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COMUNICACIÓN II “La negación en el pensamiento popular”, de Rodolfo Kusch INTERNET * ESTAR – SER : Para abordar el tema del “ser” y del “estar” en Kusch, me resultó interesante la anécdota que tuvo con el abuelo indígena de la familia Halcón, relatada en el Capítulo II: “Conocimiento” de “El pensamiento Indígena y popular en América”. El abuelo se encontraba sentado mirando hacia lo lejos, y ante cada pregunta que los visitantes le hacían, de vez en cuando sonreía, demostrando buena voluntad. Al contar que su labor en la estancia ya no le daba tantas papas como solía ocurrir antes, se le aconsejó que comprara una bomba hidráulica. Lo interesante aquí es la actitud que tomó el anciano ante tal iniciativa: se quedó en silencio, sin responder, y siguió contemplando la puna. Las dos disposiciones que se encuentran en este pequeño relato son la del “estar” y la del “ser”. El ser europeo, no puede entender la forma de actuar del aborigen, tratándolo de ignorante: ¿qué hay de fondo? Una interpretación del mundo como realidad exterior, de la cual hay que tomar conocimiento para luego pasar ese saber a ciencia y así, por medio de la acción, transformar la realidad; la solución a los problemas se halla de la piel hacia fuera, poblado de ob-jetos puestos delante. En eso consiste el ser alguien proveniente de Europa, y de la moral burguesa de los siglos XVI y XVII en la ciudad, que dio lugar al desarrollo industrial y técnico que llega a nuestros días. En cambio, hay otra disposición que parte de cierto despojo y se enraíza originariamente en un nivel inferior al ser: es lo que llama Kusch, el “estar-no-más”, que “implica falta de esencias (…) y hace caer al sujeto, transitoria pero efectivamente, al nivel de la circunstancia”[. El mundo que se crea es sin definiciones, temible y desgarrador, aceptándose el caos primordial sin negar sus oposiciones. Contrariamente, el mundo para el occidental se realiza en base al quehacer, movilizando ese “mero estar” que se refleja en el trabajo cotidiano para alcanzar comodidades, en la búsqueda de fundamentos a la existencia a través del “tener”, y satisfaciendo así la visión y la inseguridad interior por medio de los objetos. El “estar” muestra al hombre como poca cosa frente a la naturaleza; sólo le queda el habitar aquí y ahora, sin nada para apropiarse y con ese asombro ante los hechos. Para Kusch entender esta forma de ver original es asomarse a una auténtica visión del hombre. * Negación : De allí que Kusch proponga una lógica de la negación[9] para comprender a América: la cuestión no radica en la importancia de la ciencia para la solución de nuestros problemas sino en la falta de categorías para analizar lo americano, una cierta ceguera en nuestra mente colonizada que no nos deja ver qué ocurre con América, para la 1

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COMUNICACIN II

COMUNICACIN II

La negacin en el pensamiento popular, de Rodolfo Kusch

INTERNET

* ESTAR SER: Para abordar el tema del ser y del estar en Kusch, me result interesante la ancdota que tuvo con el abuelo indgena de la familia Halcn, relatada en el Captulo II: Conocimiento de El pensamiento Indgena y popular en Amrica.

El abuelo se encontraba sentado mirando hacia lo lejos, y ante cada pregunta que los visitantes le hacan, de vez en cuando sonrea, demostrando buena voluntad. Al contar que su labor en la estancia ya no le daba tantas papas como sola ocurrir antes, se le aconsej que comprara una bomba hidrulica. Lo interesante aqu es la actitud que tom el anciano ante tal iniciativa: se qued en silencio, sin responder, y sigui contemplando la puna.

Las dos disposiciones que se encuentran en este pequeo relato son la del estar y la del ser.

El ser europeo, no puede entender la forma de actuar del aborigen, tratndolo de ignorante: qu hay de fondo? Una interpretacin del mundo como realidad exterior, de la cual hay que tomar conocimiento para luego pasar ese saber a ciencia y as, por medio de la accin, transformar la realidad; la solucin a los problemas se halla de la piel hacia fuera, poblado de ob-jetos puestos delante. En eso consiste el ser alguien proveniente de Europa, y de la moral burguesa de los siglos XVI y XVII en la ciudad, que dio lugar al desarrollo industrial y tcnico que llega a nuestros das.

En cambio, hay otra disposicin que parte de cierto despojoy se enraza originariamente en un nivel inferior al ser: es lo que llama Kusch, el estar-no-ms, que implica falta de esencias () y hace caer al sujeto, transitoria pero efectivamente, al nivel de la circunstancia[. El mundo que se crea es sin definiciones, temible y desgarrador, aceptndose el caos primordial sin negar sus oposiciones.

Contrariamente, el mundo para el occidental se realiza en base al quehacer, movilizando ese mero estar que se refleja en el trabajo cotidiano para alcanzar comodidades, en la bsqueda de fundamentos a la existencia a travs del tener, y satisfaciendo as la visin y la inseguridad interior por medio de los objetos.

El estar muestra al hombre como poca cosa frente a la naturaleza; slo le queda el habitaraquyahora, sin nada para apropiarse y con ese asombro ante los hechos. Para Kusch entender esta forma de ver original es asomarse a una autntica visin del hombre.

* Negacin: De all que Kusch proponga una lgica de la negacin[9] para comprender a Amrica: la cuestin no radica en la importancia de la ciencia para la solucin de nuestros problemas sino en la falta de categoras para analizar lo americano, una cierta ceguera en nuestra mente colonizada que no nos deja ver qu ocurre con Amrica, para la que nos falta la fe. La lgica de la negacin es un ensayo para verlo desde un ngulo imprevisto, en captar todo su peso, hasta violentar las pautas de nuestra pequea burguesa tan empeada sospechosamente en reafirmar algo que tiene demasiada consistencia para ser alterado. La negacin no en su sentido matemtico estricto sino en su semntica, no dentro de una lgica proposicional donde la verdad es entendida como la correspondencia entre pensamiento y realidad, sino en su sentido ontolgico vinculada al ser del existente. Porque siendo el vivir un requerir la totalidad de ser, all media el proyecto, la afirmacin de la verdad est colocada como una totalizacin del propio ser a partir de la negacin de las circunstancias. La razn profunda de ser de una cultura es brindar un horizonte simblico que posibilite la realizacin del proyecto existencial, cuyo punto de arranque es el puro existir, o desde nosotros el puro estar como un estar aqu y ahora, asediado por la negacin, o sea, por las circunstancias. De all que lo que cabe al trabajo social no sea el conocimiento desde una lgica de la afirmacin, sino la comprensin que slo se logra por una lgica de la negacin, por ej. no interesa el modo en que el brujo hace un ritual sino el proyecto de ser que pone en l; comprender supone adems sacrificar al sujeto que comprende y ser absorbido o condicionado por el sujeto comprendido, que nos implica, modificando nuestra lgica conceptual occidental; no hay existente sin una intuicin de la totalidad de ser, segn una lgica de la negacin que lleva de la negacin a la afirmacin de ser. Un mtodo de negacin niega lo meramente dado a nivel perceptivo o de conceptualizacin inmediata y llega a la profundidad del fenmeno, o sea, va por ej. de la mera copla que se canta a su trasfondo humano; negando se entra en un campo de indeterminacin, por debajo de las pautas culturales vigentes, se ingresa en el rea de verdad del objeto de estudio, en el campo donde se configura la posibilidad de ser con sus propias pautas y su propia voluntad cultural que las condiciona. En el fondo detrs de la negacin se dara la pregunta por lo condicionante o sea el puro hecho de darse, de estar ah existiendo.

EL PENSAMIENTO POPULAR

La vinculacin que se suele hacer entre pensamiento popular y opinin es de identificar lo popular con algo precario que slo podra corresponder a la opinin, considerada sta como un juicio igualmente difuso e indefinido.

Pero convendra ver si este carcter peyorativo es merecido.

Una opinin siempre tiene un cierto fondo emocional, y parece ofrecer un peligro en la medida que no se basa en la realidad; creemos que la realidad es el nico orden seguro. Acaso hay otro orden, que no sea el de la realidad para fundar un juicio?

Solemos decir que para pensar hay que tener condiciones personales, conocimientos y mtodo. Desde la poca de filsofos griegos que se distingue la opinin y el conocimiento. Y sobre cuestiones fundamentales se propone rechazar la opinin y aceptar el conocimiento a fin de llegar a un pensamiento superior.

En los autores que hablan de este tema se pueden escindir ciertas pautas sociales que llevan a despreciar en general la opinin en tanto esta es propia del pueblo. Si es as no se ve bien por qu motivo se rechaza el pensar popular, porque no se sabe adems cul es el verdadero peligro que ofrece la opinin.

Para retomar el problema Kusch propone recobrar el pensar en general. De tal modo que si hablamos de pensar culto y pensar popular, no enunciemos dos modos distintos de pensar, sino dos aspectos de un solo pensar. As podremos averiguar qu pasa con el pensar popular.

La idea que se suele trasmitir tradicionalmente es la de que ambos se oponen, en tanto que uno tiene la caracterstica de inseguridad y el otro de seguridad. Aqu el problema est en saber de qu grado de seguridad se trata, y es ms, saber si esta (in)seguridad de la opinin es fundante en mayor grado que la cientfica.

El juicio cientfico nos dice una cosa, la opinin nos dice muchas. Se hace ciencia para unificar, pero no por eso la realidad ser unvoca ni como la describe la ciencia. Entonces, no ser que la opinin encierra toda la verdad, y la ciencia no dice ms que una parte de ella? No ser rechazado el pensamiento popular por resultarle confuso a los que hacen ciencia?

Para dilucidar un poco estos problemas planteados el autor da un ejemplo concreto para examinar: el pensamiento de Anastasio Quiroga (Folklorista de vasta actuacin que conserva su concepcin del mundo popular y jujea).

Anastasio nunca pretende contestar las preguntas, sino que esquiva la respuesta directa y prefiere usar aforismos, proverbios o cuentos, con lo que dice todo lo que realmente piensa.

Su personalidad tiene el valor de un emblema popular, de todo un smbolo. Sirve ante todo para ver cmo y de qu manera el pueblo piensa, ya que l representa ese modo de pensar.

El autor comienza mencionando la referencia de Quiroga en una charla que tuvieron acerca de la natura. Se trataba de una potencia asociada a la naturaleza. Para l tener humanidad era estar al tono con la natura. Por el lado de sta crea que se llegaba a las esencias de la vida, a lo necesario, la pureza.

Frente a un mundo ordenado, la sociedad humana siempre es imperfecta y distorsionada, la nica perfecta es la natura. La razn por la que no puede ser perfecta es la mezcla entre leones y tigres, siempre alguno se siente ms poderoso, tira un pedazo de carne ms para l.

Evidentemente la sociedad humana, para Quiroga, no sigue el modelo de la natura. Por eso no cree en los medios para transformarla, o sea en grandes cambios sociales programados por la poltica moderna. En este sentido, dio muchas imgenes negativas. Para l la sociedad est integrada por quienes no tienen el don de la natura. As, el mundo est desintegrado por los egosmos menores y por la ansiedad, que exige una determinacin por parte de cada uno.

En suma, don Anastasio propone por una parte un elemento simblico, como es la natura, que funciona como un elemento inspirador de energa vital y tica, y por el otro lado niega todo lo que se opone a ella, y comprende la sociedad como entidad hostil y nefasta alejada de la natura.

Slo a partir de la natura Quiroga logra negar todo l oque se da delante. En este sentido su negacin es similar a la del Martn Fierro. Niega igual que ste la sociedad, y lo que niega es la vigencia moral dudosa de sta, porque su tica personal es otra que la que tienen los hombres. Los hombres de la sociedad no tienen el don de la natura.

El autor encuentra algo similar a lo dicho por Quiroga de un brujo del altiplano, Felipe Cotta. Kusch le pregunt sobre qu pasa con las costumbres, y el brujo se lamnto de que ellas se fueran perdiendo, dijo Dios se puede enojar. Dios en este caso es equivalente a natura.

Cul es la caracterstica de ambos? Que sirven como ordenadores. Dan sentido a lo que se est diciendo y tambin al mundo, permiten dar juicios ticos, morales, etc.

Pero a su vez, estos conceptos (natura y Dios) no se entienden desde la pura tica sino desde el existir. Hay una praxis en Quiroga y en Cota que ubica dentro de una lgica peculiar a los dos conceptos, en tanto dan un sentido al existir y porque en parte surgen del existir mismo. Ambos constituyen una fuente de significados.

Como son significados no denotables, ya que entran en un plano de indefinicin, podramos llamarles operadores seminales, por ser fuente de significados, y operadores porque sirven para clasificar desde un punto de vista cualitativo lo que est ocurriendo y legitiman adems esa valoracin.

Dios y natura legitiman la conservacin de nuestras costumbres, cuando el grup social est empeado en perderlas. Es ms, ambos brindan seguridad porque permiten advertir lo fasto y lo nefasto en el operar cotidiano. La verdad no est en los conceptos claros y distintos, sino en el otro extremo del pensar, donde la claridad conceptual se pierde en razn de darse el predominio de elementos opuestos, por decir as, emocionales. sociedad y natura se oponen. Natura corresponde a un rea de intuicin emocional, trasciende la simple opinin, o mejor, pareciera una opinin fundada.

EL ANTI-DISCURSO

Cuando Anastasio Quiroga dijo que la natura es fundamental, no arrib a esteconcepto al cabo de un proceso lgico ni de conocimiento. De dnde surge entonces?

Quiroga afirma que lo mejor es buscar dnde podemos estar de acuerdo, nuestro mundito pequeo de cada uno, los leones con los leones, los tigres con los tigres. Afirma que lo que falta en el mundo es ponerse de acuerdo.

Se dira que el pensar popular tiene siempre una aureola de escepticismo, porque cualquier afirmacin queda invalidada por la negacin y eso exige, como es natura, otra salida.

Kusch comenta que en una oportunidad Quiroga respondi ante la pregunta sobre si la humanidad es coherente en s misma o si hay desigualdades en ella, que: bueno, claro que la humanidad tiene diferencias. De inmediato agreg, en un orden ms personal, por eso yo digo que ambos deben aflojar un poco. Para reforzar esto enuncia una ley general: no puede ser que uno quiera siempre aplastar al otro. Y llega a la afirmacin final, concreta, donde su existencia adquiere una dimensin moral, y dice: si yo no me venzo a m mismo, yo no puedo vencer a otro.

En este sentido, parti de un plano general, luego pas la barrera de su propia posicin, para ir finalmente a otro campo donde recobra el fundamento moral que recin da validez al concepto de humanidad.

La respuesta de Quiroga por una parte emplea elementos denotables, y, por la otra, todo lo dicho sufre una polarizacin emocional, de tal modo que una proposicin general como la humanidad tiene diferencias, se convierte al final en una proposicin moral sobre s mismo.

Los contenidos enunciados entonces ya no resultan determinantes (unvocos), sino que tienden a ser disponibles para dar lugar a elementos emocionales, en este caso estructurados en un juicio tico.

Nuestro prejuicio cientfico consiste en ir del sujeto al objeto, pero Quiroga obra de modo anti-cientfico porque evita el objeto para internarse por decir as, en el sujeto, hasta llegar a los operadores seminales. Desde aqu ya no trabaja con objetos y elementos denotantes, sino con significados condicionados emocionalmente, y que, en su forma extrema, se estructuran en valores. Por eso resulta opuesto el concepto de natura al de sociedad. Sociedad es tomada a nivel objeto, como algo exterior; natura, en cambio, es hallada poniendo en juego la emocionalidad.

Indudablemente, natura se coloca en el centro, rozando el campo emocional, y desde ah se prepara la superacin de las contradicciones, fuera de lo lgico, en cierto modo en una lgica paralela.

Lo emocional no debe ser tomado como opuesto a inteligencia o como una disgregacin de lo intelectual, sino como un campo del quehacer psquico en el que las denotaciones son cada vez ms difciles por cuanto ellas se tornan disponibles.

La verdadera funcin de lo emocional pareciera ser energtica, pero de tal modo que, sin embargo, su fuerza hace el sentido de lo que se est queriendo decir.

Para entender esto es preciso romper las pautas culturales occidentales sobre la emocionalidad. Generalmente se la ubica entre sentimientos placenteros o displacenteros , y segn sean excitantes o tranquilizadores. Es curioso que se considere a los excitantes como ms significativos que los tranquilizadores, cuando stos ltimos retornan a un punto cero a partir de donde la vida emocional intentara su renovacin.

Ocurre que un individuo popular no prefiere los sentimientos excitantes sino los tranquilizadores, ya que le urge encontrar cuanto antes el punto cero emocional.

Los sentimientos excitantes pertenecen a la lgica occidental, puesto que son considerados como tiles para una sociedad competitiva y atomizada en individuos.

En Quiroga, por ejemplo aparece el punto cero emocional en la idea de que, si se quiere seguir adelante antes hay que vencerse: debo luchar un poco contra m para llegar a un acuerdo con el otro.

Se dira que Quiroga utiliza intencionalmente un sistema de oposiciones, segn el cual interfiere el discurso con un anti-discurso para quedarse al fin con un esbozo de la realidad.

Todo esto constituye lo que podra llamarse pensamiento mandlico. Un pensamiento sera mandlico si los elementos conscientes pasan a un segundo trmino y se destaca en cambio un campo central que nada dice en concreto, pero est cargado de significacin. Ah entra el rea de la emocionalidad que es en realidad una fuente energtica, frente a lo cual cualquier contenidos consciente pierde su valor denotativo y se torna disponible.

Esto constituye a nivel popular la finalidad principal del pensamiento. Se piensa para abordar el rea emocional y no al revs. No es entonces el caso de la ciencia que apunta a delimitar objetos. Por eso podemos decir que si nuestra forma aculturada de pensar tiende a ver cosas, la forma propia y natural del pensar popular apunta a lo contrario, o sea, a ver significados. De ah el predominio del pensar moral. Los valores son formas extremas que concentran ese estilo de pensar.

As, en tanto la realidad adquiere un valor simblico, se impone una hermenutica (pensar interpretativo) para descubrir lo que est detrs del dato sensible, a nivel de teologa cotidiana, ya en un campo de lo sagrado. Esto implica movilizar los operadores seminales encontrados a nivel revelacin como elementos externos, similares al de natura de Quiroga, que garanticen el orden sagrado. Lo sagrado brinda la posibilidad de algo ms, o sea un orden ms estable que afianza y favorece en tanto uno cre en l.

Por ejemplo, si digo casa o trabajo, se trata de algo que se ubica en la llamada realidad, pero no hago nada con ellos si no adjudico un sentido fundante a estas cosas, algo que se torne significativo para mi existencia.

Aqu incide la negacin por el anti-discurso. No puede haber una aprehensin de un sentido sagrado, si no es sobre la negacin de las cosas, en este caso del trabajo y la casa como cosas, y la transformacin de los mismos en smbolos. As aparecer la verdad fundante, ya no en el plano del conocimiento, sino de la revelacin de lo sagrado.

Ah interviene la emocionalidad como fuente energtica, ya que me brinda la verdad que, a su vez, me sirve para decidir. El problema radical del pensar consiste entonces en fundar la existencia y no en conocer mismo.

De ah la validez total de la opinin. Ella no somete el juicio a la instancia de la verificalidad, sino que incorpora el anti-discurso y deja librada la fuente de decisin al rea emocional. Yo asumo el derecho de vivir y me coloco en el medio del escenario cuando dudo sobre las afirmaciones lgicamente constituidas, pero logro de este modo afirmar mi existencia.

Por todo esto, en vez de la afirmacin, lo fundante es negar, para lograr la revelacin de lo sagrado, aunque slo se trata de la natura.

LA DOBLE VECTORIALIDAD DEL PENSAR

A raz de todo lo dicho conviene reflexionar si realmente existe una diferencia entre el pensar de Quiroga y el occidental, o si ms bien se trata de un mismo pensar que asume formas distintas simplemente porque dispone su mecanismo interno de diversa manera.

Si por una parte nuestra mente se ordena segn un vector, por decir as, intelectual, que hace que no vea ms que objetivos, u no decida ms que cosas prcticas; por el otro lado hay otro vector, de tipo emocional que carga al mundo de signos fastos y nefastos, y hasta lo puebla a ste de dioses. Ambos mantienen una relacin inversa, y por cuanto mayor es la tendencia de ver cosas, menos dioses hay, y cuanto ms dioses se ven, menor ser el inters por las cosas.

Esta es la razn por la que hay pueblos que slo creen en dioses y otros que slo creen en la economa. Estos estn en relacin inversa, y resulta difcil encontrar una mediacin entre ambos.

Por un lado est el que se subordina todo a ser alguien, y por el otro el que se somete al estar.

Para comprender esto es necesario entrar en la idea de Carlos Astrada de amanualidad (utilidad) y no-amanualidad (inutilidad).

En este sentido, Kusch dice que frente al pensar occidental, la humanidad pareciera basarse en gran parte en la no-amanualidad. Por ejemplo, el hacha ceremonial del araucano es totalmente, sino en parte, un utensilio, porque tambin es sagrado, o sea, in-til. Lo mismo con el bastn de mando que se usa en Bolivia. ste no slo seala poder, sino que se convierte en algo sagrado, motivo de adoracin. No dista tanto esto mismo del reloj que recibimos por tradicin familiar, que se conserva como una reliquia, y que escapa en gran parte de la amanualidad.

Qu significado tiene prescindir de la amanualidad y quedarse con la no-amanualidad? O sea, se trata de ver qu pasa con la parte in-til del hacha ceremonial.

Ambas posibilidades se dan como dos aperturas del existente, una toma de posicin frente al mundo. Implica una concepcin del mundo como fuente de necesidades, o como simple objeto de contemplacin. La primera lleva al praxis, la segunda a una actitud religiosa. La relacin entre existente y Dios lleva a prescindir de un mundo amanual.

Ahora bien de dnde viene la urgencia de imponer la amanualidad del mundo, si esto no es totalmente cierto? Detrs del til hay un campo in-til que sin embargo tiene validez existencial.

Cuando Gino Germani seala que el sudamericano se resiste al a impersonalidad de la sociedad industrial; como dice Mircea Eliade, donde la sacralizacin del trabajo desaparece en el mundo moderno llevando a un conflicto existencial, no se est diciendo tambin que aquel opta por la no-amanualidad en tanto no logra adaptarse a una realidad amanual? Por qu se cuestiona esto ltimo?

Esto representa el prejuicio de no aceptar la posibilidad de una no-amanualidad. Esto hace pensar que amanualidad y no amanualidad funcionan como si fueran dos vectores opuestos crticamente por la incidencia de un pensar occidental que exalta precisamente al primero.

Un vector del pensar se vuelca hacia el mundo amanual, y el otro procura la instalacin de la verdad del existir.

Esto se correlaciona con lo que Heidegger denomina un existir autntico y otro que es inautntico. Lo inautntico consiste en conformarse con la utilidad del mundo. Lo autntico, en cambio, es la procura de una verdad del ser detrs del teln de los utensilios. Pero al margen de esto se insiste en que el existente prima la amanualidad.

De ah el sentido de por qu se introduce el tiempo. Este relativiza la no-amanualidad a los efectos de dar un nuevo significado a la misma manualidad del mundo. Los dos vectores rgidos son entrelazados y movilizados por la concepcin del tiempo. Esto da por resultado el sentido peyorativo de la no-amanualidad como algo primitivo que no responde a la utilidad del mundo. An cuando, por ejemplo, Kusch comprob un predominio marcado en el pensar campesino boliviano de una no-amanualidad.

Ser que la creacin de un sistema filosfico depende de cul es el sector que se carga de significado, y que esto mismo est condicionado a una preferencia cultural? Cmo explicar entonces el comportamiento social de nuestra comunidad americana cuando no podra lograr una autenticidad a la europea, temporalizando el existir? No ser que el tiempo es un prejuicio occidental, ya que no logra comprender una sociedad como la americana que quiere ser autntica al margen del tiempo? No ser la filosofa del tiempo un simple recurso para salvar una cultura como la occidental que ha creado los objetos?

Esto lleva a la sospecha de que la anterioridad asignada a la cultura indgena, por el evolucionismo antropolgico occidental es falsa (pensaban que el otro primitivo deba ser civilizado por occidente).

Porque para qu nos sirve tomar en cuenta dicha anterioridad si en Amrica el indgena y el campesino cohabitan en una cultura urbana? Si se siguiera la tradicin antropolgica que coloca al indgena antes que nosotros no sera posible tomar en cuenta al indgena. Hay que convivir con el indgena y con el campesino.

Esto lleva a otro problema. Se descarta el antes y se toma a aqullos como presentes? Se podr implicar un nuevo modelo del hombre para que involucre a indgenas como a nosotros?

No nos estaremos dejando llevar por el pensamiento de una inmigracin que acta como si fuera occidental, pero que dej de serlo al pisar Amrica? O sera mejor pensar que aqu se dar una nueva sociedad, cuya ndole real ser imprevisible?

La intuicin no est en lo que no ocurrir ante el impacto de la tecnologa, sino en cmo vamos a responder a esa tecnologa.

Es necesaria una real integracin de una doble vectorialidad, el hombre ha de ser total, y sta es la nica garanta que tenemos.

EL JUEGO Y LA NEGACIN

Se retoma el tema inicial. Se haban sacado algunas conclusiones a partir del anlisis de la negacin en el pensamiento popular. No nos hemos quedado en eso.

Con lo dicho sobre la doble vectorialidad del pensar en cierto modo hemos mostrado la intencin de este trabajo.

La negacin no es slo propia del pensamiento popular, sino que se da tambin en el pensamiento culto. Es que el pensar en su totalidad encierra la negacin como condicionante?

Para averiguar esto Kusch propone partir de nuestro pensar culto hacia atrs, hacia donde creamos que nos queda nada ms que la opinin, para ver si en ese punto se ensamblan el pensar culto y popular.

El autor se haba juntado con dos amigos para encontrar un medio adecuado para ayudar al indgena boliviano:

En el ambiente flotaban an ideas desarrollistas (occidentales). Estas atribuan al indgena cierta necesidad de consumo, y pretendan por ese medio incidir sobre l. Pero para ello haba que modificar su cultura y eso era nefasto. Estbamos convencidos de que, queramos o no, esa alteracin apuntaba a beneficiar siempre a una burguesa americana, pero perjudicaba al indgena.

Era necesario entonces un instrumental ms adecuado, que no destruya la cultura indgena. Pero an as se chocaba la dificultad de provocar en terceros una comprensin adecuada de esa cultura, a los efectos de que stos entendieran que ella deba ser modificada slo a partir de s misma y no de nuestros conceptos culturales. Ello planteaba entonces un problema metodolgico.

Haba que aceptar que los indgenas pertenecas a una cultura determinada, opuesta la nuestra, y que haba falta de comunicacin entre nosotros y ella.

La cuestin era no tocar la cultura indgena y provocar en cambio su evolucin a partir de sus propias pautas. Pero faltaba un mtodo para lograrlo.

Faltaba un elemento comn que sirviera de comunicacin entre el pensar indgena y el nuestro.

Fue as que optamos por un expediente drstico: la negacin. Slo negando todo, habramos de captar un elemento comn que sirviera para los dos aspectos, por una parte ese punto donde logramos nuestra real universalidad (ya que la actual no comprende lo indgena), y por la otra, donde simultneamente alcancemos el verdadero margen de universalidad del indgena.

Pero en esta negacin se planteaban una infinidad de problemas. Ante todo uno eminentemente existencial.

Nuestra concepcin de vida occidental est montada sobre una cadena de afirmaciones, donde incluso la negacin estaba afirmada. No se puede hacer ciencia sino en tanto se establece una cadena de afirmaciones que llevan a concretar los objetos cientficos. No se puede hablar de ciencia sobre lo negado.

La negacin se entiende en tanto se niega la vigencia. La vigencia para m de un rbol es trocable, pero no la existencia de ste. Puedo hacer como si no tuviese vigencia el rbol sobre m, pero no puedo suprimir su existencia. Su existencia en tanto no lo veo y no entra en los intereses de mi vida no me preocupa. La negacin, entonces, no est totalmente cargada de negatividad.

Podramos entender la negacin y esbozar qu pasa con ella cuando se refiere a la historia. Negar la historia implica restar importancia a su vigencia, de tal modo que puedo dudar de su validez para mi existencia. Lo que niego entonces no es su existencia, sino su vigencia. Slo nos afecta la vigencia de las cosas.

Porque si dijera lo contrario y expresara que creo en la historia no hara sino aferrarme a una sola hilera de acontecimientos afirmados por otros, los cuales ya han ocurrido. Cuando hago esto me dejo llevar por un prejuicio colectivo, que consiste en que todos creen esa historia.

Por eso, cuando niego la historia, apelo a cierto modo a mi iniciativa a nivel histrico, niego que la haya porque podra haber otra, o porque podra no haberla.

Entonces la negacin de la historia lleva a pensar que soy en parte el causante de la historia, o que podra serlo.

Esto mismo va a otros terrenos. El desarrollista cree que tiene que desarrollar a partir de un estado de las cosas. Apunta a que haya ms de lo que est dado, porque lo que hay es poco. Ms tractores porque los que hay no bastan.

Esto se mezcla con el concepto de historia, y sta implica la continuidad y el ascenso.

Lo mismo pasa en la poltica, todo lo que se dice es a partir de lo ya conocido.

Entonces, el autor trata de colocarse ante el hecho de que haya historia (como posibilidad), donde se posibilita la historia misma. Ah es donde habr de averiguar si tiene sentido que la haya.

Qu hay en el escenario a solas, una vez que es negado todo lo que existe? Pues no es ms que nuestra pura estrategia para vivir, o sea mi pura posibilidad de ser.

No puedo afirmar entonces que tengo algo que ver con lo que histricamente viene condicionado.

En este sentido se entiende la distorsin que exista entre Facundo y Sarmiento. Facundo se haba instalado a requerir su escenario para hacer su historia. Sarmiento, en cambio, en tanto se inclua en una historia ya hecha, no haca ms que combinar las causaciones histricas de otros.

Ahora bien, hemos llegado al punto donde todo lo negamos Con qu conclusiones quedamos? Pues no ms que con dos verdades:

- Una es que nuestra solucin no est en la conservacin de los que nos han dado, sino en lo contrario, la prdida de ello.

- La otra es que a partir de ah habr que asumir la desgraciada responsabilidad de tener que empezar aqu en Amrica todo de vuelta. Es la ventaja de la negacin.

Pero a su vez esa posibilidad de ser, que para nosotros significaba una propuesta para comenzar todo de vuelta, era lo mismo que constitua el indgena. La negacin nos haba hecho descubrir el elemento comn a ambos.

La posiblidad de ser, en dos culturas diferentes, sufra una distinta puesta en prctica. En una, con el prejuicio del tiempo, y en la otra, con el prejuicio de la destruccin del tiempo.

Son ambas propuestas realmente diferentes o se trata ms bien de que eso, que nosotros vemos como tempo, no implicar en el fondo una negacin del mismo? Significa ello que la diferencia entre nosotros y el mundo indgena es aparente pero no en el sentido de que ellos son tambin dinmicos, sino al revs, de que nosotros en el fondo somos tan estticos como ellos?

METODOLOGA DE LA NEGACIN

El autor dice que debe reemplazar el conocimiento por la comprensin. Esto significa que si asiste a un ritual de un brujo y trata de conocer lo que l hace, en cierto modo mantiene distancia entre sujeto y objeto. Pero si lo comprende, sufre el proceso por el cual el brujo modifica su prejuicio sobre la brujera que se da en el horizonte cultural occidental. As es posible comprender un determinado episodio como parte de algo ms complejo, del cual este es una manifestacin.

Lo argentino entonces, por ejemplo, a las luces de la negacin no radica en lo que se afirma como tal. No sabemos si esa historia argentina con sus prceres, la vocacin democrtica, el proceso, etc. son realmente argentinos.

La sociologa, la economa, la poltica, todo es impuesto a nivel de lo afirmable y lgcamente determinable, cuando en realidad todo lo realmente argentino est negado. No est incluido en la afirmacin por ejemplo que pasar con el habitante de las villas miserias.

La negacin rescata aquello que se est, todo eso que hace a la imposibilidad de ser a nivel de occidente.

Esto es lo mismo que decir que lo argentino dista de lo que creemos, tienen sus racen en la negacin de esas cualidades que creamos evidentes.

Pero si a travs del a negacin llegamos a describir la realidad humana en s misma, la verdad del existente, el valor de la voluntad de existir y ser, cabe ver qu pasa con la indeterminacin que se abre al cabo de la aplicacin metdica de la negacin.

Qu es lo que conviene concientizar?

El autor toma el ejemplo de dos cazadores, uno con arco y flecha y el otro con un fusil. Los sujetos suelen advertir que el segundo cazador pertenece a un rango cultural ms desarrollado.

Pero qu pasa si niego a ambos cazadores? Si hago esto la negacin me lleva a una infraestructura del existir que condiciona al hecho de cazar. A su vez, en ese fondo rescato la voluntad de vivir de los dos cazadores, previo a la determinacin del cmo hay que cazar. Se entra en el rea de la verdad existencial de ambos.

Habra que recobrar desde esta rea recin la posibilidad de ser de ambos, o sea el proyecto de su vivir y no me topar sino con el hecho de que ambos han propuesto su propia verdad, que determinar en que uno use el arco y la flecha y el otro el fusil, y que ambas cosas no son reversibles.

He aqu que como no son reversibles, no puedo sino tolerar el arco y la flecha, y redescubrir a partir de ah la voluntad de ser del cazador indgena. A esto conduce la ventaja de comprender y no de conocer.

Lo emocional no debe ser tomado sino como una zona energtica de mayor indeterminacin que lo intelectual, pero que contiene elementos delimitativos igualmente positivos, porque son elementos puestos a priori segn otra lgica. La emocionalidad compensa la intelectualidad a la cual se los quiere someter desde el punto de vista occidental.

De ah la natura y el ritual; en los dos casos ninguno de ellos (Quiroga y el Brujo) quiere alienarse.

Pero como la negacin se desciende al campo de verdad en el que se desempea el existir, ste no se concibe son en el horizonte de estar y no de ser. Se trata, en suma, de todo lo que condiciona el ser del existente.

En el horizonte de estar entra la necesidad de cazar con flechas y no con fusil, o recurrir a la natura.

La senda que se interna en la emocionalita de ningn modo se introduce en un campo de indeterminacin sino a nuevas determinaciones, a las cuales no estoy preparado como sujeto investigador occidental, pero que debo utilizar a nivel de trabajo social.

Por este camino se puede llegar a la esencialidad del existir del sujeto observado.

Esta diferenciacin entre la negacin y la afirmacin en Amrica conduce a la delimitacin entre lo que es y lo que est. No puedo tomar como hecho verdadero lo que es, sino lo que adems est. El estar es la condicin, por su negatividad, de la posibilidad de ser.

No es posible mi proyecto existencial si hay negatividad en el horizonte en el que me he instalado.

Quiz se explique por este lado el que en Amrica tengamos por una parte, un pueblo que es aparentemente pasivo, porque acepte el estado de las cosas, pero que trasciende el muro de los objetos porque ve al mundo como en negativo; y por el otro, una burguesa que se acostumbr a ver el mundo en positivo, que no cree en dioses, y porque no cree en ellos, sin embargo los inventa con la tecnologa y los cambios sociales.

Osea, lo que piensa el pueblo va acompaado de una lgica de negacin, con un mundo en negativo. Lo que piensa la burguesa, va a compaado con una lgica de la afirmacin o un mundo en positivo.

En medio de esto, hacia donde evoluciona el pensar americano? Cmo hay que pensar lo americano?

Habr que hacerlo a las luces de una ciencia que slo abarca lo delimitativo (al modo de occidente), o tendr que buscarse un mundo de transicin, en el cual, en parte se ve al mundo en negativo porque se creen el mundo de los valores, de la cultura popular o de los dioses mal que nos pese.

LA FRMULA DEL ESTAR-SIENDO

El autor dice que ser sudamericano y de clase media es como una patologa. Al fin y al cabo nos ofrecen todo: tecnologa, cultura, democracia, grandes pensamientos, formas sociales, formas polticas, etc. Pero nos sentimos negados.

Por qu lo rechazamos? He aqu lo fundamental. Nos gustaba como hacamos las cosas, es la base de nuestro resentimiento. En cierto modo el resentimiento afirma lo que los otros no quieren que ocurra.

Amrica existe porque es un continente de afirmaciones. Son todas formas afirmadas por otros e introducidas entre nosotros sin que hayamos participado en nuestra creacin. Por eso en Amrica son afirmaciones sobre una realidad y sobre objetos que no son los nuestros. Porque no hay realmente una tecnologa entre nosotros, sino slo libros y opiniones que hablan de ella.

En suma, no tenemos el objeto de las ciencias importadas, sino que somos nosotros los que debemos manipular esas afirmaciones que no son aplicables a nuestra forma de vida. La sociologa acadmica no habla de los cabecita negra, por ejemplo.

En eso estar la raz del resentimiento. Se nos afirman verdades y nosotros en secreto las negamos. Pero terminamos por rendirnos a las verdades colonizantes.

En esto sufrimos como un abandono existencial. Hay una diferencia entre mi existencia y la propuesta para ser, o sea una contradiccin entre mi vida y el papel que debo jugar, una oposicin entre eso que estoy y lo que debo ser.

Hay un desgarramiento ontolgico entre mi estar y el ser. Por eso creemos estar no ms, y vemos al occidental que no est, sino que siempre es. Y eso ocurre porque nos sentimos en el puro estar, y tenemos que optar por ser y convertir lo que es un simple papel a asumir frente a la realidad, sin que seamos realmente. Por eso nuestro papel para ser aplasta nuestra posibilidad de vivir. De ah la imposibilidad de concretar lo que ha querido afirmar, porque siempre hay un papel que desempear.

Por eso nuestro resentimiento y nuestro mestizaje.

Cul es en suma la estructura existencial en Amrica? Veamos.

Supongamos que yo tenga que subir a un jet en La Paz. Naturalmente, pienso en todo lo que rodea al jet, el mundo indgena especialmente, se somete a una oposicin entre progreso y retraso. Esto se debe a que estoy sometido a un cdigo occidental, en el cual el jet representa la mxima expresin y el indgena la mnima. Por una lado la aceleracin, el traslado rpido, la posibilidad de no perder mi tiempo. Del otro, la prdida de tiempo y quietud.

La negacin del jet posibilita la existencia de todo lo que el jet no es, y que es mucho. Es el mundo del estar-siendo frente a un jet que slo es, pero que no convierte en ser aquello en lo que estoy, simplemente perpeta mi estar. La tecnologa no hace burgus al indgena, slo perpeta el sentimiento de diferencia.

Lo que intentan en occidente con la tecnologa es un nuevo rgimen de habitualidad, o sea de cultura, pero de una cultura consistente en cosas, de tal modo que con la heladera, va la imposicin de un estilo cultural para usarla, para lo cual hay que alterar el estar. No hay que olvidar que todo lo referente al consumo se vincula en el fondo con otro estilo de vida.

Pero la razn de Amrica radica en la frmula del estar-siendo (estar para ser), segn el cual es imposible imponer nuevas culturas.

Si tecnificar significa imponer un nuevo modo de ser a un mero estar en Amrica, lo nico que lograr es adulterar superficialmente nuestra genuina voluntad de vivir, por el simple hecho de que invierte la frmula del estar para ser, en otra de ser para estar y que nosotros, los que no somos pueblo, aceptamos al fin, y adulteramos nuestra existencia pero redimidos secretamente por el resentimiento.

Por un lado tenemos la tecnologa representada como un deber impuesto, y por el otro nuestro propio ser sigue abierto como propuesta. Lo que se afirma en Amrica va en sentido contrario a lo que se vive. Lo que se vive niega lo que se est afirmando.

LA NEGACIN COMO EXISTENCIA

Hacer filosofa es slo describir lo que nos pasa, pero desde el resentimiento mismo. Es quiz, lo que al fin de cuentas hicieron los europeos. Tambin ellos supieron del resentimiento de no ser nada ms que europeos, y deban instalar ah algo que les era negado, precisamente su secreto estilo de vida, su secreta poltica para poder decir en grande lo que eran y adnde iban.

El problema de la filosofa es el problema de la liberacin. Es plantearse la liberacion que ocurrir al da siguiente.

Se trata entonces de asumir nuestra negacin americana, esa que palpita en nuestras revoluciones, en nuestra incapacidad de hacer la gran industria, en nuestros fracasos para ser totalmente occidentales, en la miseria, en las caras hambrientas de los que no quieren entrar al juego. Ser radicalmente americano.

Mantenemos con nuestra cultura una relacin impersonal. Todo lo que necesitamos como poltica, como filosofa, como ciencia, como religin, se desplaza en un campo de afirmaciones. Nos obligan a ver las cosas y utilizamos entonces lo que otros han visto. Vemos las ciencias montadas por otros, y es natural que eso mismo que vemos no lo podramos hacer nosotros.

Nos dicen que ya todo est hecho y que ya nada podemos hacer, aportar. Por el simple hecho de afirmar lo que otros afirman estamos colonizados.

Habr que asumir una actitud inversa y negar todo de vuelta?

La lgica sirve a las exigencias de la ciencia, y esto acarrea el defecto de que se crea, especialmente en nuestros pases colonizados, que no hay otra cosa que lo afirmable.

Pero esto excluye la posibilidad de que grandes reas negadas puedan convertirse en ciencia? Es el problema de Amrica.

Pero este no es sino en apariencia un problema de ciencia, ya que es ante todo, un problema de existencia, de posibilidad de ser. Y si es as, conviene a nosotros pensar la negacin, que va de la negacin de nuestra posibilidad a su afirmacin. De ah lo positivo del resentimiento: niega la afirmacin de otros para afirmar lo propio que hace el existir.

Son las circunstancias que me hacen vivir en falsedad las que desatan un mecanismo de lograr la verdad del existir, la afirmacin de ello. En todo esto nada vale el modelo de la ciencia.

Evidentemente puedo evitar mi existencia y someterla al modelo cientfico y refugiarme en las afirmaciones de la ciencia, pero con ello suprimo mi propia posibilidad de ser.

El modelo cientfico nos priva de autenticidad, no slo a nosotros como colonizados sino a cualquiera, incluso en el campo occidental. Si adoptamos este modelo tambin adoptamos su rigidez.

Es de la pura negacin que hay que partir para lograr verdades autnticas, porque si hago lo contrario, y recurro a verdades afirmadas al modo de la ciencia, mantengo negada mi posibilidad.

Se puede lograr una ciencia que afirme el vivir y no al revs?

La negacin tiene algo de decisin voluntaria, que supone una negacin de lo dado e implica una eleccin del propio camino, pero tambin lleva hacia algo irracional, como ser una puesta en prctica de lo emocional.

Se trata de recuperar el trasfondo de todas nuestras posibilidades.

Cabe pensar que la negacin no niega realmente, sino que afirma, moviliza la instalacin de la ltima afirmacin que es la nuestra.

Desde este ngulo no puede haber nacin, estado, instruccin, instituciones ni ciencia, sino la posibilidad de todo esto renovado, la reactualizacin de todo esto. Implica la reiniciacin constante de la historia.

Se trata de encontrar la verdad revelada que permanece residualizada por las formas occidentales. Slo en ese campo residualizado por la actitud occidental es donde me encuentro con lo que yo debo afirmar, pero que no me dejan.

EL TIEMPO DEL SACRIFICIO

Nos falta movilizar nuestro fundamental y negativo estar, y lograr total vigencia de nuestra posibilidad de ser.

La negacin est en la habitualidad de todos los das, de los rostros, de las instituciones que son siempre las mismas y en la frustracin que supone aceptarlas. O cuando me dicen lo que debo creer, la mujer que debo elegir, y la poltica a la cual me debo.

Todo lo que tenemos como motivacin profunda para existir es impuesto.

Pero cual es el significado de no saber en nombre de qu deba sacrificarse uno?

En general es sacrificio significa la asimilacin de lo negativo, la inmersin en la residualidad de uno mismo, y uno mismo convertido en residuo, para advertir ah las races. Y puede ser motivado por la suposicin de que en el fondo tiene que haber una afirmacin que no pueda lograrse por otros medios.

Por eso hoy nos dispersamos desde el punto de vista tico, despus de haber sido explotados. Hemos perdido la dignidad triturados por una moral utilitaria y debemos recobrarla en su forma pura.

Hay historia para los colonizados, pero no hay historia para Amrica, tiene historia slo en cuanto fue alienada.

El tiempo colonial es el de la rendicin a todo lo ajeno, una historia que no nos pertenece ni representa, el tiempo del sacrificio es el que hay que recuperar, para hacernos dueos de nuestro tiempo.

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