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L L A A V V I I O O L L E E N N C C I I A A D D E E G G É É N N E E R R O O Y Y L L A A S S A A L L U U D D : : MANUAL PARA LA SENSIBILIZACIÓN Y LA PREVENCIÓN

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MANUAL PARA LA SENSIBILIZACIÓN Y LA PREVENCIÓN

Edita: Gobierno de Canarias. 2001. Consejería de Sanidad y Consumo •

Servicio Canario de la Salud - Dirección General de Programas Asistenciales

Consejería de Empleo y Asuntos Sociales Instituto Canario de la Mujer

Depósito Legal: G.C.365-2001 I.S.B.N.: 84-943632-6-6

LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y LA SALUD:

MANUAL PARA LA SENSIBILIZACIÓN Y LA PREVENCIÓN

Canarias, Mayo de 2001

INDICE

Página

• Introducción....................................................................................................7

• El proceso de socialización y el origen de la violencia ..................................9

• La violencia contra las mujeres ....................................................................12

− La definición

− La clasificación

− El Código Penal.

• El agresor: estrategias y mitos más generalizados .......................................17

• La mujer agredida.........................................................................................20

• El proceso de la violencia: características ....................................................22

− La escalada

− El ciclo

• Indicadores para la detección .......................................................................25

− Actitud/estado de la víctima

− Problemas de salud recurrentes

− La entrevista

− La historia de salud

• La actuación sanitaria: generalidades ...........................................................29

• Factores de riesgo inminente: Intervención..................................................31

− El escenario de protección

− El plan de seguridad

• Procesos de ruptura de las relaciones violentas............................................34

• Los recursos..................................................................................................36

− ¿Qué hacer?

− El D.E.M.A.

− Centros de apoyo y asesoramiento

− Otros acogimientos

• Bibliografía ...................................................................................................40

La violencia de género o la violencia ejercida contra las mujeres, en su múltiple y variada casuística, es una de las violaciones de derechos humanos más graves y más ocultas que se registran aún en nuestra sociedad, perdurable en el tiempo y resistente, como ninguna otra lo ha sido, a la evolución de las mentalidades y los esquemas sociales. Es además un grave problema de Salud Pública puesto que presenta una alta frecuencia, una incidencia mal conocida, una alta y variada morbilidad y una progresiva mortalidad. El Plan de Salud de Canarias y el Plan Canario de Igualdad de Oportunidades de las Mujeres contemplan entre sus objetivos, la formación de los y las profesionales así como el desarrollo de programas y servicios tendentes a cubrir las necesidades sanitarias de las mujeres. En asunción de dichos compromisos, el Servicio Canario de la Salud, a través de la Dirección General de Programas Asistenciales y el Instituto Canario de la Mujer coeditan la publicación que ahora les presentamos. “La violencia de Género y la salud” está estructurada en dos volúmenes, el primero es una manual teórico y el segundo contiene las unidades didácticas, estando diseñados para ser una herramienta práctica de aplicación en las consultas y en programas de Educación Sanitaria. El manual recoge una visión general sobre la violencia de género y contiene además recomendaciones para la detección precoz, la prevención y la derivación de casos. Con las Unidades Didácticas se pretende incidir en la sensibilización y prevención a través de una intervención educativa-participativa con aquellos colectivos a los que el personal sociosanitario de los Centros tiene acceso, como son los grupos de educación maternal, otros grupos de mujeres y actuaciones en la comunidad (AA.VV, AMPAS,…), incorporando, así una de las directrices de la OMS. Se hace necesaria la participación activa de todos los/as profesionales de los Equipos de Atención Primaria. La sensibilización y el nivel de compromiso tanto humano como profesional en la aplicación de estos instrumentos de trabajo nos conducirá a aumentar la salud y la calidad de vida de las mujeres y, por ende, a la mejora de la sociedad en su conjunto. DIRECTORA DEL INSTITUTO DIRECTOR GENERAL DE CANARIO DE LA MUJER PROGRAMAS ASISTENCIALES

La presente publicación ha sido planificada por la Dirección General de Programas Asistenciales del Servicio Canario de la Salud, Consejería de Sanidad y Consumo, editada conjuntamente con el Instituto Canario de la Mujer, Consejería de Empleo y Asuntos Sociales. Gobierno de Canarias.

Coordinación: Servicio de Atención Primaria, Planificación y Evaluación. •

Dña. Mercedes Cueto Serrano

Grupo de Trabajo: Dña. María Dolores Amador Demetrio

Dña. Rosa Del Valle Alvarez

Dña. Regla Hernández Gallego

Dña. Lourdes Nuez del Rosario

Colaboradoras temáticas:

Dña. Delfina Pérez González.

Dña. Rosario Pizarro Celis.

Servicio de Planificación y Programas del Instituto Canario de la Mujer.

Mecanografía, composición gráfica y corrección de estilo.

Dña. Silvia Ramos Arozamena, Auxiliar Administrativa del Servicio de Atención Primaria, Planificación y Evaluación.

LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y LA SALUD MANUAL Y UNIDADES DIDÁCTICAS PARA LA SENSIBILIZACIÓN Y LA PREVENCIÓN

INTRODUCCION

La violencia de género es un fenómeno extendido en todas las culturas y sociedades del mundo y está ligado a otras formas de discriminación. Estas agresiones, en sus múltiples facetas consideradas durante mucho tiempo como del ámbito privado, sin duda manifiestan las relaciones de dominio que aun persisten de los hombres sobre las mujeres. Las cifras son alarmantes, sobre todo si tenemos en cuenta que suelen salir a la luz sólo los casos más dramáticos y extremos. El silencio que acompaña a las mujeres víctimas de violencia, propiciado por múltiples factores psicológicos y sociales, como asumir el juicio social, sentirse responsable de las agresiones o la falta de perspectivas personales y económicas, perpetúa este fenómeno. En los últimos años, son muchos los esfuerzos dirigidos a afrontar y eliminar esta violencia. Desde el ámbito internacional se han sucedido las declaraciones, convenciones y recomendaciones que reconocen los derechos de las mujeres e instan a los gobiernos y las instituciones a adoptar medidas concretas para prevenir y eliminar la violencia y hacer efectivos los derechos humanos de las mujeres. Desde la Convención para la Eliminación de toda Forma de Discriminación Contra las Mujeres de 1979, pasando por la Declaración de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de la O.N.U. (1993) hasta la Plataforma de Acción de Pekín (la IV Conferencia Mundial de la O.N.U. sobre las Mujeres, 1995). Muchos países están iniciando el proceso de reconocer en la violencia contra las mujeres un problema político, social y de salud de grandes dimensiones, sobre el que hay que trabajar para la consecución de los valores de justicia y equidad que rigen a las sociedades democráticas. En nuestro país, según una macroencuesta realizada por el Instituto de la Mujer en el año 2000, cuatro de cada cien mujeres españolas mayores de edad declaran haber sido maltratadas durante el último año, lo que eleva la cifra a un total de 1.865.000 mujeres. Además de aquellas que lo reconocen, hay un alto número (640.000) que, aunque no se considera mujer maltratada, admite que frecuentemente o a veces, han sufrido agresiones como insultos o amenazas e incluso golpes. En el 70% de los casos, los actos violentos se han padecido durante más de cinco años y suelen tener mayor incidencia en mujeres entre 45 y 64 años. En nuestra Comunidad Autónoma (a noviembre de 2000) se han registrado un total de 2.235 delitos de violencia contra las mujeres. De éstos, 1.219 casos fueron denuncias por malos tratos de los maridos a sus esposas.

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Datos recientes del D.E.M.A. (Dispositivo de Emergencia para Mujeres Agredidas) confirman el aumento de las alertas por violencia, con una media diaria de diez llamadas al servicio, 112. La actuación y prevención sobre este problema requiere la intervención coordinada de todas las instituciones con medidas tendentes a dar respuestas rápidas y eficaces ante estas situaciones. El Servicio Canario de la Salud a través del Plan de Salud y la Ley 11/1994, de 26 de julio, de Ordenación Sanitaria de Canarias (L.O.S.C.A. BOC nº 96, de 5 de agosto de 1994) prevé la formación y sensibilización del personal de los servicios sanitarios para la detección precoz, diagnóstico, tratamiento y derivación efectiva de las mujeres víctimas de violencia. Al ser los Centros de Salud y los servicios de urgencia los dispositivos sanitarios más cercanos a la población y a los que, generalmente, de forma primaria acude la mujer víctima de violencia, se hace necesaria la elaboración de este material con el fin de dotar a nuestros/as profesionales de los conocimientos y herramientas necesarias para intentar dar respuestas efectivas a este grave problema.

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EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN Y EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA La violencia de género es un fenómeno íntimamente ligado a la forma en la que mujeres y hombres hemos sido socializados y educados. Una persona hace suyos los modelos, los valores, las normas que le son transmitidos por otras/os miembros de la sociedad, adquiriendo, con ello, una determinada identidad social. Esto es, asimila e interioriza una serie de características culturales y sociales que se asignan y transmiten a uno y otro sexo biológico, de modo diferente, determinando una identidad de género diversa:

Identidad Femenina/Identidad Masculina

La socialización se realiza a través de la familia, la escuela, los modelos sociales y los grupos de referencia, los medios de comunicación o el lenguaje... De entre todos, la familia es el agente socializador más importante, ya que la madre y el padre se convierten en la primera referencia directa para niñas y niños, y, por tanto, determinantes en la formación de sus identidades. Además de la referencia inmediata de su propia identidad como individuos, padres y madres suelen desarrollar pautas educativas y de comportamiento diferentes con los hijos y con las hijas. Por ejemplo, se da mayor libertad de acción a los niños, mientras que existe mayor tendencia a mostrar actitudes o desarrollar conductas de protección hacia las niñas. También observamos que niños y niñas no practican los mismos juegos, que utilizan juguetes distintos... En definitiva, se puede considerar que se educa en la diferencia y no en la igualdad o coeducación.

El hecho de que niñas y niños sean educados de forma desigual, unido a la transmisión de modelos sociales de referencia distintos para uno y otro sexo, da lugar a que se modelen mujeres y hombres con valores y comportamientos diferentes, que desempeñarán funciones sociales distintas. Pero no sólo distintas, sino des-iguales, con desigual valor en uno y otro sexo, y, además, estereotipadas, es decir, invariables, ajustadas a un modelo mantenido y transmitido igual a lo largo del tiempo.

Algunos de los rasgos que se potencian en uno y otro sexo, conformando distintas identidades, son los siguientes:

Identidad masculina Identidad femenina

Independencia

Fuerza

Dominio

Competitividad

Seguridad

Confianza

Dependencia

Debilidad

Sumisión

Cooperación

Inseguridad

Resignación

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En tanto el modelo masculino se ha configurado y transmitido como la referencia absoluta y paradigma del ser humano, definido en positivo, la identidad femenina se ha ido definiendo por vía negativa o de exclusión, por el "no-ser, carecer de, o pertenecer a". Los valores predominantes en cada identidad coinciden con aquellas características que son consideradas socialmente más apropiadas para desempeñar los roles que se esperan de uno y otro sexo, y cualquier comportamiento ajeno o contrario a estos valores será considerado como desviación. El conjunto de valores y comportamientos asociados a cada papel social o rol constituyen los estereotipos de género.

ESTEREOTIPOS SOCIALES

Mujer Hombre

Rol Esposa

Ama de casa/madre/cuidadora Rol reproductivo

Cabeza de familia Trabajador/mantenedor

Rol productivo

Trabajo Doméstico

Productivo valorado como aporte económico complementario

Productivo valorado como aporte económico principal

Funciones Equilibrio afectivo y emocional

de la familia Bienestar material de la familia

Cada rol determina el desempeño de un tipo de funciones sociales diferentes y de desigual valor - siendo más valorada la producción y menos la reproducción- y generan unas relaciones sociales y familiares de poder desigual y un reparto de responsabilidades y derechos diferente, abocando, entre otros efectos, a la dependencia económica de las mujeres y/o, pese a la independencia económica, a la doble jornada laboral y a la renuncia del desarrollo personal. Las desiguales relaciones de poder, la dependencia económica y la minusvaloración del rol social femenino, determinan una relación de desequilibrio entre ambos sexos, y van configurando una posición de subordinación de la mujer frente al hombre, cuyo rol, a su vez, se va configurando como representación de la autoridad y el paradigma de referencia del ser humano (androcentrismo); a lo largo del tiempo, se ha consolidado la identificación entre autoridad y poder, y los roles se han adaptado y asignado con arreglo a este binomio. Las relaciones de poder entre el rol masculino, como dominante y referente de autoridad, y el femenino como subordinado, sustentan un esquema de sociedad y organización familiar conocido como "patriarcado". En este modelo, las desigualdades están presentes en todos los ámbitos, públicos y privados, determinando un ejercicio y un reconocimiento social de derechos y libertades desigual en ambos sexos, pese a la igualdad jurídica ya existente en muchos países.

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En el ámbito privado, la mujer tiende, en virtud del aprendizaje del rol, y no por determinismo biológico, a priorizar la familia sobre el resto de sus fuentes de realización o satisfacción personal o profesional (estudios, trabajo, política, aficiones). Su autovaloración y su felicidad están mediatizadas por su éxito o su fracaso en este ámbito, más que en otros, es decir, por lo que "se espera" socialmente de ella. Las energías vitales de las mujeres deben destinarse por "mandato social", asumido e internalizado por vía educativa y mimética con su modelo de referencia, a satisfacer las necesidades y deseos de otros/as, a ser generosas y entregadas en lo que se consideran "sus funciones" (reproducción, asistencia, educación), funciones de servicio a otras personas, a las que siempre deben supeditarse las necesidades, intereses y deseos de las mujeres, que quedan en un segundo plano o definitivamente relegados en la escala de prioridades familiares y sociales. En los ámbitos educativo y laboral asistimos a la segregación horizontal (niveles de responsabilidad, poder, prestigio y remuneración) y vertical (por sectores laborales y especializaciones académicas) de opciones, orientaciones y posibilidades de desarrollo diferentes. Asistimos al desigual reparto de responsabilidades, salario y oportunidades de promoción en la empresa, al desigual acceso a la formación y a la imposible compatibilización de horarios y responsabilidades familiares y profesionales, fruto de la doble jornada; y, como extremo, al acoso sexual, al despido, al superior índice de desempleo femenino, y al techo de cristal para mujeres en puestos de responsabilidad. En el ámbito político, son los hombres los que optan mayoritariamente a puestos de responsabilidad. La presencia de las mujeres en la política sigue siendo minoritaria, en escalas de poder inferiores y pagando un alto coste personal por esta dedicación pública: la triple jornada y el desdoblamiento imposible o la disyuntiva forzada entre el desarrollo político y profesional y la maternidad.

Pese a los innegables avances experimentados por nuestra sociedad desde 1976, y pese a la mayor presencia de las mujeres en todos los ámbitos públicos, la evolución de los esquemas mentales es muy lenta, y la educación, la familia, los referentes sociales, siguen transmitiendo modelos desiguales por razón de sexo. La violencia de género es una de las manifestaciones, la más brutal, de este modelo social basado en el patriarcado, las desiguales relaciones de poder y la transmisión estereotipada de roles de distinto valor para ambos sexos. Que este tipo de violencia tiene un componente esencial de ejercicio de poder de un sexo sobre otro se evidencia en las estadísticas de mujeres y hombres agredidos por el sexo contrario y en las características de esta agresión, las cuales desvirtúan otras interpretaciones del fenómeno, que lo asocian a patologías individuales o a coyunturas profesionales.

NOTA: Este material es útil para la exposición de las transparencias de la 1 a la 5.

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LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES La violencia contra las mujeres es un fenómeno social muy generalizado, sin fronteras, no exclusivo de un grupo o clase social y que afecta a un gran número de mujeres. Es una realidad constante a lo largo de la historia, derivada, como hemos dicho anteriormente, de la interiorización o asunción de determinados roles o funciones "asignados" de forma diferente a hombres y mujeres. En definitiva, es una expresión de la relación de desigualdad entre hombres y mujeres. La violencia que se ejerce contra las mujeres está presente en todas las culturas, tanto en las llamadas "culturas o sociedades tradicionales" como en las llamadas "sociedades avanzadas, occidentales o democráticas". No obstante, en aquellas sociedades cuyos ordenamientos jurídicos o códigos normativos, religiosos o civiles no equiparan en derechos a hombres y mujeres, esta violencia de género es más explícita, evidente y pública, y, además, es tanto institucional como privada, y adopta (o adoptó, según qué casos) formas más primitivas o brutales (ablación del clítoris; lapidación; incineración en vida; pena de muerte; imposición de ropajes de ocultación; privación de libertad; restricción de la libre circulación y el acceso a determinados bienes y servicios necesarios para la vida, etc.). Por el contrario, en las sociedades en las que existe equiparación legal entre mujeres y hombres, o que están dotadas de un texto constitucional que ampara los derechos individuales de las personas sin distinción de sexo, la violencia de género se ejerce generalmente de forma encubierta, y mayoritariamente en el ámbito privado. Persistiendo, además, una violencia estructural mediante la cual se siguen poniendo obstáculos a la igualdad real. En las sociedades democráticas, la actividad de varias décadas de las organizaciones de mujeres y de los Organismos de Igualdad han ido sacando a la luz pública el fenómeno de la violencia de género. En nuestro país, gracias a las reiteradas denuncias de estas organizaciones y al impulso del Instituto de la Mujer, se consiguió que la Comisión de Derechos Humanos del Senado crease una Comisión de Investigación sobre los Malos Tratos a Mujeres en 1986 y que en las Comisarías de Policía se empezase a contabilizar estadísticamente, de forma diferenciada, las denuncias por malos tratos que las mujeres presentaban contra sus esposos. Este simple hecho, mostró la gravedad de un fenómeno que hasta entonces se consideraba anecdótico, sacó a la luz lo que socialmente se mantenía oculto y obligó, tanto a las instituciones públicas como a las entidades sociales y a la sociedad en general, a plantearse la necesidad de tomar medidas para prevenir y erradicar la violencia de género. A la actividad de estas organizaciones y de los Organismos de Igualdad se han unido las voces de determinadas personas profesionales y, más recientemente, de los medios de comunicación, logrando un mayor conocimiento público del fenómeno de la violencia, de su alcance y características, difundiendo los reiterados casos de agresiones y muertes a mujeres. Con ello, se está generando una cierta sensibilización social y una cierta actitud de repulsa, aun no adecuadamente canalizada y no muy fundamentada en la comprensión de sus causas, ya que es aún muy frecuente su interpretación como comportamientos individuales o fruto de patologías clínicas.

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DEFINICIÓN Podemos definir la VIOLENCIA DE GÉNERO como “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que causa o es susceptible de causar a las mujeres daño o sufrimiento físico, psicológico y sexual, e incluye las amenazas de tales actos y la restricción o privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública o privada”.(Art. 1 de la “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la Mujer” de las Naciones Unidas, 1993). La diferencia entre este tipo de violencia y otras formas de agresión y coerción estriba en que, en este caso, el factor de riesgo es el solo hecho de ser mujer. Tal como se incluye en el concepto, esta violencia, en las formas en que pasaremos a describir, se puede producir tanto en el entorno familiar como en el entorno social de la mujer. Su clasificación está basada en el tipo de daño o sufrimiento que ocasiona, sea cual sea el lugar donde se produzca la agresión. En cualquier caso, dada su elevada frecuencia y, en muchos casos, su invisibilidad, nos centraremos en la violencia familiar o doméstica.

CLASIFICACIÓN Se hace necesario aclarar que aunque a continuación se mencionen tres tipos de agresión o maltrato no existe una clara separación entre ellos y que frecuentemente estos tres coexisten en una situación de violencia. • La violencia física hace referencia al uso deliberado de la fuerza en el cuerpo de la mujer con la intención de ocasionar lesión física, daño o dolor. Lo que importa es la intención de ocasionar el daño. Esta agresión se puede contextualizar tanto dentro como fuera del domicilio familiar, en el trabajo, en la calle,… Estos comportamientos van desde: empujones, bofetadas, puñetazos, patadas, quemaduras, golpes con objetos,…. pudiendo llegar a producir hematomas, fracturas, quemaduras, heridas, cortes, lesiones de órganos internos y/o lesiones irreversibles (Dutton, M.A. 1992). En algunos casos, puede llegar incluso a ocasionar la muerte. • Hablamos de violencia psicológica para referirnos a aquella que atenta contra la integridad psíquica y emocional de la mujer y, fundamentalmente, contra su dignidad como persona (Follingstad et al, 1990). Se incluyen:

Las tácticas usadas por los agresores para conseguir poder y control sobre sus víctimas tales como registrar correspondencia, cajones, controlar llamadas…

Se incluyen también aquellas conductas y/o actitudes destinadas a vigilar e, incluso, prohibir sus relaciones con vecinos/as, amigos/as, familia de origen,… y si no hay una prohibición expresa, se puede manifestar en el intento de crear conflicto con su familia de origen, provocando el aislamiento social de la mujer, llegando incluso hasta la separación física del mundo exterior.

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Fuera del hogar, se puede constatar a través de la prohibición, restricción, rechazo social o existencia de prejuicios en relación con el acceso a las mujeres a determinados espacios públicos (bares, bingos,..). Otra conducta que repercute en el equilibrio psicológico de la mujer es la referida al continuo control económico al que se ven sometidas dentro de sus hogares. La pareja controla de forma obsesiva, en qué y cómo gasta los ingresos familiares, dándole pequeñas cantidades diarias, semanales o mensuales; ocultándole cuanto cobra; exigiéndole que haga todo lo que le demande para poder recibir una cantidad de dinero a cambio; Dentro de ella se contemplan también aquellas prohibiciones o restricciones del marido/compañero para que la mujer participe en actividades fuera del hogar y/o que salga a trabajar. La finalidad última es la de buscar y fomentar el aislamiento de la mujer para poder mantener la relación de poder, y dentro de ella el maltrato. Ejemplos de ello es la prohibición y/u obstaculización para que la mujer estudie, participe en actividades grupales de su centro de salud, de la asociación de vecinos/as de su barrio, de colectivos de mujeres cercanos a ella,… Además de conseguir su aislamiento, es una vía para que no pueda formarse, teniendo más dificultades para conseguir empleo y, por tanto, que siga dependiendo exclusivamente de él. Dentro de esta categoría convendría destacar la agresión verbal, en la que se utiliza la palabra para provocar sufrimiento en las mujeres y destruir la confianza en sí mismas a través de insultos, descalificaciones, desprecios, críticas reiteradas y constantes sobre la forma de actuar o de opinar, prohibiciones acerca de determinadas conductas, órdenes sobre qué debe decir o cómo debe comportarse, amenazas, incluso de muerte,...dirigidas a ellas, a los miembros de sus familias, a los niños/as e incluso a las amistades. Estas conductas pueden producirse también en espacios públicos ante la pasividad de terceras personas. Estaría incluida también en la agresión psicológica, aquella que se basa en la manipulación de los sentimientos de la mujer para conseguir satisfacer los deseos del agresor, mediante el chantaje emocional, el rechazo, el abandono,…Se traduce en la falta de demostraciones de afecto, el rechazo de gestos afectivos que ella pudiera dirigirle, darle de lado en los planes de salidas de ocio,…La destrucción o daño a las propiedades personales a las que se tiene afecto. En general, este tipo de violencia no es tan visible como la física es más difícilmente demostrable y, en muchas ocasiones, no se identifica por la víctima como tal violencia, sino como manifestaciones propias del carácter del agresor.

La violencia sexual adopta las siguientes formas: •

El término agresión sexual hace referencia a una gran variedad de actos violentos cuya definición ha conocido una importante evolución en el proceso de su identificación y penalización por la ley. Constituye una agresión sexual toda tentativa sexual cometida con violencia, coacción, amenaza o sorpresa (Douglas, 1987). Aquí se engloba cualquier comportamiento sexual impuesto contra la voluntad de una persona. Estas puede clasificarse en tres grandes categorías:

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⇒ Agresiones sexuales que no implican contacto corporal: exhibicionismo, forzar a ver material pornográfico, mensajes por correo o por teléfono (incluidas las modernas formas de comunicación), gestos, observaciones y palabras obscenas, insultos sexistas, acoso, proposiciones sexuales indeseadas, voyerismo (presenciar sin consentimiento actos o relaciones sexuales de terceros),…

⇒ Agresiones sexuales con contacto corporal: tocamientos, caricias, masturbación del

agresor, obligación de adoptar posturas que la mujer considera degradantes,…

⇒ Agresiones sexuales con violación (o tentativa de): penetración (o tentativa de) sexual (genital, anal o bucal) sea con órgano sexual, con los dedos o cualquier objeto.

También existe una forma de violencia caracterizada por ir en contra de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer; ésta incluye la prohibición de usar métodos anticonceptivos, posibilitando que se den embarazos no deseados, que se obligue a una mujer a abortar, que se impongan determinadas prácticas sexuales no deseadas por la mujer,…

Cabe distinguir, dada su incidencia, el abuso sexual a menores que hace referencia a las actitudes y comportamientos que una persona adulta realiza para su propia satisfacción sexual con una niña, niño o adolescente empleando chantajes, engaños, amenazas,…y, en algunos casos, la violencia física. Se llama incesto cuando los abusos los lleva a cabo el padre, padrastro, hermano o cualquier pariente cercano. Los abusos sexuales contra las niñas son mayoritarios, abarcando comportamientos como exhibirse desnudo delante de la menor con el fin de excitarse sexualmente, observar a la niña vestirse o desvestirse o cuando está en el baño,… tocarla, besarla, o agarrarla,… así como forzarla a tocar al adulto, realizar sexo oral, vaginal o anal. Obligarla a ver imágenes o películas,…

Además, distinguiremos otras formas:

El acoso sexual o comportamiento ofensivo y no deseado por la persona acosada que tiene lugar en el ámbito laboral, educativo u otro, utilizando una situación de superioridad o, en algunos casos, de compañerismo.

Las mutilaciones sexuales, que son prácticas a las que se ven sometidas muchas niñas por tradiciones propias de los países africanos y asiáticos en los que se residen.

La explotación sexual de mujeres y niñas con fines sexuales y laborales.

Ya hemos analizado en el proceso de socialización que la violencia de género es un fenómeno complejo y con múltiples causas, centrado en la desigualdad que se establece en las relaciones entre hombres y mujeres.

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La forma más eficaz de erradicarla estriba en la educación: − Educando en igualdad (coeducación) a los niños y las niñas. Tanto en la igualdad de

derechos como de oportunidades. Lo que supone que las actitudes y valores tradicionalmente consideradas masculinas o femeninas pueden ser asumidas por personas de cualquier sexo.

− Las personas adultas podemos cuestionar la educación que hemos recibido (reeducar). − Repartir entre hombres y mujeres el trabajo doméstico y el cuidado de las personas de la

familia. − Los medios de comunicación deben ofrecer modelos positivos y evitar imágenes

violentas, degradantes, irrespetuosas, despreciativas, insultantes, o descalificadoras de hombres hacia mujeres, a través de personajes que consiguen su objetivo utilizando la fuerza, la burla o el insulto.

NOTA: Este material es útil para la exposición de las transparencias 6, 7 y 8.

EL CÓDIGO PENAL

La Ley Orgánica 10/1995, de 2 de noviembre, del CÓDIGO PENAL tipifica como delitos penales:

Causar lesiones tanto físicas como psíquicas (art. 147). • • •

La habitualidad de la violencia doméstica física o psíquica (art. 153). Las amenazas de muerte, de lesiones, de torturas, de atentados contra la libertad sexual…(art. 169). El impedir con violencia hacer lo que se quiere u obligar a hacer lo que no se quiere (Art. 172). Las agresiones, aunque no causen lesiones, con penas más duras en el caso de que la víctima sea la esposa, compañera, hijas/os…(art. 617). Los ataques a la libertad sexual, ya sea con violencia o intimidación o sin ella, sin mediar consentimiento (art. 178 y 181). El solicitar favores de naturaleza sexual (acoso sexual) con un comportamiento que provoque en la víctima una situación intimidatoria, hostil o humillante (art. 184.1). La pena se verá agravada si el acosador utiliza una situación de superioridad laboral, docente o jerárquica o si la víctima es especialmente vulnerable (art. 184.2).

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EL AGRESOR: ESTRATEGIAS Y MITOS MAS GENERALIZADOS.

Nos referimos como agresores a individuos varones que usan la violencia de modo habitual en el seno de sus relaciones familiares o sociales, con su pareja sexual, hija, madre u otras mujeres de su entorno doméstico o social, como forma de comunicarse, resolver conflictos, imponer su criterio o su poder, o expresar sus emociones. No se puede hablar de un perfil determinado de maltratador en cuanto a clase social, nivel educativo, religión, ideología, país o cultura. Obedece más a un papel “aprendido”, a una necesidad permanente de demostrar que es “propietario” de la mujer con la que convive. Este fenómeno no se circunscribe, de ninguna manera, a personas o sectores sociales más deprimidos o marginados, ni es consecuencia de un trastorno psicológico de una adicción (alcohol, drogas) o una coyuntura laboral problemática (paro, conflictos laborales). En la mayoría de los casos, se trata de hombres que gozan de buena reputación y estima entre la vecindad, presentando una conducta normal, incluso, intachable fuera del hogar. Es cierto que hay algunos que mantienen sus actitudes violentas fuera del hogar, pero para éstos, la violencia es una constante en sus relaciones, por lo que también buscan otras víctimas (hijos/as, peleas callejeras,…) con las que emplearla. Ejercen una violencia selectiva, ya que seleccionan a la persona objeto de su actos; aquellas que considera más débiles y contra quienes no les suponga problema ejercer violencia. Ellos saben que si dirigen su violencia contra vecinos/as o compañeros/as del trabajo, ello les traerá problemas y consecuencias. Sin embargo, perciben una mayor permisividad y tolerancia social para ejercer la violencia dentro de casa. Se han constatado determinadas pautas de conducta comunes en los agresores, tales como:

• Son celosos, celos basados en el miedo a perder el objeto de su dominación, la mujer.

• Se muestran agresivos, ya que les cuesta controlar su ira o enfado, pero sólo con sus

parejas, usando la violencia para canalizarla. Entre otros rasgos que se repiten con frecuencia encontramos que son mentirosos, coléricos, histriónicos (demandan una continua atención), culpan a los demás de sus errores, esperan la satisfacción de todos sus deseos (aunque no los haya manifestado), etc…

• Muchos de ellos son hijos de maltratadores, tanto si fueron objeto del maltrato como

testigos de él, vivenciando e interiorizando el tipo de relación que su padre mantenía con su madre. En el niño, estos comportamientos y actitudes del padre, van a marcar su proceso de socialización, es decir, está “aprendiendo” como debe comportarse y que se espera de él. Tiende, en muchos casos, a reproducir en sus futuras parejas este tipo de relación.

• Consideran a la mujer como de su propiedad y como un ser inferior. Por lo tanto, creen

que tienen licencia o permiso para controlarla usando cualquier medio, incluso la violencia.

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Se trata de hombres con una baja autoestima, una gran necesidad de poder y control, una falta de habilidad asertiva, que les cuesta pedir con claridad lo que quieren, así como, expresar sus expectativas sobre los demás. Por tanto, el maltrato puede comenzar cuando la mujer demanda más independencia o en algún momento en que él percibe que le está cuestionando su autoridad. Una vez utilizada la violencia y comprobando que con ella consigue su objetivo, la empleará cada vez que quiera canalizar vivencias de frustración, humillaciones, estrés,… de esta forma la sensación de poder compensará situaciones en que claramente percibe que carece de él, que no lo tiene. El agresor actúa secretamente, extrema a menudo sus precauciones para esconder su violencia, no asume su culpa, no admite que es el único responsable de los comportamientos violentos. Incluso, muchos de ellos se muestran a la defensiva, no permitiendo ningún cuestionamiento sobre sus hábitos, gastos, decisiones,… Por lo tanto, se crea estrategias de defensa de sus actos. Se pueden resumir en las siguientes:

Fundamenta: racionaliza los ataques de forma que parezca que está bien lo que hizo. •

Minimiza: resta importancia a la agresión para conseguir distanciarse del daño causado, argumentando que éste no ha sido tan grave.

Desvía el problema: suele achacar su comportamiento a problemas externos a él. Con este mecanismo, traslada la responsabilidad a factores ajenos a sí mismo.

Olvida: asegura que no recuerda, que no es consciente de lo que se le recrimina. Niega abiertamente los ataques para restar credibilidad al relato de la víctima.

Racionaliza: explica coherentemente conductas y hechos, basándose en la moral que insta su entorno.

Proyecta: atribuye a la víctima la responsabilidad de las conductas violentas.

Muchas veces, a los agresores se les atribuye la influencia de determinados factores externos como justificación a los actos violentos que infligen a las mujeres. Estos factores pueden ser el consumo de sustancias adictivas tales como el alcohol, las drogas,.. y/o situaciones determinadas como el desempleo, la insatisfacción y el estrés laboral,…que si bien influyen en el ánimo y comportamiento de las personas, no pueden considerarse causas directas de este tipo de violencia. Otro de los argumentos frecuentes que se esgrimen para dar explicación a los actos de los agresores son los problemas mentales. No es infrecuente oír o leer que un agresor mató a su esposa porque sufrió un “ataque de cólera ciega” o que el acto fue justificado por tratarse de un “crimen pasional”. Esta terminología implica que él no podía realmente hacer otra cosa, era impulsado por fuerzas más allá de su control.

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En contra de este tópico, hay que atender a los estudios científicos sobre este fenómeno que indican que estos hombres no están fuera de sí, ni han perdido el control, ni está locos o enfermos, sino que han elegido ser violentos. • Estos hombres han aprendido que la violencia es una forma efectiva de conseguir control

sobre sus parejas.

• También han aprendido que, en general, hay pocas consecuencias sociales negativas para esta conducta.

• Creen tener el derecho de ejercer autoridad sobre su pareja y relegarlas a un estado de sometimiento y dependencia.

El alcohol y las drogas no hacen que las personas, tras su consumo, se vuelvan

violentas. Hay muchos agresores que ni beben ni consumen drogas, y hombres que beben y consumen drogas que no son agresores. Sin embargo, hay evidencias de que droga y alcohol son usados como excusa para ejercer la violencia:

“Yo nunca pego cuando estoy sobrio. Es precisamente el alcohol

el que me hace comportar así” (1)

“Esnifar coca me vuelve loco” (1)

No obstante, su uso puede aumentar el riesgo de violencia en algunas situaciones y es importante tenerlo en cuenta en la valoración del riesgo o la letalidad potencial y la planificación de la seguridad de la víctima que se tratará más adelante. NOTA: Este material es útil para la exposición de las transparencias 9 y 10.

1 Solber, P.R., Talierro, E. Reconocimiento y prevención de la violencia doméstica en el ámbito sanitario. CEDECS Editorial, S.L. Barcelona. 2000.

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LA MUJER AGREDIDA. Al igual que el agresor, la mujer agredida no responde a un perfil en cuanto a clase social determinada, nivel educativo, religión, ideología, país o cultura, tampoco responden a una determinada edad, estado civil, orientación sexual o rasgos de personalidad…, cualquiera puede experimentar una situación de violencia en algún momento de su vida. Cualquier mujer puede convertirse en víctima. Las mujeres que padecen este tipo de situaciones viven sus relaciones de pareja desde el sometimiento, en una posición de subordinación y de, casi exclusiva, dependencia. Se ven inmersas en un proceso que va minando, poco a poco, la confianza en sí mismas y en sus recursos personales. Viven con un miedo continuo, en un estado de inquietud permanente al tener presente la expectativa de un acontecimiento negativo inminente, el episodio de violencia, del que desconocen y no comprenden sus causas, sus consecuencias y el momento en el que se va a producir. Además, padecen otros tipos de miedo o angustias derivados de la nueva situación a afrontar y de sus posibles consecuencias: temor a perder sus hijos/as, fundamentado, generalmente, en amenazas por parte de su pareja en las que manifiesta su intención de llevarse a los/as hijos/as lejos, si llega a abandonarlo; o que como no tiene trabajo, no le van a permitir que se quede con ellos/as; en las que le acusa de ser mala madre;… Temen por su propia vida, ante las represalias que pueda tomar su agresor por su iniciativa de abandono, denuncia,…; en definitiva, por el hecho de haber cuestionado su autoridad. Este estado de temor, ansiedad e inseguridad que padecen suele provocarles un bloqueo emocional, una ambivalencia de sentimientos hacia el agresor y en la forma de reconocerse a sí mismas. Todas sus emociones oscilan de un extremo a otro en cortos períodos de tiempo, lo que contribuye a un estado de desequilibrio emocional. Entre la repulsa del daño que la relación le está causando a ella y a sus hijos/as y, por tanto, el rechazo del agresor y el amor o compasión que les suscita. Entre el temor a su agresor y la necesidad de romper la relación, además de la inseguridad que la nueva situación les genera.

Por otra parte, estas mujeres no se sienten apoyadas ni comprendidas por las personas de su entorno familiar o cercano. Los sentimientos de culpabilidad están presentes en muchas de ellas. Se pueden llegar a considerar “provocadoras” de la agresión, al pensar que hacen o dicen algo que disgusta a su pareja. Pueden llegar a plantearse que han fracasado en la misión para las que han sido preparadas: cuidar y mantener a la familia. Estas culpabilizaciones pueden aparecer incluso cuando se plantean la ruptura, al creer que sus hijos/as no van a contar con el “modelo tradicional de familia” considerado como necesario para su desarrollo como personas.

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No son conscientes de su condición de víctimas. No piensan que la violencia es un problema social, creen que sólo les pasa a ellas y sienten vergüenza, por lo que intentan ocultar su situación y no denuncian, o tardan mucho en hacerlo. Además, no perciben que están siendo objeto de delito. A todo lo anteriormente descrito, se suman otras dificultades relacionadas con la nueva situación que se les puede presentar si deciden romper, tales como los obstáculos económicos, que son los que más preocupación suscitan, llegando, incluso en algunos casos, a dejar de tomar la decisión de ruptura cuando no prevén que puedan asumir las dificultades que entraña. Un problema añadido es la Falta de cualificación profesional para acceder al mundo laboral con lo que se dificultan sus expectativas de autonomía económica de ella y sus hijos/as si se separa.

El retraimiento en la decisión de formular denuncia, motivado, entre otros, por los siguientes factores: la falta de sensibilización de muchas/o profesionales de este área, las sentencias que ni reflejan la transcendencia de los daños ocasionados ni las protege del peligro que corren; el tiempo que pasa hasta que se inicia un procedimiento judicial contra su agresor,… La vivencia de una agresión continuada va a desarrollar en la mujer un estado de indefensión (Seligman, 1975) caracterizado por la percepción de que, sea cual sea su actitud es incapaz de manejar o resolver la situación por la que atraviesa. Este sentimiento de indefensión, generalmente, la llevará a un estado depresivo y de pérdida progresiva de autoestima, incapacitándola para el abandono de la situación de violencia en la que está inmersa. Anula la personalidad y el instinto de supervivencia de la mujer hasta tal grado que es incapaz de salir del círculo en el que vive. NOTA: Este material es útil para la exposición de la transparencia 11.

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EL PROCESO DE LA VIOLENCIA: CARACTERISTICAS.

La violencia se desarrolla siempre siguiendo unas pautas concretas. Conocer y comprender lo que se ha denominado la escalada y ciclo de la violencia, así como, la percepción que tiene la mujer a cerca de lo que le está ocurriendo es esencial para la prevención y erradicación de este problema social.

ESCALADA DE LA VIOLENCIA

Se establece en el hogar de forma progresiva y se va agravando conforme pasa el tiempo. El agresor empieza generalmente con agresiones psicológicas y verbales, reduciendo con ello la confianza de la víctima en sí misma, denigra lo que es, lo que dice y lo que hace. Más adelante tratará de aislarla de su entorno e intimidarla con amenazas empleando la violencia contra los objetos de la casa o dando puñetazos a las paredes. A menudo esto representa la etapa anterior a la agresión física.

Agresiones psicológicas

Agresiones verbales

Agresiones físicas

Muerte violenta

Este aumento progresivo de la violencia puede extenderse a lo largo de un prolongado periodo de tiempo, de manera que es difícil para la víctima darse cuenta del proceso en el que está inmersa. A menudo, sólo con el paso del tiempo, la víctima constata que existe esta escalada. En esta medida, la primera agresión se ha olvidado, puesto que, no ha sido identificada como el comienzo de una escalada y, sin embargo, puede llegar hasta producirle la muerte. Es importante que la mujer sea consciente del peligro que corre y de la necesidad de protegerse a sí misma y a sus hijos/as, así como de su imposibilidad para controlar y corregir la conducta del agresor. Por tanto, pueden existir daños de violencia psicológica antes de que se produzca la primera agresión física. Además, al principio las reincidencias pueden producirse en un intervalo de tiempo más o menos largo, pero irán haciéndose cada vez más cercanas en el tiempo, así como más brutales.

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CICLO DE LA VIOLENCIA

Remisión

Agresión Tensión

La frecuencia con que se repite este ciclo y la peligrosidad de las

agresiones irán aumentando a medida que se avance en la

escalada de la violencia.

1. Tensión: las tensiones se construyen. 2. Agresión: la violencia estalla. 3. Remisión: fase de calma o de “interludio amoroso”.

El denominado ciclo de la violencia explica por qué resulta tan difícil para algunas mujeres defenderse de ella y alejarse del agresor, una vez pasada la fase de agresión. Según Walker (1984) el ciclo consta de tres fases:

Primera: Tensión. •

Se construye a partir de pequeños conflictos cotidianos y generalmente porque el agresor

no ha visto cumplidas sus expectativas o deseos o porque no le satisface un hecho cotidiano. Ejemplos de estas situaciones pueden ser el que un plato de sopa no esté todo lo caliente que él considera o que el pantalón tiene una arruga que, sin notarse tanto, él magnifica… Cualquier motivo, por insignificante que sea sirve para desencadenar cambios de humor que se producen de forma brusca, inesperada y sin justificación. En esta fase se produce una violencia psicológica -verbal- y a veces, lesiones leves. Se presentan como episodios aislados que la mujer cree poder controlar. Con el paso del tiempo no son tan aislados ni controlables.

La duración de esta fase varía, mientras en una relación puede ir gestándose durante años, en otra puede aparecer a los pocos meses de iniciarse.

Segunda: Agresión.

Se caracteriza por la descarga de la tensión acumulada en la fase anterior, descarga que se manifiesta a través de cualquier tipo de agresión tanto física, psíquica, verbal o sexual de forma indiscriminada.

Esta fase puede adelantarse o atrasarse en función de la actitud de la mujer, es decir, si la mujer ante una situación tensa se encara con el agresor, hay muchas más posibilidades de que esta fase se adelante. Las agresiones serán cada vez más frecuentes y más brutales.

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Una vez se produce la descarga de la tensión, la mujer queda aturdida y desorientada. Esta fase puede finalizar porque alguien (vecino/a, policía, familiar,…) acude a las llamadas de socorro de la mujer o el agresor perciba, en ese instante, que sus actos puedan tener consecuencias negativas para él.

Tercera: Calma o Remisión (asimilable a tregua premeditada). •

Fase utilizada por el agresor como refuerzo para mantenerse y retener a la mujer junto a él, aplicando estrategias de manipulación afectiva (regalos, promesas, actitudes cariñosas, disculpas,…) y conseguir que no abandone la relación, argumentando un arrepentimiento que puede parecer sincero. La estrategia consiste en compensar a la víctima de manera que ésta deseche la idea de tomar medidas de protección (denunciarle, abandonar el hogar,…) y reforzar la dependencia emocional entre ambos.

La frecuencia con que se repite este ciclo y la peligrosidad de las lesiones irán aumentando a medida que se avance en la escalada de violencia. La mujer que se ve inmersa en el ciclo de la violencia muchas veces, necesita tiempo para comprenderlo. Paulatinamente se irá dando cuenta de que siempre ocurre igual, e incluso empeora. No obstante, a lo largo de este proceso la mujer sufrirá una pérdida progresiva de autoestima y desconfiará de su capacidad para mejorar su situación, con lo que, frecuentemente, su respuesta es de mayor sumisión hacia el agresor. Está actitud no hace sino reforzar en él el convencimiento de que su estrategia es aceptable y que funciona. Así pues, cuando una mujer víctima de violencia hace una petición de ayuda ha dado varias vueltas al ciclo. Cada vez que cierra uno pierde confianza en sí misma. Por todo lo anterior, es esencial que las víctimas reciban apoyos concretos y refuerzos en todas las ocasiones en que, tras la fase de agresión, decida dar pasos encaminados a mejorar su situación. Si esta ayuda no se produce, llegada la fase de calma será mucho más difícil movilizarla para que tome decisiones. Cada vez que estas mujeres soliciten apoyo deben percibir claramente que estaremos dispuestos/as a proporcionárselo, que respetaremos siempre sus decisiones y no las culpabilizaremos por sus indecisiones. Es importante ayudarla a comprender que la violencia continúa y que se irán incrementado la severidad de las lesiones y la posibilidad de muerte. Se le puede aconsejar que marque en un calendario los días en que se producen las agresiones psicológicas y verbales, y el tiempo que duran.

NOTA: Este material es útil para la exposición de las transparencias 12, 13, 14 y 15.

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INDICADORES PARA LA DETECCIÓN

En estas mujeres se dan una serie de factores comunes que, tras ser observados,

pueden hacer sospechar a los/as profesionales. Por lo general, son indicadores que no aparecen de forma aislada, sino que en cada mujer se suele dar una serie de ellos, por lo que, cuantos más indicadores se detecten, más nos estaremos acercando a su diagnóstico. 1. En LA ACTITUD Y/O ESTADO de estas mujeres se puede detectar:

• Actitud de temor, tanto en ausencia como ante la presencia del agresor. Ejemplos de

esto serían, en ausencia del agresor, que se sobresalta al oír ruidos inesperados; se inquieta sobre la causa de los mismos; vigila la puerta; mira con miedo a su alrededor; no suele tomar la palabra o le cuesta hacerlo.

En presencia del agresor: (puede ocurrir que insista en acompañarla a entrevistas que intuye como “peligrosas”); le controla y limita los temas a abordar; responde en lugar de su mujer; incita a su mujer a callarse, a medir lo que dice, a revisar sus expresiones,…cuando la mujer se explica solicita constantemente su aprobación; permanece silenciosa; él la interrumpe para rectificar, precisar o decir a su manera el relato de ella;

También podemos detectar sentimientos de vergüenza por la situación vivida y porque se conozca, por lo que intenta ocultarla. Desarrollan un retraimiento y repliegue sobre sí mismas, incomunicación,… y estas mujeres suelen rechazar las actividades grupales, a no ser que puedan ocultar su situación de violencia.

• Se las puede encontrar tristes, desmotivadas para iniciar cualquier actividad o cambio

en sus vidas, ausente de esperanzas, con sensación de impotencia,… acabando, en muchas ocasiones, en una depresión.

• Una falta de cuidado personal. No se preocupan por su apariencia física, pudiendo

deberse a que esté acatando exigencias de su agresor o que sea reflejo de su falta de estima personal.

• Ropas no apropiadas para la época (jersey de cuello cisne o manga larga en verano),

con las que se puede estar ocultando una lesión.

• Trastornos de ansiedad y ataques de angustia, conocidos popularmente como “problemas de nervios”, así como irritabilidad y reacciones frecuentes de indignación fuera de contexto frecuentes como desahogo, ante la frustración de aguantar situaciones duras y difíciles.

• Sentimientos de culpabilidad y desvalorización. Se presenta a sí misma como “anulada”, diciendo que es incapaz, incompetente, se desvaloriza constantemente y puede llegar a sentirse culpable por su situación,…

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Además de las actitudes o estados determinados que podamos percibir en la mujer, existen algunos síntomas manifiestos:

• Las heridas y/o hematomas, sobre todo si están en sitios extraños, existiendo discordancia entre algo que la/el profesional detecte y las explicaciones que da la mujer, es decir, que se dé ausencia de coherencia, o que puedan ser sugestivas de una postura defensiva (cardenales en el interior del antebrazo…).

• Faltas reiteradas a las consultas programadas o incumplimiento de algún tratamiento

médico prescrito como diabetes, hipertensión…. 2. LOS PROBLEMAS DE SALUD RECURRENTES que se manifiestan como:

• Las somatizaciones en forma de enfermedades físicas sin patología orgánica, tales

como dolores de cabeza, dolores de pecho, problemas digestivos, problemas de sueño, agotamiento psíquico, que originan en muchos casos la multifrecuentación de los servicios sanitarios,...

• “Múltiples accidentes” o, incluso, repetidas hospitalizaciones. Las lesiones físicas

producidas por la violencia son enmascaradas bajo accidentes “domésticos”, “caídas”,…frecuentemente existe una demora entre la lesión sufrida y la demanda de asistencia sanitaria. Puede ocurrir también que presenten varios estados de curación sospechosos de agresión física ocurrida a lo largo del tiempo.

• El consumo excesivo de medicamentos, trastornos de alimentación (anorexia o

bulimia), conductas de evasión tales como el consumo de alcohol y/o drogas, antecedentes de intentos de suicidio o pensamientos suicidas.

• Lesiones durante el embarazo, los abortos “repetidos”, partos prematuros, acceso

tardío a la atención prenatal,.

• Dispareunia, dolor pélvico,…

• Ausencia del control de fecundidad, embarazos no deseados.

Es importante aprender a reconocer estos signos y síntomas y plantear la violencia doméstica como un diagnóstico diferencial más, ya que este tipo de usuaria pasará inadvertida por nuestra consulta o incluso podrá ser catalogada como “psicosomática” si no prestamos la debida atención a ello.

Dos herramientas fundamentales de las que se dispone para la prevención, detección precoz, diagnóstico y tratamiento de este problema de salud son: la entrevista y la historia de salud.

A. LA ENTREVISTA

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Contrariamente a la creencia de que las víctimas de violencia no quieren que se les pregunte, ni quieren hablar de ello, las pacientes no se sienten ofendidas, si no por el contrario perciben que el/la sanitario/a se preocupa también por este tipo de problemas. Es fundamental la actitud de los/las profesionales, un ambiente de confidencialidad e intimidad unido a una actitud de seriedad, comprensión, sensibilidad y carente de juicios de valores, son imprescindibles para preguntar sobre estas cuestiones. Aunque, en un primer momento, la mujer no conteste, este gesto puede interpretarlo como un apoyo y se habrá dejado la puerta abierta para futuras ocasiones. Un modelo de entrevista adecuado es la semiestructurada y abierta, ya que permite la flexibilidad y adaptación a cada caso, respetando el estado de la mujer. Se deben hacer las preguntas en privado, separarla de cualquiera que la acompañe, salvo que insista en que es de su confianza. Demostrar el apoyo y la seguridad de el/la profesional facilitará la obtención de una mejor actitud de la mujer, por lo que, es importante e imprescindible crear una relación empática entre los/las profesionales y la usuaria que permita un clima de confianza, apertura y respeto hacia sus decisiones.

B. LA HISTORIA DE SALUD.

En caso de tener historia abierta debemos indagar en ella sobre:

− Relatos de incidentes no consistentes con el tipo de lesión.

− Retraso entre las lesiones y la demanda de asistencia.

− Historial propenso a los “accidentes”.

− Depresión.

− Intentos de suicidio.

− Quejas psicosomáticas repetitivas.

− Incumplimientos en los tratamientos prescritos.

− Faltas reiteradas a consultas programadas.

− Quejas emocionales (ansiedad, ataques de pánico, trastornos del sueño,…) y quejas inespecíficas de problemas maritales (las cosas no van bien en casa, últimamente estoy muy estresada en casa,…).

− Signos y síntomas de alcoholismo y drogadicción, incluyendo medicamentos sedantes y ansiolíticos.

− Abortos “espontáneos”, partos prematuros, RN de bajo peso, lesiones fetales, historial de múltiples abortos. Otros problemas relacionados con el embarazo: desnutrición, acceso tardío o esporádico a una atención prenatal,…

− Síndrome de estrés post-traumático: hiperalerta, irritabilidad, hipervigilancia, dificultades para dormir y concentrarse, entumecimiento emotivo, falta de interés y respuesta.

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Tanto si la historia está abierta como si la vamos a abrir, debemos tener en cuenta los puntos anteriormente expuestos, además de plantear preguntas directas sobre la situación de violencia. Exponemos algunos ejemplos de estas preguntas que pueden ser de utilidad:

− “La violencia en el hogar es muy común y puede ser muy grave, de forma rutinaria

pregunto a todas mis pacientes si están viviendo una situación de violencia doméstica, porque nadie tendría que vivir con miedo y porque hay formas de ayudar”.

− “¿Se siente segura con su pareja?”.

− “¿Tiene miedo de su pareja?”.

− “Muchas mujeres experimentan algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ¿le ha ocurrido a usted alguna vez?”.

− “En muchas ocasiones en que veo lesiones de este tipo es porque alguien le ha dado un puñetazo. ¿Es eso lo que le ha ocurrido?”.

− “¿Qué ocurre cuando su marido se encoleriza?”.

− “¿Su marido bebe o consume drogas?-(si dice que sí)-¿Cómo se comporta con usted?”.

− “Si la paciente refiere algún aborto espontáneo. Haga la pregunta, ¿hubo alguna causa física para su aborto?”.

− “La mujeres que crecen y se desarrollan en un ambiente de violencia vivirán una situación de maltrato como algo “normalizado” y, por tanto, no creen que deban comentarlo. Por lo que debe preguntar: ¿ha sido usted víctima o testigo de violencia en su familia?”.

Si las preguntas directas no consiguen confirmar la existencia de una relación abusiva, asegúrese de dejar la puerta abierta preguntando de forma directa: “¿si usted estuviera viviendo una situación de violencia doméstica, sabría dónde conseguir ayuda?”. Fuente: Solber, P.R., Taliafero, E. Reconocimiento y prevención de la violencia doméstica en el ámbito sanitario. Cedecs. Editorial, S.L: Barcelona 2000.

Si se confirma un caso de violencia, no debemos olvidar que formamos parte de un equipo multidisciplinar, con una serie de recursos (sociales, legales, apoyo psicológico, psiquiátrico,…) y que no se trabaja solo/a. No olvidemos la sensación que ellas suelen tener de pérdida del control de su vida. Es fundamental ofrecer una serie de recursos y potenciar una actitud activa sobre sus propias decisiones. Esto consigue crear un poderoso refuerzo y la sensación de que comienza a recuperar las riendas de su vida.

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LA ACTUACIÓN SANITARIA: GENERALIDADES La actuación con mujeres víctimas de violencia va mucho más allá de tratar horribles lesiones o derivarla a otros recursos. Las metas que se establece la/el profesional a la hora de intervenir se centran en el derribo de las dificultades que influyen en que la mujer permanezca en este tipo de situaciones. Estos obstáculos fueron desarrollados en el apartado dedicado de la mujer agredida. Por lo tanto, la actuación irá encaminada a solventar estas carencias (falta de autoestima, conocimiento de sus derechos, ayudarlas a romper su aislamiento social, liberarlas de su culpa,…). Hay que recordar que, en la mayoría de los casos, las mujeres pueden no ser conscientes de la situación de violencia que padecen por tratarse de una violencia muy sutil o por considerar como “normal” la conducta de su pareja. − El/la profesional, cuando detecta un caso de violencia, debe ofrecer a la víctima

información sobre lo que le está sucediendo y sobre las alternativas y los recursos más adecuados.

− Las mujeres no deben percibir que la/el profesional que la atiende va a resolverle su problema, hay que transmitirle la idea de que ellas pueden superar esta situación.

− El/la profesional debe comprender que dejar una relación violenta es un proceso que lleva su tiempo (a veces, años). Por tanto, hay que respetar el proceso de cada mujer, en el que va tomando aquellas decisiones que se encuentra capaz de afrontar. Es importante que ella sepa que estamos allí para ayudarla y darle soporte, a medida que ella vaya dando los pasos necesarios para abandonar su situación. Nuestra labor se centra en asesorarla y apoyarla en su toma de decisiones, aunque veamos claramente que su demanda no va a resolver su situación.

En estos casos, podemos aprovechar los momentos, en los que se cuestiona las decisiones tomadas, para mostrarle las posibilidades que anteriormente ha desechado y ofrecerle otras alternativas.

Hay que comprender las dificultades a las que se enfrenta.

Las mujeres víctimas de violencia doméstica necesitan saber que: no merecen ser maltratadas hagan lo que hagan, que los malos tratos son un problema muy frecuente que afecta a millones de mujeres, que no está sola, que necesita conocer sus opciones.

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Ante cualquier actuación se debe:

Clarificar-apoyar: analizar los diferentes aspectos de la situación, además de ayudar a restaurar o afirmar la confianza en sí misma (apoyo).

Informar: subsanar las lagunas que por falta de información tiene la mujer, con la finalidad de que tome las decisiones en las mejores condiciones.

Reflexionar: sobre su situación y las posibilidades de cambio.

Poner en relación - crear nuevas oportunidades: ofertar a la mujer la posibilidad de que amplíe su red social, comparta experiencias, conocimientos, inquietudes,… con otras mujeres (talleres de autoestima, grupos de autoayuda mutua,…).

Compartir: su decisión e informarla de los recursos.

Planificar la estrategia a seguir y dar el seguimiento adecuado.

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FACTORES DE RIESGO INMINENTE: INTERVENCIÓN Existen ciertos factores que nos pueden indicar el peligro y el riesgo de muerte de una mujer en estas situaciones. En la mayoría de los casos en que la violencia termina en muerte, la mujer veía claramente su peligro y ya había solicitado algún tipo de ayuda sin haber encontrado protección. Los factores que nos pueden indicar el peligro son, entre otros:

Que se constate una frecuencia creciente de incidentes violentos, es decir, que se repita el ciclo de forma continua.

La gravedad de las heridas infringidas.

Agresiones sexuales de forma repetida.

Amenazas de muerte reiteradas y continuadas a ellas y/o sus hijos/as.

La presencia o uso de armas u objetos para agredir.

Amenaza de suicidio.

Algún intento de homicidio.

Que la mujer haya intentado poner fin a la relación.

Que el agresor acceda o intente acceder al domicilio que por sentencia judicial le ha correspondido a la mujer.

Que el agresor siga y/o vigile de forma obsesiva a la mujer y/o los/as hijos/as.

Que la mujer sienta que está en peligro. En estos casos la actuación consistirá en: − Una primera fase de acogimiento, cuyo objetivo sea principalmente escuchar, tranquilizar

y desculpabilizar de forma activa y reflexiva, favoreciendo la expresión de sus angustias y miedos.

− La segunda fase se centra en conocer la situación y los recursos con los que cuenta la

mujer. Debemos indagar sobre sus hijos/as, con qué personas de apoyo cuenta, qué documentación lleva encima, si cuenta con dinero,… y ayudarla en la toma de decisiones.

− Expresarle que está en peligro, pero que no está sola y que hay ayuda disponible.

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Si decide: Irse del Domicilio Familiar: − Se le pone en contacto con los servicios del D.E.M.A. (112) o con el Centro de

Información que le corresponda. Mientras esto ocurre, se intentará no dejarla sola y velar por su seguridad.

− Se le recuerda que puede acudir a consulta cuando lo crea necesario y que nos gustaría

volver a verla, saber cómo está… La decisión de volver a casa o no tiene que ser tomada finalmente por ella y ser respetada por la o el profesional. La derivación al DEMA, a casa de acogida, o piso tutelado puede no determinar un cambio inmediato en la situación de la mujer, sino que puede necesitar muchos intentos antes de que finalmente consiga abandonar la relación violenta. La mujer, muchas veces, abandona su hogar empujada por una situación puntual, sin ser fruto de una decisión meditada y voluntaria. Es importante tener esto en cuenta, ya que muchos/as profesionales ven la necesidad de un acogimiento antes de la posibilidad de que regrese a su hogar. En muchas ocasiones, la mujer accede porque piensa que es lo que profesionales, familiares, amistades,… esperan que haga, pero no es lo que realmente quiere. También puede ocurrir que ella se plantee que esta opción es la que realmente le conviene, aunque luego cambie de parecer. Esta confusión inicial lleva a que sea muy habitual que una vez la mujer esté acogida en un centro, decida volver a su domicilio con su pareja. No siempre resulta así, hay muchas mujeres que aprovechan esta situación de salida urgente para romper definitivamente con una situación de violencia que no han sido capaces de romper antes.

Estas mujeres que han decidido la ruptura de su relación violenta deben ser derivadas a servicios específicos donde se les asesore y oriente de forma

adecuada sobre cuestiones y procesos legales, siempre y cuando las mujeres los quieran iniciar.

Volver al Domicilio Familiar:

− Concertar una cita de seguimiento.

− Dar información sobre el DEMA (112).

− Dar información de los centros de apoyo y asesoramiento a las mujeres.

− Hablar con ella sobre la necesidad de estar en alerta y crearse un escenario de protección para ella y sus hijos/as, así como de las medidas a tener en cuenta por si tuviera más adelante que abandonar el hogar de forma urgente (Plan de Seguridad).

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1. En cuanto al ESCENARIO DE PROTECCIÓN aconsejar:

− Conocer el 112, podrá marcarlo y pedir ayuda.

− Concertar señal con vecinos y familiares.

− Enseñar a sus hijos e hijas a conseguir ayuda y a protegerse ante episodios violentos.

− Si ve próxima la agresión, no alejarse de la puerta de salida.

− Hacer todo el ruido que pueda.

− Si el ataque es inevitable, procurar convertirse en un blanco pequeño. Protegerse con los brazos la cabeza y la cara.

2. PLAN DE SEGURIDAD: Si tiene que abandonar el hogar rápidamente:

− Procurar que el agresor no esté en casa.

− No dar información ni indicios de sus planes.

− No tomar tranquilizantes. Ha de estar alerta.

− Acudir a los lugares y a las personas con las que había contactado previamente.

RECUERDELE:

− Tener un bolso preparado con ropa, medicamentos, juguetes y objetos de valor.

− Preparar un listado de teléfonos de familiares, colegios, médicos,..

− Tener fotocopias de D.N.I., libro de familia, tarjeta sanitaria, cuentas bancarias, nóminas, certificados de estudios, etc.

− Abrir una cuenta en un banco que sólo ella conozca e ir ingresando lo que pueda.

NOTA: Este material es útil para las transparencias 16 y 17.

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PROCESOS DE RUPTURA DE LAS RELACIONES VIOLENTAS Hay que tener en cuenta que cuando la mujer decide poner fin a la relación a raíz de sufrir una agresión, su pareja pone en movimiento tres mecanismos fundamentales: los/as hijos/as, los bienes materiales y las amenazas de más violencia o muerte. El agresor tiene el convencimiento de que todo el patrimonio de la familia le pertenece y que este hecho le permite someter a su mujer y a sus hijos/as, ya que necesitan apoyo económico para salir adelante después de la separación. Dependiendo de la reacción de la mujer ante la agresividad de su pareja la ruptura se podrá producir de diferentes formas: ⇒ Mujer que rompe la relación en cuanto aparecen las primeras manifestaciones de

violencia:

Tiene trabajo o posibilidades de encontrarlo. • • • • •

• • •

Familiares y amistades con los que puede contar. No tiene un pasado de violencia familiar. Posee alternativas, conoce los recursos y cómo acceder a ellos. Tiene una buena autoestima.

En este caso se trata de una ruptura rápida que se suele dar en aquellas mujeres con recursos personales y económicos, con posibilidades de trabajo y con una red familiar y/o social de apoyo. Además, posee una buena autoestima que le impedirá aceptar y permanecer en una relación de dominación. Y, por lo general, son mujeres que no tienen un pasado violento, es decir, que en su familia no han interiorizado la violencia como forma normal de comportamiento.

En este caso la/el profesional puede ofrecerle apoyo e información sobre algún aspecto concreto que plantee y debe estar en actitud expectante, puesto que

puede tener momentos bajos y solicitar ayuda.

⇒ Se separa tras varios años de soportar la violencia, después de haber intentado todo por

salvar la relación:

Ha buscado ayuda para solucionar lo que detecta como problema de los dos. Considera que la situación es demasiado dañina para ella y sus hijos/as. Su decisión ha sido muy meditada, y casi nunca retrocede, una vez en marcha.

En estos casos, las mujeres antes de plantearse la separación lo intentan todo. De esta forma, reducen sus sentimientos de culpa ante el fracaso de la pareja. Pueden haber aguantado la violencia durante algunos años, a lo largo de los cuales han buscado todo tipo de ayuda para superar la crisis (asistir a terapias individual y/o de pareja,..) hasta que poco a poco, van descubriendo que no hay nada qu siente verdaderos deseos cambiar. A esto esta situación está provocando en s

e ellas puedan hacer y que el agresor rara vez

se une su preocupación por las consecuencias visibles que us hijos/as.

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La ayuda de la/el profesional estará en función de la demanda de la mujer. Puede estar en fase de intentar salvar su relación, para lo cual buscará terapia

individual, de pareja, familiar,.. con lo que la actuación profesional estará encaminada a ofrecerle recursos dónde se dispongan de estos servicios. Si acude

tras la ruptura, necesitará recursos donde se le oferte apoyo psicológico, asesoramientos jurídico,… por lo que las orienta a servicios municipales, ONG,..

que dispongan de estos recursos..

⇒ La mujer que abandona y vuelve a la relación sucesivas veces, hasta convencerse de

que es preferible afrontar los problemas derivados de la separación que soportar la relación de continuo maltrato.

• Tiene una baja autoestima.

• No conoce los recursos y la forma de acceder a ellos.

• Dificultades financieras.

• Con pocas posibilidades de trabajar fuera de casa (escasa formación,…).

• Teme a la soledad y la responsabilidad de los/as hijos/as.

• Se siente aislada. Este caso de ruptura es el más frecuente. Son mujeres que deciden abandonar tras largo periodo de violencia, pero que, más tarde vuelven a dar crédito a las promesas del agresor acerca de que “todo cambiará”, y regresan junto a él. El proceso por el que pasan, antes de que se planteen la ruptura definitiva, implica sucesivos retornos a la relación, por lo que el agresor se crece y se refuerza cada vez que regresa.

Por tanto, la intervención de la/el profesional estará en función del momento en que se encuentre la mujer al solicitar ayuda. Si acude en uno de los

intentos de ruptura pero está dubitativa, se le puede ofertar la posibilidad del apoyo psicológico para reforzarla en su toma de decisiones y seguridad personal,

de asesoramiento jurídico, económicos…

ES IMPORTANTE que ellas, en cada nuevo intento por salir de la situación, retomen nueva confianza en sí mismas y en su capacidad para vivir de otra manera. A la vez, que se respeten todas sus decisiones y se les trasmita la seguridad de que cada vez que vuelvan a intentarlo tendrán apoyos y ayuda necesaria.

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LOS RECURSOS. Los centros de Atención Primaria constituyen uno de los recursos más cercanos a la población en general. Para las mujeres víctimas de violencia, los/as profesionales socio-sanitarias/os de los centros son el punto de referencia claro al que pueden acceder, solicitando el apoyo y la información que necesitan. Debemos ser conscientes de que el sector de la salud no puede resolver todos los problemas por sí solo, pero la sensibilidad y el compromiso pueden empezar a marcar una diferencia. Las respuestas sensibles en la atención sanitaria pueden incidir en las mujeres, y reducir sus sentimientos de aislamiento y culpa. No obstante, los servicios adicionales como la orientación, el asesoramiento jurídico, el apoyo psicológico, los grupos de autoayuda,…que prestan las entidades públicas y/o ONGs,…constituyen otras claves de servicios permanentes que las víctimas necesitan. Es necesario pues, que todo el personal sanitario conozca y mantenga actualizados los recursos de su área de salud. Así mismo, es importante que se establezcan y mantengan contactos con grupos de mujeres y otras instituciones que ofrezcan apoyo a las mujeres que experimentan violencia.

implicació

1. ¿QUÉ HACER Una mujer que hen primer lugar,agresión sexual,presentar, se revaloración por uporque peligra su

En los otros cascumplimentará esobre la graveda

− Si tiene mar

agrava el de

− Si la mujer rde lesiones.

− Recoger otrde violencia

Sólo desde la sensibilización, el conocimiento de los recursos y la n de todos los sectores se podrá dar una respuesta eficaz a la violencia

contra las mujeres.

?

a sufrido cualquier tipo de agresión: física, psicológica o sexual debe acudir, al servicio de urgencias más cercano (centro de salud-hospital). En caso de tras la correspondiente valoración y tratamiento de otras lesiones que puede mitirá de forma inmediata al servicio de urgencia del hospital para su n/a ginecólogo/a. Si la mujer precisa de apoyo y acompañamiento inmediato integridad física o psíquica se podrá activar el DEMA, a través del 112.

os, recibirá la atención médica correspondiente. Además, el/la facultativo/a l parte de lesiones, en el que se quedará recogida la información necesaria d de las lesiones, así como la causa de las mismas.

cas de distintos días (de color morado o amarillo) reflejarlo en el parte, eso lito.

efiere sufrir amenazas, insultos, abusos sexuales,…se debe incluir en el parte

os signos o síntomas que la mujer refiere padecer desde que sufre la situación (dolores de cabeza, trastornos digestivos, depresiones, nerviosismo, etc).

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Una vez extendido, el/la facultativo/a dará una copia del mismo a la mujer agredida, otra se quedará en el centro y la última la remitirá al juzgado. En caso de que la mujer no desee poner denuncia, guardará su copia del parte de lesiones para presentarlo, si decide hacerlo, más adelante. Si decide denunciar se le ha de informar que debe dirigirse a la Policía Nacional o la Guardia Civil o al Juzgado de Guardia. Se aconseja interponer la denuncia en los Servicios de Atención a Mujer (S.A.M.), que existen en la Policía Nacional o en el Equipo de Mujer y Menores (EMUME) de la Guardia Civil.

Recordarle:

− Que debe llevar el parte de lesiones. − Que haga constar en la denuncia si ha sido atendida en un centro sanitario en otras

ocasiones por agresiones. − Que recojan en la denuncia otras anteriores, si las hubiere. Además, deberá solicitar copia de su denuncia, a la vez que presentar el parte de lesiones que le han extendido en el centro sanitario. 2. DISPOSITIVO DE EMERGENCIA PARA MUJERES AGREDIDAS. El Dispositivo de Emergencia para Mujeres Agredidas (D.E.M.A.) es un servicio de 24 horas que funciona todos los días del año (fines de semana y festivos incluidos), financiado por el Instituto Canario de la Mujer y gestionado por los diferentes Cabildos Insulares. El objetivo es salvaguardar la vida de las mujeres mayores de edad o en situación jurídica asimilable que han sufrido una agresión o que están en riesgo cierto de sufrirla y cuya vida se encuentra en peligro. Este servicio se activa a través del Teléfono Único de Urgencias 112, que centraliza los recursos de emergencia de toda la Comunidad Autónoma (Servicio Canario de la Salud, Cuerpos de Seguridad del Estado, Protección Civil, Bomberos,…). En este teléfono existe un servicio de Atención a Mujeres Víctimas de Violencia, las 24 horas del día todo el año y funciona en todas las áreas de salud.

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El D.E.M.A. desarrolla las siguientes funciones:

Desplazarse hasta el lugar dónde se encuentra la mujer. •

Acompañar a la mujer a hacer las gestiones que en ese momento sean precisas para una correcta actuación policial y judicial.

Además, si procede, se le facilitará alojamiento en un servicio de acogida inmediata, cuya dirección permanece en el anonimato para proteger a la mujer. Su estancia en él es temporal, hasta 96 horas o hasta que sea derivada a los recursos normalizados pertinentes.

Durante su permanencia en él, las profesionales realizan gestiones tales como procurar asesoramiento jurídico, apoyo psicológico, solicitar acompañamiento policial para que la mujer, con una profesional del dispositivo, acceda a su domicilio a recoger sus pertenencias sin peligro, gestión para el acogimiento en otros centros….

3. CENTROS DE APOYO Y ASESORAMIENTO A LAS MUJERES. Cualquier profesional que detecte un caso en el que la mujer no quiere o no se ve en la necesidad de una salida urgente, debe informarle de otros recursos/centros de apoyo y asesoramiento. Los recursos de apoyo y asesoramiento a la mujer surgen por la necesidad real y social de prestar una atención específica y gratuita a todas las mujeres y se encuentran, fundamentalmente, en determinados Ayuntamientos, Cabildos y entidades sociales. Están diseñados para asesorar y orientar en cualquier tipo de problema, así como apoyar y hacer un seguimiento a la mujer a lo largo de todo el proceso. Prestan un servicio integral a la mujer, toda vez que intentan dar respuesta a todas sus necesidades y cuentan con personal multidiscilplinar. Generalmente, los más demandados son los servicios de asesoramiento socio-laboral, asesoramiento jurídico y apoyo psicológico, así como actividades grupales de crecimiento personal, habilidades sociales,…dando la posibilidad a todas las mujeres de que tengan espacios de encuentro donde compartir experiencias, sentimientos, inquietudes,…

No estaría completa esta agenda sin mencionar la labor que se realiza desde algunas ONGs. que trabajan con mujeres víctimas de violencia. Es conveniente que los/as profesionales de la salud conozcan estas asociaciones y, sobre todo, las ubicadas en su zona básica de salud.

La derivación significa compartir nuestra responsabilidad con los recursos comunitarios existentes.

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4. OTROS ACOGIMIENTOS

Existen otros recursos que ofrecen una acogida más estable en el tiempo, están gestionados por Organismos Públicos y Privados. Entre ellos: ⇒ Las Casas de Acogida, cuyo objetivo es alojar y atender temporalmente las necesidades de las mujeres víctimas de violencia de género y de los hijos e hijas a su cargo, proporcionándoles una asistencia integral que promueva su autonomía personal. Además, facilita la asistencia psicológica y educativa a las/os hijas/os de las mujeres que permanezcan en ellas. En nuestra Comunidad existen cinco, dos gestionadas por Organismos Públicos y las otras tres por entidades privadas. Una de ellas se encuentra en Gran Canaria y depende del Cabildo. Tras la valoración de los casos, es la Unidad de Atención a la Familia, Infancia y Mujer quien remite a las mujeres a la Casa de Acogida. Dos de ellas están ubicadas en Tenerife. Una gestionada por la Oficina Insular de la Mujer del Cabildo, que es la que, tras la valoración de los casos, las remite a su Casa de Acogida. La otra es la Casa de Acogida “Atacaite”, perteneciente a Cáritas, y a la que se accede directamente.

En La Gomera, la Asociación de Mujeres Progresistas “Gara” dispone de una Casa de Acogida y en Lanzarote existe otra gestionada por la Asociación de Mujeres “Mararía”. ⇒ Otro de los recursos que existen en la actualidad son los Pisos Tutelados. Proporcionan un hogar funcional y temporal a aquellas mujeres que ya no requieran en su totalidad la asistencia prestada por las casas de acogida. En el caso de Gran Canaria existen cuatro gestionados por la Asociación Solidaridad y Cooperación Canaria. En el caso de Tenerife, hay tres pisos. Dos de ellos gestionados por la Asociación Solidaridad y Cooperación Canaria y el tercero por el Ayuntamiento de Los Realejos. ⇒ Existen centros que, sin ser específicos para mujeres en situación de violencia, las acogen. Tanto desde la Unidad de Atención a la Familia, Infancia y Mujer como desde la Oficina Insular de la Mujer se valoran acogimientos de chicas jóvenes o madres gestantes para su entrada a estos recursos.

NOTA: Este material es útil para la exposición de las transparencias de la 18 a la 23.

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