es-fuerzos de la nueva midia para lle-gar a nuestro pueblo. En el plano edu-cativo estamos haciendo foros de ca-tequesis, estamos promoviendo la participacin activa de las personas en el nivel parroquial a travs de los consejos parroquiales, mediante el es-fuerzo pastoral de la parroquia. En el compromiso de nuestro esfuerzo por la justicia social, estamos invitando a la gente a ser parte de todas las dife-rentes iniciativas a las que las parro-quias de la archidicesis se dedican.

    Lo que estamos haciendo es tam-bin, cada vez que tenemos una oportunidad, por ejemplo, si se tra-ta de una homila en Navidad, o si se trata de una enseanza de Advien-to o de Cuaresma, invadimos a la co-munidad con anuncios de televisin, anuncios de radio de nuestros sitios web. Incluso ponemos avisos en to-da la ciudad. Es una manera de con-seguir la atencin de la gente, in-vitndolos a visitar nuestra pgina web. As que probablemente, es ca-si todo lo que est en la lista de las

    El cardeal Donald Wuerl saluda a Benedicto XVI el 19/1/2012

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    sugerencias lo que estamos ha-ciendo o nos ha tocado hacer en su momento.

    Los frutos de esos programas...

    Bueno, pienso que estamos viendo responder a muchos j-venes. Te doy un ejemplo. Te-nemos el ministerio catequ-tico en una de las universida-des seculares. Aos atrs, el joven sacerdote de ese minis-terio comenz con veinte estu-diantes que iban a Misa. Y l empez a explicarles la belle-za, la maravilla del Evangelio y les dijo a cada uno: Usted debe convertirse en un aps-tol de este campus. Usted debe traer a alguien nuevo a la Mi-sa. Yo fui hace un ao y haba 200 jvenes estudiantes. Es s-

    lo un ejemplo, uno de los frutos del esfuerzo, de la necesidad de invitar a regresar. La nueva evangelizacin es, bsicamente, el llamado a invitar a regresar a la Iglesia. Hay personas alejadas y personas que simplemen-te buscan la Palabra. Eso es slo un ejemplo.

    En qu nos puede ayudar el Ao de la Fe?

    Es una oportunidad de volver atrs y mirar lo que el Concilio ha dicho y cun bien estamos imple-mentndolo. Es una oportunidad para renovar en nuestros corazones la fe, nuestra conviccin en el Evan-gelio. Y una oportunidad para invi-tar a otros a compartir con nosotros el misterio del amor de Dios y el lla-mado al discipulado. Y el Ao de la Fe ser un tiempo para concentrar-se en las cosas que ya se han dicho y para recordar que la nueva evan-gelizacin va a continuar en el futu-ro. El Ao de la Fe est abriendo la puerta hacia el futuro.

    (Gaudium Press / Anna Artymiak)

    Estamos encontrando muchas personas que aprecian la voz de los obispos. Pero tenemos que recordar que esta-mos luchando contra

    un casi enorme tsuna-mi de voces seculares

  • Cursos de vacaciones

    ALas ramas masculina y femenina organizan programas de formacin para jvenes

    26HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Formar con vivacidad Como ya es habitual, los expositores se apoyaron en piezas teatrales para facilitar la asimilacin de los temas tratados (fotos 1 y 2), pero tambin recurrieron a animados debates (foto 3). Un nuevo

    conjunto musical formado por jvenes hizo varias presentaciones en esos das (foto 4).

    provechando el perodo de las vacaciones escola-res, ms de 900 aspirantes a Heraldos del Evan-

    gelio de la rama masculina se congregaron en Caieiras, Brasil, del 16 al 27 de enero, para participar en un curso de formacin sobre los Diez Mandamientos. A travs de conferencias, piezas de teatro y debates, se les mostraba a los jvenes los fundamentos teolgicos de estos preceptos divinos y se les enseaba la mejor manera de practicarlos.

    Simultneamente, la rama femenina de los Heraldos organiz un encuentro, para jvenes de diferentes re-giones de Brasil y del extranjero, en la Casa Generalicia de la Sociedad de Vida Apostlica Regina Virginum, si-tuada tambin en Caieiras.

    El curso en el que ellas participaron pretenda poner de relieve la llamada universal a la santidad, expresado

    tan claramente en el Catecismo de la Iglesia Catlica: Todos los fieles, de cualquier estado o rgimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la per-feccin de la caridad. Y se les recordaba que para al-canzar esta perfeccin era necesaria la prctica habitual de las virtudes cristianas.

    As pues, las actividades se estructuraron con el fin de dedicar cada da a una virtud: humildad, castidad, obediencia, caridad, etc. Como conclusin, se trat so-bre la santidad en general y la forma de conseguirla, va-lindose para ello del ejemplo de varios santos.

    Todos los das, antes del comienzo del curso, se celebra-ba la Santa Misa y se expona el Santsimo Sacramento. Va-rios sacerdotes estuvieron a disposicin de las participantes para administrar el sacramento de la Reconciliacin.

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  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio27

    Rama Femenina Todos los das, antes del inicio de las conferencias y teatros (fotos 1 y 2), las jvenes participaban en la Santa Misa y dedicaban un perodo a la Adoracin Eucarstica (foto 3).

    Las comidas eran motivo de animadas conversaciones sobre los temas tratados en las exposiciones (foto 4).

    Recepcin de hbitos Al final del Curso de vacaciones, 47 chicos de diversas naciones y Estados de Brasil recibieron de manos del fundador, Mons. Joo Scognamiglio Cl Dias, EP, el hbito de los Heraldos del Evangelio.

    Tambin recibieron del superior general un consejo espiritual y una palabra de estmulo.

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  • 28HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Salvador de Baha Ms de 400 fieles participaron el pasado mes de enero en la prctica piadosa de los Primeros Sbados, celebrada en la baslica de Ntra. Sra. de la Concepcin da Praia. En diciembre, Mons. Gregorio Paixo, OSB,

    obispo auxiliar de la archidicesis, visit la casa de los Heraldos y celebr una Misa para los cooperadores de la entidad.

    Clase inaugural En la fiesta de Santo Toms de Aquino, el 28 de enero, Mons. Benedito Beni dos Santos, Obispo de Lorena, imparti la clase inaugural del ao acadmico 2012 en el seminario de los Heraldos del Evangelio. Para desarrollar el tema La Nueva Evangelizacin, se vali del documento preparatorio

    para el prximo Snodo de los Obispos.

    Congreso de profesores Los das 28 y 29 de enero los equipos de coordinacin pedaggica de los colegios Heraldos del Evangelio de diversos pases de Amrica Latina y Estados de Brasil, acompaados

    por 66 profesores, realizaron un encuentro en el colegio ubicado en Granja Viana.

  • Entrega de ttulos acadmicosE

    Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio29

    Nova Friburgo Heraldos reciben la medalla Amigos de la Marina. El obispo diocesano, Mons. Edney

    Gouva Mattoso, particip en la ceremonia.

    Salespolis El da 7 de enero, primer sbado de mes, cooperadores de los Heraldos llevaron

    a la imagen del Inmaculado Corazn de Mara a los enfermos.

    l rector de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medelln, Colombia, Mons. Luis Fernando Rodr-

    guez Velsquez (foto de la izquierda), presidi la solemne ceremonia de entrega de ttulos acadmicos realizada el 11 de febrero en la iglesia del seminario de los Heraldos del Evangelio, en Caieiras, Brasil. Doce heraldos recibieron el

    diploma de bachillerato cannico en Teologa, veintids se graduaron en Filosofa y dieciocho miembros de la rama femenina concluyeron el curso de Ciencias Religiosas. En el acto particip, como invitado especial, Mons. Massimo Francesco Pepe, en representacin de la Congregacin pa-ra la Educacin Catlica (foto de la derecha).

  • 30HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Italia El Obispo de La Spezia-Sarzana-Brugato, Mons. Francesco Moraglia, nombrado recientemente Patriarca de Venecia, administr el sacramento de la Confirmacin a los jvenes de las parroquias de Santa Teresa del Nio Jess (a la izquierda)

    y de San Venerio y San Roque (a la derecha), ambas confiadas al cuidado pastoral de los Heraldos del Evangelio.

    Per Dos heraldos sacerdotes defendieron en diciembre sus tesis de maestra en Teologa Dogmtica en la Facultad de Teologa Pontificia y Civil de Lima: D. Juan Carlos Cast, EP (foto de la izquierda) y

    D. lvaro Meja Londoo, EP. El tribunal examinador estaba presidido por el Rector, Mons. Pedro Hidalgo.

    Uruguay En los meses de diciembre y enero la orquesta de los Heraldos de Paraguay realiz presentaciones en varias iglesias de las ciudades de Maldonado, Minas y Montevideo.

    Costa Rica Heraldos peregrinan a la baslica de Nuestra Seora de los ngeles, patrona del pas, a fin de pedirle

    gracias para todas las actividades del ao 2012.

  • Misin Mariana en MadridD

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    Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio31

    el 22 al 29 de enero se realiz una Misin Maria-na en la parroquia de San Emilio, Madrid. El prro-

    co, D. Pablo Maldonado Jurez (foto 2), coron la imagen del Inmaculado Corazn de Mara. Durante la misn fue-ron visitadas cerca de un centenar de familias (foto 3). El

    sbado 28 se realiz una procesin por las calles de la pa-rroquia rezando el Santo Rosario, a la que acudieron unas 400 personas (foto 4). La misn fue clausurada el domin-go con una solemne Eucarista que cont con la presencia del coro de los Heraldos del Evangelio (foto 1).

    Portugal Con motivo de las fiestas de fin de ao, el Coro y Orquesta de los Heraldos del Evangelio dio varios conciertos en diversas ciudades del pas, desde Braga hasta Lisboa. En las fotos, en la iglesia de la Santsima

    Trinidad, en Oporto (a la izquierda), y en el Centro Penitenciario de Izeda, en Bragana (a la derecha).

  • Docilidad a la voluntad de Dios

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    32HeraldosdelEvangelio Marzo 2012

    Santa LuiSa de mariLLaC

    Sumisa a los designios de la Providencia, dej a sus hijas el legado de la docilidad incondicional a los designios divinos e hizo brillar en los cielos de la Iglesia la estrella de la accin, unida a la contemplacin, en las rdenes religiosas femeninas.

    l da de San Sebastin, encontrndome en los Mrtires, me sent insta-da por el deseo de dar-

    me a Dios para hacer en toda mi vi-da su santsima voluntad,1 declar San Luisa de Marillac.

    Esta madre de un gran nmero de hijas espirituales les leg la herencia de la docilidad incondicional a la vo-luntad del Padre, para seguir los pa-sos de Cristo, en la dedicacin de to-da su existencia, a recorrer ciudades y pueblos haciendo el bien a los cuer-pos y a las almas de los ms necesita-dos: Las personas de la Caridad tie-nen la felicidad de tener esa relacin con nuestro Seor, de estar como l, ora en un lugar, ora en otro, para la asistencia del prjimo.2

    As fue esta santa cofundadora, con San Vicente de Pal, del Insti-tuto de las Hijas de la Caridad, que desde el siglo XVII acta como un brazo benfico de la Iglesia, soco-rriendo a pobres, enfermos y nios, y entr en el siglo XXI con ms de 24.500 hermanas, extendidas en cer-ca de noventa pases.3

    Muy pronto conoci la voluntad de Dios

    Luisa naci en Pars el 12 de agos-to de 1591, en el seno de una buena

    estirpe francesa. Su familia, de noble linaje, era profundamente cristiana. El nombre Marillac est vinculado, en Francia, a prelados, abades, sacer-dotes, abadesas y religiosas.

    Tena pocos das de vida cuando falleci su madre. A los 15 aos, su padre Luis de Marillac, seor de Ferrire y de Villiers tambin mu-ri. Entonces comenzara una serie de pruebas y sufrimientos median-te los cuales la Providencia quiso aproximar a la joven hacia s: Bien pronto me hizo Dios conocer su vo-luntad, que fuese hacia l por la cruz. Desde mi nacimiento y en todo tiempo, casi nunca me dej sin oca-sin de sufrir.4

    Sin embargo, recibi esmerada educacin: aprendi Literatura, Fi-losofa y Latn. Estaba dotada de un notable sentido artstico y le gus-taba pintar imgenes y cuadros. Es digno de mencin uno que pint, ya de adulta, y que en la actualidad es-t guardado como reliquia en la ca-sa madre de las Hijas de la Caridad: Nuestro Seor Jesucristo de pie, de tamao casi natural, con el corazn radiante sobre el pecho, extendien-do sus manos traspasadas, [] y con una expresin de bondad.5 Causa admiracin saber que el divino mo-delo se apareci exactamente as a

    Santa Margarita Mara Alacoque, cerca de 50 aos ms tarde...

    Es la representacin de aquel a quien adoraba en el corazn y a donde convergan todas las opera-ciones de su alma: Habiendo ledo el Evangelio del buen sembrador, y no reconociendo en m ninguna tie-rra buena, dese sembrar en el Co-razn de Jess todas las produccio-nes de mi alma y las acciones de mi cuerpo, para que, teniendo el creci-miento de sus mritos, no obre yo ms sino por l y en l.6

    La prdida de su padre le ense la fragilidad de las cosas de este mun-do. Su to Miguel de Marillac con-sejero del Parlamento Real, catlico fervoroso y benemrito de varias con-gregaciones religiosas la acogi, pero ella quiso ingresar enseguida en un convento de capuchinas. Sin em-bargo, a causa de su complexin dbil y delicada salud, su confesor fray Honorato de Champagny la disua-di de esa idea. ste discerna en ella otro camino: Hija ma, yo creo que son otros los designios de Dios.7

    Una gracia mstica le pronostica su futuro

    Impedida de hacerse religiosa, en 1613 se cas con Antonio Le Gras, se-cretario de la reina Mara de Mdicis,

    Hna. Juliane Vasconcelos Almeida Campos, EP

  • Marzo 2012 HeraldosdelEvangelio33

    hombre piadoso y de conducta inta-chable. De esta unin naci un nio: Miguel, objeto de su amor extremoso.

    Luisa