de cepa criolla

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  • D E C E P A C R I O L L A

    M A R T I N I A N OL E G U I Z A M N

    Ediciones elaleph.com

  • Editado porelaleph.com

    2000 Copyright www.elaleph.comTodos los Derechos Reservados

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    AROBERTO J. PAYRFRATERNALMENTE

    ADVERTENCIA

    HA IMPRESO UNIDAD a las diversas pginasagrupadas en este libro, un sentimiento sincero yentusiasta que ojal me sea disculpado en gracia delfervor que le da vida en mi ser.

    Acertado o errneo -no me incumbe apreciarlo-creo, sin embargo, que tiende a una noble y alta fi-nalidad al nutrirse en un firme amor hacia las cosasde la tierra materna, libre de prejuicios cavilosos porel entrevero cosmopolita de la hora presente.

    Y si a pesar de las deficiencias de algunos tra-bajos que conservan el impulso del arranque oca-

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    sional, me determino a sacarlos hoy a luz, no he deacogerme a la socorrida excusa de que su publica-cin me fue solicitada.

    Si los recojo es por aquella conocida razn deque no existe escritor que estoicamente se condeneal eterno olvido; por el inefable encanto que esaspginas nos renuevan con el recuerdo de las horasde afanosa labor en medio de los libros predilectosque nos sirvieron de gua; y, adems, porque alen-tamos la modesta esperanza de que en el acopio deobservaciones en ellas acumuladas quiz encuentreel benvolo lector tal cual noticia aprovechable asemejanza de la pepita aurfera entre el montn delintil cascajo...

    En la averiguacin de estas cuestiones conexascon la historia moral del gaucho -que es parte inte-grante de nuestra historia poltica porque en su horafue encarnacin original de las fuerzas intrnsecasdel pueblo argentino, como dice don Vicente FidelLpez en sus admirables cuadros de La Revolucin-existen temas de estudio til para la reconstruccindel medio ambiente y el perfil autntico de los ru-dos protagonistas ya casi esfumados en la vaga le-yenda.

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    No todo es spero, instintivo y brutal en las pa-siones que agitaron el alma tempestuosa del hombreagreste; ni fue su tosco rancho aduar de barbariedonde vivi "la edad del cuero crudo", como se hadicho recientemente con ligereza -sin asomos deduda- y con un total desconocimiento de las tradi-ciones del pas.

    No lo pensaron as Sarmiento, Lpez, JuanCarlos Gmez, Ricardo Gutirrez, Pedro Goyena,Joaqun V. Gonzlez o Paul Groussac al escudriarcon amoroso inters los sentimientos y las costum-bres caractersticas de ese original tipo tnico, enpginas rebosantes de sabor de nuestro suelo.

    Guiado mi espritu en esa orientacin, con lasindelebles simpatas que avivan las memorias de lainfancia, en que me fue dado admirar de cerca alhombre en su selva, grano a grano he ido acumu-lando en la mayor parte de estos escritos un aportede notas e impresiones criollas que, al revisarlas hoy,no las creo desdeables para el estudio de los orge-nes nacionales.

    Y espero que no se ver transparentada en lassiguientes pginas una apologa tendenciosa delcriollismo, sino una contribucin en la medida mo-desta de mis fuerzas al estudio de un tipo tan genui-

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    namente nuestro -cuya desaparicin no lamento-,pero que reclama con justicia un homenaje sincero yde consciente informacin de las letras argentinas.

    Por lo dems, aunque esta obra se ocupa prefe-rentemente del gaucho, la palabra criolla que lo ro-tula comprende en su amplia acepcin todo cuantoes propio del antiguo hombre de campo; quedan alos investigadores del pasado argentino, las, cos-tumbres y la vida del hombre urbano que ofrece alescritor y al artista en cada ciudad, en cada aldea ovillorrio lejano, su, antigua y peculiar caractersticahenchida de sabor y colorido local.

    En los nidos de antao no hay pjaros hogao -dice un antiguo refrn para advertir que no se dejepasar la ocasin por la dificultad de hallarla despus.En la vertiginosa transformacin a que asistimostodo lo ms caracterstico de nuestro pasado se vaborrando bajo el aluvin extranjero, y esto pareceindicar la conveniencia de apresurarnos a salvar losrasgos originarios de esos, "nidos de antao" . . .

    Hace un cuarto de siglo que escrib las prece-dentes pginas. Al releerlas hoy nada tengo quemodificar, pues he sentido renacer, por el contrario,el primitivo fervor, pensando que su orientacin escada vez ms necesaria en la hora presente. Con ese

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    fin he ampliado y agregado nuevas pginas para quecumplan su destino.

    Buenos Aires, octubre 12 de 1932.

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    HIDALGO

    Entre nosotros, casi toda la lite-ratura destinada a vivir ms all delda, est destinada a la poesa: en ellaest nuestra historia, en ella nuestrascostumbres, en ella nuestras creen-cias, ideas y esperanzas. Lo demsque ha producido el genio america-no, ha pasado como el humo de loscombates que han constituidonuestra ocupacin y aun nuestraexistencia. FLORENCIOVARELA, Comercio del Plata,Montevideo, 1846.

    Los dilogos de Hidalgo y los desus imitadores, fueron el germen de

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    esa peculiar poesa gauchesca que,libre luego de la intencin del mo-mento, ha producido las obras msoriginales de la literatura sudameri-cana. MARCELINO MENNDEZY PELAYO, Antologa de los poe-tas hispanoamericano, Madrid,1895, t. IV, pgina CXCVI.

    I

    LA TRMULA vislumbre del fogn debialumbrar el modesto escenario, cuando la encinta-da vihuela del payador annimo rim las primeraspalpitaciones de la musa popular bajo la forma deun cielito patritico, para enardecer la fibra nativacon el relato de las hazaas de nuestras armas en sulucha por la independencia.

    La danza, la msica y la palabra aunadas en lasreuniones populares, desde los tiempos ms remo-tos tienen entre nosotros el nombre simptico de

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    cielo, ha dicho don Juan Mara Gutirrez al estudiarla literatura de Mayo1.

    Como msica o tonada -agrega- es sencillo, ar-monioso, lleno de candor y alegra juvenil; comodanza rene a la gracia libre y airosa de los movi-mientos, el decoro y la urbanidad.

    Este gnero de poesa tan argentino sali de suoscura esfera desde los primeros das de la revolu-cin. Raro es el acontecimiento de aquel perodoque no se halle consignado en un cielo, y existenalgunas de esas composiciones que son una ex-posicin completa de las razones que tuvo el paspara declararse independiente.

    El cielo se identific especialmente con la suertede nuestras armas, y en cada triunfo patrio se oye-ron sus populares armonas a la par de los himnos ylas odas de los grandes poetas. En aquellos das in-ciertos, bajo un cielo poblado de zozobras y blicosrumores, la guerra impona el acento marcial: armavirumque.

    Lpez, Luca, Rojas, fray Cayetano Rodrguez,haban sealado el rumbo pico; pero faltaba an elpoeta que llevara hasta el alma tenebrosa y turbu- 1 "La literatura de Mayo, en la Revista del Ro de laPlata, t. 11, pg. 559

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    lenta de las muchedumbres el nuevo verbo: faltabael poeta popular.

    Bartolom Hidalgo -un modesto oficial de bar-bera, segn una difundida tradicin, que haba pro-ducido ya La marcha nacional oriental en el ao1816; La libertad civil, pieza alegrica escrita elmismo ao, y El triunfo, en celebracin de las jor-nadas de Chacabuco y Maip- surge al fin, y cam-biando la lira de cuerdas de bronce que le dieracierta notoriedad entre los escritores de la poca,adopta la guitarra -el tiple, segn sus propias pala-bras- para cantar a la patria bajo la forma del toscoromance popular, dando as nacimiento a un gneronuevo: la poesa gauchesca2.

    2 Es curioso que sus compatriotas, como Arreguineen la Coleccin de poesas uruguayas y Ral Monte-ro Bustamante en el Parnaso oriental, no sepan ni elao y el lugar del nacimiento de este autor, pues elprimero slo dice "que naci en el Departamentode Mercedes", y el segundo que "fue en el de Soria-no... Tampoco lo menciona Francisco Bauz a pe-sar del estudio que le consagra en sus Estudiosliterarios. Sin embargo, la prueba autntica exista enel archivo de la curia de Montevideo en el libro Vde bautismos, al folio 206, y de la cual resulta que su

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    Justificaba, pues, sin sospecharlo tal vez, elnombre con que le saludaban sus contemporneos,como Esteban de Luca, puesto que poeta tambinsignifica creador...

    Finalizaba el ao 1819. Ante las inquietudes quedeban conturbar el corazn de los patriotas con elanuncio del prximo arribo de una poderosa expe-dicin espaola lista ya para zarpar de Cdiz con20.000 soldados aguerridos mandada por el generalO'Donnell, cuando de nuestros ejrcitos casi noexistan sino restos dispersos y las montoneras en-soberbecidas hacan trotar sus briosos redomonesde pelea a las puertas de Buenos Aires, aparece deimproviso el rstico payador para proclamar viril-mente la libertad de su tierra con un Cielito que, enbreve, se torn popular:

    El que en la accin de MaipSupo el cielito cantarAhora que viene la armadaEl tiple vuelve a tomar.

    nacimiento tuvo lugar en aquella ciudad el da 24 deagosto de 1788. Manuscrito en nuestro archivo.

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    El comienzo del refrn sugiere desde luego laidea de que Hidalgo haba escrito otra composicinanloga el ao anterior para celebrar la victoria deMaip, y la cual desgraciadamente hasta el mo-mento parece perdida; pues, ni La lira Argentina,publicada en Pars en 1824 por don Ramn Daz, niLa